
Amor en cuatro patas
- Genre: Werewolf
- Author: Giss Dominguez
- Chapters: 33
- Status: Completed
- Age Rating: 18+
- 👁 378
- ⭐ 7.5
- 💬 14
Annotation
Ella estaba con su hija en el parque, cuando de pronto, visualiza algo: un hombre transformandose en lobo. Deja a su hija jugando. Confundida, se encamina hacia el callejón, pero antes de ser atacada por el hombre lobo, alguien la rescata; un hombre de cabello blanco. Aliviada, quiere decir algo, cuando el hombre la fulmina con la mirada diciendole: —Bien. Primero, te comentaré una cosa. Lamentablemente, acabo de descubrir después de… muchos siglos de existencia que eres mi Mate –comentó y lo observé con sorpresa sin comprender –no te entusiasmes. No me atraes para nada, en más… me repugna saber que eres una humana –comentó y lo observé aún mas sorprendida —¿en qué estaba pensando la diosa Luna? –dijo a regañadientes.
Chapter 1
Tarareaba una canción, mientras sostenía de la mano a mi hija pequeña. Nos desplazábamos a través de la calle principal, observando la cantidad de vehículos que transitaban. De pronto, por el rabillo del ojo pude apreciar una extraña sombra.
Aquello me desconcertó y giré mi rostro, para encontrarme a un hombre. Estaba en un callejón sin salida. Mi hija, tomaba un helado y me acerqué. A unos metros, se encontraba una plaza, había algo que me llenaba de curiosidad respecto a ese hombre y no sabía que era. Le faltaba calzado, hice una mueca.
—Cariño, ve con la mamá de Meli –comenté señalando a una mamá que llevaba a su hija en el mismo jardín, le señalé el teléfono y ella asintió.
Cómo voluntaria de un refugio, no podía dejar a una persona desamparada, menos de esa manera. Mis pasos fueron decididos, y sosteniendo mi cartera, estaba dispuesta a comprarle un par de zapatillas.
Cuando llegué frente a él, antes que pudiera abrir la boca, se transformó delante de mis ojos en un lobo. Dí varios pasos detrás, mis cosas cayeron sobre el frío suelo de cemento y cubrí mi rostro sorprendida.
—No puede ser –comenté en voz alta, provocando que el lobo, me viera. Sus ojos marrones, tan vivos como los de un humano, analizaron cada parte de mi cuerpo. Quise llorar, pero estaba congelada. Sus patas, avanzaron en mi dirección sin detenerse ni una sola vez.
—Yo… no ví nada –comenté y el lobo, siguió sin detenerse. Cuando sus patas se flexionaron lo suficiente para atacarme, cerré los ojos.
¿Así terminaría mi vida? Siendo atacada por un… hombre lobo. Una lágrima solitaria se deslizó con sutileza sobre mi mejilla. Mordí mis labios y poco a poco, recordé el primero momento que ví a Emma, mi pequeña. Recordé también la parte triste, cuando mi novio de toda la vida, me dejó al enterarse.
De pronto, un fuerte golpe me sacó del camino. Un pitido ensordecedor, no me dejaba escuchar nada. Y al abrir los ojos solamente, pude ver borroso. Habían dos siluetas difuminadas, y una estaba delante de mí. Su postura era defensiva, ¿acaso estaba intentando protegerme?
No sabía que decir, tampoco podía. Estaba tan aturdida que *p*n*s podía visualizar lo que tenía en frente. De pronto, unos brazos cálidos me sostuvieron y me desmayé finalmente. Al abrir los ojos, estaba sobre una cama.
Me levanté de golpe y fruncí las cejas sin comprender.
—¿Dónde estoy…? –pregunté. Frente a mis ojos, el hombre mas hermoso que había visto en mi vida, apareció. Sus ojos verdes, con un iris celeste, me cautivó en primera instancia. Entonces recordé: —¡Emma!
—¿La niña que estaba a tu lado? –pregunto y su voz sonó fría y rasposa. Asentí mirándolo con desesperación –No tengo idea y no es nuestro problema.
—¿Q—qué? ¡Es mi hija! –exclamé y por suerte tenía el teléfono sobre mis manos. Al encenderlo, pude ver un mensaje de la madre de Melissa.
“¿Pasó algo? ¿Dónde estás Felicitas?”. Cerré los ojos y cuando estuve a punto de contestar, mi teléfono fue arrebatado de mis manos.
—No debes responder –comentó con firmeza. Sus ojos fríos, me observaron sin una pizca de entusiasmo. Hice una mueca, y quise arrebatárselo.
—¡Necesito saber donde está! –grité y arrojó el teléfono por la ventana —¡¿Cómo has podido?! –chillé y no pareció afectarle mi grito.
