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Deseando a un extraño

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Annotation

Un encuentro inesperado lleva a Marcia Rosales a descubrir paulatinamente que su vida, la cual consideraba perfecta, está fundada en mentiras y secretos dolorosos, además que su esposo no es la persona que había creído hasta ese momento. En esta aventura, su mejor amiga se convierte en su apoyo incondicional y un hombre misterioso la lleva a revivir emociones y deseos que consideraba ya extintos. Esto le da fuerza y valentía para enfrentarse a cada una de las situaciones que se le presentan en el camino, hasta llegar a la verdad que cambiará su vida.

Capítulo 1

No podía exaltar más mi gratitud con la vida que en ese momento donde mis ojos se recreaban con la vista de un espléndido atardecer a orilla del mar, mi piel era adornada por pequeños granitos de arena y mi paladar se deleitaba con el sabor de un adictivo mojito cubano. Simplemente deseaba que las manecillas de mi reloj de cuarzo Daniel Wellington se detuvieran, teniendo así la excusa perfecta para no regresar a mi realidad. Siempre me ha parecido innegable la belleza de las playas del caribe mexicano sin desmeritar las de mi tierra natal, también en Colombia había tenido el placer de disfrutar de momentos gratificantes donde hermosos paisajes conjugados con el océano se convertían en el escenario perfecto para la búsqueda de la tranquilidad y porque no la vivencia de una que otra aventura, aunque ese no era mi caso, a pesar de que las tentaciones nunca faltaran.

Mientras yo disfrutaba de mi momento de paz, Alicia bailaba coquetamente con un turista argentino con el que había entablado conversación en la mañana. Se contorsionaba al ritmo de la música intentando seguirle el paso a aquel jovencito que la había cautivado con su cuerpo tonificado y ese bronceado que hacía su piel más atrayente a la inquietud de sus manos. Aunque ya la había reprendido en varias ocasiones por ese comportamiento, no dejaba de divertirme cuando ella se lanzaba como una adolescente a la conquista de aquellos hombres llenos de juventud y de vida en busca de un poco de cariño y de esa pasión que le ayudaba a sobrevivir a sus momentos de soledad. A pesar de su desjuicio y su forma de ser tan alocada, me alegraba que fuera mi amiga, siendo ella misma, simplemente Alicia, sin apariencias ni complicaciones.

Normalmente, su vida transcurría en un ir y venir por el mundo, siempre había amado viajar y aunque yo no entendía como hacía para sobrevivir, ella se las había arreglado para mantener ese ritmo sin nada que la atase a ningún lugar y menos a alguien. A pesar de que había intentado permanecer estable en algunas relaciones, su vida en pareja se hacía caótica cuando intentaban atarla a algún compromiso más formal, como si al igual que un ave migratoria no tolerara la idea de hacer nido en un solo lugar para siempre.

Nos habíamos prometido viajar juntas por lo menos una vez al año y allí estábamos, cumpliendo nuestra promesa. Era el único momento en el que me alejaba de todo y me dedicaba a mí, guiada por el entusiasmo contagioso de Alicia quien siempre me incitaba a llevar mi atrevimiento a otro nivel. Según ella debía salir de la monotonía de mi vida y probar algo fuera de casa, algo aparte de ese hombre que le parecía aburrido y que según su intuición no era de confiar. Entre risas frente a sus apreciaciones, yo defendía a capa y espada mi matrimonio de veintisiete años manifestándome incapaz de traicionar a mi esposo, resaltando ante mi amiga todas sus virtudes y lo feliz que era a su lado. Además, consideraba que una mujer como yo, cercana a cumplir un decalustro de vida no estaba para andar aventurando de esa manera, y aunque la naturaleza había sido benévola con mi físico, lo del coqueteo solo le salía a Alicia. Sumado a eso, tenía una reputación que cuidar ante mi familia y ante todo un país. No podía dar pie a que los medios de comunicación se lucraran a costa de un desliz donde la intachable Marcia Rosales, esposa de uno de los empresarios más importantes de Colombia, fuera la protagonista. Eso no solo representaría un escándalo social, también la recriminación y desprecio por parte de mi esposo y mis hijos.

