Alphanovel App

Best Romance Novels

Book cover
Updated

Segunda Opcion

  • 👁 22
  • 7.5
  • 💬 0

Annotation

Maia esta enamorada de su mejor amigo Luke, pero Luke no lo sabe. Ernesto esta enamorado de Maia y ella es consiente de ello. En la noche en que Luke le enseña el anillo de compromiso que ha comprado para pedirle matrimonio a Rose, Maia decide que es momento de olvidarse de su amor no correspondido por su mejor amigo y darle una oportunidad a Ernesto para entrar en su corazón, lo cual resulta no se nada difícil en realidad.

Chapter 1

Luke es mi mejor amigo, el mejor amigo que una pueda desear. Es atento, es confiable, es el perfecto hombro en el cual llorar y la persona a la cual llamar cuando sucede algo y no sabes que hacer. Ha estado en las malas, en las buenas, llueva, truene o tiemble la tierra, siempre ha estado ahí.

Actualmente, es un exitoso peluquero, con su propio salón y es feliz. Todo está bien hasta ese punto, todo parece perfecto. Y todo era realmente perfecto hasta el momento en que me di cuenta de que sentía algo más por Luke. No fue a propósito, no fue planeado, ni siquiera fue algo que pasó conscientemente, un día de la nada me di cuenta que me gustaba, estaba enamorada de mi mejor amigo Luke.

No supe que hacer con esa idea y esos sentimientos así que hice lo más natural, intenté olvidarlo. Ya sabemos cómo terminó eso, mal, terriblemente mal. Fui tan buena escondiendo mis sentimientos que nadie se dio cuenta, pero era tan doloroso. No todo fue malo, resultó algo bueno de todo eso, descubrí que soy una increíble mentirosa y que también se disimular bastante bien.

¿Y Luke? Es súper feliz, hace lo que le gusta y es su propio jefe, y en el amor ha tenido cada novia despampanante y perfecta. Parece que las buscará en alguna página de internet "www.mujeresperfectas.com" o algo así.

En mi caso, mi vida es como un cajón de sastre perfectamente organizado por categorías. Dirijo un equipo de publicidad para marcas que no son Coca—Cola pero tampoco son desconocidas. A mis 25 años, no me puedo quejar—tengo un puesto respetable, habito el apartamento que mis padres compraron como inversión, y me muevo por la ciudad en mi Toyota Corolla que, aunque no impresiona a nadie, nunca me ha dejado tirada.

Mi vida estaría perfecta si tuviera un compañero junto a mi, o por lo menos es lo que mi madre se encarga de recordarme cada vez que hablamos por teléfono o nos juntamos para comer en alguno de sus restaurantes favoritos. Para ella mi vida solo estará completa cuando me casé y tenga hijos, toda madre quiere que le den nietos.

***

Era viernes en la noche y decidí pasar por la peluquería de Luke. Solía ir bastante a menudo, aunque no fuera a arreglarme el pelo, solía sentarme y tomar una copa de vino mientras discutíamos de algún tema o simplemente hablábamos tonterías las chicas del salón y yo.

Esa noche ya solo estábamos Luke y yo, el limpiaba un poco mientras yo estaba sentada en la pequeña sala de espera con mi copa habitual de vino en la mano. Él terminó de limpiar y se dejó caer a mi lado, tomo su copa y se sirvió vino.

—Qué día más horrible —suspiró Luke, vaciando media copa de un solo trago.

Apoyé la cabeza en el respaldo y contemplé el techo.

—No te quejes tanto. Al menos tienes tu propio negocio, señor emprendedor.

Luke frunció el ceño de inmediato.

—Sabes perfectamente lo mucho que detesto esa palabra.

—¿Y qué tiene de malo, mi querido emprendedor? —le provoqué, sabiendo exactamente qué botones apretar.

—Que ahora cualquiera con una cuenta de Instagram se llama así —resopló—. Yo solo estoy viviendo mi sueño, no siguiendo una maldita tendencia.

Ambos nos reímos mientras él chasqueaba la lengua.

—Además —añadió—, con la deuda que tengo con el banco, estaré pagando hasta que mis bisnietos tengan canas.

—¡Pues brindemos por esos bisnietos! —Chocamos nuestras copas y me dedicó esa mirada suya tan característica, mezcla de confusión y resignación.

Estuvimos en silencio un buen rato y el saco algo de su bolsillo una pequeña caja negra. Sentí un peso en el pecho. Él abrió la caja y dentro estaba el anillo de diamantes más precioso que hubiera visto en mi vida. Apure mi copa de vino y sonreí, sonreí con las lágrimas quemando por salir.

—Esta hermoso, Rouse es una mujer afortunada sin dudas.— Sonreí tan genuinamente como pude, intentando no deshacerme en lágrimas.

