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El Diario De Eva

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Annotation

La protagonista Eva es una chica dulce y buena, pero se torció debido a un acontecimiento que cambió su vida y la convirtió en valiente y sin querer mostrar sus sentimientos haciéndola odiar a todos aquellas persona que tengan riquezas. Daray, el protagonista que no está muy de acuerdo con Eva sobre su odio hacia esas personas, intenta ver que le sucedió y al hacerlo se dará cuenta de algo que jamas sintió y que necesita siempre. ¿Se enamorará de ella?

PROLOGO Y CAPITULO1: LA LLEGADA

PRÓLOGO

Hacía poco que mi padre empezó a trabajar en una casa de contable en Madrid, él viajaba todos los domingos hacía la casa de esta familia para poder empezar el lunes sin estar muy cansado por el viaje. Mi madre, mis hermanos y yo nos quedábamos muy tristes. Somo de Setcor, razón por lo que marchaba. Al pasar un año y ahorrar todo lo posible, mi padre nos consiguió un pequeño hogar para no tener que viajar más y poder estar con nosotros a la hora de cenar. A mí me enfadaba que mi padre tuviera que estar acatando las ordenes de esa familia rica, regresaba cansado y sin ganas de nada debido a que solo él trabajaba. Tras unos meses en La Aldea (un pueblo alejado de Setcor), mi madre habló con esa familia para que la contrataran a ella también para trabajar en lo que sea necesario, y así hicieron. Mi padre llegaba menos cansado y mi madre estaba feliz por aportar algo más de dinero a la familia y yo…bueno no estaba de acuerdo con todo esto, odio el lujo, las riquezas, y odio a aquellos ricos que van hablando siempre de su título y su alto rango económico. Llevamos aquí tres años, y mañana es mi cumpleaños número veinte, ilusionada y contenta me dispongo a preparar mi propio pastel, mientras pienso en mi regalo que me harán mis padres, pero al llegar mis padres a casa y ver las caras que tenían, mi mundo se vino abajo. Nos mudamos a otro país, un país desconocido, y salíamos esta misma noche. Empaqué mis cosas llorando y destruida, no me podía creer que nos fuéramos, pero lo que no sabía era la aventura que me esperaba. Me llamo Eva, y esta es mi historia.

                                                CAPITULO1: LA LLEGADA  

Tras varias horas de vuelo, llegamos por fin a la que se suponer que sería nuestra casa durante mucho tiempo. Por el camino mis padres nos contaron que iban a trabajar para la casa real de este reino, sigo sin entender por qué tienen que trabajar para los ricos, y más, para la familia real. Aún que me lo intento explicar mi padre, seguía sin saber el motivo. Cuando el coche que nos recogió nos dejó en la casa y al verla mi cara era una mezcla entre sorpresa y asco, sorpresa porque parecía de una película de miedo y otra por todos los agujeros, el tejado roto, arboles podridos, maleza por todos lados, flores secas y una vista un tanto espeluznante.

-          ¿En serio papá? ¿Aquí vamos a vivir? – Le pregunté con un tono frío y desafiante, dándole a entender que no estaba contenta con el lugar.

-          No seas así, sabes que no vamos a tener que pagar ni luz, ni gas, ni hipoteca ni nada cariño, sé que tiene mala pinta, pero con un poco de amor y mano de obra, haremos de esta vieja casa un gran hogar – Me respondió con amor y tranquilidad, dándome un beso antes de avanzar hacía dentro de la casa.

Mi padre abrió la vieja puerta con mucha fuerza, ya qué estaba atascado, y de tanta fuerza que ejerció la puerta cayó al suelo creando una gran nube de polvo, el cual, nos hizo toser a todos. Mis hermanos empezaron a correr por la casa para ir a ver en que dormitorios se quedarían ellos, fui detrás de ellos, me daba miedo que se derrumbara y tuviéramos que lamentar algo. Eligieron el mismo cuarto con dos camas, y yo de paso elegí la habitación de al lado, era pequeña, pero parecía acogedora, no obstante, seguía odiando la casa, el lugar, y a los que eran los nuevos jefes de mis padres.

