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El secreto de Galesteia
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El secreto de Galesteia

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Annotation

Fiore y Connor son un par de mellizos que nacieron en la familia imperial del reino de Galesteia, por orden de su padre, el emperador Connor deberá ascender al trono en cuanto cumpla la mayoría de edad pero mala suerte de este, meses antes de la coronación Connor desaparece sin dejar rastro y ahora Fiore por una orden de su padre tendrá que hacerse pasar por su hermano hasta que este aparezca, ahora Fiore tendrá le tendrá que ocultar la verdad a todos los que le importa. En cuanto su verdadera identidad sea revelada el juego se termina para todos.

Chapter 1

En un mundo dónde aún gobernaba la realeza, en una nación dónde aún se regían por normas como el machismo, nacieron en el seno de la familia imperial un par de mellizos idénticos, sus ojos eran del color del zafiro y sus cabellos eran blancos, tan blancos como la nieve que incluso podrían ser capaces de camuflarse en esta.

Eran los bebés más lindos de todo el imperio o al menos eso era lo que decían los aldeanos "La niña se llamará Fiorella y el niño se llamará Connor" proclamó el emperador en aquél entonces.

Han pasado diecisiete años desde aquél suceso.

—Su majestad, le hemos traído el desayuno —dijo uno de los cocineros tendiéndole un plato de comida al joven príncipe e inclinándose levemente.

—Hm, está bien, puedes dejarlo sobre la mesa por favor —respondió con voz áspera el joven príncipe que se encontraba envuelto entré sus sábanas.

Tan pronto como el cocinero salió de la habitación del joven príncipe, el joven príncipe dejó escapar un gran suspiro de alivio pero su tranquilidad no duró mucho pues fue interrumpido por el amigo y confidente de la familia imperial.

—¿Por que entra tan de repente? ¿Ah ocurrido algo? —preguntó el joven príncipe volviendo a cubrirse con sus sábanas.

—Es hora de sus clases su excelencia —dijo el señor Antony—, el día en que usted se proclame el nuevo monarca de este imperio está muy cerca y para ese entonces debe de conocer todas las leyes que nos rigen.

—¿Realmente tengo que hacer eso? —el príncipe Connor habló con molestia.

—Ya hemos hablado de esto, señor —Antony parecía regañar con la mirada al muchacho— su majestad, ya no es un niño, ahora tiene obligaciones que cumplir.

«No es como si me quedara de otra» pensó el príncipe.

—Está bien, voy en un momento —respondió el joven con resignación.

—Lo esperaré abajo para sus lecciones —Antony se dirigió hacia la salida pero antes de dar otro paso recordó que tenía otro anuncio para el príncipe— casi lo olvido su majestad, me informaron que la princesa Fiorella tuvo que salir a la ciudad vecina de Firis y no regresará hasta el día de la coronación, con su permiso —habiendo dicho esto el señor Antony salió de la habitación del joven príncipe.

—Por supuesto —dijo el príncipe con desinterés.

«Uf, ¿Como podré hacer esto?» pensó Connor.

El joven príncipe se paró frente al espejo y tocó su reflejo, su cabello blanco estaba desordenado, su ropa consistía en un pantalón color blanco decorado con cadenas de oro sujetados por los bolsillos, su camisa manga larga era blanca y sus zapatos negros muy bien lustrados, todo era de la mejor calidad.

Su aspecto detonaba delicadeza, no se podía esperar más del príncipe Connor, el heredero al trono del país de galesteia.

Aunque a decir verdad, sus facciones se veían algo afeminadas.

—Supongo que es algo que no se puede evitar, me convertiré en el mejor emperador que este país haya tenido e incluso superaré a mi padre —el chico sonrió ante su imagen, poco después esa sonrisa se desvaneció dejando ver una expresión de angustia— ¡Cómo si pudiera decir eso! —exclamó colocando su mano derecha sobre su pecho— Yo soy Fiorella Evangeline Galesteia Sirius hermana gemela de Connor Michael Galesteia Sirius y yo... No sé que hacer.

