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Se Busca Esposa

  • Genre: Romance
  • Author: NiNa G.
  • Chapters: 62
  • Status: Completed
  • Age Rating: 18+
  • 👁 58
  • 7.5
  • 💬 0

Annotation

Todo parecía ir bien en la vida del egocéntrico, correcto y frívolo Ciro Marshall. Hasta el día en que el imperio familiar que le fué heredado hace años, amenaza con venirse abajo por una cláusula impuesta en el testamento de su abuelo y sólo tiene dos meses para resolverlo. Desesperado por conservar su poder, arma una estrategia que a simple vista parece perfecta, pero cómo era de esperarse, el destino traza su propia línea sobre los planes de Ciro dando un giro inesperado a lo que el consideraba su seguro de vida. Isabella Miller, en cambio es una madre soltera, desorganizada y despreocupada, que trabaja como bailarina exótica en un club nocturno. Hundida entre las deudas y sin saber que hacer, un misterioso y particular anuncio en la web se convierte en su salvacion. ¿Que sucederá cuándo se crucen estas dos vidas totalmente opuestas atraídas por el dinero?

PRÓLOGO

Capítulo 1 Prólogo

— Ciro Marshall, ¿acepta usted, a esta mujer Isabella Miller.... — Preguntó el sacerdote Mauricio, mientras me mantenía en el altar de aquella iglesia enfundado en mi fluyente esmoquin negro. — ... Para ser tu verdadera y legítima esposa, para amarla, cuidarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para mejor o peor, renunciando a otras mujeres y serle fiel hasta que la muerte los separe?. — Parpadeé un par de veces al escuchar sus palabras. ¿Que fue lo que dijo? ¿Renunciar a otras mujeres? Si todo fuera real, estoy seguro que decir "Si, acepto" sería mucho más fácil. Las palabras saldrían de mi boca con más fluidez y menos toscas, después de todo, es la mujer que amo. La que elegí para compartir el resto de mi vida, pero resulta que la mujer que está a mi lado no debería estar ahí. La novia era una sensual y encantadora desconocida a la cuál le iba a pagar varios miles de dólares para casarse conmigo y ayudarme a mantener mi fortuna. Pero ¡por Dios! a simple vista se ve que no está a mi nivel, es todo lo contrario a lo que es Astrid. Es una mujer inculta, sin clase y muy desordenada. Tampoco estoy seguro de que mi familia se trague el cuento de que un hombre cómo yo, pudo elegir a alguien cómo ella. «Seré el hazme reír de todos» — ¿Señor Marshall? — La voz del padre, me trajo de regreso a la realidad dónde todos esperaban una respuesta. — Eh.. Si, si cómo sea. acepto.— Dije finalmente después de mi breve pausa. Ahora que las palabras estaban dichas no había vuelta atrás. ¡Demonios! Miré a Isabella que se encontraba a mí lado. Su vestido de novia blanco de diseñador, junto a la tiara y guantes sin dedos hasta el codo, la hacían ver realmente guapa. «Dios, no puedo creer que esté haciendo esto» — Puede colocar el anillo en el dedo de su novia. — Mi socio Alexandre y padrino de la boda, sacó los anillos dorados de su bolsillo y me los entregó, haciendo un gesto de picardía con su rostro. — "B*st*rd*". — Susurré con rabia entre dientes, pero sin dejar de sonreír. Tomé la mano izquierda de la chica y deslicé el anillo en su delgado dedo, me sorprendió la facilidad con la que nuestras manos se enlazaron, a pesar de que ella estaba nerviosa, no había el menor indicio de vacilación en su voz, incluso su rostro se veía inusualmente radiante, con rasgos suaves y definidos. ¿Pero, qué estoy pensando? Moví mi cabeza para echar a un lado aquellos pensamientos cursis, pues había una diferencia de edad entre ésta chica y yo, sin mencionar que era mi segundo matrimonio, seguramente ante los medios y la farándula chupa sangre, debo verme