Me quedé mirando la habitación pensativa, perdí el norte, hasta que mi madre nos dijo que iríamos al palacio a por el cheque para los materiales que necesitábamos, así que me pidió que apuntara en un papel todos los desperfectos que había para mostrárselo al rey o al que fuera quien nos diera ese cheque. Tras hacerlo fuimos andando hasta el palacio. Por el camino veía a gente feliz, comprando y trabajando, niños jugando y madres detrás de ellos para evitar cualquier caída o problema que pudiera causar, al ver eso me sentí feliz y a gusto por un momento, pero al llega al final del centro del pueblo, vi como había niños sucios y con la ropa rota pidiendo algo de limosna para comer, madres alimentando a sus hijos con restos de basura  que encontraban en contenedores, hombres heridos sin trabajo ni hogar, aquello me entristeció tanto y me dio tanto coraje que en mi cabeza solo pasaba lo mismo de siempre “odio esto y odio a los ricos”. Al llegar a la puerta del palacio nos quedamos mirando la grandeza y belleza que tenía las puertas y fachadas, cuando salimos de nuestro asombro entramos y seguimos mirando todo con la boca abierta. Estábamos asombrados, desde las grandes ventanas que hay a la izquierda veíamos el gran jardín que poseía una gran fuente en el centro y muchas, pero muchas flores; plantas de todo tipo y todos los tamaños.

Una voz dulce y suave se acercó a nosotros sacándonos de nuestros pensamientos. Una mujer con gran elegancia se acercó a nosotros, su cabello negro y largo hasta la cintura estaba muy bien arreglado y cuidado, sus ojos verdes nos daban a entender que podíamos confiar en ella y su hermoso rostro nos daba paz. Aún que ella era simpática y agradable, mi mente me dijo que ella era la reina, no solamente mi mente, sino su vestimenta y sus adornos en el pelo.

-          Debéis de ser los nuevos trabajadores. Espero que el viaje no haya sido agotador. Entrad, está todo preparado. Podéis poneros cómodos. Mi marido os explicará todos lo pasos a seguir, la reglas y todo lo que conlleva el trabajo en palacio. -  Dijo con gran sonrisa en su cara.

-          De acuerdo. Esperamos no molestar mucho. – Dijo mi madre también sonriendo a la elegante figura de la reina.

Entramos en lo que parecía un gran despacho. Mi padre miraba a su alrededor como si estuviera en su lugar soñado. Mi madre y mis hermanos tenían la boca tan abierta que parecía que babeaban, y yo estaba con mi cara habitual de asco, nada de lo que pudiera ver aquí me sorprendería, quería acabar con esto e irme rápidamente para esa casa destartalada y liarme junto con mi hermano a reparar todo, para poder al menos cenar algo y dormir bien. La puerta se abrió lentamente y entro un hombre que parecía ser el rey y lo confirmé cuando se acercó a la reina y la besó. Era extraño, iba con ropa normal, no estaba tan ataviado como la reina. Estaba como estaríamos en casa, como la gente normal estaría en su casa, parecía que vestía de chándal, aún que se sabía que no lo era. Después de saludar a la reina, se sentó en la silla que había tras el escritorio y nos hizo una seña para que le imitáramos delante de él.

-          Bueno, así que vosotros sois la familia que solicitó trabajar aquí con nosotros. Me alegro de tener por fin un buen contable, y por supuesto una gran costurera. Por lo que me contó Sebastián, buscabais un lugar donde por fin quedaros y poder estar juntos. – El rey soltó sin ninguna vergüenza.

-          Así es, majestad, buscamos estabilidad y algo de tiempo para poder pasarlo en familia, sé de buena mano que es mucho pedir, pero en España eso es complicado y me avisaron de este lugar, quiero probar suerte. – Dijo mi padre con miedo a que el rey se lo piense mejor.

-          Tranquilo, estáis en el lugar adecuado. Nuestra política es mirar por los trabajadores y sus familias, así que no tenéis de que preocuparos. Tendréis un día a la semana libre, por supuesto derecho a faltar si algunos de sus hijos se ponen malos y no tendréis que recuperar el día y vacaciones en diciembre y agostos. – Explicó el rey sonriéndonos.

No sé el motivo, pero me sentía segura de que decía la verdad, por alguna razón me caían bien.

-          Dicho esto, Sebastián, ¿Por qué no nos presentas a tu familia? Así hacemos tiempo para que mis hijos vengan. Nuestro hijo Daray es quien traerá el cheque. – Habló mirándonos a todos.

