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Sumisa por accidente

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Annotation

Arya Anderson trabaja como agente encubierto para la DEA, a sus veintiocho años no piensa en casarse y formar una familia, ella sueña con desmantelar todos los cárteles de drogas posibles, odia que traten de controlarla; lo que no se imagina es que su próxima misión le cambiará la vida por completo. Enzo Carusso, hijo de uno de los hombres más buscados por la DEA, tiene todo lo que Arya odia en los hombres, incluso tiene gustos específicos en cuanto al s*x* se refiere, le gusta dominar a sus parejas, la manera en que se conocen provoca diferencias entre ellos, pero poco a poco las cosas cambian; a tal grado que Arya pone en peligro la misión en la que está trabajando.

Chapter 1

Sumisa por accidente, es una novela escrita por Dannya Menchaca (DannyaRent) registrada en SafeCreative bajo el código: 2103227260344

Se prohibe cualquier copia parcial o total de la obra, ya que estará infringiendo los derechos de autor.

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—Pido un aplauso para nuestro equipo de trabajo, por su excelente labor en desmantelar el cártel de los Ferrer.

Todos aplaudimos emocionados, mi compañero Benji se acerca y me abraza.

—Lo logramos, Arya.

—Claro, Benji, nadie puede con nosotros.

Hace tres años trabajo para la DEA, nuestra sede principal está en Washington, pero tenemos varios meses en California, trabajamos encubiertos para desmantelar un cartel de drogas muy importante en Tijuana, tuvimos que instalarnos por unos meses en California y ahora por fin volvemos a Washington para esperar nuevas órdenes.

Tengo veintiocho años y mi familia no deja de molestarme porque no estoy interesada en casarme, disfruto mucho de mi trabajo y la verdad corro mucho peligro cuando tengo que pasar como agente encubierto, además que es más el tiempo que viajamos que el que pasamos en nuestras casas, aunque tengo mi apartamento paso más tiempo con mis padres cuando llego a estar en Washington, mi padre es un detective del FBI retirado y mi madre es enfermera, tengo una hermana mayor que tiene dos preciosas niñas, se la pasan diciéndome que tengo que sentar cabeza pero yo prefiero seguir con mi vida como hasta ahora, no podría tener una relación estable si tengo que viajar constantemente.

—Arya, vamos a tomar unas cervezas para festejar ¿quieres acompañarnos? sabemos que mañana salimos temprano a Washington por lo que solo será un rato.

—Está bien, Benji, vamos.

Nos vamos todo el equipo a celebrar, usualmente uso pantalón gris y camisa negra como uniforme, todos nos vamos al bar así vestidos, al entrar no pasamos desapercibidos, todas las personas en el bar nos voltean a ver, Benji es mi compañero, es un hombre muy grande, moreno, pelo corto y aunque es agradable impone un poco por sus músculos.

Yo por el contrario soy de estatura media, tengo un buen cuerpo porque entreno muy duro, ya que para mi trabajo en algunas ocasiones necesito la fuerza física, tengo el cabello largo, rojizo y la mayoría del tiempo lo tengo recogido, mis ojos son verdes de un color muy claro, mi piel es muy blanca.

—¿Arya, quieres una cerveza?

—Sí, Benji, gracias.

Empezamos a tomar y a conversar de todo un poco, somos un equipo algo grande, pero solo somos dos mujeres, nos acomodan en una mesa y yo me levanto al baño, cuando salgo está un hombre muy tomado en la puerta.

—¿No me digas que eres policía?

—No, no lo soy.

Se me acerca tanto que puedo oler su horrible aliento.

—¿Y ese uniforme qué significa?

—Que trabajo para la DEA.

Le contesto señalando las letras de mi blusa.

—Para el caso es lo mismo, para mí sería muy fácil domar a una mujer como tú.

Yo sonrío.

—¿Ah sí? no me digas.

—Por supuesto, se creen muy listas y quieren ser como nosotros pero aún les falta mucho.

Yo suelto una carcajada.

—Pues no creo que ninguna mujer quiera ser como tú.

—¿Acaso quieres que te demuestre de lo que soy capaz?

—Inténtalo.

En eso Benji viene y se queda observándonos, el borracho trata de tomarme de la cintura y yo rápidamente lo detengo, le doy la vuelta torciendo su mano, ni siquiera tengo que hacer mucho esfuerzo.

—Eres muy poco hombre para domar a una mujer como yo.

