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Destinada al Alfa

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Destinada al Alfa Serie Destino, Libro 1 Katya siempre ha sido una marginada, rechazada por no tener lobo y por no estar a la altura de las reputaciones de su padre Beta y su madre, una guerrera infame. Justo antes de su cumpleaños número 18, a su familia le quitan sus títulos y son expulsados de la Manada. Solo tienen dos opciones: volverse renegados o buscar refugio en la Manada Arroyo Negro. De repente, Katya se encuentra atrapada en una red de mentiras que sus padres contaron. Ahora, no solo necesita demostrar su valía al nuevo Alfa, sino que también debe evitar que descubra su secreto. Sin embargo, Katya descubre que mantener su secreto es más difícil de lo que pensaba cuando el Alfa muestra un gran interés en ella. Se ve obligada a mudarse a la Casa Principal de la Manada. Sin ningún lugar donde esconderse, debe tomar medidas extremas para evitar que descubra que no tiene lobo. Pero la oscuridad acecha y los secretos salen a la luz, más de lo que ella jamás imaginó. Ahora Katya no sabe en quién confiar ni a quién recurrir cuando todo lo que creía saber era solo otra mentira de un secreto aún mayor. Justo cuando cree que tiene todas las piezas del rompecabezas, descubre que el Alfa también guarda su propio secreto. Ella es su pareja predestinada. Solo hay un problema: Katya no tiene lobo, ¿qué pasará si él lo descubre? ¿La mantendrá o la rechazará como hizo su último Alfa?

Capítulo 1

Katya

Mis dedos tamborilean sobre mi pupitre, viendo pasar los segundos en el reloj encima de la pizarra. Mientras hago todo lo posible por ignorar al imbécil que me está lanzando bolas de papel a la nuca.

El Sr. Spencer sigue con su aburrida clase, sin darse cuenta de que ni uno solo de sus alumnos está escuchando; la mayoría están demasiado ocupados pasando notas, cuchicheando entre ellos o, como Sam, lanzándome bolas de papel. Aprieto los labios en una línea. La misma m**rd*, otro día.

Al menos el curso escolar está a punto de terminar. Las vacaciones las pasaré descansando en casa mientras ojeo folletos de universidades. Tengo que recordarme a mí misma que pronto estaré fuera de aquí. Y que una suspensión ahora mismo tendría a mi madre respirándome en la nuca o tal vez retorciéndomela. Y bien sé que no debo hacer enfadar a esa mujer. Me daría por el c*l* antes de que pudiera procesarla viniendo por mí. Ella tiene una reputación, y no es por ser una lindura. Además, no tengo un pase libre sólo porque soy su hija.

Estoy en mi último año de instituto y me alegro de que esta parte de mi vida esté a punto de terminar. Pronto no tendré que soportar el tormento constante de ser el bicho raro de nuestra Manada: sólo tres meses más de escuela, y libertad. Seré libre de elegir no volver a ver a esos imbéciles.

Mi padre es Beta, un miembro muy respetado de la Manada. Apuesto que te puedes imaginar su decepción cuando descubrió mi secreto. Soy el bicho raro, la chica sin lobo. Nuestra escuela es únicamente para la Manada donde solo asisten hombres lobo, no se permiten humanos. Tan solo imagina el infierno que ha sido para mí. Vergonzosamente, soy básicamente humana. Y a todos les encanta recordármelo diario, mientras he estado aquí.

Sin embargo, mis padres son los mejores. Puede que la Manada me rechace, pero ellos no me han hecho sentir mal ni una sola vez. Siempre me han dicho que sigo en mi capullo y que mi lobo llegaría algún día, tarde pero seguro. Yo también solía creer esa historia, hasta ahora. Tengo casi dieciocho años, la edad en la que encuentras a tu pareja predestinada, y aún no tengo lobo. La mayoría obtiene su lobo a los trece. No tener tu lobo es como no llegar a la pubertad. Siendo positivos, puedo decir que perfectamente alcancé ese hito. Fue el resto lo que mugrosamente me salté.

