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Crowley : Lujuria y Poder

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Annotation

Una relación prohibida, dos profecías, una anunciando el poder que Alister Crowley tendría y la otra diciendo cómo Elahe Kasebi sería quien matara a Alister. Dos profecías de las cuales no sabían nada pues ninguno de los dos se conocía en absoluto, hasta qué Alister tuvo una visión con una chica de ojos grises, esa visión se volvió una obsesión para él y no pararía hasta encontrarla. Elahe es vendida a un Conde para contraer matrimonio, ella escapa y acepta casarse con un hombre que le dobla la edad y qué necesita una esposa para su campaña electoral, ese hombre era Alister y esa chica era la qué él estaba buscando... Una relación que no estaba bien vista, pero que creo un amor tan poderoso que nadie podía romper, ni siquiera una profecía.

Prefacio

Alister Crowley, el mejor psiquiatra de Castlebrook, especialista en traumas de Marines, militares, agentes federales, pero desde hace 7 años que ha sido el mejor y más eficiente psiquiatra del Manicomio Smile, el Manicomio de los psicópatas, asesinos, homicidas, suicidas y toda clase de criminal loco.

Es el mejor en su trabajo porque se empeña en la mente de las personas, no es ser amable y regalar sonrisas amistosas, al menos no a quien se las merece. Alister Crowley, es egoísta, arrogante, un verdadero h*j* d* p*t*, pero es eso lo que lo hace el mejor en su trabajo. Al estar cada día con personas de mentes retorcidas que se han comido a sus hijos, tú mente no debe ser un paraíso donde haya unicornios rosas, debe estar igual o peor qué la de ellos.

Justo ahora está tomando el cabello de una enfermera que está de rodillas frente a él, está embistiendo su boca con su miembro duro, el maquillaje de la chica está corrido, sus lágrimas y el color rojizo adornan su rostro mientras su garganta emite arcadas por la profundidad en la que llega el grueso y grande miembro del psiquiatra.

Los gruñidos de Alister pueden escucharse en su oficina, toda su sangre se siente como fuego caliente que se centra en su miembro. Una mamada no es suficiente para calmar el fuego en su interior, pero al menos aminora la sensación de lava ardiente en su sangre. Toda la tensión se acumula en su miembro, aferra sus manos al cabello desordenado de la chica, obligándola a que se trague todo s*m*n. Cuando derrama la última gota, suspira aliviado y con una sonrisa de satisfacción.

Suelta a la chica y se hace a un lado, la mira hecha un desastre mientras trata de recuperar el aliento y la compostura. Alister se ha subido el pantalón y limpiado el sudor de su frente, toma un pañuelo y se lo entrega a la chica para que se limpie.

Se sienta sobre su silla, soltando un fuerte suspiro, saca una cajetilla de cigarros, lleva uno a sus labios y lo enciende. Ni siquiera recuerda el nombre de la enfermera. Hay tantas en ese lugar y cada día es la misma situación, más de una se fija en él y hace su acercamiento, como puede ser su día de suerte como puede no serlo.

— Entra al baño, estás hecha un desastre – dijo sin interés, soltando el humo del cigarro.

— Está prohibido fumar – dijo la chica mientras se dirigía al baño de su oficina.

— Está prohibido chupársela al personal médico.

La chica no dijo nada, solo hizo una mueca molesta antes de encerrarse en el baño.

Alister miró el reloj, tiene una reunión en 10 minutos. El Manicomio Smile, ha sido un pilar de fuerza en ese siglo, han extraditado a los locos psicópatas desde otro país a ese Manicomio porque es el mejor. Saben quién es él, su buena reputación como psiquiatra ha ganado demasiados reconocimientos de los cuales está orgulloso y saber que el puesto de Director ejecutivo, es decir, el dueño y jefe de todo el Smile está por ser liberado, hace que el fuego en su interior incremente. Necesita ese puesto, el poder que obtendría al tener el Smile en sus manos.

Pero claro, sabe que Henry Miller también quiere el puesto, otro psiquiatra que ha querido opacar su desempeño, claramente no es tan bueno como él y aunque quiera pelear el puesto, ganará sin dudarlo.