—Creo que es la indicada.— J*d*r, esas palabras fueron como tragarme una navaja, pero asentí con emoción fingida.

—Estoy tan feliz por ti.— Nos abrazamos, estaba intentando estar feliz por el, realmente lo intente. El paso su mano por mi pelo e hizo cara de desaprobación.

—Debes lavarte el pelo, urgente.— Se puso de pie y empezó a sacar los productos de lavar el pelo del pequeño armario y ha ponerlos en su puesto de trabajo. Yo me serví otra copa de vino y bebí la mitad de lo que había servido.

—No voy a dejar que me laves el pelo, lo sabes.— Lo mire seriamente. El detuvo lo que estaba haciendo para mirarme.

—¿Por qué?

—Solo dejo que las mujeres laven mi pelo.— Mentí.

—No seas mentirosa, has dejado que Iván y Vincente laven tu pelo.

—Solo en casos de emergencia.— Empecé a ponerme incómoda, me bebí la otra mitad del vino de mi copa.

—Bueno, aquí solo estoy yo y ese pelo sucio es sin dudas una emergencia, así que trae tu trasero aquí.— Me removí incómoda en el asiento y negué.

—No quiero que laves mi pelo, Luke.— Él me miró serio.

—He venido notando que me evitas a toda costa. Antes yo era el único que lavaba tu pelo, ¿Qué pasó? ¿Acaso hice algo mal?— Yo me reí sin gracia, el alcohol había empezado a hacer su efecto hace rato ya y no estaba para aguantar su interrogatorio.

—Vamos, exageras. Es una tontería.

—Si es una tontería entonces deja que lave tu pelo, anda.

—No.— Me puse firme, no lo dejaría.

—¿Por qué?

—¿Realmente quieres saber?— El asintió.— Bueno, recuerdas lo que pasó la última vez que deje que me lavaras el pelo... Era una noche como está, la noche antes de la inauguración de la peluquería, estábamos solos como ahora tomando vino juntos mientras hablamos de esto y de aquello. Me dijiste que yo sería tu primer cliente y me senté en la silla para dejar que me lavaras el pelo, como siempre lo habías hecho.

Pero esa noche algo fue diferente, tus manos masajeando mi pelo y mi cabeza, se sentía como el cielo. Tenía los ojos cerrados disfrutando del momento y me besaste.

—Lo recuerdo. Fue un error, no debí de hacerlo, pero no volverá a pasar. Somos mejores amigos y eso no cambiará por un simple beso.— Y esas palabras terminaron de quebrar los pedazos de mi corazón. Si es que ver el anillo no había sido ya suficiente.

—Ese es el problema. Para ti fue un error. Pero y que hay de mí.— Yo estaba a punto de llorar, maldición, pero respire profundo.

—¿A qué te refieres?

—Me gustas.— ¡Lo dije! Empecé a temblar, pero a pesar de que él era mi mejor amigo y mi hombre de confianza, hoy no estaba dispuesta a ser débil y llorar frente a él. El seguía en shock, como si realmente nunca se hubiera imaginado que eso era posible.— Estoy enamorada de ti.

—No es posible ¿Porque no me lo dijiste antes? ¿Hace cuanto que sientes eso?— El empezó a acercarse a mi, abandono su posición junto al lavadero y se quedó junto al sofá en el que yo estaba sentada.

—Desde el día de ese besó hace casi 4 años. Ese día me di cuenta que ya no te quería como un simple amigo. Pero eso no importa. Tu eras novio de Susan en ese entonces, la chica perfecta, un sol. Yo era incapaz de decirte nada.— Yo me puse de pie para poner distancia entre nosotros.

¡J*d*r! ¿Por qué tenía que pasar esto justo hoy? Justo ahora, casi 4 años después. La verdad es que yo estaba enamorada, si. Pero si había podido evitar el tema estos años, podría haberlo evitado toda la vida, o eso supongo.

—Debiste habérmelo dicho. Eres una de las cosas más importantes en mi vida y...— Lo interrumpí.

—¿Y que? Tenías novia, y desde que terminaste con Susan conociste a Rouse y llevan 3 años y medio juntos, son el uno para el otro. A ti nunca te han faltado mujeres en tu vida y yo soy y siempre seré solo la mejor amiga. Me queda claro.— Yo estaba junto a la puerta, lo más lejos posible de él y él estaba mirándome de la forma que quise evitar a toda costa que me mirara, con culpa y con lástima.

—Maia, yo...— Mis ojos ya se habían llenado de lágrimas y necesitaba salir de allí.

—Ahórratelo. Ya no importa.— Tome mi cartera y empecé a buscar mi teléfono.

