
Fuego y Sangre: Trono de cenizas
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Annotation
En el reino mortal, una fuerza oscura ha comenzado a gestarse, amenazando la frágil paz entre criaturas mágicas y humanos. Y cuando la mayor necesidad amenace al mundo, el rey que fue y será se levantará de nuevo, y Cassel, el pequeño príncipe de Laurentia, deberá aceptar su destino y reunir a sus compañeros para formar su propia mesa redonda, antes de que sea demasiado tarde. Cuando la línea entre el bien y el mal comienza a desdibujarse, ¿podrán los humanos y las criaturas mágicas unirse para salvar el reino mortal o parecerán ante la oscuridad? +++ ✅️ Primer libro de la saga Fuego y Sangre. ✅️ Multiples personajes principales. ✅️ Jinetes de dragon. ✅️ BL Y HET.
Prólogo: La Gran Guerra
Oscuridad, eso era todo lo que existía al inicio.
Siglos, o tal vez milenios antes del surgimiento del primer reino mortal, existió una oscuridad casi palpable, que rodeaba al mundo y que lo cubría como la niebla cubre los valles.
Bajo el resguardo de sus sombras, acechaban horrores destinados a manipular mortales desafortunados.
Estos horrores, que buscaban propagar semillas de miedo y ambición en los mortales, anhelaban llevar a los humanos a un mar de desesperación y ruina, y serían conocidos posteriormente como demonios.
Pero es que, en ese tiempo, hacía ya siglos o tal vez milenios atrás, la oscuridad había sido el único horizonte conocido para los desafortunados mortales que tuvieron la desdicha de vivir en esa época oscura, pero pronto, casi como en un destello de esperanza, los mortales descubrirían la existencia de una luz más allá de los límites del reino mortal.
Era realmente inalcanzable para las almas fugaces que habitaban la tierra, una luz que provenía de un reino donde la oscuridad era desconocida.
Un lugar donde seres de esencia divina habían encontrado su hogar, y con su llegada, la luz y la oscuridad se entrelazaron en una danza sangrienta que se prolongó durante siglos.
Y la oscuridad, milenios después, sería solo un recuerdo difuso para las almas efímeras del reino mortal, convertida en nada más que leyendas para contar a orillas de una fogata, en nada más que cuentos para leerle a los más pequeños.
[...]
Pero aquel periodo, en el que la luz y la oscuridad se batieron en un duelo casi eterno, sería conocido en el futuro como la Gran Guerra; un cataclismo que habría cambiado el destino del reino mortal y marcó el comienzo de algo nuevo: la magia.
La tierra se nutrió de vestigios de poder, y ecos de luz y oscuridad fueron sembrados en un equilibrio propicio.
Y así, gracias a los seres divinos que defendieron el reino mortal, los demonios se vieron despojados de su antiguo dominio y fueron exiliados a un páramo lúgubre y desolado al cual los mortales llamaron reino de las Sombras.
Y los dioses, por otro lado, seres de esencia divina, regresaron al reino celestial en una escena de luces danzantes, dejando atrás un mundo cambiado irremediablemente.
Lejos de la mirada vigilante de los Dioses y de la opresión de las sombras que una vez cubrieron el mundo, el tiempo se deslizó como un rio sinuoso, y pronto los años y las décadas se acumularon como hojas secas en otoño.
Los recuerdos se convirtieron en relatos transmitidos a alrededor del fuego, y los mitos y leyendas nacieron al alero de reinos y asentamientos que se alzaban y se derrumbaban en un ciclo eterno.
Y así, siglos habían pasado desde que los dioses tocaron la tierra.
[...]
En la actualidad, quizá milenios después del final de la Gran Guerra, un reino se alzaba junto a un frondoso y poco frecuentado bosque, aquel reino recibía el nombre de Laurentia, y era el hogar del joven príncipe Cassel De Laurence.
A primera vista, Laurentia era un reino sin peculiaridades; simple en comparación con los otros reinos que habitaban el mundo mortal.
De hecho, de los ocho reinos mortales, Laurentia era quizás el más pacífico, cuya armonía había prevalecido desde su fundación.
Y es que Laurentia era, simplemente, un reino ordinario, pero ciertamente amado por todos sus habitantes, especialmente, por aquel pequeño príncipe que allí crecía.
Pero, sin que los habitantes de Laurentia lo supieran, el destino del reino estaba escrito en las estrellas, y llegaría un momento en el que la paz sería un recuerdo lejano.
Y el fuego y la sangre forjarían un nuevo futuro.
[...]
Es así como el pequeño príncipe Cassel, cuyo hogar se encontraba en el corazón mismo del reino de Laurentia, no sería pequeño por mucho tiempo más
Su destino estaba escrito en las estrellas, forjado por el fuego de una forma que quizá nadie esperaba, y sin que él mismo lo supiera, la responsabilidad de todo el reino mortal pesaba sobre sus delgados y jóvenes hombros.
Pues cuando la oscuridad que había sido aprisionada en el reino de las sombras encuentre maneras de escapar de su prisión eterna, los reinos humanos probablemente no tengan salvación.
Y solo cuando el momento de mayor necesidad azote al mundo, y la oscuridad comience a infiltrarse en el corazón de los ocho reinos, y amenace con destruir la frágil paz en el mundo mortal, los humanos y las criaturas mágicas deberán unirse para evitar un desastre mayor, y las leyendas cobrarán vida en un mundo de magia y fantasía.
Y tal vez, solo una persona será capaz de superar la enemistad entre humanos y criaturas mágicas, y entonces, cuando la oscuridad regrese a la tierra para tomar lo que cree poseer, el rey que fue y será, se levantará de nuevo.
Capítulo 1: Fuego, I
Capítulo 1: Fuego, I
La pacifica madrugada en la que Cassel cumplía diez años acabó solo segundos después de comenzar, mientras tiernos rayos de luz daban la bienvenida a un nuevo día, y el sol daba sus primeros avistamientos tímidos, una enorme figura se elevaba en la lejanía.
Fue solo un instante, un parpadeó casi imperceptible, y la calma se rompió mientras un ruido ensordecedor sacudió la tierra e hizo temblar el suelo bajo los pies de los guardias que resguardaban las murallas, mientras que en el horizonte, una enorme figura se acercaba a una velocidad vertiginosa.
Gritos se dejaron escuchar.
—¡Un dragón! —exclamó uno de los soldados, corriendo hacia la torre de vigía para tocar la alarma—. ¡Dragón en el horizonte! ¡Estamos bajo ataque!
Pronto, un calor abrasador rodeó la ciudadela, como si el propio infierno se hubiera desatado sobre Laurentia.
Bocanadas de fuego iluminaron la ciudadela mientras el aire se lle











