
El inevitable momento de crecer.
- Genre: YA/Teen
- Author: Lenin Flores
- Chapters: 11
- Status: Ongoing
- Age Rating: 18+
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Annotation
El tiempo se mueve muy lentamente, al menos así se sentía para Liam y Rei, dos estudiantes de preparatoria; Aunque pertenecen a grados distintos todo cambia cuando se conocen. De pronto los días empiezan a fluir como el agua entre los dedos. El amor inocente de la juventud puede florecer en cualquier momento, en cualquier lugar, incluso con la persona menos esperada. Sin embargo, el tiempo avanza; tarde o temprano hay que madurar, enfrentar el inevitable momento de crecer.
Capítulo 1: Otro día igual, pero diferente
“Trrr… trrr… trrr”
¡El despertador! Debí quedarme dormida otra vez, tomé mis sabanas y las arrojé hacia el costado de mi cama para ponerme de pie, al hacerlo noté la pila de mangas sobre mi mesa, estaban llamándome “tal vez un volumen más”. No, debo cambiarme rápido o llegaré tarde a la escuela.
Luego de una ducha rápida me paré frente al espejo mientras me cepillaba el cabello rojo que caía hasta la espalda baja, me puse un poco de crema en el rostro y los brazos, mi piel se quema muy fácilmente con el sol que ha estado haciendo.
Desde hace un par de meses que empecé a estudiar en la preparatoria CESH, al principio, el uniforme no me gustaba por lo simple que es, camisa blanca, falda negra y una corbata negra también, parece demasiado formal, sin embargo estoy tomándole el gusto. Ajusté mi falda viéndome las piernas reflejadas en el espejo, creo que está un poco corta, pero mamá ya gastó en ella, así que luego lo resolveré. Me ajusté las medias hasta la mitad de mis piernas justo antes de salir de la habitación, recorrí las escaleras hasta la cocina, ahí estaba ella platicando con papá de algún tema complicado otra vez.
—Rei —La voz de papá suena molesta.
—Ya sé, ya sé —le contesté—, llegaré a tiempo, no te preocupes —Le guiñé el ojo. Tomé la caja metálica en donde mamá me enviaba la comida guardándola dentro de mi mochila. —¡Vuelvo más tarde!
Salí corriendo de casa, recorriendo la acera que bajaba por la colina hasta la escuela, si me doy prisa estoy segura de que llegaré a tiempo. ¿Ah? Espera, olvidé decirlo, mi nombre es Rei, tengo 16 años, soy alta y acabo de entrar a la preparatoria, me encanta leer mangas, quedarme viendo animes hasta tarde, nunca me he enamorado, ni fallado en nada. ¿No me crees?
—Cinco minutos tarde, repórtate en dirección para firmar —gritó el guardia de la entrada.
«Bueno en casi nada », después del pequeño traspié de esta mañana el resto del día pasó sin dificultades. Al terminar me dirigí al club de Ayuda del cual formo parte desde casi el inicio del semestre, he hecho buenos amigos ahí. Crucé el pasillo largo hasta los salones de usos varios en donde estaban los clubes, tuve que pasar por los salones de los mayores, normalmente para esta hora ya no están, sin embargo hay un salón que aún está lleno, me acerqué curiosa a la ventana.
—Este es su último semestre en la institución —decía la maestra —, y aún no pertenecen a ningún club, necesitan acercarse a alguno o fundarlo si no les interesan los existentes, pero deben hacerlo ya, recuerden que deben obtener todos los créditos posibles para acceder a la universidad.
Mientras la maestra continuaba miré hacia el grupo, no había más que 5 o 6 chicos, seguramente son los únicos sin un club, no entiendo por qué no se unirían a ninguno, es el lugar perfecto para hacer amigos. Sin darle mayor importancia continué hasta el mío, cuando abrí la puerta ya todos estaban ahí.
Tres de la tarde, la hora de salida, luego de las actividades del club despedí a los chicos, me tocó hacer limpieza. Afortunadamente son todos muy educados y casi no dejaron basura, tras barrer un poco y acomodar algunas sillas mi labor había terminado. Cerré el salón con llave, las cuales debía devolverlas a la dirección por lo que tomé camino.
