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Segunda oportunidad

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Annotation

Brad tenía todo para ser feliz, pero la vida le tenía preparado su camino; después que su esposa muere a raíz del cáncer; decide retomar su vida a lado de su pequeña, pero la falta de un lado materno que estuviese siempre para su niña, lo vio obligado a conseguir una pareja. Nada iba bien, las relaciones no son iguales cuando sientes que le falta una pieza al rompecabezas; pero cuando piensas que las cosas pueden estar mal, siempre aparece algo para enseñarte que la vida puede ser incluso bella desde la oscuridad. un accidente de transito hace que la vida le cambie a Brad que sin saberlo lo ha perdido todo. existen amores más allá de las fronteras que conocemos; y realmente la vida nos da una segunda oportunidad para volver a comenzar.

Capítulo 1: Amor después de mí.

Estoy cerca del abismo. Siempre se dice que cuando estamos a punto de morir pasa todo frente a nuestros ojos, pero la verdad es que no logro recordar nada. Solo estoy aquí a punto de saltar desde el puente de Manhattan, estiro un pie, para tratar de caminar en el aire; mi corazón comienza a inquietarse: pareciera que quisiera salirse de mi pecho. Una voz se escucha una y otra vez, es un grito desgarrador.

—¡Papiii!

Una lagrima baja lentamente por mi mejilla y no logro entender. Mi mano sujeta mi estomago con una fuerza atroz, mientras las lagrimas empiezan a salir de nuevo. Mis dedos suben hasta mi cuello, para encontrarse con una cadena de oro, la cual posee un pequeño relicario. Lo abro con mis manos temblorosas. Allí dentro se encuentra la foto de una pequeña sonriendo. Aferro la foto pegándola a mi pecho con mucha fuerza, tratando de atravesarme con ella. Bajo de la barandilla del puente y caigo de rodillas en el suelo, mientras un auto viene a toda velocidad y se detiene frente a mí. Las luces opacan mi vista, y los recuerdos comienzan a caer como lluvia ácida.

Eran las nueve menos cuarto del domingo, ya el despertador en mi teléfono celular había sonado tres veces, pero una cuarta alarma se aproximaba desde el pasillo fuera de mi habitación, mis ojos se encontraban cerrados, pero ya estaba despierto desde hace rato. Solo que esta extraña costumbre la había tomado desde hacia ya un par de años. Cuento en mi mente:

—Uno… dos… —siento un golpe suave en mi pecho, unos brazos cálidos tratan de abrazarme.

—¡Papiii! —grita la voz de mi pequeña Lucia.

Me quedo con los ojos cerrados, pero siento como mis labios y mis ojos hacen una micro expresión de que estoy a punto de reírme, es por eso que trato de concentrarme en no hacerlo. Los dedos de Lucia llegan a mis parpados, haciendo toda la fuerza para tratar de abrirlos.

Un bulto a mi lado comienza a moverse.

—Buenos días Lucia, ¿no puedes despertar a papá? —dice la voz de Susan, mi esposa.

Siento como la cabeza de lucia se mueve encima de mi pecho, haciendo una negación.

—Pues sabes, tu papá tiene un punto débil, pero no se lo digas a nadie —le dice Susan a Lucia en forma de susurro.

Mis pies comienzan a ser tocados por la planta provocándome una cosquilla; no puedo contenerme y empiezo a moverme y a reírme, y de nuevo Lucia cae encima de mi pecho, con los codos dándome un fuerte golpe, el cual disimulo. Abro mis ojos y esta ella viéndome, con las manos posadas en sus mejillas, con una sueva sonrisa.

—Buenos días amor de mi vida.

—¡Papá! ¿Por qué eres tan dormilón? Sabes que los domingos vamos al parque desde muy temprano.

—Lo sé amor, pero dame diez minutos y estaré listo le guiño el ojo.

—Yo… hoy no podré ir, quede con Martha en ir a ver flores para su boda —dice Susan bajando un poco la mirada.

—¡Bueno… entonces seremos tú y yo! —exclamo a mi pequeña. Ella responde con una sonrisa radiante —ve a buscar a tocineta y nos vemos en el auto ¿te parece?

—Raro nombre para un perro —dice Susan entrando al baño.

—¡Tocineta es un nombre único! —Lucia responde algo enfadada, en forma de grito —¡además mi papá estuvo de acuerdo!

Susan abre la puerta y me mira a los ojos. Inmediatamente cierro mis ojos, pues no me gusta este tipo de confrontaciones.

—¡Lucia, no debes hablarle así a Susan! por favor, pide disculpas —siento la garganta seca en el momento que lo digo y no era para menos acababa de lanzar una bomba nuclear a la habitación.

Susan no era la madre biológica de Lucía, hasta hace solo medio año, vivíamos Lucia y yo, el gran cambio afectó mucho a Lucía hasta tal punto que tres veces al mes, tenemos sesiones terapéuticas en familia, para acoplarnos. En cierta forma Susan nunca ha sido una mala madre con Lucía, es por eso que debo hacerles frente a estas cosas según el terapeuta.

Lucia de inmediato se pone como un tomate, mirándome a los ojos, y noto como sus ojos se empiezan a llenar de lágrimas. Esa mirada tiempo atrás no me hubiese importado, pero solo hacía dos años que mi ex esposa victoria nos había abandonado. Aunque había sido el cáncer que se había apoderado de todo su organismo, me sentía en deuda con Lucia. Rápidamente un impulso hace que me arrodille al piso, frente a mi chica de casi siete años y la envuelvo en un placentero abrazo con mis manos; cuando hacemos este abrazo, siento que Victoria está con nosotros, recuerdo que hacíamos este abrazo a menudo. Al abrir mis ojos veo como Susan esta retorciendo los ojos y bota una fuerte bocanada de aire, lanzando la puerta, que por suerte es insonora.