cómo un tipo ridíc*l*. — Sin más preámbulos, ahora los declaro marido y mujer. — Dijo el padre Mauricio, con su voz llena de alegría. ¿En verdad lo había hecho? Permanecí parado unos segundos mientras la realidad se desplegaba frente a mis ojos. Si. si lo había hecho, me había casado con una bailarina desnudista. ¡Debo estar completamente loco!. — Puede besar a su esposa señor Marshall. — El padre me hizo seña de que ya era hora. Debíamos sellar nuestro compromiso bajo la mirada atenta de todos los invitados. Di un paso adelante para acercarme a mí nueva esposa y coloqué mis manos en su cintura, ella rodeó mi cuello con sus brazos de forma automática. Era absolutamente obligatorio que la besara pero más que eso, debía verse como si no fuese la primera vez. Mis ojos se posaron en su pequeña boca que estaba pintada de un color rosa, sus labios eran carnosos y provocativos. La había pillado antes hacer ese gesto nervioso de morder su labio inferior, que en realidad me pareció muy s*xy pero no digo absolutamente nada, sólo me limito a detallar su bonito rostro, hasta qué consigo mirarla a los ojos y me sorprendo al ver el verde esmeralda con pequeñas motitas marrones. «Son hermosos» Entonces, decido bajar mi rostro para depositar un casto beso, pero ella se adelanta y su lengua se introduce despacio, dentro de mí boca. Su mano se enreda en mi cabello para atraerme un poco más, todo mi cuerpo se estremece ante esta loca y seductora mujer. Un gemido suave se escapa de sus labios, cuándo respondo a su beso y le sigo el juego besándola a conciencia, dominando esta vez su lengua con la mía para obligarla a mantener mi ritmo, pero antes de seguir con esta locura me separé de ella. — No te hagas ilusiones, Isabella.— Susurré muy cerca de su oído, al ver que aún mantenía sus ojos cerrados. — Jamás ocurrirá de nuevo. ¿Entiendes?— Asintió con su cabeza. — Si, lo entiendo, queridísimo esposo. — Respondió con frialdad mientras me apartaba de ella y tomaba su mano para caminar hacía la salida. [...] Recibimos los abrazos y las felicitaciones por parte de los invitados, luego descaradamente sonreímos con hipocresía ante los flashes de las cámaras e incluso posamos para unas cuantas fotos de portadas, así sería nuestra vida a partir de ahora, una completa y vil farsa. Entonces, es allí dónde el verdadero juego comenzó y no tenía una idea en lo que me estaba metiendo realmente. ¿Cómo es que dejé que todo ésto pasara? * * * * * * * * * * *acepta usted, a esta mujer Isabella Miller.... — Preguntó el sacerdote Mauricio, mientras me mantenía en el altar de aquella iglesia enfundado en mi fluyente esmoquin negro. — ... Para ser tu verdadera y legítima esposa, para amarla, cuidarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para mejor o peor, renunciando a otras mujeres y serle fiel hasta que la muerte los separe?. — Parpadeé un par de veces al escuchar sus palabras. ¿Que fue lo que dijo? ¿Renunciar a otras mujeres? Si todo fuera real, estoy seguro que decir "Si, acepto" sería mucho más fácil. Las palabras saldrían de mi boca con más fluidez y menos toscas, después de todo, es la mujer que amo. La que elegí para compartir el resto de mi vida, pero resulta que la mujer que está a mi lado no debería estar ahí. La novia era una sensual y encantadora desconocida a la cuál le iba a pagar varios miles de dólares para casarse conmigo y ayudarme a mantener mi fortuna. Pero ¡por Dios! a simple vista se ve que no está a mi nivel, es todo lo contrario a lo que es Astrid. Es una mujer inculta, sin clase y muy desordenada. Tampoco estoy seguro de que mi familia se trague el cuento de que un hombre cómo yo, pudo elegir a alguien cómo ella. «Seré el hazme reír de todos» — ¿Señor Marshall? — La voz del padre, me trajo de regreso a la realidad dónde todos esperaban una respuesta. — Eh.. Si, si cómo sea. acepto.