
Yōkai.
- Genre: Romance
- Author: Yokasta Arias
- Chapters: 62
- Status: Completed
- Age Rating: 18+
- 👁 117
- ⭐ 7.5
- 💬 0
Annotation
Hablemos de los humanos, los seré humanos han evolucionado de una manera sin precedentes a través de la historia, antes dormían en cuevas, ahora duermen en formidables edificaciones que amenazan con alcanzar los cielos, seres cuya vida han dejado en manos de deidades, dioses, espíritus, etc Eso aún sigue en la actualidad, con la diferencia que han disminuido y ahora son esclavos de la ciencia y la razón, ya no hay cabida para las supersticiones ni la magia, pero lo chistoso es que hay historias sobre ellos, hay una palabra japonesa que se adapta bien a estos seres, Yōkai. Los Yōkai son todos los seres sobrenaturales asistentes, caminan entre nosotros, jamás te darías cuenta que es uno de ellos a menos que se revele, y en estos tiempos ningún yōkai se expone a menos que sea maligno o muy bondadoso. ¿Acaso hay alguien con demasiada suerte para cruzarse con un yōkai maligno por primera vez? La respuesta es si, la hay, y esa es nada más ni nada menos que Valentina Anderson. En un bar cerca de la universidad de Seúl, una tailandesa bebía como si no hubiera un mañana, está noche no le importaba si sufría de un coma etílico, estaba muy feliz , e merecía celebrar porque aprobó un examen que mas de la mitad de la clase suspendió, habia salvado su beca. — ¡'Oy u-una p*t* 'enia...lenia, genial! — Terminó el l vaso de soju mezclado con cerveza. — ¡Cállate, 'tupida! — Mía le pegó en el brazo — ¡Moles... t*t*s a todos! — T*t*s? ¿'Onde? — Valentina giró a todos lados. — Me pueden decir por qué seguimos siendo sus amigas? — Habló Lucía cambiando el licor por agua sin que se den cuenta. — Por la anécdota. — Contestó Ava riendo y comiendo un pedazo de carne — Son muy chistosas. — Estoy e acuerdo, sin ellas mi vida universitaria sería un verdadero infierno. — Habló Isabella recordando que su carrera no era nada fácil. — Ni lo menciones, a este paso le diré a Valentina que me haga la eutanasia. — Evelyn recargó su frente contra la mesa. — Me pueden decir por qué no me dieron un batazo en la cabeza cuando me decidí por mecánica automotriz? — Tal vez por qué es tu sueño? ¿Y no sería que mejor te lo haga Ava? Digo, ella estudia veterinaria y necesita animales enfermos, así como tú. — Emma notó las densas ojeras bajo sus ojos. Todas explotaron en risas incluyendo a las más ebrias del grupo, lo habían entendido. Las chicas eran muy unidas puesto que se conocieron en el colegio, juntas decidieron estudiar mucho para estar aunque sea en la misma universidad, y no era cualquiera universidad, claro que no, era la mejor del país y una de las más difíciles de ingreso, pero lo lograron. Ahora solo debían mantenerse y no rendirse por más difícil que sea, un paso a la vez y eso estaba bien, después de todo seguían avanzando más.
Capítulo 1
Hablemos de los humanos, los seres humanos han evolucionado de una manera sin precedentes a través de la historia, antes dormían en cuevas, ahora duermen en formidables edificaciones que amenazan con alcanzar los cielos, seres cuya vida han dejado en manos de deidades, dioses, espíritus, etc.
Eso aun sigue en la actualidad, con la diferencia que han disminuido y ahora son esclavos de la ciencia y la razón, ya no hay cabida para las supersticiones ni la magia, pero lo chistoso es que hay historias sobre ellos, hay una palabra japonesa que se adapta muy bien a estos seres, yōkai.
Los yōkai son todos los seres sobrenaturales existentes, caminan entre nosotros, jamás te darías cuenta que es uno de ellos a menos que se revele, y en estos tiempos ningún yōkai se expone a menos que sea maligno o muy bondadoso.
¿Acaso hay alguien con demasiada mala suerte para cruzarse con un yōkai maligno por primera vez?
La respuesta es sí, la hay, y esa es nada más ni nada menos que Lalisa Manobal.
En un bar cerca de la universidad de Seúl, una tailandesa bebía como si no hubiera un mañana, esta noche no le importaba si sufría de un coma etílico, estaba muy feliz, se merecía celebrar porque aprobó un examen que más de la mitad de la clase suspendió, había salvado su beca.
—¡'Oy u-una p*t* 'enia... lenia, genia!—terminó el vaso de soju mezclado con cerveza.
—¡Callate, 'tupida!—Nayeon le pegó en el brazo—. ¡Moles... t*t*s a toos!
—¿T*t*s? ¿'onde?—Lisa giró a todos lados.
—¿Me pueden decir por qué seguimos siendo sus amigas?—habló Jihyo cambiando el licor por agua sin que se den cuenta.
—Por la anécdota—contestó Rosé riendo y comiendo un pedazo de carne—. Son muy chistosas.
—Estoy de acuerdo, sin ellas mi vida universitaria sería un verdadero infierno—habló Sana recordando que su carrera no era nada fácil.
—Ni lo menciones, a este pasó le diré a Lisa que me haga la eutanasia—Dahyun recargó su frente contra la mesa—. ¿Me pueden decir por qué no me dieron un batazo en la cabeza cuando me decidí por mecánica automotriz?
