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Perfecta Hasta el Lunes

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Sinopse

Calificaciones perfectas. Familia perfecta. Vida perfecta. Hasta el lunes. Zara Bassey pasó años construyendo una reputación que creía inquebrantable. Era la chica a la que todos envidiaban, la hija a la que todos admiraban, la estudiante de la que todos esperaban el éxito. Entonces, un video filtrado lo destruyó todo en una sola mañana. Ahora es una marginada en su propia escuela, una extraña en su propio hogar y el objetivo de un enemigo sin rostro que conoce sus secretos más oscuros. La única persona que le cree es el único chico que tiene todo por perder. Pero confiar en él significa arriesgar todo lo que le queda. Y la verdad sobre lo que sucedió el lunes podría ser más peligrosa de lo que jamás imaginó.

Chapter 1: Perfecta Hasta el Lunes

Me desperté treinta minutos antes de que sonara mi alarma, lo cual debería haber sido mi primera señal. Debería haberme molestado, pero hoy no fue así.

Porque hoy no era un día normal. Era EL día.

Me quedé inmóvil un momento, mirando el techo de mi habitación, escuchando el suave zumbido del aire acondicionado y el distante rumor del tráfico matutino que se filtraba a través de las puertas de la urbanización, mientras repasaba mi lista mental:

1. Uniforme planchado.

2. Zapatos comprados.

3. Calificaciones revisadas tres veces y aprobadas.

4. Discurso de aceptación como Head Girl [1] ensayado.

No podía permitirme olvidar nada; después de todo, era mi último año como estudiante de secundaria.

“SS3 [2]… por fin”, murmuré, saboreando las palabras como si ahora significaran algo mucho más profundo.

Cada noche en vela, cada sesión de clases particulares y actividades extracurriculares, cada apunte perfectamente subrayado, cada sacrificio había conducido a esta mañana. Para el descanso, mi nombre estaría en el periódico mural. Y no solo en la cima del ranking académico, donde se había mantenido durante tres trimestres consecutivos, sino en un lugar mucho más permanente.

Head Girl, Danladi College: Zara Bassey.

Exhalé, presionando una mano contra mis labios para sofocar mi chillido de emoción; mis padres tenían prohibido hacer ruido durante las horas de descanso. Todo era perfecto.

Como si estuviera programado, mi alarma sonó y la luz del pasillo se encendió, señal de que el personal del hogar ya estaba despierto. Me puse de rodillas, murmuré una rápida oración y encendí mi teléfono junto con el Wi-Fi.

WhatsApp comenzó a vibrar de inmediato. Lo abrí sin mucha prisa, esperando lo habitual:

¡Bienvenida de nuevo!¡

Qué ganas de verte!

¿Terminaste la tarea de las vacaciones?

Pero en su lugar, mi pantalla se iluminó con una ráfaga de llamadas perdidas y muchísimas más notificaciones de grupos de las normales. Fruncí el ceño, pero antes de que pudiera abrir un chat, me llegó un mensaje directo.

Kemi 💋: Zara, ¿ya vienes al colegio?

Puse mala cara y mis pulgares se movieron con rapidez.

¿Obviamente?

Hubo una pausa. Luego apareció el indicador de escritura.

Kemi 💋: No vengas todavía.

Mis dedos se detuvieron. Me senté erguida mientras una sensación helada me recorría el cuerpo. ¿Por qué me decía eso? Era obligatorio que los nuevos prefectos llegaran temprano el primer día.

¿A qué te refieres con que no vaya? La asamblea empieza a las 8.

Una extraña inquietud empezó a invadirme. Me quedé mirando el chat unos segundos, esperando algún tipo de aclaración, pero su estado cambió a desconectado. Exhalé con fuerza. ¿Cómo pude olvidar que Kemi siempre ha sido tan dramática?

“Zara, ¿espero que ya te hayas bañado?”, me llamó mi madre, con el chasquido de sus chancletas resonando contra las baldosas del pasillo al pasar frente a mi habitación. “Se supone que ya deberías estar abajo. No hay tiempo que perder”.

Miré el reloj: 6:20 a.m. Se suponía que debía salir a las siete.

“¡Ya voy, mamá!”, respondí, dejando caer el teléfono sobre la cama a pesar de su zumbido incesante. Ya me encargaría de Kemi más tarde.

Para cuando terminé de arreglarme, ya era demasiado tarde para desayunar. Ahora no solo tenía hambre, sino que también tuve que soportar un sermón sobre la puntualidad de parte de mi padre durante todo el trayecto al colegio, del cual *p*n*s escuché la mitad porque la mente se me iba hacia el mensaje de Kemi.

“Definitivamente me las va a pagar”, murmuré, apretando los billetes de naira [3] limpios que mi papá me entregó antes de arrancar.

De pie frente a la entrada principal, me quedé mirando los grandes portones de hierro y el escudo del colegio cuidadosamente grabado. Dejé a un lado la extraña mañana; tenía algo mucho más importante esperándome y no iba a permitir que nada me arruinara el día.

Ajustándome el blazer granate, alisé las pliegues invisibles de mi falda plisada y avancé con la tranquilidad y confianza que había construido a lo largo de los años. Las cabezas se giraban a mi paso como de costumbre, pero no les presté atención: mi único objetivo era llegar al patio donde solían estar mis amigos.

Sin embargo, a medida que me acercaba, los estudiantes empezaron a cuchichear y a señalarme. Mis pasos se hicieron más lentos. El tono de los murmullos no era de admiración; era afilado, curioso y hostil.

“¿No es ella?”

