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Al filo de tus labios

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Annotation

"Nunca he creído en el amor a primera vista ni en esos cuentos de mariposas en el estómago. Mi vida es simple, ordenada y, según mi hermana, terriblemente aburrida. Pero a mí me gusta así… o al menos, me gustaba, hasta que él apareció. Él es mi caos y mi adicción. Un pecado disfrazado de tentación. Su mirada incendia todo a su paso, sus palabras son trampas en las que caigo sin remedio, y su presencia es un huracán que desmorona cada una de mis certezas. Lucho por mantenerme firme, por aferrarme a la cordura, pero con cada encuentro, la batalla se vuelve más imposible. ¿Cómo alguien que me desespera puede ser también la única persona que deseo con cada fibra de mi ser? Y lo más aterrador de todo… ¿por qué, aun sabiendo el peligro que representa, no puedo alejarme de él?"

Chapter 1

Adriel

Estaba terminando de empacar cuando Amelia, el ama de llaves, llamó a mi puerta.

—Joven Adriel, la señorita Roxana está aquí. Vino a despedirse.

Me quedé en silencio un momento, con la maleta a medio cerrar. Ayer por la noche, mis amigos de la universidad me sorprendieron con una fiesta de despedida. La llamé, le pedí que viniera, pero se negó con la excusa de que no estaba en la ciudad. Sabía que era mentira. Desde que le conté sobre mi viaje a Perú, ha estado distante, como si algo la inquietara. O tal vez, después de tantos años fingiendo que aquello que pasó entre nosotros no significó nada, ahora se estuviera resquebrajando su coraza.

Bajé las escaleras de prisa. Por mucho que trate de alejarse, sigue teniendo ese poder sobre mí.

Amelia desapareció en la cocina, dejándonos solos.

—Creí que no volvería a verte —dije al llegar a su lado.

—Estás loco si pensaste que te dejaría ir sin despedirme —su voz sonó suave, pero firme, antes de estrecharme entre sus brazos—. Te voy a extrañar.

—Yo también. —Mi voz salió más ronca de lo esperado. La envolví entre mis brazos, inhalando su aroma embriagador, esa mezcla de flores y deseo reprimido que siempre la rodea.

Se apartó *p*n*s lo suficiente para mirarme con esos ojos verdes que siempre han sido mi perdición.

—No tanto como yo. —Suavizó su tono con un suspiro arrastrado, y antes de que pudiera responder, sus labios rozaron los míos en un beso efímero, ligero, tentador.

Sentí sus manos recorrerme, subir por mis hombros con esa familiaridad peligrosa que encendía cada fibra de mi ser. Mi pulso se disparó, y por unos segundos, volví a ese sueño prohibido que tantas veces había intentado enterrar. Roxana siempre sabe cómo hacerme caer, cómo debilitar mi resistencia con un simple roce, con la promesa tácita de lo que podríamos ser si ella lo quisiera.

Pero no lo quiere. Nunca lo ha querido.

Para ella, siempre ha sido un juego. Un fuego que enciende a su antojo, solo para dejarlo arder sin consumirse por completo.

Respiré hondo y, con esfuerzo, rompí el beso, sosteniéndola de los hombros.

—Estoy comprometido, Roxana. Lo que fuimos, lo que tuvimos… terminó hace dos años.

Ella no pareció afectada. Al contrario, sonrió con esa malicia encantadora que me hacía perder el control.

—¿Vas a negarme el último beso? —susurró.

—¿Solo uno? —pregunté, más para convencerme a mí mismo que a ella.

Roxana inclinó la cabeza y, sin apartar sus ojos de los míos, sonrió.

—No lo prometo.

Y antes de que pudiera reaccionar, atrapó mis labios de nuevo, devorándome con esa pasión que siempre me hacía olvidar quién era, adónde iba y a quién pertenecía mi lealtad.

Unos segundos después, toma mi mano y, sin decir una palabra, me guía de vuelta a mi habitación. Su piel arde contra la mía, su respiración es entrecortada, y el leve temblor en sus dedos cuando entrelaza su mano con la mía me delata que está sintiendo lo mismo que yo. No quiero pensar, no quiero razonar. Solo quiero perderme en ella una vez más.

