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El Contrato

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Annotation

Mi corazón se hizo añicos en cuanto entré en aquel bar y vi a mi novio desde hacía tres años besándose con quien yo creía que era mi mejor amiga. Mi novio, el que hacía unas noches me había hablado de casarse conmigo. En una noche de desamor y alcohol, me incliné por olvidarle. Pero el destino me lanzó una bola curva cuando me desperté en la cama con la persona que menos esperaba... El compañero de papá y el mismo hombre con el que había perdido la virginidad cuando era más joven, Daniel Halloway. Para colmo, estábamos casados y él se niega a anular nuestro matrimonio. —Te daré el divorcio, pero sólo después de que termine nuestro contrato. Después de eso, eres libre de irte—, me arrincona de nuevo contra la pared haciéndome sentir como una pequeña presa, esperando a ser devorada por su cazador. —Pero hasta entonces... Eres mía y haré contigo lo que me dé la gana—, me susurra al oído, provocándome escalofríos.

CAPÍTULO 1- CORAZÓN DE PIEDRA

Layla Tenía diecinueve años cuando conocí a Daniel Halloway. Debía de tener unos veinticinco años por aquel entonces. Y no puedo creer que haya vuelto a soñar con él. ¿Por qué demonios estoy soñando con él? Hace tanto tiempo que no lo veo. Era el nuevo colega de papá cuando lo conocí y se estaba haciendo cargo como socio. Ocupaba el lugar de su abuelo en la empresa que tenía mi familia, pero papá se había asociado entonces con su abuelo. Era un hombre de mujeres, por decir lo menos, y como él decía... Ninguna mujer lo atará jamás. Me prometí a mí misma que no me enamoraría de él, NUNCA. Pero sólo me mentía a mí misma. Me enamoré perdidamente de él, locamente enamorada de su encanto y sus dulces palabras, y acabé perdiendo mi tarjeta V por él. Al día siguiente me presentó a su novia. Mi corazón se partió en dos. Aunque sabía que lo suyo no iba en serio, me dolió dejarme envolver por sus brazos y entregarle mi posesión más preciada. Tardé mucho en superarlo, pero poco a poco, mientras me ocupaba de la escuela y el trabajo, empecé a pensar cada vez menos en él. Me resultaba menos doloroso volver a casa durante las vacaciones y celebrarlo con mi familia en diferentes eventos. Pero para él era como un concurso de quién podía llevar la cita más s*xy a los eventos de la empresa. Ni que decir tiene que sólo era una competición unilateral, ya que empecé a mostrarme desinteresada, lo que le hacía hervir la sangre. ¿Me dolía verle en citas diferentes cada vez? Puedes apostar a que sí, pero ya no sería su juguete, ni le admitiría que me dolía. Mi apretada agenda me mantenía alejada, lo que facilitaba que me olvidara de él, ya que *p*n*s tenía tiempo para ver a nadie, incluida mi familia. Mi familia parecía quererle, sobre todo mi padre, ya que en todas las conversaciones se le mencionaba de un modo u otro. Han pasado casi cinco años desde entonces, y no podría estar más contenta de haberme ido para olvidarme de él para siempre. Trevor y yo trabajamos juntos y salimos juntos desde hace tres años. Hace unas noches, habló de casarnos en el futuro, y no puedo decir que la idea de casarme con él no me sonara atractiva. Es un poco mayor, pero es un tipo fantástico y muy guapo. Muchas mujeres de nuestro trabajo babean por él y siempre me elogian por la suerte que tengo de estar con él. Sé que soy joven, pero me siento preparada. Sé que el matrimonio es para mí, y qué mejor que sentar la cabeza con él. Gracias a Trevor, mi mejor amiga Stacy y yo pudimos unirnos a ellos y terminar la universidad en la carretera, ya que nos hicimos voluntarias. Les faltaba personal y él acababa de incorporarse como nuevo médico. Aceptó nuestra solicitud como parte de su equipo. Es médico de una pequeña fundación para la que ambos trabajamos. Viajamos por todo el mundo y ofrecemos servicios gratuitos a personas menos privilegiadas de zonas rurales. Es tan reconfortante ver lo dedicado que es. Le quiero mucho, y lo más importante es que él me quiere. Es cariñoso, no como Daniel y su corazón de piedra.✨✨✨✨✨ (Los Dinamos, Ciudad de México) Me senté incansablemente en una silla plegable de plástico. Hacía calor y había humedad, y era justo la una de la tarde. Trevor se sentó a mi lado, colocando su brazo sobre mis hombros. —Lo has hecho muy bien hoy ahí fuera, nena. Estoy muy orgulloso de ti. Eres muy buena con los niños, ¿lo sabías?—. Sonreí, mirando ligeramente hacia mi lado, hacia él. —¡Gracias, doctor!— dije, haciéndole soltar una risita. Le encanta que le llame doctor. —Eh, vosotros dos. Vamos a salir a comer esta noche para celebrar nuestro décimo aniversario, ¿queréis uniros a nosotros?