La enfermera salió del baño, como nueva. Fue entonces que miró su nombre bordado en su blusa blanca, María T., bueno al menos ya sabe como se llama.

— Quiero que organices mis citas de mañana – ordenó, tirando la colilla del cigarro.

— Está bien – lo miró. Esperaba algo más, como todas. – Oye, estaba pensando en que podríamos ir a tomar algo saliendo de aquí y…

— No salgo con el personal que trabaja para mí – dijo, tomando su bata.

— Pero creí que…

— Si te basas en creencias deberías medicarte, más de uno de los que están aquí creen cosas – le sonrió. – Haz lo que te pedí y lo quiero bien.

Dejándole la palabra en la boca, salió de su oficina.

Caminando por los pasillos, con su bata blanca y su nombre Doctor Crowley bordado con hilo azul relucían. El porte del psiquiatra intimida a cualquiera, pero era eso lo que atraía a todas las mujeres.

Cuando llegó al último piso, fue directamente a la puerta de la sala de reuniones, no se molestó en tocar, solo empujó la puerta y entró, llamando la atención de todos. Tomó lugar justo en medio, empujó sus lentes sobre el puente de su nariz y los miró.

— Bienvenido Doctor Crowley.

Solo hizo un asentimiento con la cabeza. Henry lo miró desde el otro lado de la mesa, odiaba a Crowley y lo odiaba más porque sabía que era mucho mejor en su trabajo que él mismo.

Mientras los reactores decían los buenos avances que habían tenido, las sentencias acortadas de algunos de los pacientes y demás cosas. Crowley levantó la vista a la ventana que había ahí, pudo ver un cuervo negro rondando la zona, se le dibujo una pequeña sonrisa al saber de quien se trataba.

— Pasemos al tema que les interesa a todos – Alister apartó la mirada del cuervo para ver al reactor. – El puesto de Junot Andersson pronto quedará libre por su jubilación, es aquí donde se hace la elección para el siguiente Director en Jefe del Smile.

Henry se acomodó en su lugar, entrelazo sus dedos sobre la mesa y puso atención a lo que el reactor diría. En cambio Alister se mantenía de brazos cruzados, sin mostrar mucho interés.

— Aquí tenemos a dos buenos candidatos, Henry Miller, un psiquiatra que ha logrado reducir condenas y que los pacientes controlen sus impulsos – Henry sonrió orgulloso. – Y claro, tenemos a Alister Crowley, el mejor psiquiatra en traumas severos, experto en mentes retorcidas, ha logrado la liberación de tres pacientes sin ninguna recaída hasta el momento. Sin mencionar que el Doctor Crowley nos ha apoyado de todas las formas, ha hecho del Manicomio un buen lugar en todos los sentidos.

Alister sonrió de lado, fijando su mirada en Henry.

— La tenemos complicada – dijo la psiquiatra de niños. – Pero todos sabemos que Crowley es el mejor.

— Lo dices porque te lo follas – dijo Henry molesto.

Alister sonrió divertido, soltó un suspiro y lo miró.

— Hagamos esto como se debe, con la campaña y el apoyo – dijo Henry. – No por comprar a la mayoría con s*x* y dinero.

— ¿Algo que decir Crowley? Has estado callado – dijo el reactor.

— Apoyo lo que Henry dijo, la campaña y el apoyo de la comunidad es lo importante, no importa cómo lo hagamos – sonrió divertido. – A final de cuentas, por más que tenga el apoyo de todos aquí sentados, la decisión final la da el Ministro Conway, es a él a quien debes ganarte Miller.

— Hablas como si ya fuera seguro que ganaras – dijo Henry. – ¿Te vas a c*g*r a Conway?

— Tu hijastro ya se coge a su hija – se relamió los labios sin apartar su oscura mirada de Miller. – Ahorra tus palabras, no te conviene hablar aún – le dio un guiño y Miller se quedó callado.

— La decisión final será en tres meses, que es cuando Junot se retira y Conway vendrá, que gane el mejor.

Alister volvió la mirada a la ventana, el cuervo ya no estaba.