«¿Dónde te encuentras hermano?» pensó la chica antes de salir de su habitación con un disfraz tan perfecto que sería difícil que alguien la reconociera.

***

*Dos días antes*

—¡Majestad! ¡Majestad! —los gritos de Fiorella resonaron por todo el jardín del palacio pero por más que gritaba no obtenía ninguna respuesta por parte de su hermano, aquel chico se decía a si mismo un aventurero, nunca se quedaba quieto ni permanecía en el mismo lugar por mucho tiempo, pero de entre todas las cosas había algo que detestaba y eso era...— ¡Michael!

—¡Hey! ¿Cuántas veces te tengo que decir que no me llames así? —alguien habló desde lo alto de un árbol.

Sí, lo que más odiaba el joven príncipe era su segundo nombre.

—Hasta que por fin lo encuentro majestad, el emperador ah dicho que solicita su presencia —dijo la chica.

—¿Ahora? ¿No le puedes decir que estoy un poco ocupado? —se excusó el príncipe.

—Claro, le diré que está muy ocupado trepando árboles.

—¡De acuerdo! ¡De acuerdo! Iré ahora mismo —el chico se dió por vencido.

De un salto logró llegar al suelo y aplaudió emocionado el hecho de haber aterrizado de pie.

—¿Ahora se ah convertido en un gato sin que yo me diera cuenta? —bromeó su hermana.

A pesar de ser de diferentes géneros se llevaban muy bien, era el hecho de ser mellizos que los hacía tener un vínculo muy fuerte.

—Oye Fiore —se dirigió a su hermana— en una semana el circo llegará a la ciudad ¡Tenemos que ir! —exclamó con emoción en sus palabras.

Fiore negó con la cabeza, lo que a su hermano parecía gustarle a ella parecía disgustarle.

—No podemos majestad, ya no somos unos niños, ahora tenemos obligaciones que debemos cumplir —respondió la chica.

Por su parte Connor parecía molesto por la forma en que su hermana se dirigía a él.

—Deja las formalidades, no somos desconocidos.

—Pero hermano, tengo que hacerlo, muy pronto serás el nuevo emperador y tengo que ir preparando mi forma de dirigirme a tí.

Connor frunció el ceño, no le gustaba para nada la forma de pensar de su hermana.

—Fiore... ¿Recuerdas la promesa que hicimos cuando éramos niños? —preguntó mirando a su hermana por el rabillo del ojo.

—¿Que promesa? —Fiore parecía confundida, no sabía de que promesa estaba hablando su hermano.

Connor bufó con molestia.

—Olvida lo que te dije, no es nada importante.

La chica parecía querer decir algo pero no pudo articular palabra alguna, Connor siguió todo el camino sin siquiera dirigirle la palabra.

"Sumisa" esa fue una de las palabras que dijo Connor que describía a su hermana, quería que ella tuviera sus propios ideales y no los que le habían implantado.

—Permiso —dijo la chica entrando al estudio del rey Tristán— Connor está aquí su excelencia.

—Hazlo pasar —dijo el rey con firmeza.

—¿De que querías hablarme? —se dirigió de manera informal a su padre haciéndolo molestar.

—¿Que es esa manera de hablarle a tu padre? Y más aún si se trata del emperador de la nación en dónde vives —le regañó su padre.

—¿Eso es todo lo que querías decirme? —habló ignorando las quejas de su padre.

Su padre frunció el ceño. Por mucho que el emperador lo pensaba, no podía entender la razón por la cuál su hijo se comportaba así, desde pequeño le habían inculcado buenos modales, incluso su hermana era más recta que él, al menos ella era la única que obedecía al pie de la letra las ordenes de su padre.

