
Cuando la Luna besó al Sol
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Sinopse
En un mundo gobernado por manadas, antiguos pactos y la voluntad de la Diosa Lunar, Amara ha aprendido que el destino puede ser tan cruel como inevitable. Cuando conoce a Einar, príncipe Alfa del Sur, sus lobos reconocen antes que ellos una verdad imposible de ignorar: sus almas están unidas por un vínculo que ninguna ley debería poder romper. Pero aquello que podría unir dos mundos también despierta ambición, miedo y una magia dispuesta a alterar incluso lo que la Diosa ha elegido. Separados por engaños, recuerdos quebrados y fuerzas que amenazan con corromper el equilibrio entre los reinos, Amara y Einar deberán descubrir si un amor marcado por el destino puede sobrevivir cuando hasta la propia verdad deja de ser confiable. Sin embargo, su historia es *p*n*s el comienzo. Porque las decisiones tomadas bajo la luna y el sol dejarán una huella que alcanzará a una nueva generación. Cuando Alba y Ocaso vuelvan a encontrarse, antiguos límites comenzarán a desdibujarse y surgirá un vínculo capaz de desafiar no solo a quienes intenten controlarlo, sino también las reglas sobre las que fue construido su mundo. Entre magia, lobos, traiciones y la tensión eterna entre luz y sombra, dos generaciones deberán enfrentarse a una misma pregunta: ¿Somos aquello que el destino decidió que fuéramos… o aquello que elegimos ser?
Chapter 1
El bosque respira conmigo.
El aire está frío, húmedo, lleno del perfume terroso del otoño que se escapa. Las hojas crujen bajo mis pies descalzos mientras avanzo hacia el claro. La luna llena me observa desde lo alto, enorme, blanca, dueña de todo. Mi loba se estremece bajo la piel; quiere salir, correr, aullar su libertad. Pero no puedo. No esta noche.
Mi padre, Alaric Lys, el Alfa de nuestra manada, Hijos del Horizonte, ha convocado a todos los miembros. Dicen que habrá invitados, representantes de otras manadas aliadas. Y aunque él no lo ha dicho en voz alta, sé que se trata del Consejo de Lunas, la asamblea que reúne a las manadas bajo la guía de la Diosa y custodia su legado. Algo importante se avecina.
—Amara —su voz profunda me alcanza cuando llego al borde del claro—. Llegás justo a tiempo.
Mi padre está allí, imponente, con su cabello oscuro salpicado de canas y los ojos ámbar que heredé. A su lado, Marta Vareth, madre de Lucía, me sonríe con esa cortesía que siempre me suena a veneno.
—Hija —dice ella, tocándome el brazo.— Qué hermosa estás esta noche. La luna te favorece… como siempre. Trago saliva y me obligo a sonreír. —Gracias, Marta.
Su hija, Lucía Vareth, aparece detrás, con su habitual elegancia forzada. Tiene mi misma edad, veintiún años, pero una sonrisa que podría helar un río.
—Padre —dice, inclinándose con respeto—. Espero que esté todo preparado. No podemos dar una mala impresión frente a los emisarios.“Emisarios.”La palabra queda suspendida en el aire, como una chispa. Miro a mi padre, que evita mis ojos. Mi pecho se tensa.
—¿Emisarios? —pregunto.
—Vendrá el Príncipe Alfa de la manada de los Hijos del Fuego Solar —responde él, finalmente—. Quiere conocer a las manadas aliadas antes de su coronación como líder de su reino.
Lucía suelta una risita suave. —Y tal vez encuentre a su pareja elegida —dice, mirando la luna.
Siento cómo algo en mi interior se agita. La Diosa tiene sus designios, y cuando une almas, nada puede separarlas… o eso dicen las viejas del Consejo.
La ceremonia comienza cuando la luna alcanza su punto más alto. Las hogueras arden, las auras de las manadas se mezclan y los cánticos invocan a la Diosa. Todos inclinan la cabeza cuando el príncipe llega.
Lo veo antes de que lo anuncien. Su presencia corta el aire. Es alto, de hombros anchos, el cabello rubio oscuro, los ojos tan claros que parecen espejos de agua. La energía que emana me atraviesa como un rayo.
Y cuando su mirada se cruza con la mía… el mundo se detiene. Mi corazón late tan fuerte que me cuesta respirar. Mi loba ruge dentro mío, empujando para salir, reconociendo algo ancestral.
Einar da un paso hacia mí, confundido, casi incrédulo.
—¿Quién… es ella? —pregunta, sin apartar sus ojos de los míos.
Lucía sonríe antes de que nadie responda.—Soy Lucía Vareth —dice, dando un paso al frente—, hija de Marta Vareth, Luna de esta manada.
El príncipe *p*n*s asiente, pero su mirada sigue fija en mí. Mi padre interviene, imponiéndose. —Y ella es Amara, mi primogénita…
Einar me observa un largo instante más, luego asiente con respeto, pero hay una tensión invisible entre nosotros, un lazo que ninguno entiende pero ambos sentimos.
Cuando la ceremonia termina, me alejo del fuego, confundida, con el corazón latiendo desbocado. No puede ser. No puede ser que la Diosa…
—Hermana —la voz de Lucía me alcanza, suave como el filo de un cuchillo—. No te ilusiones. Algunos hombres solo miran por curiosidad, no porque quiera forjar una alianza.
Su sonrisa es perfecta, su perfume dulce. Pero debajo de esa fachada, yo sé que hay algo oscuro. La luna brilla sobre nosotras, inmensa y silenciosa, testigo de una verdad que todavía no entiendo.
Esta noche lo siento por primera vez: algo está a punto de cambiar para siempre.