Se levantó y salió de la sala de reuniones.

— Tienes más que ganado el puesto – dijo Amanda, la encargada de los niños psicópatas. – Tienes mi apoyo, lo sabes – sonrió, apretando su gran brazo.

— La campaña será divertida – dijo Jack con una sonrisa. – Ten en cuenta que Miller jugará el papel de esposo y padre amoroso, ya tiene puntos a su favor gracias a eso. Conway aprecia mucho a los hombres que son responsables de su familia.

— ¿Tú de qué lado estás, Jack? – dijo Amanda.

— De Ali, claro – le sonrió. – Pero no niego que esto será divertido, Miller sacará a la luz todos tus trapitos sucios.

— No oculto nada —- se encogió de hombros. – En cambio, dime qué tanto afectará cuando se sepa que Sara Murdock es su hija – sonrió mirándolos. – Jack está en lo correcto, la campaña será divertida.

Salió del ascensor y se fue a su oficina.

Reviso sus citas ordenadas por María, apago su computadora y comenzó a guardar sus cosas. Se quitó su bata y la dejó colgada en su oficina. Salió del Manicomio, dirigiendose a su Impala 67 color negro, el único buen regalo de su padre. Puso sus cosas en el asiento de atrás, cuando escuchó el graznido de un cuervo seguido de un aleteo, se dio vuelta y miró a una mujer de cabello negro, ojos verdes y una gran sonrisa.

— ¿Cuándo llegaste? — dijo Alister recargado de su auto.

— Ayer en la noche — el sonido de sus tacones acercarse hizo que Alister sonriera. — De hecho te vi, llegué minutos después de que te fueras de casa de mi hermano.

Alister percibió su fragancia a rosas, estaba frente suyo, podía mirar a la perfección su escote y su perfecta figura. Sus manos tomaron la cintura de la morena, atrayéndola a su cuerpo.

— ¿Qué opinas de lo que escuchaste en la reunión? – preguntó, metiendo sus manos bajo su blusa.

— Sabes bien que tienes ganado ese lugar y sino me encargare de hacer tuyo ese lugar, matare a Henry por ti – acaricio su mejilla y Alister sonrió.

— Henry me sirve vivo – sonrió mirando sus ojos verdes. — ¿Te quedaras?

— Lo suficiente.

Alister puso su mano en la nuca de la morena y la besó. Un fogoso y candente beso. Sentía como su miembro volvía a ponerse duro y como el fuego en su interior incrementaba. Suspiro separándose de ella, acariciando su mentón, le sonrió.

— Sube al auto.

Alister encendió el auto y puso la radio, comenzó a sonar Guns and roses, su grupo favorito.

— Dime ¿qué tienen tú y esa enfermera?

— ¿Ahora me espías? – dijo mirándola.

— Quería saber que hacías y pase por tu oficina cuando vi a esa tipa de rodillas.

— Sabes que debo calmar el fuego con algo – sonrió de lado.

— Ya estoy aquí, no tienes que calmar tu fuego con nadie más – gruño.

— Alguien debe saciarme en mi horario laboral.

— Mataré a quien se vuelva a poner de rodillas frente a ti y no sea para rogarte perdón.

— Hazlo.

Alister le sonrió al ver a la chica enfurecida. Le gustaba provocar a la muerte.

— Sabes que ellas son solo carne para mí – la miró. – Eres el único ser sobrenatural con el que follo a placer, no sacias el fuego en mi interior, pero me encanta follarte – le sonrió.

— Te odio – sonrió mirándolo.

— Lo sé.

Alister condujo hasta llegar a la casa del bosque en la que su padre ahora vivía, Amelia le contaba lo que hizo en esos meses fuera de Castlebrook, mientras que él asentía o decía vagos comentarios al respecto. Cuando llegó pudo ver a su padre y a su mejor amigo hablando en la entrada.

— Papá Boris – dijo Amelia con una sonrisa, antes de abrazar al hombre.

— Al menos alguien si me dice papá – sonrió Boris. – ¿Cómo estuvo la reunión? – dijo, mirando a su hijo.