*p*n*s cruzamos la puerta, el fuego que siempre ha ardido entre nosotros nos consume sin piedad. Me empuja contra la pared con urgencia, y su boca se funde con la mía en un beso hambriento, devorador, como si el mundo pudiera acabarse en este preciso instante. Su lengua se enreda con la mía, reclamándome, mientras sus manos recorren mi pecho, abriéndose paso bajo mi camisa con desesperación.

Gime contra mi boca cuando deslizo mis manos por su espalda, bajando hasta sus caderas, aferrándome a ella con la fuerza de un hombre que sabe que está a punto de perderlo todo. Mis labios dejan los suyos para recorrer la piel de su cuello, dejando un rastro de besos y mordiscos que la hacen jadear.

—Dime que aún me deseas —murmuro contra su oído, sintiendo su cuerpo temblar bajo mi toque.

—Siempre te he deseado, idiota —responde entre jadeos, clavando las uñas en mi espalda.

Con un movimiento rápido, me libera de la camisa y la lanza al suelo. Yo hago lo mismo con su blusa, dejando al descubierto su piel caliente, suave y vulnerable ante mi mirada. Mis labios recorren su clavícula mientras mis manos bajan por su cintura, sintiendo cada curva, cada centímetro de su cuerpo temblando bajo mi tacto.

Me empuja hacia la cama con una sonrisa ladina, su cabello revuelto y su respiración agitada, con esa mirada de fuego que siempre me ha vuelto loco. Se sube sobre mí, y sus labios vuelven a reclamarme, pero esta vez no hay prisa, solo la urgencia de memorizar cada sensación, cada roce, cada suspiro.

Su piel contra la mía es un pecado al que no quiero renunciar. Sus manos recorren mi pecho, bajan lentamente, dejando un rastro de calor y electricidad. Cada caricia es una tortura deliciosa que me hace estremecer.

—Dios, Roxana… —gimo, aferrándome a sus caderas, sintiendo su cuerpo moverse lentamente contra el mío, encendiendo cada nervio de mi ser.

Ella sonríe, con esa seguridad seductora que siempre ha tenido sobre mí, y se inclina hasta que sus labios rozan mi oído.

—Quiero que me hagas tuya una vez más… pero esta vez, sin reservas.

Y eso es todo lo que necesito para perder el control.

Nos entregamos a un frenesí salvaje, sin importar que esta sea la última vez. El mundo desaparece, el tiempo se detiene. Solo somos ella y yo, cuerpos entrelazados en una danza prohibida, besos desesperados, gemidos ahogados en la penumbra.

La habitación se llena de jadeos y susurros cargados de deseo. Su piel contra la mía, su boca explorando cada rincón de mi cuerpo, mis manos aferrándose a ella con fuerza, como si pudiera retenerla en este instante para siempre.

Y cuando el clímax nos alcanza, lo hace con la intensidad de una tormenta. Nos aferramos el uno al otro, jadeantes, exhaustos, aún temblando por la pasión desbordante que nos ha consumido.

Roxana me mira, sus ojos brillando entre la penumbra. Y entonces, lo veo en su expresión. Esto es un adiós.

 

Chapter 2

ADRIEL

Mi corazón se retuerce, pero no digo nada. Solo la abrazo, grabando en mi mente el calor de su cuerpo contra el mío, la forma en que su respiración se calma poco a poco.

Porque sé que cuando salga por esa puerta, se llevará con ella más que solo una parte de mi vida. Se llevará un pedazo de mi alma.

 

Roxana fue mi primera vez, la única capaz de sofocar este fuego interno. Cada centímetro de su piel es un recuerdo marcado en mi memoria, una necesidad que se despierta con su simple roce. Su cuerpo es un refugio en el que siempre termino cayendo, una adicción de la que nunca he sabido desintoxicarme del todo.

Decimos que es solo s*x*, sin compromiso, sin ataduras. Un acuerdo silencioso que hemos repetido tantas veces que ya debería ser verdad. Pero… ¿a quién engañamos? Yo mismo me lo repito, como un mantra inútil, antes, durante y después de poseerla. Lo susurro en mi mente con cada beso, con cada jade

Heroes

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