
Seré el Villano Esta Vez
- Genre: LGBTQ+
- Author: Elina Hope
- Chapters: 60
- Status: Ongoing
- Age Rating: 18+
- 👁 134
- ⭐ 7.5
- 💬 1
Annotation
Riven D’Argento no pidió despertar en el cuerpo de un joven noble, tan bello como un pecado y tan rico como un dios. Sin embargo, cuando el destino —o alguna entidad caprichosa— le concede una segunda vida, no duda en tomar las riendas con toda la ferocidad que su primera existencia le negó. Pobre, olvidado y traicionado una vez, esta vez Riven está decidido a dejar huella… aunque sea a base de escándalos, alianzas turbias y una reputación cuidadosamente construida como el villano más fascinante del Imperio de Aurelthar. Carismático, implacable y peligrosamente inteligente, se abre paso por los salones de la alta sociedad con una sonrisa envenenada y un plan en marcha: elevarse por encima de todos. Nada parece detener su ascenso… hasta que aparece Zackarion Blackthorn. Heredero perfecto. Héroe de guerra. Paladín incorruptible del deber y el honor. Desde su primer cruce de palabras, Zackarion lo desprecia. Y Riven, por supuesto, queda fascinado. Lo que comienza como un juego de provocaciones se convierte en una guerra de voluntades: la tensión crece, el deseo arde bajo la superficie, y cada encuentro deja cicatrices invisibles. Zackarion representa todo lo que Riven ha jurado destruir… y todo lo que, en el fondo, su corazón no ha dejado de anhelar. Pero más allá del coqueteo afilado y las sonrisas cargadas de veneno, se entretejen fuerzas más oscuras: intrigas políticas, legados rotos, secretos familiares que amenazan con arrasar lo que ambos han construido. Y en medio de todo ello, una pregunta se impone, silenciosa pero implacable: ¿Puede alguien como Riven D’Argento ser amado sin condiciones? ¿Y cuánto está dispuesto a sacrificar alguien —incluso su enemigo— por descubrirlo?
Capitulo 1
Cuando la vida te ha dado una paliza tras otra, aprendes a valorar incluso las pequeñas victorias. Un día sin tragedias, una comida caliente, una sonrisa sincera… tonterías para muchos, milagros para algunos.
Y sí, la mía ha sido una vida de m**rd*. Un completo y absoluto desastre.
A veces pienso que en otra existencia debí haber hecho algo imperdonable. Tal vez fui el causante de la extinción de los dinosaurios… o inventé el racismo. Quizá la esclavitud. Porque, honestamente, no encuentro otra explicación para tanta saña del universo conmigo.
Me llamo Eleuterio. Lo sé…
¿Quién en su sano juicio le pone ese nombre a su hijo?
La respuesta es fácil: unos padres que luego lo dejan abandonado en el peor orfanato del país.
Pero no te voy a aburrir —al menos no todavía— con mi historia completa. Vamos directo al final:
Mi novio me engañó, en mi propia cara, con mi mejor amigo. Perdí todo lo que había logrado con años de esfuerzo, sudor y horas de trabajo miserables. Y por si fuera poco, al día siguiente terminé en el hospital. ¿La razón? No era el agotamiento. Ni el estrés. Era cáncer. Terminal.
Dicen que cuando la vida te da limones, debes sonreír y hacer limonada.
Yo ya tengo suficientes para abastecer una fábrica. Y si encima sonríes, las personas te exprimen los limones en los ojos.
Eso aprendí.
Así que, cuando el dolor por fin terminó y la enfermedad me liberó, sentí algo parecido a la paz.
Por primera vez, descansé. Hasta que desperté.
Y descubrí que estaba… ¿vivo? ¿Reencarnado? ¿Poseído? ¿Trasladado de cuerpo? Llámalo como quieras.
Lo único que supe en ese momento fue que seguía existiendo. Y no fue una revelación esperanzadora. Fue un grito de furia.
De esos gritos profundos, rotos, como el llanto de un niño al que se le cae el helado y justo pasa un anciano que se lo pisa. No puedes culparlo… pero igual lo odias.
Mi primer impulso fue enterrar la cara en la almohada y gritar.
Una almohada suave. Muy suave.
Tan cómoda que me obligó a detenerme.
Me incorporé, desconcertado, y por primera vez miré realmente a mi alrededor. Una habitación amplia, luminosa, hermosa.
Sin exagerar, al menos el doble —quizá el triple— de grande que mi antiguo departamento.
Miré mis manos.
Blancas. Delicadas. Hermosas.
Nada de callos. Ni cicatrices. Ni una sola marca que delatara una vida de esfuerzo.
Eran manos suaves, de esas que solo han conocido sedas, plumas o el calor de una copa de vino bien servida.
Sin duda, unas manos que jamás han trabajado… y que no planean empezar a hacerlo ahora.