El sonido de una hoja cayendo al suelo llamó mi atención, giré a mi derecha para encontrar la fuente del sonido, “realmente era una hoja” dije en voz baja agachándome para levantarla, parecía arrancada de un cuaderno “Club de Amargados” leí en ella, recorrí los ojos hasta la puerta en donde podía verse cinta mal pegada, supongo que era lo que sostenía la hoja.
«¿Club de amargados? ¿Qué clase de club podría ser ese?»
Podía escuchar un poco de ruido del otro lado de la puerta. Acerqué mi mano tomando la perilla y girándola lentamente, tenía que avisar que su letrero se cayó, tal vez podrían hacer uno mejor que este o al menos añadir más cinta.
Abrí un poco la puerta observando el pequeño salón desordenado y polvoriento, parecía más una bodega que un verdadero salón, al fondo frente a la única ventana estaba la espalda de un chico sentado en la única silla que no estaba apilada, el cuello de su camisa estaba mal acomodado al igual que su cabello azul oscuro desordenado.
—El club está lleno —dijo, sin siquiera voltear a verme.
—¿Ah? No, n… no vine a unirme —respondí nerviosa, me moví al frente —, el letrero de tu club se cayó y quise devolverlo —Observé el papel en mis manos pensando en el poco valor que podría tener, no era más que una hoja mal cortada de cuaderno con un garabato encima —. ¿Es un club real?
Esperé la respuesta por unos segundos sin recibir nada. « ¿Se habrá molestado? »
—N… n… no quise decir que fuera feo o algo así, pero...
El chico reaccionó guardando el teléfono en el bolsillo de su pantalón, cuando se levantó pude percatarme lo alto que era, se giró mostrándome su rostro, tenía un perfil bastante angular, ojos serios casi totalmente negros.
—Jajaja —reí nerviosa —, es que esto no parece —Mi voz perdía tono conforme él caminaba hacia mí — un… un club.
Él se quedó de pie frente a mí viéndome a los ojos con curiosidad, por reflejo coloqué mis manos contra mi pecho protegiéndome.
—Un poco de limpieza no vendría mal, y mover estas sillas de aquí, la mesa también está sucia —Quería parecer amistosa, después de todo, ¿no es responsabilidad del club de Ayuda hacer sentir cómodos a todos?
—El lugar está bien cómo está —dijo, su voz era más grave que la de cualquier chico de mi grupo. Intenté contestar, pero el movimiento de su mano me tomó por sorpresa, la levantó acercándose cada vez más a mi cuello, los nervios me atacaron paralizandome, sentí un flujo de calor que llegaba a mis mejillas —Espera… ¿Qué estás...? —Me arrebató rápidamente la hoja de cuaderno.
—Liam. ¿Es verdad? —La voz de una persona mayor interrumpió desde la entrada de aquel abandonado salón —. No puedes fundar un club inútil como este, Dios, ¿qué debo hacer para que convivas con los demás? —preguntó la maestra que había visto hace una hora atras.
—Vamos, Clara, nunca puedo darte gusto —No creía que alguien pudiera hablar con tanta falta de respeto a un profesor. Los ojos de la maestra fueron al piso y regresaron, se tapó la mitad del rostro con la mano. Parecía frustrada.
—Tú vienes conmigo —Lo tomó por su desaliñada camisa llevándoselo del salón. « ¿Qué rayos fue eso?» Me fijé más en la habitación, el polvo dejaba ver rastros, había una sola silla limpia, su club está lleno, sin embargo él es el único. Volví para ver la hoja otra vez “Club de Amargados”.
Debe ser uno de esos pobres chicos sin amigos que se la pasan solos, tal vez hasta es un rechazado que nunca tuvo novia. “¡Muy bien!” pensé “es hora de ayudar al necesitado”.
Antes de irme de la escuela pasé a la papelería para comprar un poco de pegamento, cartulinas y otros materiales.
Pasé el resto del día en casa, para el siguiente me encontraba terminando mi obra de arte en el club de Ayuda. Alicia se acercó a mí por detrás con curiosidad.
—”Club de amargados” —leyó en voz baja —. No puede ser un club real.