Me separo de Lucia y con mis pulgares limpio sus lágrimas.

—Ella no es mala persona, solo trata de comprenderla… —digo a Lucia, la cual hace un gesto con sus labios como si quisiera contradecirme, pero se calla —…sé que es difícil, no será fácil, pero démosle una oportunidad.

—Mejor que sea una segunda oportunidad —me dice Lucia mirándome con sus ojos vidriosos.

«Se que ella se esfuerza mucho en esto, pero no es fácil, diga lo que diga el terapeuta, *p*n*s tiene seis años».

—¿Tienes hambre? —le pregunto.

Ella asiente con la cabeza.

—Bueno hoy es día de…

—¡Galletas de frutas!

—¡Si!

Después de unas viscosas galletas, que según la caja deberían quedar de otra forma.

—¡Que estafa! —digo para mí, mientras veo el empaque.

—Creo que tu problema es que le echas mucha agua —dice Susan quitando la caja de mis manos y examinando la parte trasera.

—Dice por cada ciento veinte gramos, un cuarto de taza de agua —le respondo.

—Aquí dice aceite, no agua —me dicen Susan mostrándome la caja.

Agudizo mi vista y en efecto, decía aceite.

—Que raro, estoy casi seguro que leí agua, seguro aún me encontraba dormido.

—Bueno, no te haría mal, ir al oftalmólogo.

Me quedo pensando en esto y sigo leyendo la caja, las letras pequeñas las puedo ver con facilidad. Después de haber comido las espantosas galletas nos dirigimos al auto.

—Para mi cumpleaños… ¿podría invitar a Taylor? —dice Lucia mientras abrocho mi cinturón en el vehíc*l*. Me saca de mis pensamientos de inmediato.

Tocineta empieza a ladrar de forma insistente.

—¿No dejaste que hiciera…? Bueno ya da igual ya vació la vejiga en el asiento de piel… —digo con algo de resignación. —¿Quién es Taylor? —pregunto, aunque algo me decía que la respuesta era obvia.

—Taylor… es un amigo —dice Lucia viendo a otro lado, y por su forma de hablar y de mirar, intuí que estaba ocultando algo.

Mi temperatura estaba en aumento en ese momento, a mi pequeña le gustaba un chico «¿debería decirle algo? No se como actuar en estos casos. Como quisiera que estuvieses aquí Vicky, tu seguro sabrías como actuar en estos casos» solo me limito a tragar saliva, aunque «debía hablar con ese pequeño» pienso.

—¿Y ese Harold estudia contigo? —pregunto.

—¡Se llama Taylor papá! —responde Lucia sonrojándose un poco —y no el estudia un grado más que yo.

—¡¿Es mayor que tú?! —digo sin pensarlo.

—Me lleva solo meses. ¿tu cuantos años tienes? —pregunta con ella, con una sonrisa pícara en su rostro.

—Treinta y ocho —respondo, pero ya sabía por dónde venía la pregunta.

—Mi mamá tenía… —empieza ella a contar con los dedos de las manos.

—No es lo mismo —le digo de inmediato, pero esto me da la oportunidad de hacer la pregunta —¿ese niño y tú son novios?

—¡NO PAPÁ! —Taylor es solo… mi mejor amigo.

Resoplo y trato de olvidar toda la conversación mientras enciendo el auto y dejo de ver el retrovisor.

Todo el camino me lo pase pensando en Victoria, sentía que nos estaba acompañando como en los viejos tiempos. Me fue difícil que una mujer se sentara en el lugar de ex esposa, y no solo a mí. Casarme de nuevo fue más por Lucia que por mí, sabía que ella necesitaba una madre, una mujer que la entendiera, y Susan llegó en el mejor de los momentos, cuando ya me estaba dando por vencido; tomó mi mano y me entendió. No ocupamos la habitación principal, dormimos en unos de los cuartos de huéspedes. Y aunque ya me lo han dicho muchas veces, no puedo dejarla ir, del todo.

Al llegar al parque Theodore los niños empiezan a salir corriendo de todos lados, parece una batalla de azúcar, las madres se encuentran en las bancas hablando entre ellas. Ya estoy acostumbrado a este tipo de cosas, pues hasta hace poco, yo era la única compañía de Lucia. Veo una banca sola a lo lejos, algo despejado del ruido, me pongo a ver a esas madres recogiendo el cabello de sus hijas y me entristece. Dejo libre a Tocineta, el cual se pone a oler las flores, y a morderlas.

Capítulo 2: Mi pequeña.

—¿Problemas en casa? —dice una voz a mi lado.

Volteo y miro a una mujer de unos treinta años, rubia, con los dientes más blancos que he visto en mi vida. Estaba tan distraído en mis pensamientos que no me di cuenta en el momento que la mujer se sentó a mi lado.

—Lo usual —respondo de forma cortante, miro alrededor de la banca y pregunto —¿se irá de viaje?

La mujer vuelve a reír y veo con atención, y tiene una sonrisa realmente hermosa. Ella pasa la mano por su cabello.

—No, pero me causa gracia, no eres la primera persona en decirlo. Llámame sobreprotectora pero no puedo salir de casa sin todo lo que necesito.

Miro en la banca los cinco bolsos repletos que esta mujer lleva.

—¿Tienes ocho hijos?

—No —vuelve a reír.

—Solo tengo uno, es aquel pequeño, que está jugando junto a tu hija Lucia.

Varias reacciones pasaron en ese momento en un par de segundos.

Yo lo único que tengo es mi celular en las manos dando vueltas. «quizás es

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