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EL ARTE DE PERDERTE

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Annotation

Cuando Parker y Edwin se conocieron y se hicieron novios, no eran más que un nerd y un playboy. Edwin realmente amaba a Parker pero su obsesión por las chicas lo llevarían a ser un experto en el arte de perderla sin saber que cuando ella se fue a otro país para comenzar una nueva vida, llevaba un bebé en su vientre. ¿Qué pasará seis años después? ¿Podrá Parker encontrar el amor pero quizá, en otra persona? ¿Seguirá ella enamorada del playboy que es padre de su hijo? Quizá lo difícil no es lo que pase seis años después sino, 8 años después cuando descubra que quien más la protegía no era más que un CEO.

PRÓLOGO

No todas las historias de romance entre el chico malo de los tatuajes y que bien se conocía por ir de mujer en mujer, y la típica nerd que no parecía conocer otro lugar en la escuela más que la biblioteca terminarían de la mejor. No todos los romances estaban destinados a ser incluso si hubo tanto amor de por medio. Fueron las diferencias de uno y otro con las que fue imposible luchar.

Esta es la historia de un romance que no terminó. Chico malo y nerd, ¿podrán lograr estar juntos después de tanto tiempo?

CÁNADA

PRESENTE

Una nueva mañana cargada de nuevas oportunidades, ahí estaba el mismo niño, frente a su pequeño pupitre, mismo pequeñín pero al mismo tiempo, diferente niño entre todos sus compañeros de clase. Piel morena clara, pelo ligeramente castaño y ese par de preciosos ojos marrones es cómo podemos describirle. Mientras tanto, sus compañeros de su misma clase tenían la piel tan blanca como la nieve, el pelo rubio, a veces rizado, otras veces liso, con ojos azules o incluso verdes. Y es que ese niño era tan diferente en todos los sentidos.

El pequeño era considerado único en aquella clase y no precisamente por su físico, aunque sí, pero también estaba aquel detalle de tener una madre tan inteligente, la misma que le había enseñado como hablar dos idiomas a esa corta edad. Aunque la mayoría de las veces terminaba por usar su segundo idioma y que era el inglés.

Todo en su vida parecía perfecto; su madre le quería, su tía estaba dispuesta a dar la vida por él, su abuela (que no era exactamente su abuela Vanessa y su abuela Merry eran las típicas abuelas que le mimaba incluso cuando se equivocaba; y por último, tenía a su madre. Cualquiera que conociera a aquel hermoso ángel diría que su vida era perfecta y, por supuesto, él era feliz con la vida que tenía. Sin embargo, había un pequeño problema con el que no podía lidiar.

— ¡Leo! —Lo llamó su maestra al verlo jugar con sus compañeros, haciendo que se distrajeran.

— ¿Sí, maestra?—Respondió bien educado. Aquel hermoso par de ojos marrones se abrieron de par en par.

— ¿Has terminado tu manualidad? —Preguntó la profesora mientras suavizaba su tono de voz. Lo menos que ella hubiera querido era asustarlo.

— Sí, maestra —, afirmó Leo, educado haciendo sonreír a su profesora. Cualquiera que conociera a Leo se enamoraría de su ternura.

—Bien hecho, cariño. Pero recuerda; no porque hayas terminado la actividad, tus compañeros también lo han hecho. Debes dejarlos trabajar.

—Lo siento, maestra —bajó la mirada el pequeño.

—Ven aquí, cariño —le pidió, sintiéndose culpable. Era imposible no sentirse culpable cuando él actuaba así. ¡Qué hermoso ángel!

El niño se acercó a ella. Su maestra sonrió, extendiéndole un paquete de hojas de colores. Realmente ese niño era especial. — Elige una, la que quieras.

El niño la miró y cogió una azul. Su favorito entre todos los colores que estaba viendo. La maestra de apellido Smith sonrió extendiendo un bolígrafo que cayó en la mano del niño.

—Ve a tu asiento y escribe una carta a tu padre. Vamos —le animó la maestra.

Y una vez más, su pequeño problema estaba ahí. ¿Era tan difícil escribir una carta a su padre? Sí. Lo era, lo sería siempre para él. Después de todo, él no tenía esa vida perfecta que todos imaginaban que poseía.

Volvió a su escritorio pensando en la tarea que le habían encomendado.

Se sentó pensando en todo lo que quería decir. Tenía muchas ganas de escribir, pero no sabía cómo empezar.