—Bien. Primero, te comentaré una cosa. Lamentablemente, acabo de descubrir después de… muchos siglos de existencia que eres mi Mate –comentó y lo observé con sorpresa sin comprender –no te entusiasmes. No me atraes para nada, en más… me repugna saber que eres una humana –comentó y lo observé aún mas sorprendida —¿en qué estaba pensando la diosa Luna? –dijo a regañadientes.
—Si no te intereso –respondí y me puse de pie. Sus ojos fríos me observaron quedamente —¿puedo irme?
—No. Ahora… tu asquerosa presencia es mi punto débil. Si te matan, estaré debilitado. Además, incumpliste unas de nuestras normas. No puedes ver a un hombre lobo.
—Espera… ¿De qué demonios hablas? Yo… lo ví de pura casualidad ¡Qué tontería! –exclamé sin saber que decir.
—Bueno. De igual forma ahora te buscan para matarte –explicó y negué.
—N—no… yo… debo ir con mi hija ¡Déjame ir! –grité y él me observó con una sonrisa divertida.
—¿De verdad piensas que te estoy reteniendo? Vale. Adelante, haz que te maten –comentó estirando el brazo en dirección hacia la puerta.
Corrí y miré hacia atrás. Al salir por la puerta, suspiré llena de alivio ¿Quién era ese loco? Me quité las lágrimas que caían por mis mejillas, pronto llegué a la calle. Pude ver mi teléfono destrozado. Genial lo que me faltaba.
En cuanto lo sostuve, hice una mueca. *p*n*s tenía dinero y ahora, ni siquiera tenía teléfono. Una lágrima cayó por mi mejilla. Mi vida, era tan difícil. En el día enviaba a Emma a una guardería municipal mientras estudiaba.
Luego mi abuela la cuidaba. Pero estábamos muy unidas. Yo trabajaba para mantenernos a las tres. Ella era todo lo que tenía junto a Emma. Pero últimamente, estaba enferma y sus medicamentos eran costosos.
Pero haría todo por nosotros.
Llegué corriendo a la casa, por suerte no estaba tan lejos, tan solo a unas doce calles. Mordí mis labios y golpié con miedo. Mi abuela, apareció frente a mí con Emma. Suspiré de alivio dándoles un abrazo.
—¿Dónde estábas? –quiso saber, al abrir la boca recordé aquellas palabras que me dijo ese desconocido “incumpliste unas de nuestras normas. No puedes ver a un hombre lobo” –No me digas que con un chico –comentó coqueta y me reí.
—Algo así, aunque me llevaron al hospital por un desmayo –mentí. Mi abuela me observó sorprendida y me abrazó.
—¿Estás bien cariño?
—Claro que sí abuela –dije restándole importancia, ella sonrió e ingresamos. Sostuve con fuerza a Emma. Daría mi vida entera por ella.
Aquella noche, me cubrí con la cobija agujereada, dejando el lado mas sano a Emma. La observé con los ojos brillantes, procuraba hacer todo lo posible. Pero nada era suficiente, cuando pensaba que estaba haciendo las cosas bien, algo lo estropeaba.
Suspiré, mientras acariciaba el cabello dorado de mi pequeña. Cerré los ojos. A la mañana siguiente, me levanté temprano, debía cursar en la universidad. Le dí un beso en la mejilla a mi abuela, antes de salir para llevar a Emma a la guardería.
Luego de llenarla de besos, sonreí y caminé hacia el tren. Esperé con pasciencia que transitara, hasta que una persona se sentó a mi lado. Habia mas lugar a mi derecha e izquierda. Por ese motivo, su actitud me resultó extraña.
—Si no quieres morir, acompañame…
Chapter 2
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Sorprendida, lo observé. Asentí, pero cuando el tren llegó me subí corriendo, y comencé a avanzar lejos de su alcance. Obviamente me siguió y cuando cerré la puerta, miré rápidamente en varios asientos, me senté junto a un chico y escondí mi rostro en el hueco de su cuello.
—Por favor, alguien me sigue, no se mueve –rogué y el desconocido dijo:
—Parece que aún no te bañas apestoza humana –comentó esa voz rasposa, y mis ojos se clavaron en sus ojos verdes. Suspiré, pero me mantuve ahí. Pude ver al sujeto pasar de reojo –bésame.
—¿Q—qué? –pregunté dando un respingo, y su sonrisa provocó un sentimiento extraño en mí.
—Te verá sino –comentó y asentí antes de juntar mis labios con los suyos. Mi corazón, latió de golpe y sentí mis mejillas arder de vergüenza. Mis ojos fueron cerrados, y pude sentir su lengua en la entrada de mi boca. Luego el tren se detuvo, muchos pasajeros comenzaron a alejarse.
El desconocido, tomó mi gorrra —¡Oy