—No, eso no es lo que quería decirte —comentó el emperador—, lo que quería decirte es lo siguiente —se aclaró la garganta para poder hablar y miró fijamente a su hijo— como sabes en tres meses cumplirás 18 años, el día en el que cumplirás la mayoría de edad y serás un adulto, ese día serás coronado el nuevo monarca de esta nación.

—Sí ¿Y? —el chico habló con desinterés.

—Connor, por favor —pidió su hermana.

—Bien, continuando con lo que estaba diciendo —dijo su padre haciendo caso omiso de la arrogancia de su hijo— eh tomado la decisión de cambiar un par de cosas con respecto a tus clases, a partir de ahora dejarás la arquería y la equitación y vas a estudiar las leyes del reino y su economía.

—¿Ah? ¡Pero padre! —se quejó el chico— ¡Ya te eh dicho que no quiero ser el emperador! —el joven príncipe gritó con frustración.

—No te estoy preguntando si quieres serlo o no, es tu destino como...

—El heredero ¿No? ¡Entonces desearía no serlo!

Antes de que el emperador pudiera decir algo, el chico salió de la habitación con los pasos acelerados.

—¡Hermano! ¡Hermano! —gritó Fiore siguiendo al chico hasta el establo— No hagas enojar a papá, el sólo quiere lo mejor para nosotros.

—¡No! ¡Él sólo quiere lo mejor para este lugar! Jamás se ah preocupado por nosotros —se quejó el chico.

—Pero hermano ¿A dónde irás? —preguntó Fiore al ver que su hermano sacaba a uno de los caballos.

—Solo quiero aclarar mi mente, si me quedo aquí siento que me voy a volver loco —habló el chico montando su corcel blanco.

—¿Volverás? —caminó hacia él con preocupación.

—Claro que sí tonta —sonrío dejándole ver a su hermana que no tenía nada por lo cuál preocuparse— no es como si tuviera otro lugar dónde quedarme, regresaré hasta el anochecer cuando todos estén durmiendo —Connor comenzó a avanzar pero una idea surgió en su mente— ¿Quieres venir? —extendió su mano hacia su gemela.

Esta dudó un segundo, parecía querer tomar su mano pero al final optó por rechazar la invitación de su hermano.

—¿Cómo puedes ser tan egoísta hermano? ¿Por que sólo piensas en ti?

Connor frunció el seño ante las palabras de su hermana.

—¿Es egoísta ver por mis propios intereses? Dime algo Fiore ¿No te cansas de este lugar? ¿No estás cansada de ver las mismas paredes todos los días? Ver las mismas caras, escuchar las mismas voces, por que yo sí, me gusta salir a explorar, ser un alma libre y tú, por miedo a nuestro padre, jamás has salido al mundo exterior ¿A qué le temes tanto? —con palabras directas se enfrentó a su hermana.

Fiore empuñó sus manos, no quería escuchar ese tipo de cosas que solo la hacían quedar como una cobarde.

—¡¡¡ESO NO ES VERDAD!!! —gritó Fiore sorprendiendo así a su hermano pues ella nunca gritaba a menos que estuviera realmente furiosa —yo soy muy feliz viviendo aquí, todos los días nos traen el desayuno a la cama, nuestra ropa siempre está tan planchada y limpia, si queremos algo lo tenemos, no tenemos que preocuparnos de nada, nuestros sirvientes hacen todo por nosotros —expresó sus pensamientos Fiore.

Connor miró a Fiore con disgusto, no podía creer que eso era lo que pensaba su hermana.

—Eso sólo demuestra que no eres independiente, sólo quieres recibir atención y eso es exactamente lo que yo no quiero y aquellos a los que llamas "sirvientes" —hizo comillas con los dedos— son personas Fiore, como tú y como yo —expresó el chico— Por cierto, creo que te estás enojando con la persona equivocada —fueron las últimas palabras de Connor antes de marcharse del palacio imperial.

