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Di mi nombre, llamame salvaje.

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Annotation

Entre el oscuro pasado, un enemigo resurgió buscando acabar con el pilar de los lobos. Todas las manadas podrían sufrir a causa de ese terrible golpe. Pero el enemigo no está solo, está dentro de ellos esperando el momento para atacarlos. Los 3 hijos del Rey Alfa, tienen un problema muy grande; ninguno ha encontrado a su pareja predestinada y al parecer, el enemigo desea acabar con el linaje real. Un asesinato horrible hará que todo se vuelva más misterioso y furioso; las situaciones parecen acelerar cada situación; y a días de que los 3 se comprometan con sus respectivas Lunas; su pareja predestinada aparece... sin embargo, ella no desea estar con ellos. Una loba salvaje y libre que no deseaba estar atada a ningún lobo, menos a tres. La desesperación por tenerla y marcarla podría hacer que toda esa situación se fuera también de las manos, provocando más caos que paz...

Introducción: ¿Estamos condenados?

La música del club llegaba a cada rincón del lugar; el olor a alcohol de las bebidas, tabaco y lujuria predominaba en el ambiente. La temporada de celo estaba por llegar y todos estaban bastante impacientes; buscando a sus parejas predestinadas o cuando menos, una pareja para pasar la temporada de celo. Todos estaban impacientes, deseosos buscando pareja. El club era la mejor opción para la mayoría.

El club Midnight era conocido sólo por los hijos de la Luna; era un lugar especial en que los jóvenes y no tan jóvenes podían pasar el tiempo de una manera más relajada; escondido entre árboles y protegido por un mist protector, solo los lobos podían verlo. Era el lugar conocido entre varias manadas cercanas. 

— Delilah es la mejor opción. — Allen se rió bajo antes de beber su whisky; los trillizos miraban en la dirección que Adam había señalado. Delilah era preciosa, rubia de ojos verdes y con un cuerpo que era tentación pura; era obvio que la chica sabía como llamar la atención y realzar sus atributos naturales con aquel vestido negro ajustado. No era la primera vez que ellos la miraban con ropa o sin ropa. 

— Estás emparejado con Lisa. —contestó Arthur con cierto aburrimiento en su voz, los otros dos hermanos rieron bajo su comentario. Ya habían pasado un celo con ella, cada uno por separado. — Además, creo que está mal sabiendo que ya estamos comprometidos. Dentro de dos días nos uniremos a nuestras futuras lunas…

— Esto es una m**rd*. No quiero atarme a nadie. —Adam bebió de golpe su bebida. Ninguno de los 3 quería pareja, o al menos eso decían en voz alta pues aún no tenían pareja predestinada y en su interior, la llama de la angustia y la desesperación ya estaba empezando a crecer. La mayoría de la manada ya tenían a su pareja predestinada, y ellos llevaban desde los 18 buscando a la suya propia. Incluso llegaron a pensar que era una especie de castigo por ser ligeros de pies, como ellos se decían por tener tantas hembras. 

El problema también radica en que al ser hijos del Rey, la presión aumentó después de los 25 años. El consejo los presionó día con día; y ahora por más que quisieran no podían negarse. Estaban por cumplir los treinta años y necesitaban con urgencia tener una luna. Y a dos días de la ceremonia, los tres seguían con su ritmo de vida y buscando a una hembra que quisiera pasar la noche con ellos. 

Por más que lo quisieran negar, les dolía en el alma que hasta ahora, no tuvieran pareja predestinada. Les ardía la sangre ver a muchos jóvenes cumplir la mayoría de edad y casi al día siguiente tener a su pareja destinada. ¿Acaso habían hecho algo tan malo en otra vida? ¿O es que ellos no tenían pareja? Sin embargo, los tres se negaban a aceptar que eso les seguía afectando.

— Tal vez tome a Lucy como Luna. —El desinterés en la voz de Allen era evidente; realmente no tenía interés en Lucy Coleman, pero era una hembra aceptable para él. Adam estaba por soltar un comentario sarcástico cuando el ambiente se llenó de tensión. El ambiente se llenó de miedo, horror… la acidez del aroma inundó el ambiente rápidamente. 

Gritos de terror empezaron a llenar el lugar; los trillizos se levantaron de sus asientos intentando ver lo que sucedía; el pánico empezó a correr como un virus infeccioso entre los jóvenes. La música se mezclaba con gritos de horror y de dolor; todos empezaron a correr por todos lados.  Adam fue el primero en salir corriendo directamente al lugar de origen; después de todo… eran los Alfas hijos del Rey. Los otros dos hermanos fueron detrás de él, el aroma a muerte los hizo palidecer; al llegar a los baños de mujeres que era el origen de los gritos; se encontraron con la peor escena que jamás imaginaron en sus vidas.

