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Mi pequeña Princesa

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Annotation

“Para el amor. No hay color de piel ni orientación sexual, edad o líneas de sangre, solo es amor...” Podría decir que tengo la familia perfecta, unos padres que amo con todo mi ser, pero... No es así, dicha persona no la hace que sea perfecta; mi hermano mellizo. Compartimos el mismo vientre, fuimos hechos con todo el amor que una pareja se pueden dar, aunque Sara no fue el primer amor de mi héroe; lo fue mi madre biológica que me llena de orgullo. Al crecer recibía malas miradas por mi apariencia, pero yo solo quería una mirada, una sola, de la persona que, aunque más me esforzará, nunca me miraba de la forma que yo deseaba. De niña quería su cariño y su amor de hermanos, pero siempre sentí que me odiaba. Crecimos juntos, pero a la vez separados, podía sentir su cariño hacia mí, o su protección, pero a su manera. El día que al fin tuve esa mirada, mi corazón golpeó de una manera exagerada mi pecho; ese día subí al cielo, pero baje de un solo golpe con sus palabras, que salieron como dagas a mi corazón y, aun dos años después, no logro olvidar, esas palabras me hicieron caer en una tristeza profunda, vi su tristeza también en sus ojos bicolores. Pero, así como sus palabras me hicieron entrar en depresión, también me sacaron de ella. Y desde ese día, caímos en una guerra; yo nunca cambie ni evolucione y, mucho menos madure. Sigo siendo ese bicho raro. Pero él, en cambio. Maduro a su manera, se volvió más frío, arrogante y para agregarle algo más..., un adicto sexual y más imbécil que nunca. Yo me reproché a mí misma por amar lo prohibido y a ese maldito imbécil, aun sabiendo que apagaba cada pequeña luz habitaba en mí. Y él, nunca aceptaría que, muy dentro de sí, le daba satisfacción que nunca cambiará. Esta segunda guerra sería la más dolorosa, ya que, en esta, nuestro corazón será nuestro primer escudo y, a su paso, dejará más de un herido...

1 -Mi novia

Si pudiéramos decir que día es el más feliz del calendario de Sahily Cruz, sería el día de hoy 3 de septiembre de este año. La emoción no cabía en su pequeño cuerpo, por fin a sus diecisiete años pisará por primera vez el High School, uno de los más prestigiosos de España. 

Había logrado convencer a su padre, con apoyo de su abuelo y su madre, de poder asistir, esta sería su primera vez y última en entrar y experimentar que se sentía estar en uno, su prima Pilar; es su única amiga, también estudia allí y bueno, en sí, todos estudian ahí menos ella. Entre todos, está su primo Arón, Melanit y sus hermanos.

Pasó todo el fin de semana preparando su uniforme y sus útiles. Su hermano, no paraba de refunfuñar que él no la llevaría, ya que su padre puso de condición que Santiago cuidará de ella, debía llevarla y traerla sana y salva.

Aunque tenía chófer, su tío Efraín; que es el esposo de Meredith, su nana. Él, solamente llevaba a su hija Melanit y Samantha la consentida de papá después de Sahily. Santiago tenía su propio coche, regaló de su abuelo y jamás de los jamases pisaría la escuela pareciéndose a un niñato que tiene transporte.

Samuel y Sara, hacían todo lo posible por amar y cuidar a sus hijos, sin embargo; lo que ocultaron solo sería una bomba que mientras pase más el tiempo cobrará más potencia. Nada duele más que la mentira y el engaño, aunque lo hicieron por amor a los ojos del afectado, nunca se verá de esa manera.

Faltan nada más veinte minutos para irse al instituto, Sahily se mantiene en su habitación en un gran debate al no saber qué medias usará. En la planta baja, se encuentran desayunando Sara, Samuel y su hijo Santiago. Samuel se mantiene leyendo el periódico, mientras Sara trata de dialogar con su hijo.

—Santi, deberías quitar esa cara. Parece que te llevan a la orca— manifestó sin quitarle la mirada a su gruñón—. Madre, a eso creo que me lanzó mi padre —Lo mira de reojo—, cómo llegaré con ese…

La mano de Samuel se estampa en la mesa, haciendo sonar los platos. Sara da un brinco y Santiago lo mira con su mandíbula tensa.