«¿Dices que soy un egoísta? No sabes lo mucho que me eh esforzado todos estos años para que tú y nuestros hermanos sean felices pero ya no tiene caso si me prohibirán todo y tú no recuerdas esa promesa» divagó entre pensamientos el chico.

El ocaso llegó y poco tiempo después la luna hizo su aparición junto con un cielo iluminado con las estrellas.

—¿Quería verme su excelencia? —Fiore tocó la puerta del estudio de su padre.

—Entra, tienes mi permiso —indicó el emperador.

—Buenas noches su majestad —dijo la chica haciendo una leve reverencia.

—¿Connor aún no ah llegado? —preguntó el rey con inquietud.

Fiore apretó sus ojos, no quería que su padre regañara a su hermano pero tampoco le podía ocultar el hecho de que Connor aún no estaba en el palacio.

—Todavía no, lo eh estado esperando en la entrada principal pero no hay ninguna señal de él —habló la chica sintiéndose culpable por haber delatado a su hermano.

—Parece que esta vez ese chico ah cruzado los límites, no sé que hacer con él —declaró con frustración el rey.

—Hablaré con los guardias para que vayan por él si es lo que desea su majestad —indicó Fiore.

—No podemos, la coronación vendrá pronto —señaló el emperador— no es momento para armar un alboroto, no queremos lidiar con la segunda casa imperial.

—La familia bastarda —murmuró Fiore.

El reino de Galesteia estaba conformado por la primera casa imperial que era dónde Fiore y Connor formaban parte, la segunda familia era conocida por todo el imperio como "Familia bastarda"

El padre de Fiore conocido como el emperador Tristán era el primogénito de su familia y siendo único hijo con sangre real mientras que el duque Jacob era su hermano adoptivo, los antiguos emperadores conocieron a Jacob cuando este tenía 12 años, era dos años mayor que Tristán, era huérfano de madre y padre así que fue adoptado por la familia imperial pero por no poseer sangre real no pudo ascender al trono.

Jacob actualmente tenía un hijo de la misma edad que los mellizos y cumpliría sus 18 años 1 mes antes que estos y por un acuerdo legal se había estipulado que si el primogénito de la casa principal llegaba a faltar entonces el hijo del duque Jacob asumiría el cargo del nuevo monarca.

—¿Entonces que debemos hacer su excelencia? —preguntó Fiore.

—Lo estuve pensando toda la tarde y eh llegado a una decisión —el padre de Fiore se levantó de su asiento y comenzó a caminar hasta llegar hasta ella, con sus finas pero gruesas manos tomó el rostro de la chica y comenzó a admirarla de lado a lado— eres idéntica a Connor aunque con rasgos femeninos, si las personas no se acercan mucho a tí entonces no debería haber ningún problema.

—¿Que quiere decir su excelencia? —a estas alturas Fiore ya estaba confundida.

—Fiore, hija mía, si tu hermano no aparece antes del ocaso de mañana entonces tú te harás pasar por él —afirmó su padre.

—¿Hacerme pasar por él? ¿Por que me pide una cosa así su excelencia?

—Este reino necesita un emperador y por nada del mundo permitiré que el hijo del bastardo de Jacob lo sea ¿Me entiendes? —expresó con un gesto de desagrado el monarca.

—Lo sé su excelencia pero pedirme eso demasiado pronto es muy difícil de comprender —declaró la chica.

—¿Me estás desobedeciendo? —arqueó una ceja.

—Claro que no su majestad, yo jamás lo haría —se disculpó la chica por hacer enfadar a su padre—, pero perder mi identidad de la noche a la mañana es difícil de procesar incluso para mí.

El emperador Tristán frunció el ceño, ya tenía un hijo rebelde, no quería que otro de sus hijos también lo fuera.

—La otra opción es que te cases, un matrimonio arreglado con el hijo de un noble así que tú decides.