Nuestra pequeña fundación que da vacunas y pequeñas consultas generales a gente menos afortunada se fundó hace diez años. Trevor y yo nos unimos a la fundación hace cinco años, él como médico y yo como voluntaria. Sí, me has oído bien; yo me ofrecí voluntaria para esta fundación. Mis padres son bastante ricos, y me incorporé como voluntaria, pero me admitieron como empleada un año después, cuando estaba a punto de volver a casa. A los médicos les encantó mi trabajo y me ofrecieron formar parte permanente de su equipo. Sonreí a mi mejor amiga, Stacy, que estaba a mi lado. Ella y yo fuimos a la misma universidad y congeniamos enseguida. Fue ella quien me suplicó que me uniera a esta fundación con ella, y créanme, me alegro mucho de haberla escuchado. —Nos encantaría. ¿Dónde tenéis pensado ir?— responde Trevor, haciendo que ella sonría más. —Bueno, estábamos pensando en ir a ese restaurante del centro. El que tiene fuera una zona de asientos tipo Tiki. —Ah, el que fuimos a comer el otro día, cariño. Nos encantaría. Allí estaremos—, sonrió y le guiñó un ojo a mi mejor amigo. Él y yo habíamos ido hacía unos días a comer allí. Me encantaba la comida y el servicio era estupendo. Por no hablar de que el ambiente era exactamente lo que necesitaba ahora mismo después de un agotador día de trabajo. —Genial. Quedamos sobre las nueve de la noche. Nos vemos allí. Layla, mi preciosa amiga, ¿puedo pedirte un gran favor?—, me dice, poniéndome sus ojitos de cachorrito. Miré a Trevor y sonreí. Él me devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza. —Por supuesto, Stace—. Me levanté, besé los labios de Trevor y me alejé con Stacy. Ella enlazó su brazo con el mío mientras caminábamos hacia mi habitación. —Entonces, ¿qué pasa?— le pregunté mientras seguíamos caminando. —Esperaba que pudieras prestarme un vestido bonito. Todos los que tengo están sucios y bueno... Ya sabes, la ocasión requiere algo un poco más... ¡hmmm!— dice, arrugando la nariz y haciéndome soltar una risita. —¡S*xy!— Digo, haciéndola reír. —Eso... pero, más ya sabes, sofisticado, de alta costura, bonito—, dice mientras yo pongo los ojos en blanco. —Vale, ya sabes que siempre puedes contar conmigo, nena. Mi armario es tu armario—. le digo, haciéndola reír. —Y por eso te quiero y te tengo como mi mejor amiga—, dice, haciéndome reír. Sabe que papá es un gran empresario de la moda. A mí no me gusta mucho la moda, pero papá siempre me envía una caja enorme llena de ropa y accesorios preciosos por mi cumpleaños. Sinceramente, no me he puesto ni la mitad de lo que me ha regalado. Siempre acabo regalándoselo a la gente. Gente que incluye a mi mejor amiga, Stacy, por supuesto. Llegamos a mi habitación y revisó todo mi armario hasta que finalmente se decidió por un ajustado vestido negro de secuencia con corte delantero recto y espalda baja. Se ceñía perfectamente a su cuerpo, mostrando sus hermosas piernas al llegarle a medio muslo. Sonó mi teléfono y sonreí de oreja a oreja al ver el nombre de papá en el identificador de llamadas. Le enseñé el teléfono consiguiendo que me devolviera la sonrisa. Descolgué mientras ella me hacía señas de que se iba. Le hice un gesto para que se fuera y cerré la puerta tras ella, acercándome el teléfono a la oreja. Yo era una gran niña de papá y me encantaba hablar con él a diario. —¡Hola, papá!— —Hola, ahí está mi preciosa niña—, me contestó su voz, ya mayor, que me calentó el corazón. No importaba lo mal que lo pasara en el trabajo algunos días; oír su voz siempre lo hacía mejor.✨✨✨✨✨✨✨✨

CAPÍTULO 2- BACKSTABBER

Layla —¿A qué debo el honor de esta segunda llamada del día? —pregunté alegremente, haciendo que la risa de papá resonara al otro lado de la línea. —Bueno, ya sé que te he llamado antes hoy, y probablemente estés ocupado y todo eso, pero... —Papá, nunca me canso de hablar contigo, ya lo sabes—, dije sentándome en el alféizar de la ventana. Me asomé sonriendo al ver a unos niños corriendo y jugando con un balón de fútbol en el patio. —Tu madre me rogó que te llamara para recordarte el cumpleaños de tu hermana. Vas a venir a casa, ¿verdad?—, me pregunta, haciéndome gemir internamente. No tenía ninguna gana de ir. Hemos estado muy ocupados, y no creo que tomarnos unos días libres ayude a mejorar nuestra situación. Mi hermana siempre lo da todo por su cumpleaños y, sinceramente, se lo merece porque es muy trabajadora, pero odio que se llene de paparazzi y redes sociales por todas partes. Ser la hija de

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