— La campaña será de tres meses, Conway es quien da la decisión final, lo sabes. Pero Jack dijo algo que me dejó pensando.

— ¿Qué?

— Miller usará su carta de la familia, por más que quiera sobornar o exponerlo, gana puntos con eso – suspiro molesto.

Boris miró a su hijo y después miró a los hermanos Gorman.

— Tal vez puedes usar una buena carta a tu favor – dijo Boris.

— ¿Cuál?

— Casate.

Alister rio divertido, como si acabara de contarle un buen chiste.

— Oye, la edad sí que te ha hecho divertido – lo miró.

— Hablo enserio Alister, te conseguí alguien buena, es capaz de soportar al dragón que eres y lo más importante, puede soportar tener a tus hijos.

— ¿Qué loca has conseguido? – se cruzó de brazos.

— A mí – dijo Amelia.

— ¿Tú? ¿Por qué?

Amelia se acercó a él con una sonrisa.

— Hemos estado juntos desde niños, somos amantes desde hace años, además quiero ayudar en la campaña y no quiero que los dragones se extingan. Solo están ustedes dos, son los últimos dragones vivos, soy un cuervo de la muerte, soy capaz de tener a tus hijos.

Alister apretó los dientes. Odia escuchar que son los últimos dragones, su padre es el último dragón viejo y él ni siquiera ha podido pasar la conversión a dragón. Para poder tener hijos, necesita convertirse en dragón y así perseverar su especie.

— ¡No soy un dragón! – la miró. – Tengo 36 putos años y no me he convertido en dragón, solo siento el m*ld*t* fuego que me quema por dentro, siento como mi sangre se vuelve lava, ya ni el s*x* puede aliviar el fuego. Me estoy quemando vivo.

— Eso es normal antes de la conversión – dijo su padre. — Necesitas exponerte al fuego más caliente y abrasador para que la bestia responda.

— Lo dice el dragón de 200 años — lo miró. – Hemos tratado de muchas maneras y no me he convertido en dragón – pasó una mano por su cabello.

— Yo tardé mucho para ser el cuervo de la muerte, mi hermano ya era un cuervo a sus 10 años, yo lo fui hasta los 30 – dijo Amelia, trató de tocar su brazo pero la quemaba. Miró a Alister, un dragón siempre está caliente de la piel, pero cuando enfurecia parecía fuego. — Alister, concéntrate en lo que puedes hacer ahora y…

Alister les dio la espalda, subió a su auto y se marchó de ahí. Amelia estaba por seguirlo, pero su hermano lo detuvo.

— Déjalo ir, yo me haré cargo de él.

Constantin subió a su auto y fue tras él, era su mejor amigo y sabía donde estaría.

Mientras que Amelia y Boris se quedaban solos, ella aprovechó para acercarse más al hombre, tomó su rostro entre sus manos e hizo que la mirara.

— Él aceptara, te lo aseguro.

— Te dije que era mala idea, él no aceptará nada hasta su conversión.

— Pero no ha sucedido, además, comprado contigo, él aún es un bebé. ¿Cuándo fue tu conversión?

— Era mucho mayor que él – declaró sin ánimo. – Pero eran otros tiempos, los dragones aún éramos poderosos, temidos, ahora somos solo un mito y obras de ficción que entretienen al mundo – la miró. – Ya trate con brujas, hechiceros, demonios, incluso con su propia madre y nadie sabe el retraso de su conversión. Me juré no presionarlo como lo hice con su hermana, él jamás me perdonará eso.

— Y tú deja de culparte, Azuba accedió a ser quemada viva para su conversión, lastima que no sobreviviera. Ella no era un verdadero dragón – acaricio su rostro. – Alister entrará en razón, aceptara este matrimonio y sí no ocurre su transición siempre estaremos nosotros.

Boris llevó sus manos a la cintura de la chica y la miró con cariño. Si bien lo suyo solo ha sido s*x*, ha desarrollado ciertos sentimientos por la que sera la mujer de su hijo.

— Gracias por estar conmigo – susurró.

— Siempre estaré contigo, estamos juntos en esto.