Con mano temblorosa, tomó la pluma sobre la hoja. Segundo a segundo, el bolígrafo empezó a deslizarse sobre la página, creando palabras que podrían llegar al corazón de cualquiera pero menos a su padre.

Querido señor papá.

Hola, señor papá.

Mi mamá dice que tengo que se educado con las personas que son más grandes que yo pero a mi me gustaría contarle muchas cosas pero... no sé cómo empezar.

¿Sabe, señor papá? Me encanta la escuela; estoy en primer lugar en mi clase. Mi mamá me quiere mucho; tenemos una buena vida aquí, en Canadá. A mi mamá no le gusta que le hable mucho de mi señor papá por eso mejor le he decidido escribir esta carta.

Le he escrito muchas cartas y cada día del padre, voy al buzón más cercano y las envío sin que mi mamá se dé cuenta. Nunca he entendido por qué no me ha contestado mis cartas, señor papá, tal vez sea porque no te he dicho cómo estoy físicamente.

Señor papá, mis ojos son castaños, mi cabello también es castaño, aunque no es completamente lacio. Mi mami dice que mi pelo es rizado. Mi nariz es bonita y mi boca pequeña. Me gustan mis manos porque, con ellas, le escribo cartas. Mi mami dice que tengo las pestañas largas, pero cuando miro hacia arriba, no las veo.

Soy muy alto porque puedo alcanzar mi propio tazón y nadie tiene que ayudarme a bajarlo cuando como mi cereal. Me gustan los coches, la mayoría de mi ropa tiene coches impresos. También me gustan las películas de superhéroes y mi favorita es cars. No sé cómo sea físicamente, señor papá, y a lo mejor no me ha contestado porque nunca le había dicho cómo era. ¿Nos parecemos tanto como los papás de mis amigos se parecen a ellos?

Ahora que lo sabe, quizá quiera conocerme. Nunca se aburrirá conmigo. Me gusta hablar de todas las cosas que me pasan en mis días. Mi mami dice que soy difícil de apagar, pero lo que no sabe es que hablo demasiado porque la he visto llorar sola. No quiero que esté triste. Sé que cuando le cuento mi día, se olvida de sus problemas.

Mi mami es una princesa. Quizá antes no la querías porque tenía una barriga enorme cuando yo estaba dentro de ella. Ahora, es hermosa, señor papá.

Señor papá, sólo quiero saber algo sin que te enfades conmigo. ¿Dónde estás? Mi madre dice que eres un príncipe que tiene que hacer muchas cosas para hacer feliz al mundo, pero... no puedo yo no ser feliz si no le conozco.

Si eres un príncipe ocupado, podemos ir a verte. Mi mami siempre me lleva a donde quiero ir.

Recuerde, señor papá; te quiero aunque no le conozca. Siempre seré su hijo y siempre estaré aquí para usted.

Leo te quiere.

Entonces el pequeño dobló la carta después de haber escrito detrás su dirección y su teléfono. Fue entonces cuando suspiró. Algún día, su padre le contestaría... algún día. Sólo tenía que ser un poco más paciente.

Algún día, estarían sentados en el parque más bonito mientras comían una hamburguesa.

Algún día, llevaría a su padre a las actividades que cada día del padre preparan en su colegio para compartir con sus hijos y sus hijas.

Algún día, su madre y su padre estarían juntos. Aunque él no sabía cuándo. Solo quería confiar.

Si tan solo aquel pequeño supiera que la historia de un romance que no pudo ser estaba por completarse. Un nerd y un bad boy como los llamaban en la escuela. Esa era la historia de ellos, de sus padres.

I

Amor, ¿qué es el amor cuando se trata de ser nosotros mismos? Amor, ¿qué es ese sonido agridulce del amor cuando se trata de ser sólo nuestras penas? Amor, ¿qué es el amor cuando se trata de luchar con nuestro propio corazón que sólo sabe gritar el nombre de la persona que una vez nos hizo creer en el amor?

No todas las estaciones serían iguales, ni siquiera los meses, ni siquiera los días y las horas se vivirían tan felices como aquellas que compartió con el hombre que creyó que se quedaría para siempre a su lado.

Muchos recuerdos, muchas risas, muchos días bendecidos había vivido a su lado y, por primera vez en su vida, se había sentido valorada por un hombre. ¿Cómo es que nadie más podía ver su belleza? ¿Cómo es que nadie más estuvo a su lado como Edwin estuvo una vez?

Los pájaros ya no cantaban, la luz del sol que entraba por su ventana ya no la calentaba como lo hacían los abrazos de él, ese perfume tan particular que ella juraba que tenía la vida ya no lo re

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