—Parece que sí lo es —Terminé de aplicar brillos —. Es nuevo, así que hay que darle la bienvenida ¿No crees?
Alicia hizo una mueca de incertidumbre.
—No creo que la escuela permita un “club de amargados”.
—Haces lo correcto — Andrea intercedió —. Como club de Ayuda debemos procurar que todos se sientan bien, aun si ese club no dura —Miró mi proyecto detenidamente —. No crees que es algo...
—Demasiado alegre —Completó Alicia
Contemplé mi letrero lleno de colores y brillos, era hermoso, pero no podía negar que tal vez chocaría un poco.
—Bueno, resaltará y tal vez alguien más se una a su club, actualmente solo tiene un miembro.
Alicia junto con Andrea rieron un poco — No durará.
Luego del fin del día de actividades; esperé a que mis compañeras se retiraran, tomé el letrero para dirigirme al sucio salón donde lo encontré ayer, ahí estaba el mismo letrero feo a medio colgar, una de las cintas que lo sujetaba se había desprendido.
—¡HOLA! —grité abriendo la puerta con una gran sonrisa en el rostro —, hice esto para tu club, así tu maestra verá que te esfuerzas en él y probablemente te deje conservarlo si encuentras a más personas que se te unan —Sostuve el letrero de bienvenida en alto, como la triunfadora que soy.
Casi pude sentir un viento gélido que recorrió la habitación cuando el chico más grande apartó sus ojos de un libro entre sus manos para ponerlos en mí.
—Es que tu letrero… —me estoy poniendo nerviosa — está un poco feo.
—Debes tocar antes de entrar a un lugar. ¿No te... —Se interrumpió al ver el cartel —. ¿Sabes siquiera lo que amargado significa? ¿Qué amargado vendría por un letrero como ese?
Llevé mi dedo índice a mis labios.
— Hmmm —emití un sonido como si lo estuviera pensando mucho —, alguien curioso, es perfecto porque no te lo esperarías —dije orgullosa.
El rostro del chico se descuadró en una leve sonrisa, se puso de pie dirigiéndose hacia mí con curiosidad, se me paró enfrente, sentí que su presencia me rodeó mientras tomaba mi cartel en sus manos.
—No es tan mala estrategia.
—¿Verdad? —respondí, que lista soy — Así podrás tener mucha gente en tu club y tener amigos.
El mayor se inclinó hacia mí para verme más de cerca, instintivamente eché mi espalda hacia atrás tratando de poner distancia.
—¿Y no pensaste que tal vez el club de amargados estaba formado por una persona que no quiere más personas cerca? —dijo con una sonrisa malévola en los labios, enrolló mi cartel colocándolo de vuelta en mis manos.
—Oye —reclamé —, ¡eso es grosero, me costó mucho hacerlo! —Lo miré molesta —. Quiero ayudarte, es obvio que eres un solitario —Su sonrisa desapareció — sin amigos, ni novia, completamente solo.
Trate de contener la risa lo mejor que podía, estaba evidentemente molesto por mi comentario, sin embargo no debió hacer eso con mi cartel.
—E… ¡espera! —grité mientras me empujaba fuera del salón cerrando la puerta detrás de mí. « No puedo creer que me haya echado.» —Eres un maleducado, eso fue muy grosero —grité a la puerta.
La misma se abrió de repente, sentí como fui golpeada por el cartel en la cabeza, que se me había caído mientras me echaba, la puerta se cerró de nuevo.
—¡Eso fue muy cruel!
Al día siguiente todo transcurrió con normalidad, las clases al igual que la hora de club se me pasaron como el agua.
—¿Cómo te fue con el club de amargados? —preguntó Alicia
—Dicen que ni siquiera es un club, no tardará mucho para que lo cierren —añadió Andrea.
Recordé el fracaso de ayer, el chico es un poco cerrado y amargado, vaya que le queda bien el nombre.
—No muy bien —finalmente respondí —, creo que pasaré de ayudarles.
—No te desanimes Rei, hiciste todo lo que pudiste —Alicia frotó mi cabello —, recuerda que te toca limpieza.
Asentí sin decir nada, no tardé mucho en dejar el salón limpio, tomé mis cosas y me dispuse a retirarme.