En el suelo, habían 3 hembras asesinadas; Adam maldijo para sus adentro. Eran hembras jóvenes de entre 21 a 18 años de edad, él las conocía muy bien, pertenecían a la manada real. La sangre se esparcía en el piso, y en sus rostros estaban grabados signos de miedo y dolor. Adam se acercó a investigar mientras Allen tomaba su teléfono para notificarle a su padre; necesitaban atender la situación lo antes posible. 

— Polvo de plata. —Susurró Adam mientras se tapaba la nariz. —Esto no pinta bien. 

— Hay que llamar a los guardias ahora. — Arthur resopló, la cosa estaba pintando demasiado mal. Salió de ahí y empezó a movilizar a la seguridad del club. 

Adam empezó a revisar por encima; tenían una herida en el corazón, habían sido apuñaladas varias veces, pero entonces qué hacía el polvo de plata. No tenía sentido, el polvo de plata era usado por cazadores humanos o mestizos para someter, y a veces para torturar. Algo no andaba bien y Adam ya tenía un mal presentimiento.

—No puede ser…—La voz de Arthur estaba impregnada de miedo, por no decir pánico. Adam lo vio y se preocupó, no era normal en Arthur asustarse o tener la cara tan pálida como la tenía en ese momento.

—¿Qué…?

—Alejate de la escena. —pide Arthur jalando a Adam y este lo mira esperando explicación, habían tres hembras muertas y necesitaban solucionar esto lo más rápido posible o estarían en grandes problemas. —Adam… esto pone en riesgo a la manada. —susurró débilmente, sus manos temblaban.

—¿A qué te refieres? 

—No es un asesinato cualquiera… —empieza Arthur y justo a tiempo llega Allen mirándolos fijamente. Arthur se acerca un poco a los cuerpos y se tapa la nariz mirando a detalle y sus manos empiezan a temblar. —Es… esto fue un ritual, les quitaron sus lobos…

—¡¿Qué?! —Tanto Allen como Adam estaban nerviosos ahora, habían escuchado de ese ritual por Arthur, ya que él era muy adepto al estudio de la historia de la Luna, y si él decía eso, era porque estaba seguro de ello. Ambos sintieron miedo, su manada realmente estaba en peligro; todos estaban en riesgo.

El ritual para quitar a los lobos era brutal, sucio y perverso. El lobo sufría al igual que la parte humana, sobre todo cuando eran brutalmente asesinados mientras rompían el lazo con el lobo; era algo inhumano y el ritual solo lo podía realizar una persona sin lobo, en este caso alguien que conociera de magia tan oscura y peligrosa; debían ser brujos negros.

—Tenemos que notificarle a nuestro padre ahora. —Allen sacó su teléfono y con nervios le mandó un mensaje, no podía hablar ahora y si salía afuera los demás podrían escuchar. Entonces vio como empezó a llegar la seguridad, rápidamente ordenó que vigilaran a todos. Los nervios y la ansiedad estaban empezando a afectar, sacando un cigarro de un paquete de bolsillo; lo encendió rápido y dio una calada esperando que el humo de artemisa calmara su cuerpo. 

Arthur por su parte, con todo y nervios empezó a sacar fotografías y vídeo de todo, también buscaría más tarde las cintas de las cámaras de vigilancia. ¿Cómo había pasado esto en el baño de mujeres? No tenía sentido, sabían que siempre estaba ocupado y el flujo era constante. Normalmente el que estaba vacío era el de hombres, excepto por el último cubíc*l*, que siempre estaba ocupado por alguna pareja mientras tenían relaciones. 

Entonces el menor de los tres caminó lentamente, esperando que no hubiera nada en el baño de hombres como estaba imaginando, el ritual para robar a los lobos iba acompañado de una ofrenda al demonio que ayudaba a realizar el ritual. Su corazón latía tan rápido que lo escuchaba muy fuerte en sus oídos. 

Al abrir la puerta, el olor a muerte y podredumbre mezclado con azufre casi lo hace vomitar.  La escena era tan grotesca, era simplemente horrible; las imágenes de los libros no se comparan a nada con ver eso en carne propia. Sin duda alguna los cuerpos pertenecían a humanos, y las entrañas debían de ser restos de otros animales. No había parte que no estuviera salpicado con viseras y sangre. Era simplemente horrible, estaba seguro que la imagen jamás se olvidaría…

Tuvo que cerrar la puerta, sus hermanos iban a ir a ver pero con la mirada les pidió que no lo hicieran y al ver su semblante y su postura, se quedaron quietos; los nervios los estaban matando. ¿Qué iban a hacer? Esto sin duda era peor de lo que jamás imaginaron, era algo terrible. Había pasado en territorio de la manada, se supone que estaba bajo la misma protección del Rey. Si esto salía a la luz, estarían en problemas y su padre lo estaría en más y temían por su seguridad.

