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Ecos de un Mundo Perdido

  • Genre: Fantasy
  • Author: Moon
  • Chapters: 13
  • Status: Ongoing
  • Age Rating: 18+
  • 👁 19
  • 5.0
  • 💬 0

Annotation

En un mundo devorado por las cenizas de una guerra apocalíptica, la humanidad se aferra a un último y precario refugio. La civilización ha colapsado, y ahora el planeta es un campo de batalla donde vampiros sedientos de poder, licántropos que han reclamado la noche y los enigmáticos Drakon luchan por el control. Los humanos, la especie más débil, sobreviven gracias a la astucia y a una alianza forzada con aquellos que una vez fueron sus depredadores. Lena y Mateo, nacidos entre las ruinas, son la última esperanza para su especie. En un viaje desesperado para encontrar un lugar seguro, descubren un oasis de vida subterráneo y forjan una alianza que podría redefinir el destino del mundo. Sin embargo, los vampiros, liderados por un ser tan antiguo como el propio miedo, están decididos a extinguir la última chispa de esperanza.

Chapter 1

Capítulo 1: El Camino del Lobo Herido

El aire, denso con el olor a tierra húmeda y el dulzor decadente de la vegetación moribunda, se sentía más pesado con la presencia de Kael. El alfa licántropo, ahora en su forma humana, se apoyaba pesadamente en Mateo, su respiración áspera y superficial. Lena, con la ballesta lista, abría el camino, sus ojos ámbar escudriñando cada sombra. El invernadero, su efímero paraíso, quedaba atrás, su cúpula rota como un ojo ciego mirando al cielo gris. La promesa de Kael de "protección" sonaba hueca en la boca de una bestia, pero la alternativa era la muerte segura.

El bosque que rodeaba las ruinas era un laberinto de árboles retorcidos, sus ramas desnudas como garras esqueléticas arañando el cielo. La luz, filtrada por las nubes perpetuas, creaba un crepúsculo eterno, un ambiente tétrico donde cada susurro del viento parecía una voz fantasmal. El suelo, cubierto de hojas secas y escombros, crujía bajo sus pies, cada sonido amplificado por el silencio opresivo. Lena se movía con la fluidez de un espectro, su ballesta una extensión de su brazo, mientras Mateo, con el martillo a la espalda, soportaba el peso de Kael con una determinación férrea.

"¿Falta mucho?" la voz de Mateo era un gruñido bajo, el esfuerzo evidente en cada sílaba. Kael *p*n*s respondió, solo un gemido gutural. La herida del vampiro en su pecho, aunque ya no sangraba profusamente, debía ser profunda. La sangre licántropa se curaba, pero no al instante. Lena, sin embargo, podía sentir la tensión en el aire, una mezcla de adrenalina y el rastro metálico de la sangre de Kael.

El camino era tortuoso, serpenteando entre edificios colapsados y cráteres dejados por alguna antigua batalla. Pasaron por lo que una vez fue un parque infantil, ahora un campo de columpios oxidados que se balanceaban con el viento, sus cadenas chirriando como lamentos. Un tobogán, retorcido y roto, apuntaba al cielo como un dedo acusador. Era un recordatorio de la inocencia perdida, de un mundo que ya no existía. Lena apretó los labios. No había tiempo para la nostalgia.

De repente, Kael se detuvo, su cuerpo temblando. "Cerca... huelo a los míos," jadeó. Su voz, aunque débil, llevaba una autoridad innegable. Lena y Mateo intercambiaron una mirada de cautela. Habían evitado a los licántropos toda su vida. Ahora, se dirigían directamente a su guarida.

El olor a pino y a tierra húmeda se mezcló con un aroma más fuerte: almizcle animal, sudor y algo más, algo salvaje y primario. El bosque se abrió a un claro, revelando un campamento improvisado. No eran tiendas, sino refugios construidos con ramas gruesas, pieles de animales y restos de metal. Pequeñas hogueras humeaban, y figuras corpulentas se movían entre ellas. Eran los Hijos de la Luna.