—No voy a tolerar que sigas con esto —La voz de la profesora de los mayores detuvo mi andar, gire curiosa para escuchar su conversación a escondidas. —Liam, tu club es una tontería —añadió.
«¿Tontería? Creo que la profesora está siendo un poco insensible, aunque bueno, él también lo es.»
—Clara.
«¿El chico acaba de llamar a la maestra por su nombre?» Oculté mi sorpresa y continué escuchando.
—Los clubes existen para que exploremos temas que nos interesen como estudiantes, para socializar con personas afines y desarrollar nuestras habilidades, el club de amargados puede sonar a un nombre improvisado, sin embargo puede ser un refugio para quienes no nos sentimos cómodos en multitudes, un lugar en el que podríamos encontrar habilidades que de otra manera, en la vida escolar, no podríamos desarrollar. ¿En serio nos negarían esa oportunidad solo por como suena el nombre del club?
La maestra se quedó callada por unos momentos hasta que se giró.
—Más te vale conseguir más miembros. Tu “club” —enfatizó de forma despectiva — no durará mucho con una sola persona. —Luego de decir esto se retiró.
Avancé hasta el club de amargados.
—Vaya —dije en voz alta, me parecía impresionante como la maestra se había quedado sin palabras.
—Eres tú, otra vez.
Busqué sus ojos con los míos
—¿Entonces es verdad que quieres miembros para poder convivir? Lo sabía, solo tienes que ser un poco más amigable…
—No, solo dije tonterías para que me dejara en paz —Entró a su salón cerrando la puerta frente a mí.
«Este chico ya me desesperó», abrí la puerta con fuerza.
—Oye, no tienes por qué… —me interrumpí al ver el salón limpio, las cosas seguían apiladas, pero ahora de una forma ordenada, no había más polvo, sin embargo seguía habiendo una única silla que era donde se había vuelto a sentar.
—¿No deberías ir a casa? —me preguntó viéndome por encima del libro que mantenía en sus manos.
Negué moviendo la cabeza, a pesar de lo limpio que estaba el salón era obvio que no estaba preparándose para recibir a nadie más.
—Oye —llamé su atención —, ¿por qué no solo te unes a un club y ya? —pregunté acercándome un poco— , me refiero a que no tiene caso montar todo esto, la escuela no permitirá un club de una sola persona — Me fije en los libros sobre la mesa —. Podría ser el club de lectura, por ejemplo.
—No necesito ningún club —Cerró su libro —Solamente estar a solas para leer con calma.
—Pero… ¡pero no tienes amigos! —grité —. Eres un pobre chico solitario.
—¿Quieres dejar eso?— se rió.
—Bueno —Me paré firme frente a él llevando mis puños a la cadera —. ¡Yo seré tu amiga!
—¿Eres una especie de pésimo premio de consolación? —bajó su libro apoyándolo contra sus piernas.
—¡Solo trato de ayudarte!
Mi nombre es Rei, tengo 16 años,, estoy en el club de Ayuda y creo que hice un nuevo amigo.
Chapter 2: Un llamado de atención.
—¿Segura que no tienes que ir a casa? — preguntó Liam, «ni siquiera voltea a verme al hablar, sigue leyendo el mismo libro de los últimos días, empiezo a entender por qué no tiene amigos. »
—No — contesté, levantándome de la mesa en donde había recostado la parte superior de mi cuerpo — ¡Esto es muy aburrido! Tu club es muy aburrido.
—Puedes irte.
«¿Puedes irte? ¿Qué le sucede a este chico?»
—Prometí que sería tu amiga, tal vez deberías empezar a pensar cómo cuidarme o te quedaras solo otra vez — lance una sonrisa pícara fijando mi mirada en sus ojos oscuros, noté como frunció el ceño, está claro que le molesta que le eche en cara su falta de amigos, es muy gracioso.
Me fijé un poco más en él, su camisa no estaba planchada, el cuello y la corbata desarreglados, igual que su cabello un poco alborotado. Tenía manos grandes, hacían ver al libro pequeño entre sus dedos
—¿Qué estás leyendo? —pregunté. Liam se fijó en mí por un instante para volver a











