
La Redención De Un Ángel
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Opis
En las alturas del Cielo y las profundidades del Infierno, una batalla sin precedentes se desata por el alma de Alejandro Montero. Este importante CEO ve su vida perfecta desmoronarse en un instante de debilidad, convirtiéndose en el centro de una guerra que amenaza el equilibrio entre el bien y el mal. Alejandro lo tenía todo, un imperio empresarial, riqueza inimaginable y el amor de Clara, su devota y bella esposa. Pero la ambición y el deseo lo lleva a la infidelidad con Natalia, su joven secretaria, desencadenando una tragedia que sacude su existencia. Clara, devastada por la traición, toma una decisión fatídica que cambia el curso de sus vidas para siempre. El suicidio de Clara sume a Alejandro en un abismo de culpa y desesperación. Su alma se convierte en un campo de batalla donde ángeles y demonios libran una guerra silenciosa. El Cielo ve la oportunidad de redimir a un hombre caído, mientras el Infierno saborea la posibilidad de corromper su alma completamente. En este momento crítico, Dios envía a Celeste, uno de sus ángeles más compasivos, para guiar a Alejandro hacia la redención. Celeste observa a Alejandro, cuidando por él en sus momentos más oscuros. Pero lo que comienza como una misión divina pronto se complica cuando Celeste desarrolla sentimientos profundos por Alejandro. Como castigo por este amor prohibido, pero también como una oportunidad de redención, Celeste es enviada a la Tierra en forma humana. Despojada de sus recuerdos y poderes celestiales, debe enfrentarse a las duras realidades del mundo mortal. Su misión, lograr que Alejandro se enamore de ella y encontrar la redención a través de este amor. El camino de Celeste está lleno de pruebas y sufrimientos. Como una joven vulnerable en un mundo que no comprende, debe navegar por un laberinto de peligros y tentaciones. La influencia del demonio Malakai la lleva a trabajar en un bar para pagar una deuda, donde Alejandro la encuentra y, conmovido, la rescata ofreciéndole trabajo en su mansión como empleada de limpieza. Bajo la presión de sus padres para tener un heredero, Alejandro toma una decisión sorprendente, le propone a Celeste ser la madre subrogada de su hijo. Este acto acerca a ambos de maneras inesperadas, desencadenando eventos que sacuden los cimientos del Cielo y del Infierno. Mientras tanto, Alejandro lucha contra sus propios demonios, consumido por la culpa y al borde del abismo. Su imperio corporativo se tambalea, y cada decisión lo acerca más a la redención o a la condenación eterna. ¿Podrá Celeste guiar a Alejandro hacia la luz o sucumbirá a las tentaciones del mundo mortal? ¿Logrará Alejandro encontrar el perdón y la redención, o la culpa lo arrastrará a las profundidades del Infierno?
Chapter 1 El grito del silencio
Clara miraba hacia abajo desde la azotea del edificio, la ciudad parecía diminuta a esa altura. El viento soplaba fuerte y le movía su cabello oscuro, pero ella no se movía. Tenía la cabeza en otra parte.
Esa mañana se había dado cuenta de que su vida era una completa farsa. Para los demás, Clara lo tenía todo, era la esposa de Alejandro Montero: un tipo atractivo, con dinero y poder. Ella cumplía bien su papel en las fiestas y los eventos de caridad. Siempre usaba ropa elegante y mantenía una sonrisa en la cara. Pero todo ese mundo perfecto resultó ser de papel.
Al empezar el día, las cosas parecían normales.
—Alejandro, ¿te sirvo el desayuno? —le había preguntado ella.
—No, Clara, no tengo tiempo, tengo una junta importante —respondió él sin mirarla. Estaba concentrado arreglándose la corbata frente al espejo.
Clara se acercó y lo abrazó por la espalda.
—Siempre estás ocupado… ¿Por qué no nos tomamos unos días libres? Hace mucho que no pasamos tiempo juntos.
Alejandro se dio la vuelta, le dio un beso rápido en la frente y miró su reloj.
—Lo sé, pero pronto nos iremos de vacaciones, ahora de verdad me tengo que ir.
Salió de la casa, Clara lo vio marcharse intentando no hacer caso de esa sensación extraña en su estómago.
A mediodía quiso hacer algo diferente, quería darle una sorpresa para arreglar las cosas entre los dos. Preparó una canasta con comida y manejó hasta su oficina con ilusión.
Cuando llegó al piso donde estaba la oficina de Alejandro, el pasillo estaba desierto. El escritorio de la secretaria estaba vacío, lo que le pareció muy extraño. Clara caminó en silencio hacia la oficina de su esposo. Al acercarse a la puerta, escuchó risas y susurros.
El corazón se le aceleró, quiso darse la vuelta, pero algo la obligó a abrir la puerta.
