
Detrás de su mirada
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Annotation
David es el soltero de oro que todos admiran: un administrativo millonario, simpático y con un sentido del humor capaz de desarmar a cualquiera. Sin embargo, su sonrisa pícara es el escudo de una profunda inseguridad. Años de estrés extremo le robaron el vello de sus cejas, y aunque ha aprendido a brillar a través de la comedia, se siente incompleto. Victoria es una doctora experta en trasplantes capilares que huele a vainilla y dulces, y cuya mirada tras sus gafas de pasta burdeos es capaz de leer el alma de sus pacientes. Cuando David entra en su clínica buscando recuperar su imagen, lo que comienza como un procedimiento médico rutinario se convierte en un juego de seducción lleno de frescura y humor. Entre citas médicas, lujos inesperados y el roce inevitable de la piel, ambos descubrirán que, aunque el dinero lo compra casi todo, la verdadera confianza solo se recupera con amor. Una historia fresca, divertida y picante donde los detalles de David y la dulzura de Victoria demostrarán que la atracción más fuerte es la que empieza en la mente... y termina en la cama. ¿Qué te parece este enfoque? Si te gusta, podemos empezar a trabajar en el primer capítulo, justo cuando David llega a la consulta de Victoria.
Chapter 1
Capítulo 1: Azúcar, Gafas Burdeos y un Deseo Imposible
David revisó su reflejo en el cristal tintado de su coche de alta gama por décima vez en los últimos cinco minutos. Para cualquier observador externo, él era la viva imagen del éxito: un administrativo de élite, millonario, con un traje de seda gris que abrazaba sus hombros a la perfección y un reloj que costaba más que la casa de la mayoría de la gente. Pero al bajar la mirada hacia la zona de sus ojos, el vacío lo golpeaba de nuevo. El estrés de haber levantado un imperio financiero desde la nada le había cobrado un peaje cruel: sus cejas habían desaparecido, dejando su mirada desnuda y su autoestima bajo mínimos.
—Vamos, David. Has cerrado tratos con tiburones de Wall Street —se dijo a sí mismo, forzando una sonrisa pícara—. Una doctora con una aguja no puede darte tanto miedo. Además, si sale mal, siempre puedes decir que eres un nuevo modelo de aerodinámica humana.
Bajó del coche y entró en la clínica "Renacer Capilar". El ambiente era minimalista, frío y excesivamente blanco, hasta que cruzó el umbral de la consulta principal.
De repente, el olor a hospital desapareció, reemplazado por una ráfaga cálida de vainilla y azúcar tostada. David parpadeó, confundido por el aroma, y entonces la vio.
Detrás de un escritorio de roble estaba ella: Victoria. No era la doctora estirada y gélida que él esperaba. Tenía una melena color chocolate que caía en ondas suaves sobre sus hombros y unas gafas de pasta burdeos con detalles dorados que le daban un aire intelectualmente peligroso. Sus ojos marrones, profundos y curiosos, se clavaron en los grises de David a través de los cristales.
—¿Señor David? —Su voz era tan dulce como el perfume que inundaba la sala—. Soy la doctora Victoria. Por favor, tome asiento.
David, fiel a su escudo de comedia, se sentó con una elegancia exagerada.
—Doctora, espero que esté lista. Traigo un caso difícil, aunque mi madre diga que soy lo más guapo que ha parido la tierra después de George Clooney.
Victoria soltó una risa ligera que hizo que David sintiera un vuelco extraño en el pecho. Ella se ajustó las gafas burdeos, deslizándolas un poco por el tabique de su nariz, y se inclinó hacia delante.
—Me gusta la confianza, David. Pero para serte sincera, después de ver tus fotos en el historial, creo que George Clooney tendría envidia de tu estructura ósea. Sin embargo, estamos aquí por tus cejas, ¿verdad?
—Exacto. El estrés decidió que eran un lujo innecesario en mi cara —bromeó él, aunque sus dedos tamborilearon nerviosos sobre sus rodillas—. Quiero recuperarlas. Quiero que cuando alguien me mire a los ojos, no piense que me falta una pieza del rompecabezas.
Victoria se levantó y se acercó a él. A medida que se aproximaba, el aroma a dulces se intensificó. David notó que ella tenía una complexión media, curvas que su bata blanca no lograba ocultar del todo y que hacían que su mente divagara por lugares muy poco profesionales. Ella se puso unos guantes de látex y, con una suavidad que lo dejó sin aliento, tomó su barbilla para examinarlo.