Al ver a Kael, un gruñido colectivo resonó en el campamento. Varios licántropos, algunos aún en su forma lupina parcial, otros en su forma humana, se acercaron, sus ojos brillando con una mezcla de preocupación y furia. Un lobo gris, tan grande como un caballo pequeño, con cicatrices que cruzaban su hocico, se acercó primero, sus ojos amarillos fijos en Kael.

"Alfa," gruñó el lobo, su voz áspera. "¿Qué te ha pasado?"

Kael, con un esfuerzo, se enderezó, apartándose de Mateo. "Sangrientos," dijo, su voz recuperando algo de su fuerza. "En territorio prohibido." Luego, sus ojos amarillos, aún con un brillo animal, se posaron en Lena y Mateo. "Ellos... me ayudaron."

El lobo gris, que Lena supuso era el segundo al mando, gruñó, sus ojos fijos en los dos humanos. "Humanos. ¿En nuestro campamento?" Su tono era de incredulidad y desconfianza. Otros licántropos comenzaron a rodearlos, sus ojos brillando con curiosidad y una amenaza latente. Lena sintió un escalofrío recorrer su espalda. Eran los más débiles aquí, rodeados de depredadores.

Kael se interpuso, cojeando ligeramente. "Son... mis invitados. Por el momento." Su voz no dejaba lugar a dudas. Era una orden. Los licántropos, aunque reticentes, retrocedieron, sus ojos aún fijos en Lena y Mateo.

El campamento era un lugar de contrastes. El aire olía a carne asada y a tierra, un aroma más reconfortante que el de las ruinas. Sin embargo, la tensión era palpable. Los licántropos los observaban, susurrando en su lengua gutural. Lena y Mateo eran forasteros, intrusos en un mundo que no comprendían. La promesa de Kael de un "lugar seguro" se sentía más como una jaula.

El lobo gris, que Kael identificó como Roric, los llevó a un refugio apartado, una estructura rudimentaria pero sorprendentemente cálida, hecha de troncos y pieles. Dentro, el aire era espeso con el olor a pino y a algo que recordaba a la tierra recién removida. Una pequeña hoguera crepitaba en el centro, su humo escapando por un agujero en el techo. "Aquí se quedarán," gruñó Roric, su voz aún cargada de desconfianza. "No salgan sin permiso del Alfa. O sin el mío." Sus ojos se detuvieron en Lena. "Y tú, chica... tu ballesta no te servirá de mucho aquí."

Lena apretó la mandíbula, pero no respondió. Sabía que tenía razón. En este lugar, la fuerza bruta era la moneda de cambio. Mateo, con un suspiro, dejó caer su martillo. La supervivencia en este nuevo "paraíso" prometía ser un desafío aún mayor que la huida constante. Eran peones en un juego de poder, y su debilidad era una diana en sus espaldas.

Chapter 2

Capítulo 2: La Jerarquía y la Mirada del Depredador

Los días en el campamento de los Hijos de la Luna se deslizaron con una lentitud opresiva para Lena y Mateo. El "lugar seguro" prometido por Kael era, en realidad, una prisión de vigilancia constante. Los licántropos, bestias de instintos primarios, los observaban con una mezcla de curiosidad, desconfianza y, a veces, un hambre *p*n*s disimulada. Lena sentía sus miradas como garras invisibles, rozando su piel, evaluando su debilidad. Mateo, por su parte, mantenía una fachada de estoicismo, pero Lena podía ver la tensión en sus hombros, la forma en que sus ojos azules nunca dejaban de escanear el entorno.

El campamento, aunque rudimentario, era un microcosmos de su sociedad. Había una jerarquía clara, con Kael, el Alfa, en la cima, su autoridad inquebrantable a pesar de su herida. Roric, el lobo gris, era su sombra, un Beta leal y desconfiado. Los demás, los guerreros, los cazadores, las hembras y los cachorros, se movía

Heroes

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