No puedo dormir. La luna todavía cuelga sobre el bosque, y su luz entra por la ventana como un hilo plateado que me acaricia el rostro. Cierro los ojos, pero lo único que veo son los suyos… esos ojos claros del Príncipe Alfa que parecían desnudarme el alma.
Mi loba no deja de moverse dentro mío. Está inquieta, impaciente. Sabe lo que yo aún me niego a aceptar.
—Cállate —susurro, llevándome las manos al pecho— No puede ser.
Pero la sensación no desaparece. Ese tirón en el pecho, esa energía que vibra en mis venas, ese reconocimiento que trasciende las palabras… Dicen que cuando dos almas destinadas se encuentran, la luna las marca con un lazo invisible. Una unión que ningún poder puede romper. ¿Será eso lo que sentí?
Un golpe suave en la puerta me saca de mis pensamientos.
—Amara, ¿estás despierta? —La voz de mi padre me llega a través de la puerta—Sí, papá.
Abro, y él entra con su porte de Alfa, el peso del liderazgo sobre los hombros visible, al menos para mi.
—El príncipe pidió verte —dice sin rodeos.
Mi corazón da un salto.—¿A mí? ¿Por qué?—No lo sé. Pero no hagas suposiciones. Es un hombre importante, y hay que mostrar respeto. —Me mira con ese gesto severo que solo usa cuando teme por mí—. Marta y Lucía estarán presentes.
Claro. Lucía siempre está presente.
La reunión es en el salón principal, donde el fuego del hogar nunca se apaga. El príncipe Alfa Einar está allí, de pie junto a la ventana, con la luna reflejada en sus ojos.
Lucía ya se encuentra sentada, con su mejor vestido de seda, sonriendo como si la luna entera le perteneciera.
En el momento en que yo entro a la habitación, él se gira. Y ahí está otra vez: esa fuerza que me arrastra, ese lazo invisible que me quema la piel.
—Amara —dice, y mi nombre en su voz suena como un rezo—. Quería agradecerte por la hospitalidad de tu manada.
Inclino la cabeza, intentando mantener la compostura.—Es un honor tenerte entre nosotros, Alteza.
Lucía interviene, su tono meloso como la miel.— El príncipe estaba contándome sobre su viaje y sus planes para el continente. ¿Verdad, Einar? Él asiente *p*n*s, sin dejar de mirarme.—Sí. Pero ahora me gustaría hablar con Amara… a solas.
Lucía parpadea, confundida.—¿A solas?—Por favor —dice él con autoridad, sin lugar a dudas.
Mi padre asiente, serio, y conduce a Marta y Lucía fuera del salón. La puerta se cierra. El silencio que queda entre nosotros pesa más que cualquier palabra.
Einar da un paso hacia mí.—Hay algo que necesito entender —dice, con la voz baja, ronca— Cuando te vi esta noche… sentí algo que nunca había sentido.
El aire se vuelve espeso.—Yo también —admito, *p*n*s un susurro.
Él sonríe, con una mezcla de alivio y desconcierto.— Entonces no estoy loco.
Su cercanía me abruma. Puedo sentir el calor de su cuerpo, el pulso acelerado bajo su piel.
—La Diosa une a las almas destinadas —murmura—. Y cuando nuestras miradas se cruzaron… No termina la frase. No hace falta. Porque lo siento, lo sé. El lazo entre nosotros vibra como una cuerda tensada por la luna misma.
—Pero… —intento hablar—, Lucía…—Tu hermanastra no tiene nada que ver con esto —dice él, firme—. Mi lobo no reaccionó ante ella. Solo ante vos lo hace.
Mi corazón late tan fuerte que me cuesta respirar. Por un instante, el tiempo se detiene. El fuego chispea detrás de nosotros, la luna brilla a través del cristal, y el mundo parece reducido a este único momento: él y yo, dos almas marcadas por un destino imposible de negar.
Entonces, una sombra se mueve detrás de la puerta. Un leve crujido del suelo delata una presencia oculta: Lucía.
Einar parece no notarlo, pero yo sí. Su aroma está ahí, dulce y venenoso, mezclado con el humo del fuego. Y de pronto lo entiendo: ella también lo sintió. No el lazo, sino la amenaza.
Cuando Einar toma mi mano, una corriente de calor nos atraviesa a ambos.—Amara —susurra—, la luna me mostró mi destino antes de venir aquí. Sos la elegida.
Mi voz se rompe.—¿Y si el destino se equivoca?—La Diosa nunca se equivoca.
Sus palabras me atraviesan, pero también me asustan.Porque detrás de la puerta, mi hermanastra ya trama algo. Y lo sé, con la certeza de una loba que presiente la tormenta.
Chapter 2
Susurros de hechizo
Amara
El amanecer llega teñido de oro y gris. Las hogueras del claro todavía humean, y el aire huele a tierra húmeda y rocio. No dormí. No pude. La piel todavía me arde donde el Príncipe Alfa me tocó, como si la luna hubiera dejado su marca en mí.
Mi loba no deja de repetirlo, furiosa y eufórica a la vez:—“Es él. Nuestro destino.” Pero sé que no será tan simple, Lucía no perdona, nunca lo hace.
Desde la ventana de mi habitación, la veo caminar por el patio, vestida de blanco, perfecta como una estatua de hielo. Habla con alguien que no logro ver: una mujer menuda, cubierta con una capa oscura. Su aroma no pertenece a la manada. Magia. Mi loba lo grita antes de que mi mente lo entienda.
Lucía
El bosque la observa, pero ella no teme. Hace semanas que habla con la bruja de la Quebrada, una mujer vieja que vive entre las sombras del arroyo y vende favores a cam











