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¿Puedo llamarte ésta noche?

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Annotation

Si hubiera sabido que su problemática vida iba a tornarse aun más caótica por su culpa, nunca habría asistido a esa fiesta. Aquellas miradas nunca habrían hecho que su corazón se emocionara de una forma que no le encantaba. Le aterraba lo desconocido. Le atemorizaba saber que todo lo que ha pensó hasta ahora, cambió de un momento a otro, por él. Seguiría siendo un mal hijo. Continuaría con su tarea de averiguar qué demonios haría luego de que se graduara de la preparatoria con la presión familiar encima de sus hombros. Reiría hasta que su estómago doliera por las estupideces de sus amigos. Y por supuesto, no lloraría tantas veces en un solo año. Pero un solo error... puede cambiarlo todo. Aron sin querer llama a Chase por la noche pensando que es su mejor amiga, Willow. Él ni siquiera está en sus cinco sentidos después de tomar lo poco que le quedaba de licor, en un fallido intento por olvidar los problemas que últimamente han estado atosigando su desastrosa mente. Un amor que no debería existir. Unos padres que han vivido para recordarle el horrible desastre que es. Un desconsuelo por no poder expresar lo que se guarda en el fondo de su desperfecto corazón. Por lo que un montón de información sale atropellada de su boca, y con eso, sus malditos sentimientos por Chase. Chase ahora sabe su secreto más oscuro, y no supo qué pensar cuando él simplemente colgó la llamada. Lo entendía perfectamente. Era anormal que a un chico le gustara otro. ¿Pero por qué dolía de todas formas?

Introducción

Aron posee más problemas de los que le gustaría hablar. Todos puestos sobre sus hombros a causa de sus padres, y en parte por él mismo en busca de conseguir la “perfección”. Estar en el último año de preparatoria haciendo lo mínimo para obtener buenas notas teniendo unos padres exigentes sonaba como el requisito obligatorio para poder cruzar la etapa de su cansada adolescencia.

Tampoco daba todo de sí mismo porque estaba desgastado hasta la m**rd*. Hace años que tenía el pensar que sus padres no buscaban nada más que tener algo de lo que jactarse, un buen hijo que no se metía en problemas y en ninguna circunstancia los dejaría en ridíc*l*. Aron… solo se reía escuchándolos hablar “orgullosos” de lo buen hijo que era. Los demás actuaban sorprendidos, deseando que sus hijos fueran del mismo modo que él. Presionado por su propia familia, en el desconcierto de cuál será su futuro, o cómo demonios hará para confiar en ellos cuando lo único que hacían era juzgarlo.

Pero en su interior, temía que sus padres vieran este lado suyo que no era nada fuera de lo normal. Pero para ellos… oh, sería como ver el fin del mundo frente a sus ojos.

¿Un buen futuro? ¿Una prestigiada universidad? ¿Ser un profesional? Tenía dieciocho años. Lo único en que estaba pensando era en qué malgastar su tiempo libre, cómo robar dinero para colaborar para una botella de alcohol e intentar sobrevivir a los estudios.

Aron deseaba no ser así, pero ganas no le quedaban para continuar fingiendo que su vida estaba en perfectas condiciones. Las peleas absurdas son el pan de cada día, los mismos temas se repiten hasta que no queda nada más que silencio en su hogar cuando las puertas se cierran. El dolor en su pecho no pasa desapercibido y lo odia. Porque odia sentirlo. No dejar escapar todo lo que se le estaba acumulando dentro.

Sin embargo, todo estaba bien cuando se encontraba con sus amigos.

Pero de un día para otro, todo comenzó a caer en un horrible declive que solo Aron percibió. Ni sus padres, ni sus amigos tuvieron que ver cuando el tiempo se detuvo frente a él una noche del sábado. Recién escapado de casa, riéndose en alto por la música alta dentro del salón tan pequeño, con la botella de vodka entre sus manos. Parpadeando repetidas veces hasta que no quedó nada más que su seria expresión observando al chico frente a él. Tenía las mejillas rosas y se notaba que estaba pasado de copas por la forma en que su cuerpo se movía en la silla, casi que cayéndose encima de lo que parecía ser su amigo.