—¿A dónde vas? No puedes conducir, has tomado mucho.— Yo lo ignore y empecé a marcar el número de alguien que me viniera a buscar ahora.—Ademes, debemos hablar, quédate un momento más, yo te llevaré a tu apartamento.

—Mejor no. Volveré en la semana a que Katia lave mi pelo.— Salí lo más rápido que pude y marque el número de Ernesto.

***

En 5 minutos Ernesto estaba allí, parqueado detrás de mí carro, levante la cabeza del guía al escuchar la bocina de su Range Rover pitar. Me baje de mi vehíc*l* con la cartera y mis cosas y me subí en el asiento del acompañante del suyo.

Estaba llorando y hecha un desastre. Él me abrazó y me dejo llorar en su hombro por unos minutos. Luego me secó las lágrimas del rostro.

—¿Qué pasó?

—Me enseño el anillo, dice que ella es la indicada.— Ernesto asintió sin decir nada más y me volvió a abrazar.—Le confesé que estoy enamorada de él, por fin saque eso de mí pecho.

Deje de abrazarlo para secar mis lágrimas y ponerme el cinturón de seguridad. Mientras conducía le conté los detalles y lo que había pasado en concreto. Me sentía la persona más miserable sobre la tierra, no era justo. Yo estaba aquí llorando como una magdalena y el posiblemente estaría celebrando con su prometida.

Estábamos en una luz roja y miré a Ernesto, él permanecía tranquilo con la vista al frente. Llevaba puesto un pantalón de chándal y una camiseta con mangas, azul, bastante simple, señal de que posiblemente estaba durmiendo cuando llamé y aún así vino en mi rescate.

—No quiero ir a mi casa.— Le dije en un tono calmado. Él me miró intrigado con sus ojos verdes grisáceos.—Llévame a tu casa ¿Si?

—No haremos eso.— Fue su única y firme respuesta.

—Por favor, no quiero pasar esta noche sola, llorando por qué él no me quiere y se casara con otra.

—Ya dije que no.

Ernesto es algo así como mi jefe en el trabajo, dirige un grupo de publicistas que trabaja con grandes marcas. Lo conocí cuando entré a trabajar en la empresa hace 4 años y hace 3 años que se que está enamorado de mi. Desde entonces le confesé lo que sentía hacia Luke y hemos sido amigos desde entonces, aunque el nunca ha tratado de ocultar que aún le gustó.

Él, Ernesto, es como el hombre perfecto, 27 años y con un trabajo estable, con apartamento propio, vehíc*l* y todo lo demás, super atractivo, de piel bronceada, pelo castaño, ojos verdes y físico fuerte, término medio, no tan delgado, ni tan robusto, más o menos musculoso, una total tentación y codiciado entre todas las mujeres de la oficina.

Nos quedamos en silencio todo lo que restó del camino a mí apartamento, el estacionó y se quedó esperando a que yo hablará.

—Quédate.—El miro hacia otro lado y suspiro.

—Para con eso, estás borracha, estás despechada, no va a pasar nada entre nosotros hoy. No soy una segunda opción.—Ernesto estaba casi enojado y dentro de mi estado irracional le daba la razón, yo estaba intentando usarlo como sustituto.

"Un clavo saca otro clavo" o eso dicen. Estalle en llanto en ese mismo instante. Ernesto suspiro rendido y me volvió a abrazar.

—Lo siento, yo solo quiero olvidarlo. He estado enamorada por 4 años y solo quiero olvidarlo, ya.—Miré a Ernesto a los ojos, nuestros rostros estaban bastante cerca el uno del otro y la forma en la que él miraba mis labios me hizo arriesgarme a besarlo.

Yo solo presioné mis labios contra los suyos suavemente y él respondió adueñándose de mis labios por completo, sus manos sujetaron mis mejillas con una suave caricia y me beso de una forma tan apasionada que me dejó sin aliento.

Nunca había sido besada de esa manera, con tanto deseo, cómo si hubiera estado esperando mucho tiempo para besarme y ahora quisiera aprovecharlo al máximo. Me separé lentamente de él en busca de aire. Sus manos quemaban sobre mi piel, de repente yo deseaba tanto besarlo como él a mí.

—Demonios, Maia.—Me miro con el mismo deseo intenso con el que me había besado, pero se alejó, poniendo distancia entre nosotros. —No lo quiero de esta forma. Lo sabes, quiero algo serio, nada de amoríos de una sola noche.

—Acepto.

***

Si, lo sabía. Ernesto y yo teníamos ese tipo de relación, donde yo le gustaba y el a mí. Pero mi corazón pertenecía a un idiota desde hace aproximadamente 4 años y yo simplemente no podía olvidarlo y no era justo para Ernesto estar con una mujer que no podía entregarse al 100% a él. Además Ernesto había crecido en una familia bastante conservadora y para el las relaciones de pareja eran algo serio.