— Dije finalmente después de mi breve pausa. Ahora que las palabras estaban dichas no había vuelta atrás. ¡Demonios! Miré a Isabella que se encontraba a mí lado. Su vestido de novia blanco de diseñador, junto a la tiara y guantes sin dedos hasta el codo, la hacían ver realmente guapa. «Dios, no puedo creer que esté haciendo esto» — Puede colocar el anillo en el dedo de su novia. — Mi socio Alexandre y padrino de la boda, sacó los anillos dorados de su bolsillo y me los entregó, haciendo un gesto de picardía con su rostro. — "B*st*rd*". — Susurré con rabia entre dientes, pero sin dejar de sonreír. Tomé la mano izquierda de la chica y deslicé el anillo en su delgado dedo, me sorprendió la facilidad con la que nuestras manos se enlazaron, a pesar de que ella estaba nerviosa, no había el menor indicio de vacilación en su voz, incluso su rostro se veía inusualmente radiante, con rasgos suaves y definidos. ¿Pero, qué estoy pensando? Moví mi cabeza para echar a un lado aquellos pensamientos cursis, pues había una diferencia de edad entre ésta chica y yo, sin mencionar que era mi segundo matrimonio, seguramente ante los medios y la farándula chupa sangre, debo verme cómo un tipo ridíc*l*. — Sin más preámbulos, ahora los declaro marido y mujer. — Dijo el padre Mauricio, con su voz llena de alegría. ¿En verdad lo había hecho? Permanecí parado unos segundos mientras la realidad se desplegaba frente a mis ojos. Si. si lo había hecho, me había casado con una bailarina desnudista. ¡Debo estar completamente loco!. — Puede besar a su esposa señor Marshall. — El padre me hizo seña de que ya era hora. Debíamos sellar nuestro compromiso bajo la mirada atenta de todos los invitados. Di un paso adelante para acercarme a mí nueva esposa y coloqué mis manos en su cintura, ella rodeó mi cuello con sus brazos de forma automática. Era absolutamente obligatorio que la besara pero más que eso, debía verse como si no fuese la primera vez. Mis ojos se posaron en su pequeña boca que estaba pintada de un color rosa, sus labios eran carnosos y provocativos. La había pillado antes hacer ese gesto nervioso de morder su labio inferior, que en realidad me pareció muy s*xy pero no digo absolutamente nada, sólo me limito a detallar su bonito rostro, hasta qué consigo mirarla a los ojos y me sorprendo al ver el verde esmeralda con pequeñas motitas marrones. «Son hermosos» Entonces, decido bajar mi rostro para depositar un casto beso, pero ella se adelanta y su lengua se introduce despacio, dentro de mí boca. Su mano se enreda en mi cabello para atraerme un poco más, todo mi cuerpo se estremece ante esta loca y seductora mujer. Un gemido suave se escapa de sus labios, cuándo respondo a su beso y le sigo el juego besándola a conciencia, dominando esta vez su lengua con la mía para obligarla a mantener mi ritmo, pero antes de seguir con esta locura me separé de ella. — No te hagas ilusiones, Isabella.— Susurré muy cerca de su oído, al ver que aún mantenía sus ojos cerrados. — Jamás ocurrirá de nuevo. ¿Entiendes?