Se inclinó y le dio un besó en los labios. Un besó que despertó la pasión entre ellos. Por algo Boris se mantenía lejos de Castlebrook, para hacer lo que quisiera, como follarse a una chica que podría ser su hija.

La noche había caído, Alister estaba disfrutando del placer que le causaba quitarle la vida a una mujer, ver como el brillo de sus ojos se extingue y como su sangre lo bañaba por completo. Despertaba a su bestia interior. Con la daga que su madre le dio, hacía el corte en el cuerpo de la mujer que previamente había seducido y follado en su auto y que ahora yacía en la tierra sin vida, y le sacaba el corazón. Aunque su conversión aún no ocurría, debía alimentar a la bestia que resguardaba en su interior, así como apaciguar el fuego con sacrificios que él mismo hacía.

En el pasado no había necesidad de que él se ensuciara las manos, los mortales les daban sacrificios a los dragones, los mejores y los que los mantenían fuertes. Las vírgenes puras. En la actualidad, pocas eran las mujeres vírgenes, por lo que había encontrado su forma de saciar su apetito con la lujuria en mujeres que pecaban constantemente.

— Deja de espiarme el c*l* – dijo en cuanto terminó de sacar el corazón de la mujer.

El graznido del cuervo se escuchó antes de qué Constantin saliera de las sombras.

— Tengo hambre, quitale los riñones – dijo con una sonrisa.

— Quitaselos tú, ensuciate las manos por una vez c*brón – le dio la daga y se levantó.

— Yo elimino tu evidencia, nene – le sonrió antes de hacer el corte. – Era linda ¿cómo cayó en tus redes?

— Nadie se resiste a mí – dijo con una sonrisa.

— Orgulloso – sonrió divertido y se acercó a poner los órganos junto al corazón. – ¿La vas a dejar ahí?

— Sí, me da pereza transportarla – lo miró. – ¿Quieres hacer los honores?

— No sería la primera vez.

Constantin tomó su forma de cuervo, Alister sonrió mirando a su mejor amigo actuando en su forma primitiva, sacó un cigarro y lo llevó a sus labios para encenderlo. Le había dado vueltas a todo ese asunto del matrimonio arreglado, no le desagrada la elección de pareja, quiere a Amelia y a su familia, pero le jode que todo sea por capricho de su padre.

No aceptara el matrimonio arreglado, al menos no aún, porque sabe que una boda es un punto a su favor para Conway y para el puesto que quiere. Pero antes necesita arreglar el tema de su conversión para poder tomar una decisión.

Constantin voló hacía el hombro de Alister, él lo miró unos segundos, siempre había admirado a los cuervos y su forma de ser, pero jamás iban a superar a los dragones.

— Si vas a quedarte, no toques el tema de tu hermana, de mi padre, ni nada de lo que se habló está tarde. ¿Entendido? – el cuervo graznó y Alister sonrió. – Perfecto, ahora vámonos y más te vale tomar tu forma humana, no quiero plumas ni rasguños en mi auto.

Alister soltó un suspiro, sabe que todo eso es el inicio de algo muy grande…

Capítulo 1

Alister

Sus ojos grises, como si tuviera a la luna misma en sus ojos. Su piel pálida, como la nieve. Su cabello negro caia sobre sus hombros. Sus labios carnosos y rosados. Las pecas que adornaban su rostro. El lunar de su ceja izquierda. El sonido de su risa, la forma en la que me mira, es algo inexplicable.

— Alister.

Mi nombre saliendo de sus labios, la dulzura y malicia con la que lo dice. Como si acariciara mi nombre con sus labios. Extiende una de sus manos y puedo sentir su frío tacto sobre mi mejilla, me acaricia con ternura. Siento una gran sensación creciendo en mi pecho, algo cálido en mi interior y no, no es el fuego abrazador que suelo sentir todo el tiempo, es pacifico, es perfecto…

— Alister — vuelve a llamarme con dulzura. — ¿Me amas? — preguntó, con un intenso brillo en sus ojos.

Pude sentir como sonreía, mi corazón latía a la par del suyo, extendí mi mano y acaricie su rostro. Es

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