Aprovechando nuestra última noche en México, Alicia y yo decidimos irnos a una discoteca cerca de la zona hotelera, era muy probable que yo terminara volviendo sola al hotel mientras ella se desordenaba por ahí con alguien un rato, ya la conocía demasiado. El lugar tenía un ambiente colorido y alegre, lo que más llamaba la atención eran los elementos decorativos propios de la cultura mexicana que resaltaban en las paredes como un símbolo de identidad ante esa mezcla multicultural y diversa de turistas que se daba cita allí para divertirse un rato. Si algo le agradecía a Alicia es que a su lado podía desinhibirme un poco de mis ataduras, así que comenzamos a bailar como dos muchachitas disfrutando del sonido de la música y de nuestros tragos, ella con su mezcal y yo con mi mojito cubano.

-Te están echando el ojo Marcia-susurró entusiasmada en mi oído- para que veas que sigues siendo guapa y que ese cuerpo tuyo todavía atrae miradas.

- ¡Estás loca mujer! -respondí riendo sin dejar de moverme al ritmo de la música.

-Al menos dale una miradita, ese galán la merece.

¿Por qué no darle gusto a mi traviesa amiga? Mientras su mirada picara me indicaba la dirección del sujeto, fui girando disimuladamente siguiendo el ritmo de la música hasta encontrarme con la figura de un hombre que en apariencia no tenía más de treinta años, con un cuerpo innegablemente atractivo y unos ojos negros penetrantes que sostuvieron mi mirada de manera decidida y retadora. Sus labios carnosos se humedecían con un sorbo de su trago y su mano derecha se acariciaba la barbilla de una forma insinuante. Confieso que ese leve momento fue una incitación al pecado, a dejarme llevar por la lujuria, imaginándome ardiendo de deseo y pasión entre sus brazos. De inmediato reprendí mi mente ante lo que consideré una falta a la fidelidad que merecía mi esposo, además era demasiado improbable, ese joven podría ser mi hijo. Me giré de nuevo hacia Alicia viendo como ella se divertía con mi reacción.

- ¡Te gustó! -aseveró con su picardía innata.

-Estás loca, creo que ya bebiste demasiado-manifesté algo cansada-deberíamos volver al hotel, recuerda que tenemos vuelo temprano.

-Está bien, quédate con las ganas, pero yo si voy a disfrutar lo que queda de la velada-respondió alejándose de nuestro lugar y acercándose a su conquista que llegaba con algunos amigos.

Típico, ya sabía que tenía que regresar al hotel sola. Aunque temía por su seguridad, no podía reprimirla en sus deseos, contrario a mí, Alicia había podido hacer siempre lo que se le había venido en gana, aunque para muchos sus actos fueran reprochables, ella de ese modo vivía feliz. A veces hasta la envidiaba, más en ese momento cuando percibí que esa mirada oscura y penetrante me seguía acechando sigilosamente como si su dueño fuese un lobo hambriento esperando la oportunidad para atacar a su presa. Para asegurarme que no cedería ante aquella tentación, correspondí con un gesto despectivo antes de tomar mi bolso y salir del lugar, para mí el resto de la noche se limitaba a descansar en el hotel mientras llegaba Alicia.

Capítulo 2

No había podido conciliar el sueño, me sentía inquieta porque no llegaba Alicia, pero más aún por esa mirada que no lograba sacar de mi mente. Sentí una extraña curiosidad de saber quien era el hombre de la discoteca, pero no me devolvería para averiguarlo, ante todo debía conservar mi lugar. Una hora más tarde los pasos de Alicia anunciaban su entrada cautelosa a la habitación, intentando hacer el menor ruido posible para no despertarme, sin embargo, mi desvelo seguía presente. Se sorprendió cuando encendí la luz, su semblante delataba su grado de alicoramiento, pero también una satisfacción más allá de lo que era habitual después de sus encuentros sexuales, o por lo menos de los que tenía cuando nos íbamos de viaje.

- ¿Cómo te fue? Al parecer la experiencia de esta noche ha sido inigualable-indagué con curiosidad.

-Fue única mi Mar, jamás imaginé que me encontraría con algo así en este viaje, esta noche será inolvidable, no alcanzas a imaginar cuanto.

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