Cuando suena el timbre, soy la primera en levantarme de mi asiento y correr hacia la cafetería. Agarro una bandeja de comida antes de ponerme en la fila y logro c*g*r rápidamente algo de comida antes de dirigirme al fondo de la cafetería, a mi sitio designado. Qué suerte tengo. Este asiento y esta mesa estaban reservados específicamente para la rarita, algún tarado incluso talló "rarita" en la mesa de madera, por si acaso olvidaba mi lugar dentro de la Manada. Qué dulce. Convenientemente, está situado al lado del retrete, que en cierto modo, podría clasificarse como el mejor asiento de la cafetería. Especialmente los jueves, cuando sirven algo que se parece a un filete estofado con cebolla, pero que no sabe a nada; la carne ha sido cuestionada muchas veces. Se susurra que la cocinera sirve a los alumnos expulsados. Personalmente, creo que se trata de animales atropellados o roedores. En cualquier caso, ese encantador almuerzo de los jueves ha hecho que muchos corran al baño. Por suerte, después de la primera vez que devoré esa porquería, todos los jueves sin falta me aseguro de traer un almuerzo desde casa.

Justo acabo de sentarme en mi sitio para almorzar, en la cafetería ahora repleta de estudiantes, cuando oigo mi nombre por las bocinas. "Katya Hartley, favor de presentarse en la oficina de dirección", anuncia la mujer de mediana edad que trabaja como secretaria del colegio.

Toda la cafetería se ríe y me abuchea, lanzándome comida al salir. Sigo caminando, tirando el contenido de mi bandeja al basurero y colocando mi bandeja junto a él. A este punto, ya estoy más que acostumbrada a sus burlas.

En su mayor parte, intento permanecer invisible, lo cual es casi imposible cuando eres la hija del Beta y tu madre es una de las principales guerreras de la Manada. Echándome la mochila al hombro, me arranco un trozo de lechuga de mi pelo castaño oscuro que se atascó cuando Thomas me tiró su hamburguesa a la cabeza. Thomas no podría atrapar una neurona para salvar su vida, pero demostró que su brazo lanzador es bastante bueno, o tal vez sólo soy un blanco fácil porque estalló en toda mi cabeza. Me revuelvo el pelo, mis dedos rozan mi mejilla mojada y retiro la mano para mirarla.

Qué asco, está llena de mayonesa. Gruño y me limpio el pelo con la manga del suéter para quitarme la plasta blanca mientras salgo por la puerta de la cafetería.

Con pasos rápidos recorro el pasillo y me dirijo a la oficina de dirección. Con el codo, empujo la puerta para abrirla y atravieso el patio lo más rápido que puedo. La puerta marrón de la oficina está cerca, es mi lugar seguro. Aquí nadie se mete conmigo. La señora Mason es una mujer temible. Nadie se atreve a causar problemas en la oficina de dirección. Cuando estoy casi a mitad de camino, Tabitha y sus secuaces se ponen delante de mí. Pongo los ojos en blanco. ¿Qué quiere ahora esta z*rr*?

Tabitha es la hija del Alfa, y su hermano, Darian, es el siguiente en la línea de sucesión para el puesto de Alfa; ambos son mi némesis.

"¡Ey, bicho raro!", se burla Tabitha, bloqueándome el paso. Intento esquivarla, pero se me pone justo en frente.

"¿Qué quieres, Tabitha?" Pregunto. Solíamos ser amigas, bueno, hasta que todos se enteraron de que no tenía lobo, entonces me convertí en el hazmerreír de la escuela.

"Oh, nada, sólo he venido a despedirte como es debido", dice con una sonrisa de satisfacción, y mis cejas se fruncen cuando sus palabras se repiten en mi cabeza.

"¿Qué quieres decir?" Sacudo la cabeza, sin tener ni idea de lo que está hablando.

Sus ojos azules brillan con malicia y sus labios carnosos esbozan una sonrisa burlona. "¿No te has enterado?", pregunta en tono cantarín. Lo que sea que tiene que decirme, lo está disfrutando.

Se abanica con la mano antes de mirarse las uñas recién hechas. No entiendo por qué se molesta en arreglárselas si se le rompen cada vez que se transforma.

