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Exclusive

Protegiendo tu corazón

  • Genre: Romance
  • Author: Kasaly
  • Chapters: 7
  • Status: Ongoing
  • Age Rating: 18+
  • 👁 172
  • 5.0
  • 💬 2

Annotation

Killian Lennox es un guardaespaldas de elite, entrenado para cumplir con su deber, recibe una propuesta del hijo de una adinerada familia, para que vigile a su problemática esposa e hijo, a quienes en realidad mantiene cautivos, como un par de trofeos. Ariatella Sterling una joven soñadora, que anhela su libertad cada día desde que vive en dentro del infierno de Calvin Wallace su captor y abusador. Lo único que la mantiene en pie es su amado hijo. Aunque sus realidades son distintas, tanto Killian como Aristella se unen como si del destino se tratase, su amor es suficiente para que Aristella vuelva a creer en el amor a pesar de las desgracias que han dañado su corazón y alma, Killian es un bálsamo, el padre que hubiera querido para su amado hijo y el hombre que hará todo para sacarla de ese infierno, así sea enfrentarse a todos los matones que custodian la mansión Wallace.

Capítulo I

—¿Vas a pagarme?

—Por favor, se lo suplico, de-de-deme más ti-ti-tiempo.

Los lamentos de un hombre pidiendo clemencia a un prestamista no eran inusuales en aquel barrio marginal.

En una ciudad pequeña, en donde el salario mínimo era un lujo y el sobrevivir con pequeños trabajos una bendición, las agencias de préstamos rápidos y sin aval se convertían en esperanza frente a la desesperación de caer en la miseria al día siguiente, por esa misma razón los usureros se convirtieron en la autoridad de los barrios bajos y la policía que hacía de la vista gorda ante los sobornos otorgados, era como un país con sus propias reglas.

Esa noche los vecinos no se sorprendieron que su vecino gritara como un animal al borde de la muerte, un hombre como él, pediría perdón mil veces mientras eso lo dejará respirar un día más para ahogarse en sus vicios. 

Dentro de la destartalada casa, un hombre con un costoso traje, miraba a su lamentable cliente suplicar de rodillas por extender la prórroga, que ya había vencido más veces de las que el hombre elegante podría contar, si por algún milagro tuviera el dinero, no cubrirá ni la décima parte de dicha deuda a la que ahora también se le sumaban los intereses que inflaba la suma total de forma estratosférica. 

—¿Por quién me tomas?, ¿una asociación de caridad?

—No, no es lo quise decir señor Wallace, créame, estoy reuniendo el dinero.

—¿En serio? —. El hombre que responde al nombre de Wallace, le da una calada a su cigarrillo, disfrutando del sabor del tabaco, para después usar la frente del hombre como cenicero.

No se inmuto ante sus gritos, era un inicio suave para lo que le esperaba a uno de los tantos deudores que tenía para visitar esa noche.

—No soy un hombre paciente Billy, además, ¿todavía queda algo que puedas ofrecer?

Billy envuelto en lágrimas y mocos se veía patético, había sobrepasado cualquier límite con un hombre como Enoch Wallace, subestimó su peligrosidad y tomó las advertencias como una broma, cuando era claro desde un principio que entrar en su “cartera de clientes”, era buscar la muerte, pero en su mundo las opciones eran limitadas, elegir echarse la soga al cuello o vivir un día más, fue su patético instinto de supervivencia llevándolo a la perdición. 

Enoch tenía razón, no tenía nada más que ofrecer, su esposa lo abandonó porque era incapaz de alejarse del juego y las drogas, prefirió salvarse a sí misma antes que…

Fue entonces que miró en dirección al armario al fondo de la habitación y como si se tratara de una revelación divina, se dio cuenta que aún existía algo que podía ofrecer.

—Señor Wallace—llamó Billy con la confianza renovada a través de su tono de voz. —Le tengo una propuesta, y estoy seguro que no podrá rechazarla.

.

.

Aristella miró su reflejo a través del espejo, su rostro cubierto de moretones, los nuevos se unían a los viejos, en una imagen deprimente, no había nada que hacer, solo le quedaba suspirar e intentar cubrir todo con el maquillaje de alta cobertura.

Nadie creería que debajo de todo ese maquillaje, ocultaba algo más que golpes, la fachada de una familia que pagaba lo que fuera por aparentar perfección y felicidad.

La gente de afuera envidiaba su vida, cualquiera mataría por tener tu lugar, eso es lo que escuchaba todos los días de las otras esposas de la alta sociedad, lo que ellas no sabían es que deseaba con todas sus fuerzas que alguien cumpliera esas palabras, lo que fuera mientras alguien más tomará su lugar. 

Aun cuando esta era la vida que tenía, no siempre fue así.

Alguna vez tuvo una vida normal, como cualquier otra persona, sus padres la amaban y eran felices, pero todo cambió cuando su madre murió y derivado de esa pérdida, su padre volvió a todos los excesos que había dejado tiempo atrás.

Las apuestas se convirtieron en antidepresivos, por un tiempo parecía que todo estaba bien, solo era un hobbie más o eso creía, hasta que poco a poco las cosas comenzaron a desaparecer, las joyas de su mamá, algunos objetos de valor que parecían haber sido regalos de boda, incluso la casa en donde solían vivir.

Su medicina contra el dolor y la pérdida fue más costosa de lo que imagino, nubló su juicio hasta un punto sin retorno, en donde el placer que el azar y las drogas era irresponsable, los pocos ahorros que tenían se escurrieron como agua y eso lo orilló a pedir préstamos impagables a su entonces jefe Enoch Wallace, que parecía un respetable empresario por fuera, pero era solo una cortina de humo para encubrir los negocios más turbios.