No voy a mentirles: sentí una chispa de ilusión encenderse en mi pecho.
¿Y si ahora soy rico?
O mínimo… ¿el amante bien mantenido de alguien con dinero?
Mira, mientras me den buena vida, a mí no me molesta. Que me pasen la dentadura del abuelo, yo se la lavo con gusto. Con cepillo, hilo dental y enjuague, si hace falta. Todo antes que volver a arrastrarme en jornadas laborales inhumanas.
Me incorporé con una agilidad que no recordaba haber sentido jamás. Mi cuerpo se sentía liviano, firme, vibrante. Como si la gravedad me tratara con más amabilidad que de costumbre.
¿Y hay algo más hermoso que eso?
Sentirte vivo. Realmente vivo. No como ese cadáver funcional que uno arrastra cuando tiene tres empleos, insomnio y cáncer terminal.
Entonces me vi en el espejo.
Y… j*d*r. Tuve que sentarme de nuevo en la cama.
No es por exagerar —aunque quizás sí—, pero lo que vi fue una maldita obra de arte.
Piel pálida, como porcelana perlada. Ojos lila, grandes y brillantes, como gemas bajo el sol. Y el cabello…
Un rojo intenso con reflejos naranjas, cayendo en capas suaves hasta los hombros, como si hubiera salido de una ilustración de revista de moda… o de una fantasía muy específica en internet.
¿Y cómo es que ese pelo luce tan perfecto recién despertado?
Misterios de la vida, mis queridos lectores. O ventajas exclusivas de los guapos. O de los ricos. Yo no fui ninguno de los dos en mi vida anterior, así que ni idea.
Pero lo importante aquí es esto: Soy guapo. Jodidamente guapo. Y, por cómo luce esta habitación, probablemente también sea rico. O algo parecido.
Porque, vamos a ver…
El cuarto es enorme, decorado con un gusto exquisito. Columnas de mármol claro, ventanales con cortinas de terciopelo, molduras doradas y muebles de madera oscura que huelen a lo que siempre imaginé que huelen los castillos.
Todo el lugar tiene ese aire entre lo victoriano y lo sacado de un cuento de hadas. O de un cómic lujosamente dibujado.
Fue inevitable preguntarme: ¿Estoy en el pasado? ¿O reencarné en otro universo, de esos con reyes, espadas y magia?
No tengo idea, y tampoco me importa demasiado, si soy honesto.
Caminé hacia el armario —más grande que mi antigua cocina— y lo abrí.
Ropa. Mucha ropa. Telas gruesas, bordadas con hilos dorados y plateados, capas, gemas incrustadas, cadenas…
Joyas reales. No bisutería barata del mercadito.
Esto es lo que se pondría alguien con dinero, poder… o con suficiente belleza para que se lo pongan otros.
¿Extrañar el Wi-Fi? Por favor.
Siempre puedo arrancar un par de piedras de estos trajes y venderlas. Con lo que me den, me armo una vida tranquila y me compro lo necesario para entretenerme.
Porque, siendo realistas, si esto no es mi casa y solo soy el juguete bien vestido de alguien más…
Igual salgo ganando.
Con este rostro y este cuerpo, estoy seguro de algo: El destino, por fin, me debe una buena racha.
Aunque, siendo honestos, con mi historial, esto me huele a trampa. Toda la vida me fue mal. Ahora soy rico, guapo… ¿rico y guapo? Algo definitivamente está por salir mal. Lo siento en los huesos, como quien presiente una tormenta.
Nada es tan perfecto, chicos. Recuerden siempre esto:
Si algo se ve demasiado bueno para ser verdad, es porque probablemente tiene algo podrido detrás.
Aplica en cualquier ámbito de la vida.
Tome una campanilla que estaba sobre la mesita de noche y la hice sonar, listo para empezar mi nueva vida…
Chapter 2
De acuerdo, lectores… ¿adivinen qué?
¡Soy rico!
Pero, si recuerdan lo que les dije antes —que si algo se ve demasiado bueno es porque trae algo podrido detrás— pues resulta que tenía razón. Sí, soy guapo, rico y tengo un apellido poderoso. Peeeero… (porque claro, siempre tiene que haber un "pero"), resulta que parte de mi familia me odia.
A ver, según lo que logré sacarle a la empleada, parece que soy el hijo de uno de los duques más importantes del imperio. Porque sí, ¡estoy en un imperio! Pero ya hablaremos de ese detalle luego… ahora hablemos de lo verdaderamente importante: yo.
Mi padre está en algún lugar lejano, haciendo no sé qué con mis dos hermanos mayores, y yo me quedé aquí con mi tía y dos primos. Técnicamente, esta casa es mía porque pertenece a mi padre, pero claro, eso no evita que me traten como si fuera una cucaracha con corona.
Y sí, aparentemente mis primos y mi tía me odian. Dic