Lo que vio la destrozó.
Ahí estaba Alejandro, abrazando a Natalia, su secretaria, estaban muy juntos, riendo y hablándose al oído.
—Ay, Alejandro… te quiero tanto —dijo Natalia.
—Y yo a ti, mi vida —le contestó él con una pasión que Clara ya no recordaba— eres todo para mí.
El mundo se le vino abajo, la canasta se le cayó de las manos y el ruido de las cosas al golpear el piso hizo que la pareja se diera cuenta.
Alejandro se separó de Natalia de golpe, se puso pálido al ver a Clara en la puerta, inmóvil y con los ojos llenos de lágrimas.
—Clara… yo… puedo explicarlo —tartamudeó él.
Ella no quiso escuchar nada más, se dio la vuelta y salió corriendo de ahí.
Horas después, el viento de la azotea le secaba las lágrimas.
—¿Por qué, Alejandro? ¿Qué hice mal? —susurró.
Se acordó de cuando empezaron, de cuando él era el hombre de sus sueños. Pensó en su primera cita en el parque, él le había prometido que la haría feliz toda la vida mientras le sostenía la mano. En ese entonces todo parecía verdad. Recordar esas promesas ahora le dolía demasiado. Ya no tenía fuerzas para aguantar el engaño.
Clara dio un paso más hacia la orilla, abajo, la ciudad seguía su ritmo, sin saber lo que pasaba arriba. Las luces empezaban a encenderse en la oscuridad, pero para ella ya todo estaba apagado.
—No puedo más… —dijo en voz baja.
Miró por última vez las calles donde había soñado formar una familia, cerró los ojos y se dejó caer.
En la sala de juntas, el teléfono de Alejandro vibraba sin parar, al principio no hizo caso, pero la insistencia lo obligó a contestar. Era el jefe de seguridad.
—¿Qué pasa? Estoy en una reunión —dijo Alejandro molesto.
—Señor Montero… su esposa Clara, saltó de la azotea.
Alejandro sintió un golpe en el pecho, el teléfono se le resbaló de las manos. Salió corriendo de la oficina con la mente hecha un caos. No podía ser verdad, entró al ascensor y apretó el botón del primer piso una y otra vez, desesperado por la lentitud.
—Dios, por favor, no… Que no sea verdad —repetía constantemente.
Cuando las puertas se abrieron en el vestíbulo, corrió hacia la entrada. Lo que vio fue una pesadilla. Clara estaba en el suelo, rodeada de policías y médicos, su cabello oscuro estaba manchado de sangre.
Sintió que el mundo se le venía encima, se abrió paso entre la multitud a empujones, pálido y con el corazón latiendo de prisa.
—No… no puede ser… —murmuró mientras se arrodillaba a su lado. Le tocó la cara y la sintió fría, empezó a llorar desconsolado.
—¡Clara, por favor, despierta! —gritó con la voz rota— ¡Por favor, no me dejes! ¡Lo siento mucho!
Se quedó ahí de rodillas, incapaz de moverse mientras la policía ponía las cintas amarillas y la gente murmuraba alrededor. Él solo escuchaba el silencio de Clara.
Los paramédicos se acercaron para apartarlo con cuidado.
—Señor, por favor, déjenos hacer nuestro trabajo —le dijo uno de ellos.
—¡No me la quiten! ¡Hagan algo! —suplicó Alejandro, aferrándose al cuerpo.
Un médico le puso una mano en el hombro.
—Lo siento, señor, ya no hay nada que hacer, su esposa murió al instante.
Alejandro la soltó despacio, sintiendo que se ahogaba en el dolor, era su culpa, todo era su maldita culpa.
Chapter 2 El funeral
Un rato después, un detective se acercó.
— Señor Montero —dijo, sacando una libreta —sé que es muy difícil, pero necesitamos hacerle algunas preguntas. ¿Puede responder?
Alejandro asintió, sin poder hablar.
—¿Cuándo vio a su esposa por última vez? —preguntó el detective, mientras anotaba.
—Esta mañana... antes de ir al trabajo —mintió Alejandro, en voz baja, no podía decir la verdad, no podía decir que la última vez que la vio, estaba con otra mujer.
—¿Notó algo raro en ella? ¿Algún cambio en los últimos días? —siguió el detective.
Alejandro negó con la cabeza, por dentro, quería gritar la verdad, pero no podía.
— No, ella... Estaba bien —mintió otra vez, sintiéndose cada vez peor, cada mentira le dolía como un cuchillo.
— ¿Su esposa tenía problemas mentales? ¿Había mostrado signos de querer... Hacerse daño?
— No... que yo supiera… —respondió Alejandro, con la voz más quebrada. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Tan ciego había esta