El rey Tristán siempre obtenía lo que quería así que era difícil desafiarlo incluso si se trataba de sus propios hijos.

—Su excelencia, eh escuchado que en el país vecino son dirigidos sólo por una emperatriz y yo pensé que... —Fiore quiso compartir sus pensamientos con su padre pero decidió callar en cuanto este le dedicó una mirada de desaprobación.

—¿Es que acaso no lo entiendes? En este momento este lugar necesita de Connor, no de Fiore —declaró el emperador Tristán.

—Está bien padre, aceptaré hacerme pasar por mi hermano, al menos hasta que el aparezca —respondió sin siquiera hacer el intento de protestar.

El emperador sonrió y acarició la cabeza de su hija.

—Eso es, sé una buena chica, bien ya puedes retirarte.

Fiore asintió y no teniendo nada más que discutir salió del estudio de su padre.

«Quizá mi hermano tenía razón, ¿Que hubiera pasado si hubiera aceptado tomar su mano?» se cuestionó la peliblanca pero ya era demasiado tarde para pensar en el hubiera.

—Fiore ¿Ocurre algo? —preguntó alguien a sus espaldas, era el tercer hijo de la familia imperial, el joven Joe de 15 años.

—Joe —susurró Fiorella, el hecho de que tomaría la identidad de su mellizo debía ser secreto, ni siquiera sus otros hermanos debían enterarse— me iré de viaje por unos días, regresaré hasta la coronación de Connor, mientras tanto necesito que te hagas cargo de Elizabeth y de Mark.

Joe no sabía a que se debía el viaje de su hermana pero tampoco quiso preguntar, sentía que sería descortés de su parte hacerlo.

—No te preocupes, me haré cargo de ellos, incluso también me haré cargo de Connor, a ese chico lo descuidas por un momento y ya anda haciendo destrozos —se quejó Joe.

Fiore sonrió y acarició la cabeza de su hermano menor, esa sonrisa tenía un significado oculto.

—Claro que sí, incluso si está en tus manos dale unos buenos golpes de mi parte —Fiore aclaró su garganta intentando deshacer el nudo que sentía atorado—, quiero que recuerdes esto siempre, este lugar necesita de Connor, no de Fiore.

Joe sintió que algo andaba mal con las palabras de su hermana pero prefirió callar.

Al día siguiente Fiore se fue y Connor apareció... O eso era lo que querían hacer creer.

Dos hermanos con apariencias similares pero a su vez completamente diferentes, uno obstinado aferrándose a sus ideales y la otra era una simple sumisa acatando las reglas que los demás imponían sobre ella.

Quién pensaría que este par de mellizos estarían a punto de vivir una vida totalmente ajena a la de ellos, ambos viviendo sus vidas de diferentes maneras y claro, en el transcurso de sus días encontrarían un amor tan gentil que les haría sentir calidez por primera vez.

Chapter 2

Llevando la historia a unos años atrás, en un lago cerca del palacio imperial se encontraban dos niños de ocho años brincando y jugando por todo el lugar. Flores por todas partes y en las ramas de un árbol, sujetados por una cuerda gruesa se encontraban unos columpios de madera.

—Ya llevamos mucho tiempo aquí, creo que deberíamos regresar —sugirió el pequeño peliblanco— papá se enojara mucho si no regresamos pronto.

—¡No quiero! papá no deja de hablar de leyes y ya estoy cansada de oír eso todos los días —se quejó Fiorella.

—Entiendo lo que dices, yo no quiero ser el emperador, sólo quisiera ser un niño normal pero tengo que hacerlo, es mi destino como el heredero.

Connor se sentó en uno de los columpios y comenzó a mecer, miraba el cielo con ojos tristes, sentía que estaba viviendo una vida injusta "los niños deben jugar, deben divertirse, no llevar sobre sus hombros la carga de una nación" era lo que siempre se repetía pero cada vez que hablaba so

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