— Asintió con su cabeza. — Si, lo entiendo, queridísimo esposo. — Respondió con frialdad mientras me apartaba de ella y tomaba su mano para caminar hacía la salida. [...] Recibimos los abrazos y las felicitaciones por parte de los invitados, luego descaradamente sonreímos con hipocresía ante los flashes de las cámaras e incluso posamos para unas cuantas fotos de portadas, así sería nuestra vida a partir de ahora, una completa y vil farsa. Entonces, es allí dónde el verdadero juego comenzó y no tenía una idea en lo que me estaba metiendo realmente. ¿Cómo es que dejé que todo ésto pasara? * * * * * * * * * * *acepta usted, a esta mujer Isabella Miller.... — Preguntó el sacerdote Mauricio, mientras me mantenía en el altar de aquella iglesia enfundado en mi fluyente esmoquin negro. — ... Para ser tu verdadera y legítima esposa, para amarla, cuidarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para mejor o peor, renunciando a otras mujeres y serle fiel hasta que la muerte los separe?. — Parpadeé un par de veces al escuchar sus palabras. ¿Que fue lo que dijo? ¿Renunciar a otras mujeres? Si todo fuera real, estoy seguro que decir "Si, acepto" sería mucho más fácil. Las palabras saldrían de mi boca con más fluidez y menos toscas, después de todo, es la mujer que amo. La que elegí para compartir el resto de mi vida, pero resulta que la mujer que está a mi lado no debería estar ahí. La novia era una sensual y encantadora desconocida a la cuál le iba a pagar varios miles de dólares para casarse conmigo y ayudarme a mantener mi fortuna. Pero ¡por Dios! a simple vista se ve que no está a mi nivel, es todo lo contrario a lo que es Astrid. Es una mujer inculta, sin clase y muy desordenada. Tampoco estoy seguro de que mi familia se trague el cuento de que un hombre cómo yo, pudo elegir a alguien cómo ella. «Seré el hazme reír de todos» — ¿Señor Marshall? — La voz del padre, me trajo de regreso a la realidad dónde todos esperaban una respuesta. — Eh.. Si, si cómo sea. acepto.— Dije finalmente después de mi breve pausa. Ahora que las palabras estaban dichas no había vuelta atrás. ¡Demonios! Miré a Isabella que se encontraba a mí lado. Su vestido de novia blanco de diseñador, junto a la tiara y guantes sin dedos hasta el codo, la hacían ver realmente guapa. «Dios, no puedo creer que esté haciendo esto» — Puede colocar el anillo en el dedo de su novia. — Mi socio Alexandre y padrino de la boda, sacó los anillos dorados de su bolsillo y me los entregó, haciendo un gesto de picardía con su rostro. — "B*st*rd*". — Susurré con rabia entre dientes, pero sin dejar de sonreír. Tomé la mano izquierda de la chica y deslicé el anillo en su delgado dedo, me sorprendió la facilidad con la que nuestras manos se enlazaron, a pesar de que ella estaba nerviosa, no había el menor indicio de vacilación en su voz, incluso su rostro se veía inusualmente radiante, con rasgos suaves y definidos. ¿Pero, qué estoy pensando? Moví mi cabeza para echar a un lado aquellos pensamientos cursis, pues había una diferencia de edad entre ésta chica y yo, sin mencionar que era mi segundo matrimonio, seguramente ante los medios y la farándula chupa sangre, debo verme cómo un tipo ridíc*l*. — Sin más preámbulos, ahora los declaro marido y mujer. — Dijo el padre Mauricio, con su voz llena de alegría. ¿En verdad lo había hecho? Permanecí parado unos segundos mientras la realidad se desplegaba frente a mis ojos. Si. si lo había hecho, me había casado con una bailarina desnudista. ¡Debo estar completamente loco!. — Puede besar a su esposa señor Marshall. — El padre me hizo seña de que ya era hora. Debíamos sellar nuestro compromiso bajo la mirada atenta de todos los invitados. Di un paso adelante para acercarme a mí nueva esposa y coloqué mis manos en su cintura, ella rodeó mi cuello con sus brazos de forma automática. Era absolutamente obligatorio que la besara pero más que eso, debía verse como si no fuese la primera vez. Mis ojos se posaron en su pequeña boca que estaba pintada de un color rosa, sus labios eran carnosos y provocativos. La había pillado antes hacer ese gesto nervioso de morder su labio inferior, que en realidad me pareció muy s*xy pero no digo