—¿Tal vez por qué es tu sueño? ¿Y no sería que mejor te lo haga Rosé? Digo, ella estudia veterinaria y necesita animales enfermos, así como tú—Mina notó las densas ojeras bajo sus ojos.
Todas explotaron de risa incluyendo a las más ebrias del grupo, lo habían entendido. Las chicas eran muy unidas puesto que se conocieron en el colegio, juntas decidieron estudiar mucho para estar aunque sea en la misma universidad, y no era cualquiera universidad, claro que no, era la mejor del país y una de las más difíciles de ingresar, pero lo lograron.
Ahora solo debían mantenerse y no rendirse por más difícil que sea, un paso a la vez y eso estaba bien, después de todo seguían avanzando.
━━━━━━✧♛✧━━━━━━
Al otro lado de la ciudad una hermosa mujer de ojos gatunos esperaba paciente a la próxima víctima que ose entrar en el callejón y recitar lo que sería las últimas palabras que va a escuchar.
Una célebre frase que incluso en los textos aun la mantienen y en esa cosa llamado internet.
"¿Soy hermosa?".
Ya quería decirla, ver como el miedo se apodera de los hombres al ver su rostro, específicamente su boca rasgada de oreja a oreja, porque no pueden engañarla, aunque digan sí, sus ojos no pueden mentir el pavor que tienen, así que básicamente le estarían mintiendo.
¿Qué está pasando?
La yōkai dejó de pensar y se aproximó a la entrada del callejón para ver como dos personas bajaron de un taxi, era un chico y una chica, pero el joven estaba demasiado ebrio que no podía ni mantenerse erguido, era claro que era un muchacho por las ropas masculinas holgadas que vestía, aunque la iluminación no era la mejor, tampoco podía apreciarlo bien al ver que llevaba puesto una gorra y encima la capucha.
La chica rubia se disculpó con el taxista, de seguro por los inconvenientes de su, ¿amigo? ¿Novio? Daba igual, todos eran iguales de mentirosos que su exesposo, cortados con la misma tijera.
¿Ahora que sucede?
Al parecer la chica tenía que retirarse con prontitud del lugar debido a una llamada telefónica urgente por un paciente que se puso mal, se disculpó con el muchacho y muy seria le dio instrucciones para que vaya directo a su departamento o se enojaría demasiado, tomó el mismo taxi y se fue.
Ahora es mi turno.
Sonrió traviesa y con un tinte malicioso generó ruidos con pequeños golpecitos en el muro y pateó una lata que se halló en el suelo, triunfó, había llamado la atención del joven, que tambaleante se adentraba al frío y lúgubre callejón con una ligera neblina en el interior, vio como miró por todos lados y supo que era su momento de aparecer.
—¿Soy hermosa?—preguntó saboreando cada palabra.
El joven, lo que ella creía que era, se veía confundido, tal vez el alcohol no le permitía razonar lo que había dicho y eso la frustró un poco que rechistó con la lengua, pero ahora que lo examinaba bien poseía rasgos finos y algo delicados para ser un hombre, en fin, no le importaba porque después de esta noche ese muchacho visitará el otro plano ancestral.
—Sí...—arrastró la afirmación con dificultad.
Al oír la respuesta sonrío y se quitó la mascarilla roja que tenía puesta, ahora era visible su rostro desfigurado por las cortadas de la comisura de su boca hasta las orejas.
—¿Y ahora soy hermosa?—sea cual sea el resultado ella haría lo mismo, mataría a ese joven.
—Sí—se acercó y con las dos manos sujetó su cara.
Esa acción tomó por sorpresa a la yōkai, por primera vez en siglos un ser humano, un hombre, tocó su rostro, de pronto una indeleble ira subió hasta su garganta.
—Tú... elmosa, muy e-elmosa—un potente olor alcohol impactó la nariz de la yōkai que frunció al instante—. Y boniti, paliza al toto, 'onto, que te... 'izo eto—acarició las cortadas.
—¿Qué dices hombre imbe...?
No terminó la frase al sentir unos labios besando su boca, los ojos se desorbitaron y quiso empujar a ese patán que se atrevió a besarla sin su consentimiento, ahora lo mataría con más afán.
—Qué lendaaa...
Fueron las últimas palabras que pronunció el joven con claridad para posteriormente desmayarse a los pies de la mujer.
Esa noche cambiaría muchas vidas, incluso las reglas del mundo.
Capítulo 2
Un punzante dolor en la cabeza no permitió que Lisa siga durmiendo, solo quería que ese irritante sonido cese junto con los rayos solares que chocaban contra su rostro.
¡Mi cabeza, joder!
Con las manos sujetó las sábanas y se cubrió hasta la cabeza, no quería saber nada del mundo, pero eso no sería posible.
—Lisa es mejor que te levantes—oyó la voz de su mejor amiga.
—Rosé, no molestes, es sábado—gimió al sentir otro aguijonazo en la cabeza.
—No te molestaría si alguien me hubiera dicho que no cambió su turno hoy—la australiana le arrancó las sábanas de las manos y fue a recorrer la cortina.
—¡Nooo!—fue una mala idea gritar, eso empeoró su jaqueca—. Eres mala... espera, ¿dijiste que tengo turno?
—Sí... diablos, te ves de la mierda, como perro dado veneno—le pasó dos pastillas y un vaso de agua.
—Me siento como uno, gracias—sin pensarlo ingirió la medicina—. Yo cambié mi turno con... nadie—se pegó mentalmente por estúpida, olvidó