—Suéltame ¿estás loca o qué te pasa?

Tuerzo más su mano y él grita.

—Suéltame te voy a demandar.

—Muy bien, demándame, pero antes de querer domar a otra mujer, fíjate con quién te metes, y en tu vida vuelvas a decir que las mujeres queremos parecernos a basuras como tú.

Lo suelto y se mete con prisa al baño de los hombres, Benji se acerca.

—No puedo creerlo, no te puedes quedar sola porque ya estás atrayendo problemas.

—Según él quería domarme y le dije que lo intentara, parece que no pudo.

Benji sonríe.

—Al paso que vas me voy a tener que casar contigo para que no te quedes solterona.

Suelto una carcajada.

—Ya quisieras tú.

Regreso con mis compañeros sonriendo y seguimos tomando y festejando hasta muy tarde, todos nos estamos quedando en el mismo edificio así que volvemos juntos y cada quien se va a su habitación.

Empiezo a preparar mi maleta para mañana estar lista para volver a Washington, me quito el uniforme y me quedo en ropa interior, nunca me ha gustado usar pijamas, con las cervezas que me tomé me siento muy relajada por lo que no tardo mucho en quedarme dormida.

Por la mañana me doy una ducha y me pongo mi uniforme, al salir del apartamento todos estamos listos y nos vamos al aeropuerto, después de dos horas de viaje por fin llegamos a Washington, el jefe nos dio una semana de descanso en lo que nos avisan de la nueva misión.

—¿Arya, te llevo a tu apartamento?

—Sí, Benji, por favor.

Nos vamos en la enorme camioneta de Benji que siempre la deja en el estacionamiento del aeropuerto, según él es más seguro dejarla ahí.

—¿Qué harás está semana de descanso?

—Creo que dormir y comer ¿y tú, Benji, qué harás?

—Buscar a mi ex para no sentirme tan solo.

—Qué exagerado ¿acaso crees que no me di cuenta de que Yara se quedó unos días contigo en tu apartamento?

—Me gusta, pero no sé si sea buena idea, nos exponemos demasiado, además que no es bueno mezclar las relaciones con el trabajo.

—Pues si no lo intentas no lo sabrás.

—No estoy seguro.

—Entonces no te gusta tanto como dices.

—Tal vez.

Me deja en mi apartamento y en cuanto llego se asoma mi vecino Flavio.

—Hola, Arya, ya te extrañaba.

—Hola, Flavio, ya ves, por fin volví.

—¿Atrapaste muchos maleantes?

—Se podría decir que sí.

En eso viene llegando una chica muy guapa y le da un beso.

—Bueno, Arya, espero que nos veamos pronto.

Yo sonrío y entro a mi apartamento, Flavio es un chico agradable pero es un picaflor, en alguna ocasión me pretendió pero nunca le hice caso, aunque no quiero tener ninguna relación formal no me gustan los mujeriegos, prefiero evitarlos.

Saco mi ropa de la maleta y empiezo a acomodarla, me quito el uniforme y me pongo ropa cómoda, tengo que ir a comprar la despensa porque está vacía, pero me siento cansada así que pido una pizza y me pongo a ver la televisión en lo que llega.

Estoy tan concentrada viendo la televisión que pego un brinco cuando escucho el timbre, salgo a recoger la pizza y me pongo a cenar, en ocasiones como esta es cuando pienso que tal vez sí debería casarme y formar una familia, no me gusta mucho estar sola, estoy acostumbrada al ruido que hacen mis compañeros y cada vez que termina una misión siento como si algo me faltara, en fin dejo de pensar tonterías y me voy a descansar temprano, por que mañana quiero ir a ver a mis padres, me quito la ropa y me acomodo en la cama, después de dar varias vueltas por fin me quedo dormida.

Por la mañana me despierto más animada, me doy una ducha y me voy a casa de mis padres, en cuanto llego sale mi padre emocionado y me da un abrazo.

—¿Hija, qué tal te fue en tu misión?

—Muy bien, papá, como siempre.

—Esa es mi niña.

En eso sale mi madre de la cocina y se acerca a abrazarme.

—Ay no, Arya, si sigues con esas misiones te vas a quedar soltera para siempre.

Abrazo a mi madre y le doy besos.

—Mamá, ya eres abuela ¿para qué quieres que yo me case?

—Arya, siempre hace falta tener un compañero en tu vida, hija.

—¿Para qué?

—Para que te cuide y te proteja.

Yo pongo los ojos en blanco.