"Si tienes algo que decir, Tabitha, dímelo. Tengo que ir a la oficina de dirección", replico, harta de sus estúpidos juegos.

Meril y Bianca, sus secuaces, ríen detrás de ella cuando Tabitha da un paso adelante. La miro de arriba abajo, con los ojos fijos en ella.

Perra, no te conviene probarme hoy. Estoy cubierta de hamburguesa y mugrosa mayonesa. Me muero de hambre por no haber podido comer mi almuerzo de m**rd*, y para acabarla, me llaman a la oficina de dirección. No obstante, le daré de comer su huesudo c*l* si intenta algo. Puede que por primera vez siga el consejo de mi madre y le dé la paliza que Tabitha se merece.

Tabitha me clava el dedo en el pecho y yo le aparto la mano de un manotazo mientras ella se inclina más hacia mí. Su aliento huele a chicle de menta. "Mi padre te ha desterrado. Así que pensé en venir a verte. No puedo perder la oportunidad de despedirme de la hija no deseada del Beta", dice con una risita mientras Bianca y Meril se ríen de su broma no tan graciosa. Vaya, esas chicas son tan estúpidas como parecen. Juro que si no fueran guapas, nadie aguantaría sus payasadas.

Antes de que pueda seguir preguntándole por sus extravagantes afirmaciones, da un paso atrás y algo húmedo y frío me resbala por la cara justo cuando se abre la puerta de la oficina. Meril me tiró su batido en la cabeza y se filtró por el suéter de ganchillo que me hizo mi madre, empapándome por completo. Siento pequeños ríos de leche espesa correr entre mi escote y presiono fuerte mis labios formando una línea. Dando un paso adelante, aprieto el puño, deseando nada más que romperle a Tabitha su nariz perfecta. Sólo que no tengo oportunidad cuando la furiosa voz de mi madre resuena a nuestro alrededor. Tabitha salta y yo sonrío. Ahora sí que te lo buscaste.

"Tabitha Elizabeth Blackwell, ¿hay alguna razón por la que estés atormentando a mi hija?", exige mi madre. Me doy la vuelta y veo a mi madre caminando hacia nosotros. Lleva su pelo oscuro recogido en una coleta alta y tiene una expresión como si alguien le hubiera acabado de lanzar una hamburguesa a la cabeza y ella fuera a arrancarle los brazos y golpearle con ellos. Se acerca.

Es una mujer fuerte, severa, y provoca miedo entre las lobas, incluida la Luna de la manada. Mi madre le pateó el c*l* en el entrenamiento delante de toda la manada por decir que deberían haberme sacrificado al nacer porque no valía nada para la manada. Si no fuera la única guerrera de la manada, mi madre habría sido severamente castigada por avergonzar así a la Luna. Aún así, todo el mundo sabe que Alfa Jackson siempre ha estado loco por mi madre. Lo ha estado desde que eran niños, y realmente se decepcionó cuando ella resultó no ser su pareja predestinada.

Tabitha pierde la sonrisa y se gira para mirar a mi madre, que se dirige directamente hacia ella. Meril y Bianca salen corriendo, temerosas de enfrentarse a su ira. Pero antes de que Tabitha pueda hacer lo mismo, mi madre pasa corriendo a mi lado. Mi madre gruñe tan profunda y brutalmente que me hace estremecer.

"Fue un-un accidente", tartamudea Tabitha. Y pensar que esta patética chica es una hembra alfa y le tiene miedo a mi madre. No puedo evitar la sonrisa que se me dibuja en la cara. El miedo de Tabitha es tan penetrante que me sorprende que aún no se haya ensuciado los pantalones.

Lo que no esperaba es que mi madre levantara la mano y la abofeteara. Tabitha chilla fuertemente, su cabeza se desvía hacia un lado y el contorno de la mano de mi madre queda impreso en su cara. Me tapo la boca con las manos, asombrada por lo que ha hecho. Tabitha se agarra la mejilla mientras se le humedecen los ojos. Sus ojos recorren el patio antes de que el resto de su cara se ponga tan roja como la huella de la mano grabada en su piel. M**rd*, Alfa Jackson va a matar a mi madre ahora; acaba de golpear a la hija del Alfa.