absolutamente nada, sólo me limito a detallar su bonito rostro, hasta qué consigo mirarla a los ojos y me sorprendo al ver el verde esmeralda con pequeñas motitas marrones. «Son hermosos» Entonces, decido bajar mi rostro para depositar un casto beso, pero ella se adelanta y su lengua se introduce despacio, dentro de mí boca. Su mano se enreda en mi cabello para atraerme un poco más, todo mi cuerpo se estremece ante esta loca y seductora mujer. Un gemido suave se escapa de sus labios, cuándo respondo a su beso y le sigo el juego besándola a conciencia, dominando esta vez su lengua con la mía para obligarla a mantener mi ritmo, pero antes de seguir con esta locura me separé de ella. — No te hagas ilusiones, Isabella.— Susurré muy cerca de su oído, al ver que aún mantenía sus ojos cerrados. — Jamás ocurrirá de nuevo. ¿Entiendes?— Asintió con su cabeza. — Si, lo entiendo, queridísimo esposo. — Respondió con frialdad mientras me apartaba de ella y tomaba su mano para caminar hacía la salida. [...] Recibimos los abrazos y las felicitaciones por parte de los invitados, luego descaradamente sonreímos con hipocresía ante los flashes de las cámaras e incluso posamos para unas cuantas fotos de portadas, así sería nuestra vida a partir de ahora, una completa y vil farsa. Entonces, es allí dónde el verdadero juego comenzó y no tenía una idea en lo que me estaba metiendo realmente. ¿Cómo es que dejé que todo ésto pasara? * * * * * * * * * * *acepta usted, a esta mujer Isabella Miller.... — Preguntó el sacerdote Mauricio, mientras me mantenía en el altar de aquella iglesia enfundado en mi fluyente esmoquin negro. — ... Para ser tu verdadera y legítima esposa, para amarla, cuidarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para mejor o peor, renunciando a otras mujeres y serle fiel hasta que la muerte los separe?. — Parpadeé un par de veces al escuchar sus palabras. ¿Que fue lo que dijo? ¿Renunciar a otras mujeres? Si todo fuera real, estoy seguro que decir "Si, acepto" sería mucho más fácil. Las palabras saldrían de mi boca con más fluidez y menos toscas, después de todo, es la mujer que amo. La que elegí para compartir el resto de mi vida, pero resulta que la mujer que está a mi lado no debería estar ahí. La novia era una sensual y encantadora desconocida a la cuál le iba a pagar varios miles de dólares para casarse conmigo y ayudarme a mantener mi fortuna. Pero ¡por Dios! a simple vista se ve que no está a mi nivel, es todo lo contrario a lo que es Astrid. Es una mujer inculta, sin clase y muy desordenada. Tampoco estoy seguro de que mi familia se trague el cuento de que un hombre cómo yo, pudo elegir a alguien cómo ella. «Seré el hazme reír de todos» — ¿Señor Marshall? — La voz del padre, me trajo de regreso a la realidad dónde todos esperaban una respuesta. — Eh.. Si, si cómo sea. acepto.— Dije finalmente después de mi breve pausa. Ahora que las palabras estaban dichas no había vuelta atrás. ¡Demonios! Miré a Isabella que se encontraba a mí lado. Su vestido de novia blanco de diseñador, junto a la tiara y guantes sin dedos hasta el codo, la hacían ver realmente guapa. «Dios, no puedo creer que esté haciendo esto» — Puede colocar el anillo en el dedo de su novia. — Mi socio Alexandre y padrino de la boda, sacó los anillos dorados de su bolsillo y me los entregó, haciendo un gesto de picardía con su rostro. — "B*st*rd*". — Susurré con rabia entre dientes, pero sin dejar de sonreír. Tomé la mano izquierda de la chica y deslicé el anillo en su delgado dedo, me sorprendió la facilidad con la que nuestras manos se enlazaron, a pesar de que ella estaba nerviosa, no había el menor indicio de vacilación en su voz, incluso su rostro se veía