—Mejor no termines lo que ibas a decir, Santiago. Así hagas todos los berrinches ya hablé, cuidarás de Sahi. ¡Estoy cansado ya! ¡Es tu hermana y es tu deber como tal! — Samuel, lo hace apretar sus puños bajo la mesa.

Santiago no quiere pasar vergüenza. Sabe que empezarán a joderle la vida sus otros compañeros, que no conocen a su hermana y según él, debe cuidar su reputación.

 —¡No estaré como un j*d*d* niñero! ¡Ella está bien grande para cuidarse, padre! —explota levantándose de su asiento, Sara se levanta también y pone su mano en el hombro de su esposo—. Cariño...

Sam le aparta su mano.

—¡No vengas a defenderlo, Sara! ¡Por ti, es de esa manera! —señala a Santiago con el dedo—, no repetiré lo que dije, tú ves si quieres quedarte sin coche, tarjeta y un mes castigado sin salir.

Cuando Santiago va a protestar, porque eso sí, debe tener la última palabra siempre, baja su hermanita Samantha, muerta de la risa.

—Jesús, este día es épico, hermosa familia. — bromea y baja saltando las escaleras, es una niña muy hermosa, con unos ojos dorados, y su cabello de color chocolate llega arriba de sus hombros en unas ondas naturales. Sin duda, es el mismo retrato de su madre—. Santi, tu acompañante está que derrocha elegancia —abraza a su padre y besa su pecho—, ¿Papi, estás molestó? —le pregunta y su padre acaricia su mejilla—. No chiquilla.

Después se acerca a su madre y repite la misma acción, dándole un abrazo, en eso la voz eufórica de Sahily los deja a todos mudos con su atuendo.

—¡Buenos días, por la mañana! ¿Cómo amanecen? Hoy es un lindo día, será un buen día también, y lo declaró así. — sonríe con sus mejillas rojas. 

Los ojos de Santiago, se llenan de cólera al ver cómo irá al instituto, sin duda será la burla por meses. Samuel y Sara, se quedan sonriendo y se miran entre sí, con esa hermosa sensación de déjà vu, que sintieron al ver a su hija.

Lleva el informe, con su falda de cuadros gris con azul y su camisa de vestir azul bien abotonada hasta el cuello más su pullover gris, y unas medias que llegan a sus rodillas con miles de pequeñas flores de color rosa.  En su mano tiene un paraguas, que parece una paleta de colores y sus lentes de color rosa, hacen juego con su moral de unicornio.

Santiago mira a su hermana, cuando llega a su lado y lo codea:

— Vamos Santiago, estoy lista. No quiero llegar tarde a mi primer día.

El nombrado saca las llaves de su bolsillo y se las extiende en su padre.

—No quiero coche, ni tarjeta, y me encantaría reposar un mes y no ver la luz del sol...

•••

Después de discutir más de diez minutos iban muy retrasados para el instituto, Santiago no paraba de maldecir mientras apretaba con fuerza el volante de su; Dodge Charger de color negro y, Sahily se mantenía en silencio en su asiento.

La loción de su hermana le revolvía el estómago. Así que tomó su loción Dolce Gabbana, y esparció dentro del coche y más apuntando hacia su hermana, la nombrada comenzó a toser y toser.

—Pero, ¿qué te pasa? Me estás ahogando con esa loción asquerosa —pregunto con disgusto mirándolo a los ojos.

— ¡¿Qué pasa?!, ¡que estoy mamado! ¡¿por qué me tiene que pasar esto a mí?! Solo yo debo cargar con esta p*t* cruz y para más, soportar ese olor tuyo a puro caramelo. Y detesto los dulces. — gruñe y sigue con la vista en la carrera.

Sahily se queda en silencio, de estar eufórica pasó a sentirse triste. Si hubiera sido por ella, se viene con las chicas. Santiago continuó manejando con su ceño fruncido y los ojos blanco Azulados de Sahily, lo detalla fijamente, viendo cómo se ha puesto más hermoso. Sus facciones cambiaron mucho, tiene sus rasgos más marcados y algunas pecas en sus mejillas más esos tatuajes que cubren por completo sus brazos y lo hacen ver tan..., tan…

En eso la voz de Santiago la saca de su trance:

— No te quiero cerca de mí y no te metas en problemas porque los resolverás tú sola.

—¡Yo siempre los resuelvo sola, imbécil!— aclaró mientras se cruzaba de brazos.