-          Sí, claro. Disculpe que no lo haya hecho antes, los nervios a veces traicionan. Ella es Elisa, mi mujer, mi hijo mediano Rubén, mi hija la pequeña Sara y mi hija mayor Eva. – Nos presentó mi padre orgulloso de su familia.

-          Bien, Rubén ¿Que te gustaría estudiar? – Preguntó el rey, supongo para saber algo más de nosotros.

-          Bueno, majestad. Me gustaría ser como mi padre, pero él cree que debería ser algo mejor que él así que me he decidido por la medicina, aún que no he comenzado los estudios. -  Explicó mi hermano un poco triste, ya que en vedad no ha podido por falta de recursos.

-          ¿Y esta pequeña princesa? – Le dijo a mi pequeña u dulce hermana.

-          No lo sé, solo tengo 8 años. – Dijo con su gracia que la definía.

-          Jajaja, claro eres muy joven todavía y el colegio te gustará. Aquí todos los niños que van disfrutan mucho en él, ya lo verás. – Mi hermana le sonrió dulcemente.

-          Eva, ¿y a ti? Que es lo que más deseas estudiar o hacer. – Me preguntó

 Le mire seria, no he sonreído en todo el rato que llevábamos en ese despacho, le miré a los ojos y pensé en una respuesta coherente, ya que mis padres me miraban con caras de súplica para que no dijera nada malo y espetar contra los reyes. Estábamos tan lejos de casa y sin un m*ld*t* céntimo. El reino de Loais era una gran oportunidad para ellos y se veían tan contentos que me daba rabia no poder hablar de lo que verdaderamente me gustaría.

-          Me gustaría poder ayudar a mis padres a no tener que trabajar tanto. Me gustaría que me dejaran a mí también trabajar, aquí o donde sea. – Dije, aguantándome las ganas de explotar y decir todo o que por mi cabeza pasaba. El rey asintió con una pequeña sonrisa.

-          Vaya, sois muy afortunados. Veo en ella un gran potencial y protección hacía su familia, supongo que ellos te dejaran trabajar cuando llegue el momento. – Me respondió.

En eso se oye un toque en la puerta, tras dar el permiso para entrar se abre la puerta dando pie a ver a dos jóvenes guapos y castaños, deben ser los hijos de los reyes, los príncipes. Eran del mismo tamaño casi, el que había a la derecha es un poco más alto, pelo castaño y ojos marrones como los del rey, también llevaba ropa cómoda, el de la izquierda un poquito más bajo, con el cabello negro corto y los ojos eran mezcla de ambos padres.

-          ¿Y vuestro hermano? – Preguntó la reina con amabilidad y cariño.

-          Ya sabes lo que le pasa siempre, él y su cabezonería de ir a entrenar. Está llegando del campo de entrenamiento. – Dijo el príncipe más alto.

-          Bueno, pues os presentare a vosotros antes, mientras que vuestro hermano llega. Ellos El de la derecha es Aamir, es el sungo de nuestros hijos, y el de la izquierda es Nouri, nuestro hijo pequeño. Falta Daray, que parece ser que no es muy responsable hoy. – Dijo la reina un poco triste.

De pronto, la puerta se abre para dejar ver a otro muchacho, mi corazón dio un vuelco al ver semejante hombre entrar. Por las caras de la familia real deduje que era Daray, el mayor de los príncipes. Su pelo era largo y estaba recogido en un moño, supongo que sería por lo que dijo Aamir. Su vestimenta estaba desaliñada, la camisa blanca manchada con barro por caer en el campo de entrenamiento, sus pantalones negros hasta las rodillas, también manchados de barro. Sus ojos eran verdes como los de su madre, solo había una diferencia, eran más brillantes y penetrantes. Estaba serio y nos miró uno por uno, empezando por mi padre y acabando por mí. Nos quedamos mirándonos fijamente el uno al otro.

-          Hermanito, ella no es comestible, ¿puedes prestar atención a padre? – Le dijo Nouri riéndose entre dientes.

-          Daray, después hablaremos de tu comportamiento hoy. Este es Daray nuestro hijo mayor, el príncipe heredero de Loais. – Lo presento la reina haciéndole ver que estaba enfada con él.

