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La Luna de los 100 Alfas

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Annotation

En una isla remota, donde la magia y el destino se entrelazan, una joven Luna llamada Bianca naufraga en busca de un nuevo comienzo. Perseguida por las sombras del pasado, pronto descubre que la isla es el hogar de 100 Alfas, hombres poderosos que han perdido a sus Lunas en tragedias que resuenan a lo largo de generaciones. Cada Alfa lleva consigo un dolor único y un ardiente deseo de reconectarse con su alma gemela. A medida que Bianca se adapta a la vida en la isla, se da cuenta de que no es solo una sobreviviente, sino la clave para la redención de estos Alfas. A medida que sus habilidades y emociones comienzan a aflorar, se ve arrastrada hacia un lazo profundo e irrompible, revelando un amor que trasciende el tiempo y la pérdida. Sin embargo, vivir entre tantos corazones rotos trae desafíos inesperados, ya que las rivalidades, los celos y los dilemas emocionales amenazan con desestabilizar a la nueva familia que ha encontrado. Mientras la isla oculta secretos ancestrales y peligros inminentes, la Luna debe decidir: ¿podrá sanar las heridas del pasado mientras encuentra su propio lugar entre los Alfas? Y con el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, ¿hasta dónde llegará para proteger a aquellos que ahora considera su verdadera familia?

Capítulo 1

Miraba por la pequeña ventana de la cabina. El cielo, que hasta unas horas atrás era un manto azul tranquilo e infinito, ahora se transformaba rápidamente en un espectác*l* aterrador. Observaba la inmensidad que la rodeaba. El horizonte parecía desaparecer lentamente, tragado por lo que ahora percibía como más que una simple tormenta pasajera. Algo dentro de ella le susurraba que aquello era un presagio, una advertencia. Su corazón latía acelerado, el miedo comenzaba a invadir sus venas, pero lo empujaba lejos. Respiró hondo, intentando recordar quién era siempre fuerte, siempre decidida, nunca cedía al miedo, incluso cuando este oprimía su pecho como ahora.

— Todo va a estar bien — murmuró para sí misma, más como un mantra que como una verdad.Estaba camino a un nuevo destino, una nueva vida, una nueva oportunidad de comenzar de nuevo. Había tomado la decisión correcta, o al menos, eso intentaba creer.

Dejar todo atrás había parecido sensato en ese momento, aunque ahora, en medio del mar furioso, comenzaba a cuestionarlo. El barco se balanceaba con una violencia creciente, y la sensación de peligro inminente hacía difícil pensar en otra cosa que no fuera el momento presente.

— Maldita tormenta — murmuró, apretando los labios. El ruido ensordecedor del viento y de las olas golpeando el casco era casi surreal.De repente, la puerta de la cabina se abrió de golpe, y uno de los tripulantes entró, empapado hasta los huesos. Sus ojos estaban desorbitados por el pánico, la respiración entrecortada.

— Tenemos grandes problemas, señorita — dijo, con palabras trémulas. — Es mejor que se prepare. Será una noche larga.