inusualmente radiante, con rasgos suaves y definidos. ¿Pero, qué estoy pensando? Moví mi cabeza para echar a un lado aquellos pensamientos cursis, pues había una diferencia de edad entre ésta chica y yo, sin mencionar que era mi segundo matrimonio, seguramente ante los medios y la farándula chupa sangre, debo verme cómo un tipo ridíc*l*. — Sin más preámbulos, ahora los declaro marido y mujer. — Dijo el padre Mauricio, con su voz llena de alegría. ¿En verdad lo había hecho? Permanecí parado unos segundos mientras la realidad se desplegaba frente a mis ojos. Si. si lo había hecho, me había casado con una bailarina desnudista. ¡Debo estar completamente loco!. — Puede besar a su esposa señor Marshall. — El padre me hizo seña de que ya era hora. Debíamos sellar nuestro compromiso bajo la mirada atenta de todos los invitados. Di un paso adelante para acercarme a mí nueva esposa y coloqué mis manos en su cintura, ella rodeó mi cuello con sus brazos de forma automática. Era absolutamente obligatorio que la besara pero más que eso, debía verse como si no fuese la primera vez. Mis ojos se posaron en su pequeña boca que estaba pintada de un color rosa, sus labios eran carnosos y provocativos. La había pillado antes hacer ese gesto nervioso de morder su labio inferior, que en realidad me pareció muy s*xy pero no digo absolutamente nada, sólo me limito a detallar su bonito rostro, hasta qué consigo mirarla a los ojos y me sorprendo al ver el verde esmeralda con pequeñas motitas marrones. «Son hermosos» Entonces, decido bajar mi rostro para depositar un casto beso, pero ella se adelanta y su lengua se introduce despacio, dentro de mí boca. Su mano se enreda en mi cabello para atraerme un poco más, todo mi cuerpo se estremece ante esta loca y seductora mujer. Un gemido suave se escapa de sus labios, cuándo respondo a su beso y le sigo el juego besándola a conciencia, dominando esta vez su lengua con la mía para obligarla a mantener mi ritmo, pero antes de seguir con esta locura me separé de ella. — No te hagas ilusiones, Isabella.— Susurré muy cerca de su oído, al ver que aún mantenía sus ojos cerrados. — Jamás ocurrirá de nuevo. ¿Entiendes?— Asintió con su cabeza. — Si, lo entiendo, queridísimo esposo. — Respondió con frialdad mientras me apartaba de ella y tomaba su mano para caminar hacía la salida. [...] Recibimos los abrazos y las felicitaciones por parte de los invitados, luego descaradamente sonreímos con hipocresía ante los flashes de las cámaras e incluso posamos para unas cuantas fotos de portadas, así sería nuestra vida a partir de ahora, una completa y vil farsa. Entonces, es allí dónde el verdadero juego comenzó y no tenía una idea en lo que me estaba metiendo realmente. ¿Cómo es que dejé que todo ésto pasara? * * * * * * * * * * *

CAPITULO 01.

POV : CIRO

[Tres meses antes...]

Tiene que estar bromeando...

— Digo antes de arrancar el documento de las manos de Alexandre Hard, quién aparte de ser mí socio compartíamos una amistad laboral desde hace mucho tiempo.

¿Un hijo? — Me burlé al releer la diminuta letra de aquella cláusula que apuntaba para ser el siguiente sucesor de la constructora de mi familia.

¿De dónde carajos se supone que voy a sacar un niño? Aquí dice que debo cumplir con ésta condición antes de mi cumpleaños número cuarenta.

— Tiré el documento con enojo sobre mí escritorio mientras que me levantaba para servirme un trago del mini bar.

Más que la última voluntad de mi abuelo parecen los deseos de mi difunto padre a quien "quiero y respeto mucho".

— Hice comillas en ésta última frase".

Es más, estoy seguro de que el tuvo que ver con és

Heroes

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