Cuando ya no podía pagar ni la octava parte de esa deuda, a los nueve años la ofreció como “garantía”, aunque lo correcto sería decir que la vendió como una yegua que un futuro serviría para dar a luz a los herederos de los Wallace.

No deseaba tener una vida así, y cuando tenía doce años, escapó de casa con la ayuda de su tía materna y por un par de años pudo vivir en paz, hasta que las deudas de su padre finalmente la alcanzaron.

Los Wallace dieron con su paradero, sus tíos trataron de evitarlo, pero para Enoch Wallace sólo eran estorbos que no le costó nada quitar del camino y así frente a sus ojos le arrebataron la vida a la única familia que le quedaba.

Fue ahí donde comprendió que el poder de esa familia era demasiado, tanto que ni siquiera las autoridades se atrevían a ir en su contra, por el contrario se encargaban de encubrir todas las atrocidades que cometían sin pudor alguno.

Rendirse era la única opción, al menos así mantendría con vida a sus primos y no cobrarían más vidas por culpa de su padre, quien solo le tendió una trampa para cumplir con su acuerdo, aunque los beneficios que obtendría jamás los gozo porque al poco tiempo descubrió que murió de una sobredosis.

No hubo tiempo de lamentar nada, porque el infierno comenzó cuando fue arrojada a los brazos del despreciable hijo menor del cabecilla de los Wallace.

Calvin Wallace nunca le dejó una buena impresión, su aspecto era simple a comparación de su padre y hermano que imponían con su sola presencia, a su lado Calvi era patético, usando lo más extravagante para destacar.

Desde el primer momento la vio como una incubadora que le daría todos los hijos que quisiera y así fue, no mucho después de ser obligada a acostarse con él, quedó embarazada de su primer hijo, Oliver.

Oliver fue en muchos sentidos la razón por la que se mantuvo con vida, aun cuando había planeado acabar con su sufrimiento luego de traer a la criatura al mundo, no pudo hacerlo, si fue un instinto maternal o no, la culpa que le perseguiría por dejar a un ser indefenso a la merced de esas bestias fue suficiente para que desistiera de dicha idea.

Su hijo no fue lo que ellos esperaban, la decepción, Calvin la convirtió en el medio para descargar toda la frustración de un hijo que no era amado por su exigente padre, que no paraba de recordarle que ella era el problema y por eso sus genes eran de baja calidad, como si embarazarse hubiera sido solo cosa suya.

Así pasaron tres años, en los que ella soportó golpes y humillaciones de todo tipo, por el simple hecho de no poder dar un buen hijo a la familia Wallace, sufrió un par de abortos luego de eso, lo que agravo más la situación tan precaria en la vivían, por lo que los planes de tener un heredero digno cada vez eran más lejanos.

Calvin lo deseaba con desespero porque así podría demostrar frente a su padre que por primera vez en su vida era mejor que su hermano.

No tenía opciones, debía soportar vivir dentro de esa jaula de oro, por su hijo y por el anhelo de que al menos él, en algún momento pueda salir libre de aquí.

.

.

Killian Lennox disfrutaba de su desayuno en su cafetería habitual, que para su buena suerte quedaba cerca del lugar de su nuevo trabajo.

La mesera le trajo el postre mientras disfrutaba de las vistas que ofrecía el local, una de las razones por las que prefería dicho establecimiento, la segunda era el menú que se adapta perfectamente a su dieta.

Lo que hacía no era extraordinario, pero tampoco convencional, gracias a su experiencia militar, la mejor opción para obtener ingresos era convertirse en guardaespaldas, un trabajo bien pagado, a pesar de que no necesitase trabajar en realidad. 

Su familia era acaudalada y no necesitaba preocuparse por el dinero, pero no es una persona ociosa, disfruta de trabajar y profesión actual se acopla bien a sus aptitudes, siendo que ahora tendría a una nueva familia que proteger.

Miro la hora en su celular, no tenía nada agendado después de su almuerzo, ya había hecho todo lo que tenía previsto, como era el reunirse con el secretario de su nuevo jefe, quien le entregó el expediente de sus próximos protegidos, una mujer de veintiún años y de su pequeño hijo de tres años y medio, sus nombres eran Aristella Sterling y Oliver Wallace, la esposa e hijo de la persona a la que tendría que reportarse a partir de ahora.

Había releído ese expediente más veces de lo que haría y si bien en esencia no omitía ningún dato relevante que debía saber en casos de emergencia, había algo extraño en todo ello, a pesar de esa sensación, decidió dejarlo de lado, ya que no le competía, el solo se limitaría a cumplir con su trabajo.

Luego de asegurarse que tenía todo lo importante dentro su maletín dejó el pago junto con la propina sobre la mesa y salió de la cafetería en dirección a la mansión Wallace.

Capítulo II

Los Wallace son una familia de renombre en el mundo empresarial, pero sus éxitos millonarios siempre se veían opacados por las polémicas que envolvía a aquella familia, desde nexos con las mafias, tráfico de personas y lavado de dinero, eran solo la punta del iceberg y que, gracias a sus conexiones y bien construidas fachadas, las autoridades aún no habían encontrado la forma de aprenderlos y todo terminaba en teorías de la conspiración o tabloides amarillistas.

Para Killian podría ser algo contradictorio, alguien que creció bajo normas y de que nada estaba por encima de la ley, ahora trabaja para personas de dudosa moral.

Su tío lo reprenderá hasta el cansancio y su hermano tampoco estaría del todo de acuerdo, pero no lo juzgaría, cada uno tenía sus motivos y lo único que pedía era que fueran respetados, tal como él hacía como ellos.

Además, él no lo hacía por la paga, sino por las personas, tal como este caso, en donde aún no era capaz de explicar esas extrañas s

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