Antes de que Bianca pudiera preguntar algo, el tripulante se fue tan rápido como llegó, regresando al caos del puente. La sensación de impotencia crecía en su pecho, un nudo en la garganta que se forzaba a tragar. Al ponerse de pie, se tambaleó cuando el barco se inclinó de manera peligrosa. El capitán gritaba órdenes afuera, pero sus palabras eran tragadas por el rugido del viento.Por un breve momento, Bianca pensó en correr hacia la seguridad de la cabina interna, donde probablemente estaría más protegida. Pero algo la hizo dudar. Sentía que debía estar afuera, que debía enfrentar la tormenta de frente, no esconderse de ella.Sus pies vacilaron por un segundo, pero pronto se movió hacia la puerta que llevaba al puente. El frío cortante del viento la golpeó en cuanto salió, casi dejándola sin aliento. La lluvia mezclada con las salpicaduras saladas de las olas le golpeaba el rostro, cegándola temporalmente.La escena ante ella era un caos absoluto. La tripulación corría de un lado a otro, tratando de mantener el control del barco que ahora parecía una simple cáscara de nuez a la deriva en el océano furioso. El puente estaba inclinado en un ángulo aterrador, y cada golpe de las olas hacía que el barco temblara violentamente.— ¡Señorita, vuelva adentro! — gritó uno de los tripulantes, su voz casi inaudible en medio de la tormenta.Pero Bianca no se movió. Se agarró al borde de la embarcación, sus dedos firmes contra el metal frío. Algo dentro de ella se negaba a ceder. Incluso con el corazón en la garganta, una parte de ella se rehusaba a rendirse ante el pánico que comenzaba a apoderarse de todos a su alrededor.— Puedo hacerlo — murmuró para sí misma, una vez más, como si repitiera una verdad que desesperadamente necesitaba creer.Una ola colosal se levantó frente a ella, como un monstruo, y Bianca abrió los ojos con incredulidad, incapaz de prepararse para el impacto. El barco fue lanzado hacia un lado con una fuerza brutal, y por un momento, sintió el suelo desaparecer bajo sus pies. Su mano resbaló de la barandilla, y fue arrojada contra la pared del puente.El dolor irradiaba por todo su cuerpo, el impacto la dejó mareada. Luchó por ponerse de pie, sintiendo que la náusea crecía mientras el mundo giraba a su alrededor. Cuando finalmente logró levantarse, una sensación de desesperación la golpeó.— No... no así — murmuró, tratando de contener una nueva oleada de pánico.Fue entonces cuando escuchó el grito. Uno de los tripulantes fue arrojado por la borda, desapareciendo en las aguas agitadas antes de que alguien pudiera siquiera intentar ayudarlo. Bianca se congeló, con la sangre helada en sus venas al ver la escena. Su mente se negaba a creer lo que sus ojos veían.— No... No puede ser verdad.Pero la realidad estaba justo frente a ella. El mar lo estaba tomando todo.Una nueva ola colosal se formaba frente a ella. Esta vez, Bianca supo que no había a dónde correr, y antes de que pudiera reaccionar, el agua golpeó el barco de lleno. El impacto la arrojó nuevamente, y sintió su cuerpo ser arrastrado por el suelo inclinado hacia las barandillas del puente. Trató de agarrarse, pero sus dedos solo encontraron el vacío.— ¡Sujétate! — gritó alguien, su voz ahogada por el rugido del viento.Pero ya era demasiado tarde.Bianca sintió el vacío bajo ella. El mundo a su alrededor se volteó mientras era lanzada fuera del barco. El tiempo pareció ralentizarse, y todo lo que vio fue el cielo, cubierto de nubes oscuras, girando sobre su cabeza. Una última palabra se formó en sus labios, pero no tuvo la oportunidad de decirla antes de sentir el agua helada del océano.El impacto fue brutal. El agua era como hielo, cortando su piel y robándole el aliento de un solo golpe. La sensación de ser tragada por las profundidades la invadió, y Bianca luchaba desesperadamente por subir a la superficie. Su cuerpo imploraba por aire, pero las olas eran implacables, arrojándola de un lado a otro como una muñeca de trapo.— Necesito... respirar — pensaba mientras sus manos y piernas golpeaban frenéticamente el agua. Pero la sal quemaba sus ojos y su garganta, y cada intento de subir parecía más inútil que el anterior.Allí arriba, logró vislumbrar el barco, una sombra distante en medio de la tormenta. Pero parecía cada vez más pequeño, más lejano. Sola, en medio del vasto océano, Bianca sintió cómo el desespero crecía en su pecho como una llama incontrolable.— Esto no puede estar pasando — pensó, mientras el pánico se apoderaba de ella. — No puedo morir así.El miedo era casi paralizante, pero en algún lugar, dentro de sí, algo gritaba más fuerte — el recuerdo del motivo por el cual estaba allí. No había luchado tanto para acabar así, no ahora. No en medio de un océano furioso, donde nadie la encontraría. Bianca no cedería.Con un esfuerzo sobrehumano, se obligó a batir las piernas contra las olas, usando cada gramo de fuerza que le quedaba. Todo su cuerpo suplicaba por descanso, por rendirse, pero ella seguía luchando.— No aquí. No ahora — repetía mentalmente, su determinación alejando el desespero.Pero, por más que lo intentara, el cansancio finalmente la dominó. Su cuerpo comenzó a rendirse al peso de las olas, sus brazos y piernas se negaban a obedecer. Lo último que sintió antes de ser envuelta por la oscuridad fue el frío mortal del agua y el sonido distante de la tormenta, aún furiosa, pero cada vez más lejana.Bianca fue llevada por las corrientes, sus pensamientos y conciencia desapareciendo en el abismo del mar. No sabía hacia dónde la llevarían las aguas, pero, en ese momento, lo único que quedaba era el vacío silencioso.

Capítulo 2

Sentía el agua fría envolviéndola, penetrando en sus huesos, pero había algo peor: el silencio absoluto. Un vacío opresor que consumía cada pensamiento, cada emoción, dejando solo el pavor de la incertidumbre.Su cuerpo dolía. Cada músculo parecía tenso, desgastado, y el sabor salado de la brisa marina estaba impregnado en sus labios agrietados. Bianca tosió, tratando de expulsar el amargo sabor de su garganta seca. No había barco, tripulación, ni ningún rastro de tierra firme. Solo el océano infinito e implacable, vasto e indiferente.Miró a su alrededor, sus ojos ardían por la sal. Su mente aún nebulosa la hacía luchar para recordar lo que había sucedido. La tormenta y el caos. Todo colapsó de repente, y antes de poder reaccionar, fue lanzada a la deriva, prisionera del océano. Bianca sentía cómo sus fuerzas la abandonaban. Su cuerpo parecía al borde de rendirse, y su mente, turbia por el cansancio, comenzó a ceder. Pero entonces algo cambió. El sonido del mar fue interrumpido por u

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