—Eso lo puedo hacer yo sola.

—Que tengas un hombro donde dormir en las noches.

—Y después amanecer torcida del cuello, mamá.

Mi papá suelta una carcajada.

—Arya, eres imposible, y tú, Anton, deja de seguir solapándola.

Mi madre regresa a la cocina indignada y mi padre se acerca y me besa la frente.

—Estoy tan orgulloso de ti, hija, el comandante me llamo para felicitarme por tu trabajo, y ese muchacho Benji es un excelente compañero me alegro mucho de que esté contigo.

—Gracias, papá, y sí, Benji es un excelente compañero, tengo mucha suerte de que él esté conmigo en las misiones.

—¿Sabes algo de la próxima misión?

—No, papá, tenemos una semana de descanso.

—Perfecto, hija, tú descansa que tengo entendido que será algo muy grande.

—¿De verdad?

—Sí, hija, al parecer hay un cartel de unos rusos que está operando en la frontera de Texas, pero es algo bastante grande, es muy probable que los manden para allá.

—Bueno pues ya veremos qué pasa.

En eso nos habla mi madre.

—Vengan a desayunar que ya está todo listo.

Mi padre y yo nos vamos al comedor, y empezamos a desayunar, todo está delicioso mi madre es la mejor cocinera del mundo, creo que yo salí a mi padre porque no sabemos ni hacernos un sándwich decente.

—Mamá, todo está delicioso.

—Ya te preparé algunos contenedores para que te los lleves, no quiero que sigas comiendo comida chatarra como siempre.

—Gracias, mamá, eres la mejor.

—Sí, ¿y por qué no me dices eso cuando te digo que cambies de trabajo?

—Porque sí eres la mejor mamá del mundo, pero me encanta mi trabajo.

—A ti y a tu padre les gusta tenerme muriendo de nervios.

Mi padre le sonríe.

—Mujer, no seas exagerada, es un trabajo como cualquier otro.

—Sí, cómo no, a ver por qué no fuiste contadora o doctora o chef.

Mi padre suspira.

—Porque Arya es como yo, le gustan las cosas al extremo y Mayte es como tú, le gusta todo muy tranquilo, por eso es maestra porque es muy paciente.

Antes de que empiecen a discutir por mi culpa los interrumpo.

—¿Mamá, y cómo están las niñas?

—Preciosas, hija, cada vez más grandes, la próxima semana será la fiesta de cumpleaños de Agnes, espero que aún estés aquí.

—Yo creo que sí, mamá, tengo muchas ganas de verlas.

Tengo dos sobrinas, una va a cumplir tres años, y la otra tiene seis, mi hermana se casó con un banquero, que a mí nunca me ha caído bien, no dejó que yo fuera la madrina de las niñas, por que según él no soy un buen ejemplo, mi hermana y yo somos muy parecidas las dos pelirrojas pero ella tiene los ojos cafés, también mi cuerpo es un poco más proporcionado que el de ella, a veces me cuesta trabajo esconder mis encantos en mi chaleco antibalas, ella se queja de no tener y yo de tener de más, en fin, suele suceder.

—Voy a llamar a Mayte para que vengan a comer ¿te quedarás todo el día verdad?

—Sí, mamá, tengo que ir a comprar la despensa pero lo haré más tarde.

—¿Y qué vas a comprar? ¿Comida congelada?

—Sí, mamá, y también sé preparar sándwiches de crema de cacahuate.

Mi mamá suelta una carcajada.

—¿Qué voy a hacer contigo, Arya?

—Prepararme más contenedores para la semana.

Mi madre se acerca y me da un beso.

—Si no te quisiera tanto te diría que no.

—Pero como sí me quieres y soy tu consentida me vas a decir que sí, ¿verdad?

—Sí hija, no me queda de otra, hasta en eso te pareces a tu padre, de todo me convencen.

Mi padre y yo sonreímos.

—Ven hija quiero mostrarte algo.

Acompaño a mi padre a su oficina y saca una carpeta del cajón de su escritorio.

—Mira, hija, lo que me mandaron ayer.

Lo abro y me sorprendo porque en unos meses le harán entrega de una medalla de honor por su excelente trabajo, tiene muy poco tiempo que se retiró y yo creo que aún se le hace extraño.

—¿Ya lo sabe mi madre?

—No, hija, quería que fueras la primera en saberlo.

—Me alegro tanto, papá.

Me acerco y lo abrazo.

