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Marcada por el lobo: Promesa Lupina

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Annotation

Al huir de una persecución mortal, Helena cae en un abismo y despierta en Eryndor, un mundo mágico habitado por seres malditos que se transforman en animales. Allí, es marcada por Erik, un lobo exiliado y enigmático que afirma que ella le pertenece. Mientras lucha por entender su nueva realidad y descubrir los secretos de su linaje divino, Helena se ve arrastrada a una trama de pasión, poder y traición. Unidos por un vínculo indestructible, ella y Erik deben enfrentarse a cazadores implacables, conspiraciones oscuras y el misterio de la maldición que azota Eryndor, todo mientras resisten la atracción arrolladora que los acerca y amenaza con consumirlos.

Capítulo 1

Helena corría desesperada por el bosque, tropezando con las hojas y las ramas escondidas entre ellas. Sus manos y rodillas estaban raspadas y adoloridas, ya que las usaba para apoyarse cada vez que caía. Aterrorizada, se levantaba rápidamente con la esperanza de no ser alcanzada. Podía escuchar claramente las voces masculinas que se acercaban a ella.

—¡No puedes huir para siempre, chica! —gritó uno de ellos, con una voz ronca en la que se traslucía la crueldad.

Helena no miró hacia atrás. Sabía que, si se detenía, sería el fin. El miedo la corroía por dentro, y el terreno traicionero del bosque comenzaba a cobrar su precio. Sus pies descalzos estaban heridos, las ramas le rasgaban la piel, pero no se rendiría. Continuaría corriendo.

—¡Solo deténganse! ¿Por qué me hacen esto? —gritó, más hacia la nada que hacia los hombres que la perseguían.

No hubo respuesta, solo risas siniestras.

Una vez más, Helena tropezó con una raíz expuesta, cayendo de rodillas. Sus manos buscaron apoyo en el suelo lodoso, pero antes de que pudiera levantarse, escuchó los pasos acercándose. Estaban demasiado cerca.

Con un último impulso, Helena se levantó y corrió, pero el suelo pareció desaparecer bajo sus pies. Intentó mantener el equilibrio, pero no había tierra que la sostuviera. Un agujero se abrió bajo sus pies y la tragó; gritó mientras caía, pero no había dónde agarrarse.

El aire fue arrancado de sus pulmones, y todo se convirtió en una confusión de oscuridad mientras caía. La caída parecía interminable, hasta que, de repente, su cuerpo fue lanzado contra algo suave y húmedo. Estaba en el suelo, pero no en el mismo bosque.

Helena abrió los ojos lentamente. El aire era diferente, pesado y cargado de un olor terroso. Árboles enormes se alzaban a su alrededor, mucho más grandes y antiguos que los del bosque del que venía. La luz era más tenue, como si el sol hubiera sido filtrado por un velo.

—¿Dónde… dónde estoy? —murmuró, su voz resonando débilmente.

—Has caído demasiado lejos, mikró (pequeña).

La voz profunda y ronca hizo que su cuerpo se helara. Helena giró la cabeza lentamente, sus ojos encontrándose con los de un hombre que la observaba desde las sombras. Era alto y delgado, pero su presencia era abrumadora. Sus ojos dorados brillaban como los de un depredador, y su cabello oscuro caía desordenadamente sobre sus hombros.

—¿Quién eres tú? —preguntó, intentando levantarse, pero sus piernas no obedecían.

El hombre dio un paso adelante, saliendo de las sombras. La luz tenue reveló su rostro anguloso y su expresión severa. Parecía humano, pero algo en él era… diferente. Salvaje.

—Eso no importa ahora. Lo que importa es que estás en mi territorio. —Se acercó lentamente, rodeándola como si fuera una presa.

—Yo… yo no quería estar aquí. Estaba huyendo… —intentó explicar Helena, pero él la interrumpió.

—Y caíste directamente en mis manos.

Antes de que ella pudiera reaccionar, se arrodilló frente a ella, sujetando su barbilla con fuerza. El toque era cálido, casi quemante. Helena intentó alejarse, pero él era demasiado fuerte.

—¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame! —exigió, pero su voz sonó débil.

—Aún no lo entiendes, ¿verdad? —Sus ojos se estrecharon, y luego inclinó la cabeza hacia un lado. —No te dejaré escapar.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando? —El pánico se apoderó de Helena.