Y siendo sinceros en una escala del 1 al 10 Ernesto era un 15, no solo era inteligente, educado, todo un m*ld*t* caballero de esos que ya no quedan. También era sexi como el infierno y a pesar de que era bastante consciente de aquel dato, porque todas las mujeres babeaban por él, él seguía siendo bastante modesto, bueno eso quitando aquellos trajes que se le ajustaban a la medida malditamente bien, como un guante, que el siempre usaba en la oficina, modesto pero también consciente de su atractivo.

Era una tentación que disimulaba bastante bien, hasta que el volvió a a besarla contra la puerta cerrada de su apartamento, con deseo y pasión, pero suave y delicadamente, sin ninguna prisa y como si no tuviera nada más que hacer en los próximos 20 años, solo besarla de aquella manera que la estaba derritiendo sinceramente.

Sus labios acariciaban suavemente los suyos con una que otra mordida descuidada de Ernesto sobre su labio inferior, mientras ella acariciaba su rostro y se olvidaba de todo lo demás.

—Mañana te vas a arrepentir de todo esto.—Susurro Ernesto sobre mis labios, su voz se me antojaba tan sexi y su mirada encendida en fuego y deseo me quitaba el aliento.

—¿Podemos preocuparnos de eso mañana?—Pregunté con una mueca inocente en mi rostro, que nada tenía que ver con lo que estábamos a punto de hacer.

Ernesto solo rodó los ojos con una sonrisa divertida y tome eso como una afirmación. Estaba un poco nerviosa, señal de que el efecto del alcohol estaba pasando de ha poco y la valentía se me escapaba entre las uñas, antes de que la duda se instalará en mi pecho junte mis labios nuevamente con él, que me recibió gustoso y caminamos torpemente hasta mi habitación.

El se quitó la camiseta y se sentó sobre mi cama, en una invitación silenciosa y la duda nublo mi cabeza un instante. J*d*r lo quería, quería hacer esto, pero ¿era solo por la borrachera y por el despecho?

Una suave caricia bajo mi blusa me regreso al presente, con los pies sobre la tierra.

—¿Ya te arrepentiste?—Su sonrisa tenía algo salvaje, casi depredador. Sus ojos me desafiaban, me provocaban.

No pude responder. Sus manos ardían contra mi piel como hierro al rojo vivo, y aquella caricia en mi abdomen desató algo primitivo dentro de mí. Me senté sobre sus piernas y sentí cómo su cuerpo se tensaba bajo el mío. Sus ojos se transformaron—ya no eran los de mi amigo, ni siquiera los de un amante cualquiera—eran los de alguien que había contenido un huracán durante años y ahora lo liberaba sin control. Sus manos quitaron mi blusa hacia arriba y su mirada me devoró entera, haciendo que mi corazón martilleara tan fuerte que pensé que se me saldría del pecho.

Cuando vio mi vergüenza, gruñó algo ininteligible y capturó mi boca con la suya. Ya no había juego ni diversión—solo hambre. Cada beso era más profundo que el anterior, cada caricia más exigente. Mis uñas se clavaron en su espalda mientras él susurraba palabras que me hacían arder por dentro.

La noche se convirtió en un torbellino de piel contra piel, de respiraciones entrecortadas y gemidos ahogados en la oscuridad de mi habitación.

Chapter 2

Maldición.La palabra retumbó por todo el apartamento, sacándome de golpe del sueño. Me incorporé lentamente, con el corazón al galope y la mente todavía nublada. Todo estaba en orden: el mismo desorden habitual, los mismos cuadros torcidos... salvo un detalle. Yo estaba vestida con una camiseta de hombre y mi ropa interior.

Eso, y el hecho de que vivo sola.

Dos opciones cruzaron mi cabeza.La primera: un ladrón irrumpió en mi casa y está maldiciendo mientras roba el microondas.La segunda: esto no es mi habitación, y estoy presa en uno de esos lugares siniestros que veía en los vídeos de conspiración a las tres de la madrugada.

Tragué saliva y me levanté despacio, armada con un cojín como si fuera un arma letal. Avancé hacia la cocina siguiendo el olor a café y humo.

Y entonces lo vi.

Mi “casi jefe” —medio desnudo, despeinado y con una sartén en mano—, luchando torpemente contra lo que parecía ser un intento fallido de preparar desayuno.

Por un segu

Heroes

Use AlphaNovel to read novels online anytime and anywhere

Enter a world where you can read the stories and find the best romantic novel and alpha werewolf romance books worthy of your attention.

QR codeScan the qr-code, and go to the download app