I swear na she.(Te juro que es ella)

And she dey form holier-than-thou.(Y haciéndose la santa)

Me giré hacia un grupo de chicas de cursos inferiores que estaban apoyadas unas contra otras. Sus miradas se posaron en mí antes de desviarse rápidamente, excepto la de una, que no reaccionó a tiempo. Nuestras miradas se cruzaron y su expresión cambió de la sorpresa a algo bastante feo.

Saqué el teléfono de mi bolso. Seguía sin haber nuevos mensajes de Kemi. Apreté el agarre, sintiendo un punzadas en la cabeza. Bien. Ya que nadie quiere hablar, lo descubriré por mí misma.

Caminé decidida hacia el trío de chicas, con el estómago encogiéndoseme en un nudo. “¿Qué está pasando?”

Wetin? You think we go fear you?(¿Qué pasa? ¿Crees que te tenemos miedo?), gruñó la chica, mirándome con puro disgusto. “Abi you no know?(¿O es que no lo sabes?)

Antes de que pudiera responder, me plantó la pantalla de su teléfono en la cara.

Un escalofrío me recorrió la espalda mientras se reproducía el video. Al principio solo se escuchaba música fuerte de fiesta, hasta que la cámara se enfocó en dos figuras borrosas pegadas contra una pared. El ángulo cambió. Al inclinarme para ver mejor, el corazón se me detuvo.

La chica del video era yo.

Tenía la cabeza eclinada hacia atrás, los ojos entreabiertos mientras un chico se acercaba a mi rostro con las manos sujetándome la cintura, y mis brazos rodeaban su cuello. Justo antes de que los labios se tocaran, el video se cortaba.

No podía respirar.

“¿Cómo… quién… cuándo?”, balbuceé, con la voz temblándole.

La fiesta había sido estrictamente privada, exclusiva para un grupo reducido de estudiantes de los últimos años. ¿Quién me había grabado?

El teléfono tambaleó en mi mano y la chica me lo quitó de un tirón. “Eh… no break my iPhone oh!(¡Oye, no vayas a romper mi iPhone!) Se giró hacia sus amigas. “Sebi I said it’s her, you no wan believe.(¿Ven que les dije que era ella y no me querían creer?)

Me miró de arriba abajo con evidente desprecio. “Después de andar fingiendo tanto, ¿te pones a hacer algo así? Ashewo [4]”.

El insulto me golpeó como un impacto físico. Di un paso atrás por el choque, sacando mi propio teléfono con manos temblorosas. Abrí el chat grupal de mi clase: el video estaba fijado en la parte superior, inundado de cientos de reacciones.

A mi alrededor, los murmullos se convirtieron en un murmullo ensordecedor.

“¡Cómo caen los grandes!”

“No es tan perfecta como aparenta…”

“¿Head Girl? Por favor.”

Parpadeé una y otra vez, rezando para que solo fuera una pesadilla, pero el ruido a mi alrededor solo confirmaba la realidad. Estaba allí. Esto estaba pasando.

Las piernas me fallaron. Caí al suelo antes de poder evitarlo, con la vista nublada por las lágrimas. El patio de la asamblea ya no era solo una multitud: era un público juzgándome, y me sentí completamente expuesta.

Mi teléfono volvió a vibrar en la palma de mi mano. Esta vez no dudé en mirar la pantalla.

Número desconocido: Tsk… qué lástima ver qué tan rápido caen las chicas perfectas.

Mis dedos temblaron sobre el cristal. Por primera vez en mucho tiempo, no tenía la menor idea de qué hacer a continuación.

Notas aclaratorias (Glosario del capítulo):

[1] Head Girl: En el sistema educativo de tradición británica y nigeriana, es la estudiante de último año con el cargo de máxima representación y liderazgo entre el alumnado.

[2] SS3 (Senior Secondary School 3): Corresponde al último año de la educación secundaria (equivalente al último año de bachillerato).

[3] Naira: La moneda oficial de Nigeria.

[4] Ashewo: Término despectivo en jerga local/pidgin para insultar a una mujer (equivalente a "prostituta" o "fácil").

Nota de la autora

¡Hola, querido lector!

Muchas gracias por darle una oportunidad a esta historia y por embarcarte en este viaje conmigo. Escribir Perfecta Hasta el Lunes ha sido una aventura llena de emociones, y significa el mundo entero para mí que estés aquí leyendo las primeras páginas.

Espero de todo corazón que disfrutes cada capítulo y que puedas conectar con las emociones, los errores y la humanidad de mis personajes, sin importar en qué rincón del mundo te encuentres leyendo esto. Aunque esta historia transcurre en el vibrante corazón de Nigeria, las experiencias de caerse, levantarse, enamorarse y descubrir quién eres realmente son universales.

Si te gusta lo que lees, no olvides agregar este libro a tu biblioteca, dejar tus comentarios y compartir tus reacciones. ¡Tus mensajes y tu apoyo son el motor que mantiene esta historia viva!

Chapter 2: REVOCADO

No recordaba cuándo me había caído ni cuánto tiempo había llorado, solo el silencio que vino después. El sonido del murmullo a mi alrededor llegaba amortiguado por los latidos acelerados de mi corazón, y sus risas me pesaban como manos que me empujaban contra la grava del patio de la asamblea.

Y cuando sentí que me iba a desplomar, un par de manos me sujetaron por los codos.

“Levántate, Zara. Ponte de pie”, siseó Amara.

Su piel clara parecía casi pálida bajo el inclemente sol de la mañana, y sus ojos, habitualmente de un marrón cálido, estaban ahora endurecidos por la rabia mientras se posicionaba frente a mí a modo de escudo. Pero incluso así, los teléfonos seguían apuntando en mi dirección.

La miré fijamente. “A-Amara, yo…”

“No hables”, me interrumpió, usándola otra mano para levantarme. “Solo les darás más material”.

Asentí con debilidad, sacudiéndome la falda y respirando hondo mientras me limpiaba las

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