 Después de diez minutos, los trillizos estaban sentados en el sofá a lado de los baños mientras los guardias se aseguraban de que todos siguieran abandonando el lugar después de interrogar y revisar a todos. Realmente era un caos y su noche era la peor de todas; la puerta principal se abrió de golpe y el Rey y la Reina entraron en el lugar, Alanis miraba a todos preocupada y al ver a sus hijos corrió hacia ellos.

—¡Dios mío! Tenía tanto miedo. —Ella abrazó a los tres que se habían levantado y la rodearon con sus brazos, ella besó sus rostros y ellos se sintieron agradecidos por su preocupación. Entonces Magnus se puso a su lado, su rostro frío y calculador. 

—¿Qué pasó? —su voz era gruesa y llena de una amenaza latente, no contra ellos evidentemente. Arthur le hizo una seña y todos caminaron al fondo del pasillo donde estaban las puertas de los baños.

—Esto es muy delicado. —empieza en voz baja. —Alguien asesinó a hembras de nuestra manada… y les robaron sus lobos.

La Reina y el Rey palidecieron, la preocupación de ambos era muy evidente. Alanis empezó a temblar de miedo y Adam se acercó para abrazarla. Magnus se pasó la mano por el cabello rubio, su pecho subía y bajaba por la respiración rápida y pesada; su cabeza era un caos; esa situación era demasiado negativa. 

—¿Estás seguro? —preguntó esperando a que fuera mentira, pero conocía bien a su hijo y sabía que no era mentira. Maldijo internamente y luego en voz baja, su aura de Alfa furioso hizo que sus hijos se encogieran de hombros.

—Hay que… —Alanis estaba tan nerviosa y preocupada que su voz era temblorosa y llena de pánico. —Hay que buscar al Sumo Sacerdote Lunar…

Todos se miraron entre todos, compartiendo una mirada llena de incertidumbre y miedo; Magnus sabía que ella tenía razón, necesitaba al Sumo Sacerdote Lunar; era el único que podía hacer el ritual para devolver a los lobos y darle paz a las hembras fallecidas. Según sus creencias, si un lobo es arrancado de su portador, este no puede descansar en paz y pasa el tiempo en un lugar parecido a un infierno.

Necesitaban al Sumo Sacerdote Lunar para ayudar en todo esto, además; el Sacerdote era el único que podría traer paz a esto; Magnus había escuchado rumores sobre el Sacerdote Lunar. Se decía que poseía la capacidad para hablar con la misma Diosa en persona, además de contar con habilidades paranormales. 

Si no mal recordaba sus lecciones de historia y tradiciones de los lobos;  en la antigüedad era obligatorio que hubiera un Sumo Sacerdote o Suma Sacerdotisa para cuidar de la manada misma. Gradualmente los Sacerdotes y Sacerdotisas fueron disminuyendo conforme el tiempo; hace cincuenta años todavía había alrededor de quince sin embargo, ahora sólo quedaba uno. 

Su lobo Moro también era de la idea de que llamaran al Sumo Sacerdote, no podía permitir que aquellas hembras tuvieran un funeral como cualquier otro, merecían la ayuda y la bendición de la Diosa, merecían recuperar su lobo aunque fuera en la otra vida. También estaba consciente de que tenían que informar la situación al consejo de ancianos para tomar precauciones necesarias; iba a tener varios problemas y la situación podría salirse de control rápidamente. 

Además, las ceremonias de apareamiento eran en dos días. ¿Y si las familias llegaban a cancelar por esta situación? No podía permitir eso, sus hijos tenían que tener a sus lunas pronto o la situación se saldría más de control, tal vez posponer la ceremonia. 

—Sí, hay que llamar al Sacerdote. —susurró Magnus mientras volvía a pasar su mano por su cabello intentando calmar todo lo que sentía en ese momento. Alanis se acercó al Rey y lo abrazó. 

—Estaremos bien. —murmura ella antes de darle un beso en la mejilla y luego se armó de fuerza y fue a ver a los demás; tenía que ayudar a la manda en lo que Magnus se encargaba de otras cosas.

Capítulo 1. La llegada del sumo sacerdote

Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca son estériles.
Ernest Renan. - Escritor francés.

—¡Ah! ¡Sí! —El estrés y los nervios de la situación habían hecho que Allen perdiera la poca calma que había tenido durante esos días. Sin poder aguantar más, fue hasta el pueblo humano buscando el club más cercano. Era obvio que no podía ir con los lobos en ese momento. Todas las miradas femeninas iban a él; un macho grande, fuerte y con ganas de follar. Tomó a la primera mujer que se le acercó, llevándola al baño y encerrándose en el último baño. 

—Ah… no te muevas. —rugió a su oído mientras sostenía sus caderas, su vestido estaba hasta su cintura y la ropa interior estaba en el suelo. Sus embestidas eran fuertes, poderosas y rápidas; necesitaba del placer carnal para poder calmar su tensión, su lobo también estaba caliente; ambos necesitaban de eso con urgencia. Ne

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