—Eres un gran ejemplo, gracias por ser el mejor papá del mundo y trabajar tan duro siempre para que nada nos faltara.

—Ay hija, tu madre y ustedes son lo mejor que me ha pasado en la vida, y aunque extraño mi trabajo disfruto mucho pasar tiempo en casa haciendo cosas que no hacía antes, ahora puedo disfrutar de ir a cenar con tu madre o ir al cine.

—Me alegro, papá, te prometo que aunque este en alguna misión haré lo posible por venir.

—No te preocupes, hija, yo entiendo perfectamente tu trabajo.

En eso escuchamos a mi hermana que llega con mis sobrinas, en cuanto salgo la mayor de ellas, Mirta de seis años, corre a mis brazos.

—Tía Arya.

—Hola, preciosa.

La abrazo y la beso, Mirta se parece a su papá, tiene el cabello negro y ojos color miel, mi sobrina más pequeña Agnes tiene dos años, ella se parece a mi hermana, es pelirroja y tiene los ojos cafés, está abrazada a la pierna de mi hermana.

—¿Agnes, no me vas a dar un abrazo?

Ella asiente chupando su dedo, me acerco y la subo en los brazos para darle besos.

—Hola, Arya, me da mucho gusto verte.

—Mayte, estas niñas cada vez están más hermosas.

Mi hermana se acerca y me da un abrazo.

—Estás muy delgada.

Mi mamá sale de la cocina.

—¿Y cómo no? si solo come decentemente cuando viene aquí.

Mi hermana sonríe.

—¿Cuándo piensas sentar cabeza?

Yo pongo los ojos en blanco y tuerzo la boca.

—Más sermones no por favor.

—Deberías casarte con Benji, es muy agradable.

—No, claro que Benji es agradable pero solo es mi compañero de trabajo, además está lleno de tatuajes y eso no va conmigo no me agradan en absoluto.

—Eres muy exigente, así nunca me darás sobrinos.

—Y para qué quieres sobrinos si tienes estas dos princesitas.

Abrazo a mis sobrinas y ellas sonríen emocionadas.

—¿Mamá, estás segura de que Arya es mujer?

—Ay hija, qué cosas dices, claro que es mujer.

Yo sonrío.

—Digan lo que quieran, no pienso casarme.

Paso la tarde jugando con mis sobrinas.

—¿Mayte, por qué Agnes aún no quiere hablar?

Ella voltea a verme muy triste.

—Al principio pensé que era tímida porque sí decía algunas palabras pero después dejaba de hablarlas, la llevé al doctor y después de varias pruebas le diagnosticaron autismo.

Yo me sorprendo mucho pero en realidad no sé mucho del tema, para mí, mi sobrina es como las demás niñas de su edad solo que un poco retraída.

—¿Cómo te sientes respecto a eso?

—Bueno, yo siendo maestra sabía que algo no estaba bien pero no pensé que fuera algo así ya que ella aunque es tímida sí le gusta jugar con sus compañeritos, no quise pensar en esa posibilidad, en realidad su problema es solo el lenguaje y a veces se pone un poco mal por lo que no era muy fácil saberlo.

—Lo siento, Mayte.

—La verdad es que estoy tranquila, ella está tomando terapias y está avanzando mucho, por lo que creo que puede llegar a tener una vida normal.

Yo la abrazo.

—Estoy segura de que lo hará, es muy inteligente.

—Adriano no lo tomó muy bien, dice que seguramente es culpa mía por consentirla demasiado.

—Discúlpame, hermanita, pero ese hombre está completamente loco, siempre acusándote de cualquier cosa, no sé cómo lo puedes aguantar.

Ella se queda pensativa y yo vuelvo a abrazarla.

—Cuentas conmigo para lo que necesites y estoy segura de que Agnes saldrá adelante, ya verás cuando esté hablando como una periquita igual que Mirta.

—Gracias, Arya, aunque te moleste con que te cases en realidad no sabes lo orgullosa que me siento de ti, que seas tan fuerte y con ese carácter que no se deja pisotear por nadie, además nunca olvides que te quiero muchísimo.

—Yo también te quiero, Mayte, eres la mejor hermana del mundo.

Mi madre se acerca emocionada.

—Y yo las amo a las dos.

—Bueno yo tengo que irme antes de que me hagan llorar, aún no compro la despensa y la verdad es que estoy agotada.

—Arya, me gustaría visitarte estos días antes de que te vayas a tu siguiente misión.