Oigo jadeos y miro a mi alrededor para ver que unas cuantas personas han visto lo que ha hecho mi madre, pero a mi madre no parece importarle el público mientras levanta de nuevo la mano.

"¡Mamá!" grito, y ella me mira antes de ver salir corriendo a unos cuantos profesores. Mi madre los mira fijamente, desafiándolos a que digan algo.

Con la cola entre las patas, Tabitha sale corriendo y llorando. Me imagino el ridíc*l* que hará mañana antes de que su querido papi tenga que reforzar su control para que ella pueda recuperar su estatus de abeja reina.

"Siempre quise poner a esa perra callejera en su sitio", dice mi madre antes de agarrarme de los brazos e inclinarse para mirarme fijamente a la cara.

"¿Por qué aguantas todo esto?", exige, agarrándome las manos y levantándolas. "Estás mejor entrenada que cualquiera de estas mierdecillas de aquí. Puede que no tengas un lobo, pero eso nunca te ha impedido patearles el c*l* en los entrenamientos. Yo te entrené. Tu padre te entrenó. Estas perras sin valor están por debajo de ti. Sólo tienes que verlo".

Sacudo la cabeza, sabiendo que sólo empeoraría mi tormento, y mis manos no sirven contra un lobo transformado.

"Ven, tenemos que irnos", ordena, enderezándose antes de girar sobre sus talones y caminar hacia el estacionamiento. La persigo y me pongo a su lado.

"¿Qué está pasando?" Pregunto, preocupada después de lo que dijo Tabitha. Al llegar al estacionamiento, veo un camión de mudanzas naranja estacionado junto a nuestro coche, y me paro en seco.

"Mamá, ¿qué pasa?". vuelvo a preguntar cuando mi padre baja del coche.

Mi madre también se detiene y alarga la mano, agarrando mi suéter empapado y obligándome a seguir caminando.

"Hola, Calabacita", saluda mi padre, acercándose y abrazándome mientras mi madre le hace una seña al transportista de que podemos irnos.

"Sabía que te gustaban los batidos de fresa. Pero no tanto como para ponértelos encima", bromea mi padre, atrayendo de nuevo mi atención hacia él. Me acomoda un poco el pelo con las manos antes de hacerme una coleta y amarrarme el cabello. Mi madre se acerca al maletero, lo abre y saca una botella de agua.

"Inclina la cabeza hacia atrás", me dice mi madre, y yo obedezco, echando el cuello hacia atrás todo lo que puedo. Me enjuaga el pelo con la botella de agua antes de arrancarme el suéter por un lado y quitármelo.

"¡Mamá!"

"Te tejeré otro", me regaña, tirándolo al bote de basura junto con la ahora vacía botella de agua.

"Entonces, ¿alguien va a decirme qué está pasando?" Pregunto de nuevo.

Mi padre mira a mi madre antes de dedicarme una sonrisa.

"Te mudas", anuncia mi padre como si no fuera para tanto.

Me quedo boquiabierta. ¿Quiere decir de casa, estado o país? Probablemente sea mejor abandonar el país, ya que mi madre acaba de abofetear a Tabitha. Eso sería prudente. Alpha Jackson no es conocido por su disposición a perdonar a nadie.

"¿Por qué, es verdad lo que dijo Tabitha? ¿Me han desterrado? ¿Se están deshaciendo de mí?" Pregunto, sintiéndome mal del estómago.

Nunca hemos salido de la manada, ni siquiera de vacaciones. Mis padres nunca se toman tiempo libre. Nunca han tenido la oportunidad con sus cargos y responsabilidades en la Manada.

Sólo sé de otra familia en nuestra Manada cuyo hijo no tenía lobo, y lo tiraron como si fuera basura. Literalmente lo echaron, y es algo que siempre me ha preocupado, que mis padres se deshicieran de mí como si nunca hubiera existido porque les traía vergüenza. Mis ojos se dirigen al camión de la mudanza y de nuevo a mi padre, pero es mi madre quien responde a mi pregunta.

