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ExclusiveUpdated

Maldito vinculo.

  • Genre: Werewolf
  • Author: Mixu
  • Chapters: 111
  • Status: Completed
  • Age Rating: 18+
  • 👁 1.1K
  • 7.5
  • 💬 429

Annotation

1__. M*ld*t* Vinculo: Dalia, conocida en la manada de la Luna Blanca como una joven enfermiza, frágil y débil, ha dejado que esa falsa apariencia de vulnerabilidad se convierta en su mayor arma. Bajo esa fachada, Dalia lleva una misión secreta: castigar a quienes alguna vez hirieron a otros, devolviendo el dolor a cada culpable. Sin embargo, el destino le juega una inesperada broma cuando descubre que sus compañeros predestinados no son otros que los cuatrillizos más populares y rompecorazones de la manada, famosos por su encanto de Casanova desde los dieciséis años. Junto a su leal amiga Maly, Dalia decide que antes de aceptar a sus compañeros, estos deberán enfrentar las consecuencias de sus propios actos. Ambas traman un plan astuto y lleno de travesuras, embarcándose en una serie de intrigas y desafíos en los que la astucia, el sigilo y el juego serán sus mayores aliados. Solo cuando el Karma haya hecho su trabajo, el destino les permitirá decidir si el vínculo es tan fuerte como la justicia que ellas buscan. Pero, la vida siempre tiene una jugada inesperada. 2__. El verdadero vinculo. Ya disponible el segundo libro de M*ld*t* vinculo.

Prologo

Dalia

–¿Estás segura de esto? –preguntó con la voz temblorosa y un nudo en el estómago. Sabía que tanto Maly como yo queríamos pisar el m*ld*t* acelerador y largarnos de una vez, aunque éramos conscientes de que no sería tan fácil. Para este punto, seguramente todos ya habían descubierto nuestro “magnífico” plan y nos estaban buscando.

Maly me miró, sus ojos reflejaban terror, pero también una pizca de emoción. Después, dirigió la mirada a nuestro "invitado". Era claro que no quería que su queridísimo compañero la atrapara en plena huida; sobre todo, considerando su posición en la sociedad. O, tal vez, tenía miedo de que nuestro compañero saliera lastimado en el intento.

No tenía duda de que esta era la vez que la había arruinado más a lo grande, mejor dicho, a lo gigante. Esa voz interna, nacida de años entre humanos, me gritaba que pisara el m*ld*t* acelerador y arrasara con todo, que rompiera la verja de una vez y me lanzara hacia el pueblo humano, aunque careciera del más mínimo sentido común.

Maly conocía esa parte mía demasiado bien. Fue esa parte la que nos unió para hacer bromas que hoy recordamos como legendarias. Claro, ahora no había lugar para bromas: el auto estaba consumido en un incómodo silencio que solo Noah, ladrando a viva voz, rompió para evitar que me perdiera en mis pensamientos.

—Más que segura —le respondí, viendo cómo sus ojos brillaban con una chispa de adrenalina y locura compartida. Apreté el volante con tanta fuerza que mis nudillos se tornaron blancos, y aún más pálidos que mis mejillas, que ya estaban heladas de miedo. Respiré hondo, demasiado, y sentí como si mis pulmones estuvieran a punto de explotar con aquel aire innecesario.

Finalmente, giré la llave. El motor rugió, y pisé el acelerador con una determinación que ni yo sabía que tenía. El aire nos golpeó de frente, arrastrando la poca cordura que nos quedaba. Maly apretó a Noah contra su pecho para protegerlo, ahogando un grito y aferrándose al asiento del copiloto. Sus uñas se clavaron en la silla, y su rostro era una mezcla de terror y emoción.

Y aunque una pequeña parte de ambas nos pedía a gritos que bajáramos del auto y regresáramos con aquellos a quienes nos suponíamos fieles, el impulso de seguir era más fuerte. El choque del auto contra la verja resonó, pero el carro siguió adelante, dirigiéndose a las fronteras.

Me dolía tanto que hubiera destruido el auto como los aullidos lastimeros que llegaban desde atrás mientras veían cómo las dos lunáticas escapaban a toda velocidad de la casa de la manada.