-          Si bueno, aquí está el cheque. Esta ya firmado y rellenado, e la serradora os dará todo lo que necesitáis. – Dijo dejando el cheque en manos de mi padre.

Mi padre lo leyó y tragó saliva. Algo malo pasaba.

-          Alteza, con esto no nos llega para reformar la casa entera. – Dijo con miedo en su voz.

Mis piernas reaccionaron demasiado rápido, sin ni siquiera darme cuenta, le quité el cheque a mi padre y lo leí, mis ojos castaños se abrieron de par en par y miré al príncipe. Me decía a mí misma que no dijera nada “cállate, Eva, contrólate. No digas nada de lo que luego puedas arrepentirte”. Pero fue en vano.

-          ¿Usted ha visto la casa en la que nos alojamos? Es un verdadero caos, *p*n*s hay techo, ni siquiera contiene una cocina para poder hacer la comida. Hay agujeros por todas partes y humedades. Esto no nos llega ni para la mitad del tejado. – M**rd*, esto no era bueno, ya no me podía controlar.

-          ¿Estas insinuando que no hago mi trabajo muchacha? -  Me pregunto con aires de superioridad.

-          Si, por supuesto, si es usted quien se dedica a ver estos defectos está claro que no los vio. – Dios mío, para mis palabras.

-          Señorita está usted ante el príncipe de Loais, y te prohíbo que me hables así. – Me espetó.

-          Y yo le digo que me da igual quien seas, yo no consiento que nos trate así. Gracias por nada alteza, y haga un favor y no use su título, da asco. – Le dije sin tener ni idea de lo que el me diría. Me di cuenta de que estaba cabreado.

-          Hare lo que me venga en gana, vete de palacio ahora y arregla tu casa, si es que sabes hacer algo que no sea insultar a los demás. – Me dijo con desdén.

Dicho eso, le devolví el cheque a mi padre y sin decir nada más abandoné el palacio con muchas cosas pasando por la cabeza, casi todas eran maldiciones hacia ese príncipe de pacotilla que se las daba de listillo y manda más. Cuando me di cuenta estaba delante de esa casa en ruinas y me decidí a repararla con o sin ayuda del príncipe y sus materiales inexistentes. Temía que llegaran mis padres y me regañaran por mis palabras, pero todo lo que dije era cierto, no vino a revisar la casa en la que una familia, de la cual, los padres van a trabajar para ellos. Pensé cuando le vi que era diferente, sus ojos me decían que era buena persona, que no sacaría su título a relucir, pero me equivoqué.

No se por lo que estoy más enfada si es por el hecho de que el cheque estaba mal, si era por sus palabras o por haberme dicho quién era. Estaba dolida y no lo entendía, me senté en el pequeño escalón que había antes de entrar en la casa y me puse a pensar. Me vino a la mente el momento en que ese hombre entro por la puerta, lo rápido que me latía el corazón, y tras ese pensamiento, se cruzó el momento en que nuestros ojos se encontraron.

Al recordar esto noté algo raro en mi estómago y mi corazón volvió a latir de aquella manera que nunca había sentido, hasta hoy. Tan metida en mis pensamientos estaba, que no oí los pasos de mi familia acercándose a mí. Los mire y sonreí tontamente para evitar que me regañen, pero mi padre ya venía tan enfadado y serio conmigo que no creo que me libre.

CAPITULO 2: CONOCERLA.

PUNTO DE VISTA DE DARAY:

Hoy me desperté muy nervioso, es como si algo fuera a pasar, debía ser bueno, ya que si fuese malo estaría de mal humor. No podía estarme quieto, así que me vestí para ir al campo de entrenamiento para relajar los nervios y poder hacer todo lo que hoy debía hacer. Fui al comedor y me senté en frente de mi padre. Estaba disfrutando de mi desayuno cuando me empezó a hablar.

-          Daray, por tu ropa deduzco que vas a entrenar. No llegues tarde hoy llega la familia de la casa que te dije que fueras a ver para recoger su cheque y saber las normar y como se trabaja aquí. Tu eres el encargado de ver esa casa y de entregar el cheque firmado y sellado. – Me dijo mi padre algo serio.

-          Cambia esa cara padre, estaré aquí antes de que te des cuenta, y sobre el cheque ayer fui a mirar las dos casas, la de esta familia y la del panadero, están los dos firmados y sellados listos para ser recogidos. -  Le expl

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