"Sí, lo que dijo Tabitha es cierto. Alpha Jackson ha pedido que te vayas. Esta es una comunidad exclusiva para hombres lobo y quiere que te vayas en cuanto cumplas dieciocho años", responde mi madre.

Tengo que irme; el Alfa por fin los ha convencido de que se deshagan de mí. Mis pulmones se contraen y me siento al borde de un ataque de pánico. ¿Adónde iré? ¿Cómo sobreviviré? Mi peor pesadilla se está haciendo realidad.

"¿Así que esto es todo? ¿Me están echando?" Me ahogo, con lágrimas en los ojos. Van a deshacerse de mí, me van a obligar a convertirme en rebelde.

"No, claro que no. Eres nuestro bebé. Sabíamos que esto iba a pasar algún día, así que hicimos planes. Todos nos uniremos a otra Manada y vendremos contigo", me dice mi madre con una sonrisa más suave que de costumbre. Abraza mi cara con las manos y me aprieta los labios. "Nunca te abandonaríamos. Nunca, Kat", me dice, y yo asiento con la cabeza. Se alivia la tensión de mis huesos y me besa en la frente.

Cuando me suelta, se voltea para mirar a mi padre. "Por cierto, Amor, deberíamos irnos ya", bromea mi madre antes de caminar a toda prisa hacia el lado del copiloto. Mi padre va a preguntarle por qué, pero ella se mete rápidamente al coche dando un portazo antes de que pueda preguntarle.

"Ha abofeteado a Tabitha", le susurro, y él se balancea un segundo sobre los talones, conmocionado.

Una sonrisa tonta se dibuja en su cara cuando se inclina hacia mí. "¿Le ha tocado una buena?", pregunta mi padre, enviándome un guiño conspirador, y yo sonrío, sacudiendo la cabeza con una suave carcajada y saltando al asiento trasero. Mi padre acelera y el camión nos sigue.

"¿Y tú, papá? ¿No eres el Beta de la manada?" Pregunto, preocupada, sabiendo que perderá su título por esto.

"No seré parte de una Manada que rechaza a mi hija. ¿Te quieren fuera? Entonces yo también me voy", dice sin dejar lugar a discusiones.

Tengo a los mejores padres. El alivio me inunda, aunque me siento culpable por haberles arrancado todo lo que tienen.

"Todo se arreglará, cariño. Ya verás", me tranquiliza mi madre, acercándose desde delante y agarrándome la rodilla.

"¿Qué Manada querría a uno de los suyos sin lobo?". Me pregunto más a mí misma que a ellos.

"No es inexistente, sólo se está tardando un poco. Tu lobo vendrá, Kat. Has nacido de dos padres lobos, por lo tanto, eres una mujer lobo", afirma mi madre, que no quiere ver la verdad. Soy tan inútil como dicen. Ellos lo saben, y yo definitivamente lo sé, pero aún así siguen mintiéndose a sí mismos, creyendo que ocurrirá algún milagro, y que finalmente despertaré y les diré que mi lobo ha llegado.

Capítulo 2

"Nos mudamos a la Manada de Arroyo Negro. El Alfa Ezra se ha ofrecido amablemente a acogernos", dice mi padre mientras mi madre vuelve a mirar al frente.

¿Alfa Ezra? Me devano el cerebro intentando recordar el nombre, sabiendo que ya lo he oído antes. Al repetir el nombre, los ojos casi se me salen de las órbitas y me inclino hacia delante, presa del pánico. No, en cualquier sitio menos en su Manada. Mierda, prefiero arriesgarme y convertirme en rebelde.

¿"Manada Arroyo Negro"? ¿No es esa la Manada que acaba de entrar en guerra con la Manada de la Montaña Azul?" Pregunto con cautela, esperando equivocarme sobre quién es.

"Sí, Katya. Sé que estás asustada, pero el Alfa es realmente un buen tipo. Fue muy comprensivo. Además, creo que se alegró de despojar a Jackson de su Beta y única guerrera", me dice mi madre con suficiencia.

"Sí, pero mató a toda su Manada, mamá. Es un monstruo", argumento.

Me da más miedo mi supuesto nuevo Alfa que el actual. Todo e

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