—J*d*r, j*d*r, j*d*r —chilló Maly al ver que dos autos, quizá tres, venían persiguiéndonos. —¿¡Quieres acelerar!? Cris me va a matar si me atrapan.

—¡Estoy dando todo! —le respondí, viendo cómo el m*ld*t* carro *p*n*s respondía. Sabía que la velocidad no era suficiente, sobre todo cuando la gente se cruzaba sin mirar y yo tenía que maniobrar para no atropellarlos.

—Noah está asustado —me advirtió Maly. Miré a Noah y vi sus orejas caídas, un claro signo de miedo.

*p*n*s tuve tiempo de reaccionar antes de que dos motocicletas se pusieran a cada lado del auto. Reconocí a Evans mirándome furioso desde la moto, probablemente enojado porque estaba haciendo que su vida y la de sus amigos fuera un infierno. Pero, con la mayor desfachatez del mundo, le sonreí y le guiñé el ojo antes de hacer un giro peligroso y perderlo de vista en la esquina.

Sin embargo, lo que vi al final de la calle me heló la sangre: había al menos veinte personas bloqueándonos el paso. Solté el volante por un segundo, dudando. Pero Maly reaccionó rápido y, sin dudarlo, pisó mi pie en el acelerador, forzando al auto a seguir.

—¡A la m**rd* todo esto! No voy a ser sermoneada ni por Cris ni por la jodida Luna de la manada —exclamó con una sonrisa, mientras Noah ladraba en apoyo.

Solo me tomó un segundo comprender que Maly era la persona menos indicada para situaciones de escape y que, si los de adelante no se quitaban, íbamos a arrasarlos como en un juego de bolos.

—¡Dalia Ardelean, pisa el freno ahora mismo! —me gritó mi madre desde una de las ventanas de los autos que nos perseguían.

Pero ya estaba demasiado lejos como para escuchar razones. Me asomé por la ventana y la miré con una sonrisa juguetona. Esta tal vez no había sido mi mejor idea, pero quería despedirme.

—¡Te amo, mamá! Has sido una, de forma relativa, una buena madre, pero en unos minutos, empiezo mi jodida vida de fugitiva. ¡Besos! —le mandé un beso.

—¡J*d*r, j*d*r, j*d*r! —exclamó Maly, y metí la cabeza tan rápido como pude cuando entendí por qué estaba maldiciendo. Los de enfrente no parecían moverse, y estábamos a segundos de dar un buen espectác*l* de bolos. A último momento, la multitud se apartó, y el auto, ahora convertido en una bola de demolición, rompió la verja de las fronteras y nos dio paso hacia nuestra nueva y aventurera vida de forajidas.

Asomé la cabeza una vez más y, con toda la desfachatez del mundo, miré a mis compañeros que nos observaban, confundidos y furiosos. Les lancé un beso burlón y añadí:

—Espero y esto los torture hasta el ultimo respiro.

Maly se rió y, también asomándose por la ventana, le dedicó una sonrisa a Cris.

Y así, entre risas, aceleramos, dejando atrás el caos y los recuerdos, mientras nos lanzábamos hacia una vida de libertad incierta pero emocionante.

¿Cómo habíamos llegado a este punto?

Capítulo 1

Dalia

Me dolía la cabeza, más de lo necesario. Tenía la piel sudada y estaba tiritando de frío. No había duda: tenía fiebre alta. Lo odiaba, no por sentirme enferma, sino porque me recordaba que probablemente era la cachorra más débil de toda la manada. Y todo era, sin duda, culpa del m*ld*t* de Cris.

Si ese imbécil no me hubiera tirado ese balde de agua fría, habría superado mi récord de cuatro días sin enfermarme, lo cual, aunque parezca patético, era mi pequeño logro.

Me dolía la garganta, así que ni siquiera podía maldecirlo, pero aún así lo odiaba con todo mi corazón. Juro que en algún momento lo haré sufrir una agonía interminable.

Tenía solo seis años cuando las enfermedades comenzaron a atormentarme. No era común entre nosotros, pero supongo que esto se debía a que mi padre había sido, sin lugar a dudas, un humano. Y, claro, ¿qué mejor herencia que pasarme esos genes humanos? Aunque no era humana, me enfermaba como una, y eso e

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