Cuando pudo darse cuenta, un escalofrío recorrió su espalda casi que dejando caer la botella al suelo si no fuera por Isaac. Su corazón latía con rapidez, producto del susto, pero sus cejas fruncidas decían más de lo que podía explicar, sus ojos se desviaron hacia ese chico que conocía de paso. Saliva pasó con dificultad por su garganta al encontrarse con sus ojos marrones en su dirección, enarcando una ceja.

Y… lo que hizo fue reírse mirándolo de pies a cabeza en un intento estúpido de ignorar los nervios. Era un tipo… atractivo. ¿Pero por qué se le complicaba tanto admitirlo de una forma… amistosa? Él… no era gay.

Pelear consigo mismo era lo peor que estaba haciendo porque ni él mismo estaba seguro de lo que le gustaba. Nadie ayudaba preguntándole lo que le pasaba cuando él estaba cerca, ni mirando en su dirección porque no eran conocidos. Sin embargo, desde esa fiesta, desde esa pequeña observación a un Chase ebrio luciendo… divertido, mirarlo era una tentación y un pecado al mismo tiempo.

La insistencia de sus padres no ayudaba. Cada vez era más propenso a tomar por las noches en busca de dejarse llevar por la horrible sensación de estar en una montaña rusa. Cada vez que lo hacía, era inevitable pensar en el rumbo que estaba dando su vida y…

Aron sin querer llama a Chase por la noche pensando que es Willow. Ya no soportaba estar ocultándolo, pensar que era un gusto extraño solo lo había empeorado porque ahora quería indagar más en él. ¡Pero no sabía por dónde empezar, estaba volviéndose loco, por la m**rd*! Tenía miedo que Willow no lo tomara en serio, o en el peor de los casos, lo aborreciera por… estar gustándole alguien que no era una mujer. En los dos casos, lo prefería que seguir ahogándose todas las noches para olvidarlo.

Él ni siquiera está en sus cinco sentidos después de tomar media botella del licor que guarda su mamá bajo llave, por lo que un montón de información sale atropellada de su boca y con eso, su gusto por Chase. Nervioso, sin estar al corriente de su realidad, simplemente sacando todo entre gritos ahogados y enfadados. ¿Cómo era posible? ¿Por qué él? ¡Estaba tan seguro de que le gustaban las chicas! ¡Estuvo…! Tan seguro que de que estaba hablando con… Willow…

Chase ahora sabe su secreto más oscuro y no supo qué pensar cuando él simplemente colgó la llamada.

Lo entendía perfectamente, era anormal que a un chico le gustara otro.

Capítulo Uno.

Aron iba camino a clases con las manos en los bolsillos de su pantalón, escuchando música tan alta que de subirse un poco más rompería sus tímpanos, pero era todo para no escuchar el bullicio de la multitud de estudiantes que invadían el pasillo a solo unos cuantos minutos de que el primer timbre sonara. Por pura suerte, esta vez sí se levantó a tiempo para no llegar tarde otra vez.

Aunque era más que probable que mañana volviera a llegar tarde como siempre, los castigos del profesor Adam le importaban tan poco como su clase. La última vez lo había amenazado con dejarlo cargando una cubeta de agua encima de su cabeza y no sintió ningún tipo de arrepentimiento en sus palabras, en definitiva, no le creyó. Hasta las ganas de hacerle saber que podría hacerlo picaron en su garganta, pero por el bien de su dramática mamá, no lo hizo.

Ese tipo era demasiado exigente como para tratar con chicos de secundaria, o simplemente disfrutaba del sufrimiento ajeno, quién sabía.

Sin

Heroes

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