—La piel está sana —susurró ella, concentrada. La cercanía era tal que David podía ver las motas doradas en sus ojos marrones—. El procedimiento es sencillo, pero requiere paciencia. Y un diseño que encaje con tu personalidad.
—¿Y qué dice mi personalidad, doctora? —preguntó David en un susurro bajo, dejando que su voz recuperara ese tono aterciopelado que usaba en las negociaciones importantes.
Victoria bajó la mirada a los labios de David por una fracción de segundo antes de volver a sus ojos. El silencio en la habitación se volvió denso, eléctrico.
—Dice que eres un hombre que se esconde detrás de los chistes porque tiene miedo de que alguien lo vea de verdad —respondió ella con una honestidad que lo desarmó—. Pero yo soy doctora, David. Mi trabajo es ver lo que hay debajo de la superficie.
David se quedó mudo. Nadie, ni siquiera sus socios más cercanos, le había hablado con tanta claridad. Se sintió expuesto, pero de una forma extrañamente placentera.
—Bueno —logró decir él al fin—, si logra arreglar este desastre, le prometo que el detalle que tendré con usted será tan grande que tendrá que alquilar un almacén para guardarlo. Soy un hombre detallista, doctora . Muy detallista.
Ella sonrió, esta vez de una forma más íntima, y se alejó para anotar algo en su tablet.
—No acepto sobornos de mis pacientes, señor David. Pero acepto que sigan mis instrucciones al pie de la letra. Vamos a programar la primera sesión para mañana mismo. Es una intervención larga, así que espero que traiga sus mejores chistes preparados.
David se levantó, sintiéndose más ligero de lo que había estado en meses. Pero justo cuando iba a despedirse con una de sus frases ganadoras, Victoria se detuvo junto a la puerta, bloqueándole el paso sutilmente.
—Una cosa más —dijo ella, mirándolo por encima de sus gafas burdeos—. He revisado tus cuentas y el patrocinio que ofreciste a la clínica. Es una cantidad... astronómica. ¿Por qué tanto interés en este lugar en particular?
David se acercó a ella, invadiendo su espacio personal hasta que pudo oler de nuevo esa vainilla irresistible en su cuello. Le dedicó una sonrisa de medio lado, la más auténtica que había tenido en años.
—Porque me dijeron que la mejor cirujana del país tenía ojos color chocolate y usaba unas gafas que me darían pesadillas... o sueños muy interesantes. Y ahora que la veo en persona, doctora, me doy cuenta de que se quedaron cortos.
Victoria abrió la boca para replicar, pero David ya estaba saliendo por la puerta. Sin embargo, cuando llegó al pasillo, su teléfono vibró. Era un mensaje confidencial de su jefe de seguridad.
“David, hemos investigado a la Dra. Victoria como pediste. Hay algo que no encaja en su pasado. Ella no te ha contado toda la verdad sobre por qué abrió esta clínica”.
David se detuvo en seco, con la mano en el pomo de la puerta principal. Miró hacia atrás, hacia la consulta donde la dulce doctora del aroma a vainilla seguía trabajando.
¿Quién era realmente la mujer que estaba a punto de cambiar su rostro?
Chapter 2
Capítulo 2: Secretos bajo la Piel
David se quedó sentado en su coche durante diez minutos, observando la pantalla de su teléfono. El mensaje de su jefe de seguridad, Marcos, parpadeaba como una advertencia silenciosa. “Ella no te ha contado toda la verdad”.
—Nadie cuenta toda la verdad, Marcos —murmuró David para sí mismo, aunque una punzada de inquietud le recorrió la nuca—. Menos cuando tienes unos ojos así y hueles a gloria bendita.
David no era un hombre que dejara las cosas al azar. Si era un administrativo millonario, era precisamente por su capacidad para prever el desastre antes de que ocurriera. Sin embargo, algo en la forma en que Victoria lo había mirado —no como a un fajo de billetes, sino como a un hombre herido— le hacía querer borrar el mensaje y simplemente dejarse llevar.
Pero no podía.
A la mañana siguiente, David regresó a la clínica. Esta vez no vestía el traje gris de tres piezas, sino una camisa de lino azul