Me lo dice un poco triste por lo que me imagino que quiere platicar conmigo de algo importante.

—Claro, Mayte, cuando quieras.

Me despido de mis padres y beso a mis sobrinas antes de irme, paso a la tienda por algunas cosas y cuando regreso al apartamento Benji me está esperando en su coche, bajo las bolsas y le hago señas para que se baje.

—Hola, Arya, déjame ayudarte.

—¿Qué haces aquí, Benji? ¿A poco ya me extrañas?

—No, bueno un poquito nada más no te lo voy a negar, pero vengo a darte una mala noticia.

Entramos al apartamento y dejamos las bolsas sobre la mesa.

—¿Qué pasa?

—Ya tenemos la misión nueva.

—¿Y cuál es la mala noticia?

—Que nos iremos este fin de semana.

—Pero si acabamos de regresar, aún no me repongo de la misión anterior.

—Pues al parecer es algo urgente y según el jefe somos el mejor equipo.

—Bueno si no hay de otra ¿ya cenaste?

—No.

—Mi madre me dio comida ¿quieres acompañarme a cenar?

—Siendo así por supuesto, tu madre cocina delicioso, deberías aceptar ser mi novia para poder ir a comer a casa de tus padres todos los fines de semana.

Yo suelto una enorme carcajada.

—Puedes ir a comer sin que seas mi novio.

—Pero habría más confianza siendo familia.

—Estás loco, Benji.

Calentamos la comida y nos ponemos a cenar mientras platicamos un poco de la misión, estamos por terminar cuando tocan la puerta con mucha insistencia, por instinto Benji se pone de pie y toca su arma.

—Calma, Benji, déjame ver quién es, no seas paranoico.

Me acerco a la puerta y mi hermana está llorando muy asustada, abro rápidamente y se arroja a mis brazos.

—¿Mayte, pero qué tienes?

Las niñas nos observan asustadas y Benji me hace una seña.

—Niñas, qué les parece si van con mi amigo Benji para que les ponga dibujos animados en la televisión.

—Sí, tía, ¿mi mamá está bien?

Me pregunta Mirta preocupada.

—Claro, preciosa, ella está bien, vayan con Benji.

Se las lleva y yo siento a mi hermana.

—¿Qué pasa, Mayte?

—Adriano, discutimos y quiso golpearme.

—Pero cómo se atreve ese pedazo de imbécil.

—No quiero volver a casa con él, últimamente discutimos por todo y ha intentado pegarme varias veces.

Yo la abrazo.

—¿Puedo quedarme aquí? No quiero molestar a mi papá, tú sabes lo que es capaz de hacer.

—Claro que puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.

—Gracias, Arya.

Después de unos minutos entra Benji a la cocina.

—Las niñas están dormidas.

Mi hermana lo ve y se pone roja.

—Gracias, Benji, y qué vergüenza que tuviera que ver todo esto.

—No sé preocupe, Mayte.

Se queda viéndola preocupado.

—Arya, me voy, en estos días te llamo para ponernos de acuerdo.

—Está bien, Benji, muchas gracias.

Él se despide con un movimiento de cabeza y se va.

—Bueno, vamos a acomodar a tus princesas en la habitación de huéspedes.

—No podré hacerle la fiesta de cumpleaños a Agnes.

—Por eso no te preocupes, ya habrá tiempo de festejarle después.

Chapter 2

Después de acostar a las niñas le presto una pijama a Mayte y me pongo también una, a ver si puedo dormir, me acomodo en la cama y en eso entra Mayte, se acomoda a mi lado y me abraza.

—Sabes que Adriano y yo siempre hemos tenido problemas, pero desde que nació Agnes todo empeoró, mi pequeña siempre ha sido diferente, incluso no se le acerca, según él no es una niña normal.

—¿Por qué no te has separado de él?

—Por miedo, Arya, a enfrentar la vida yo sola con dos niñas, después del diagnóstico de Agnes pensé que iba a necesitar algún tipo de cuidado especial y tenía miedo de no poder hacerlo yo sola.

—Pero mis padres y yo no te dejaríamos sola.

—Lo sé, pero no quería molestarlos.

—¿Qué piensas hacer?

—Pedirle el divorcio, no quiero que Agnes crezca con el rechazo de su padre, tengo que buscar dónde vivir.

—Por eso no te preocupes, quédate aquí el tiempo que necesites.

—Adriano no va a querer darme el divorcio.

—Tienes que

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