—¡Ah, sí!, ¡No me digas! —Siente el carro frenar y mira a los lados y nota que aún no han llegado. Lo sabe porque ha venido varias veces con Efraín, a traer a las chicas—. Baja y resuelve tu misma cómo llegar. 

Santiago le quita el seguro con el botón de mando a la puerta y a Sahily, se le inundan los ojos.

—¡Eres un m*ld*t*! —escupe mientras toma su paraguas y su morral y baja del coche.

—Lo sé... — suelta un bufido y arranca dejándola en media carretera.

Se siente impotente y muere por llamar a su papá y llorar en sus brazos, pero si hace eso no la dejará volver al colegio y sin duda, ella sabe que Santiago, le vale un pepino los regaños y castigos de su padre. 

Decide seguir su camino positiva, abre su paraguas y respira profundo comenzado a tararear su canción preferida. Muchos la miran, pero ella trata de ignorar sus miradas, unos minutos después logra ver la gran estructura del instituto.

“Vamos, Sahily. Tú puedes” — se anima y puede sentir como sus latidos se intensifican. 

Al quedar al frente de la gran entrada, logra escuchar las risas y las voces de los estudiantes, el señor que está en la entrada la mira con sus cejas fruncidas, y le da los buenos días, ella sonríe de manera de respuesta, porque sus palabras no salen de sus labios.

Camina a pasos decididos cuando todas las risas cesaron y solo hay silencio, sabe que la están observando, cierra su paraguas y en eso los murmullos se hacen presente. Sin querer baja su mirada y camina a pasos rápidos, todos la observan, otros la señalan.

 Su aspecto no es algo fácil digerir, y con ese cabello de color blanco y esos ojos únicos.

—¡J*d*r! Tío, miren esa niña que viene entrando—comenta Zacarías mientras la señala con un dedo.

Zacarías es uno de los integrantes del grupo de Santiago, un rubio muy hermoso de ojos verdes y pecas en su rostro y aunque pertenece a su grupo no sabe quién es esa niña.

 Santiago se mantiene sentado en la banca, mirando fijamente a su hermana y escuchando lo que dicen sus amigos. Noel, carraspea y se mantiene en silencio, Noel si conoce a Sahily, pero sí Santiago no dice nada, él menos. Noel es un latino muy peculiar con sus cabellos crespos y sus llamativos ojos verdes, también es el que mantiene la paz en el grupo.

—Hermano… — Nikel, codea a Santiago—, esa niña debe ser la hija del Yeti —ríe sin descaro—, pero, sin duda, yo seré su yerno.

Santiago, rueda sus ojos bicolores y su mandíbula se contrae.

—Me intriga, ¿quién será esa niña nueva? — piensa en voz alta Zacarías.

 En eso llega Pilar y Aarón que escuchan lo que dijo Zacarías.

Pilar le da un solo tostazo en la cabeza a Santiago con la libreta

— ¡Eres un idiota, Santi!

 Arón pasa al lado de ellos con las manos en sus bolsillos y con su constante aura prepotente.  Dejando pasmados a todos, incluyendo a Santiago, cuando murmura:

 —Esa chica, es mi novia…

2- Bicho raro

Arón se coloca en el medio del camino de Sahily, haciendo que ella golpeé con su pecho. 

—¡Oh, perdón! Lo siento, lo siento. No fue mi intención — Sahily nerviosa, comienza a disculparse sin levantar la mirada y con sus manos agarra con fuerza su paraguas. Arón, ríe jocoso y levanta su barbilla—. Tranquila, chocolate blanco. Soy yo.

Sahily, respira hondo y sonríe levemente perdiéndose en el gris de sus ojos.

—¡Juro que me va a dar el mimisqui, Arón! El cabrón de Santi, me dejó botada y Dios…, todos me miran — explica mientras se oculta con su morral.

Arón pasó su brazo por sus hombros y besó su sien. 

—Ignorarlos y caminar a mi lado. — le sugiere, en eso los alcanza Pilar, que llega echando grititos. Y agarra a su amiga de los hombros.

—¡Sahi, no sabes lo feliz que me siento porque estás aquí, lo pasaremos súper!— alega alegremente su prima, empuja a su primo Arón y entrelaza su brazo con el de ella —, marica, estás podrida al perfume de Santi.

Heroes

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