—Ahora me perteneces. —Susurró las palabras antes de inclinar la cabeza y morder su cuello.

El dolor fue instantáneo, un shock que la hizo gritar. Intentó empujarlo, pero era como si su cuerpo estuviera paralizado. Un calor extraño comenzó a extenderse desde donde sus dientes habían perforado su piel, una sensación confusa de dolor y… algo más.

Cuando finalmente se apartó, sus ojos dorados brillaban aún más.

—¿Qué me has hecho? —jadeó Helena, tocando su cuello, donde ahora había una marca en forma de media luna.

—Te he marcado. Ahora eres mía. —Se levantó, mirándola como si hubiera ganado un premio.

Helena lo miró fijamente, su corazón latiendo descontroladamente.

—¡No pertenezco a nadie! ¡Estás loco! —gritó, intentando levantarse de nuevo.

Él rio, un sonido bajo y ronco que le erizó los pelos.

—Aquí, todo tiene un dueño. Este mundo no es como el tuyo. Aquí, las reglas son diferentes.

—¿Qué lugar es este? —preguntó, finalmente logrando ponerse de pie, aunque sus piernas temblaban.

—Eryndor. Un mundo olvidado, m*ld*t*. —Dio un paso atrás, sin apartar los ojos de ella. —Y ahora, formas parte de él.

—¡Quiero volver a casa! —gritó, pero él solo sacudió la cabeza.

—No hay forma de volver.

Helena sintió que la desesperación crecía en su pecho.

—¿Por qué me has hecho esto? ¡Yo no pedí estar aquí!

Él la observó por un momento, su mirada intensa e inescrutable.

—Porque caíste en mi territorio. Y porque eres diferente. Lo sentí en el momento en que apareciste.

—¿Diferente? ¿Cómo?

No respondió. En lugar de eso, se dio la vuelta y comenzó a alejarse.

—¡Espera! —Helena corrió tras él, agarrando su brazo. —¡No puedes marcarme y simplemente irte!

Se detuvo, mirando su mano en su brazo.

—Eres valiente. Eso es bueno. Pero ten cuidado, Helena. Este mundo no perdona debilidades.

Ella parpadeó, sorprendida.

—¿Cómo sabes mi nombre?

Inclinó la cabeza, con una sonrisa enigmática curvando sus labios.

—Sé más sobre ti de lo que imaginas.

Antes de que pudiera responder, comenzó a transformarse. Sus huesos crujieron, su cuerpo se expandió, y en segundos estaba frente a ella como un enorme lobo negro, sus ojos dorados aún brillando con intensidad.

Helena dio un paso atrás, con la boca abierta por el shock.

—Esto… esto no es posible…

El lobo emitió un gruñido bajo, pero no amenazante, antes de desaparecer entre los árboles, dejándola sola en medio del bosque extraño y silencioso.

Helena cayó de rodillas, su mente dando vueltas.

—¿Qué diablos está pasando?

Tocó su cuello nuevamente. La sangre había dejado de fluir, pero la marca… la marca era profunda, como si ardiera. Y, por primera vez, sintió algo diferente en su pecho. Algo poderoso, latiendo bajo su piel, como si algo dentro de ella hubiera despertado a partir de esa mordida.

Capítulo 2

Helena se quedó allí, arrodillada en la tierra húmeda, tratando de comprender lo que acababa de suceder. Su respiración era entrecortada, su corazón martilleando contra su pecho como si quisiera escapar. La marca en su cuello aún ardía, irradiando una sensación extraña que iba más allá del dolor. Era como si algo en ella hubiera cambiado, algo profundo e irreversible.

Miró a su alrededor, tratando de orientarse en el bosque que ahora parecía más vivo y, al mismo tiempo, más amenazador.

El lobo negro, o lo que fuera que Erik fuera, había desaparecido, dejándola sola. Pero incluso en su ausencia, Helena sentía su presencia, como si una parte de él estuviera pegada a ella. Era perturbador y, al mismo tiempo, inexplicablemente reconfortante.

“No pertenezco a nadie”, pensó, tratando de reunir fuerzas. Pero sus palabras aún resonaban en su mente. “Ahora eres mía.”

Helena sacudió la cabeza, decidida a no dejar que el miedo la dominara. Se

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