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Peligrosa seducción

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Annotation

Taylor Bradford siempre obtenía todos los caprichos que anhelaba, desde el lío de una noche con una nueva conquista, hasta la adquisición de un jaguar deportivo 1956 del bolsillo de su padre. Lo tenía todo y no había nada en el mundo que pudiera resistírsele. Y Jessica Blair no sería una excepción. Le importaba poco que ella lo odiara. Le traía sin cuidado que lo detestara a él y a su arrogancia tan característica. Era irrelevante cada una de aquellas discusiones que no hacían más que encenderlo porque él también la detestaba de una manera tan ardiente que de pronto le fue imposible no sentirse atraído por ella. Y es que todo surgió cuando empezó a sentir la ridícula necesidad de tenerla sólo para él, de volverse adicto y a sentir cosas por ella, de cuidarla y protegerla siempre. Se sintió enloquecer por ella y perder la cabeza por alguien que creyó odiar siempre, intentó olvidarla y eliminar cualquier sentimiento ridículo que nunca antes había sentido. Pero no tuvo idea de qué hacer cuando, después de romperle el corazón a la única persona que se merecía el mundo entero, se supo irremediablemente enamorado. No cuando la había herido en un intento por protegerse a sí mismo.

Prólogo

Suspiraba por ella todo el j*d*d* día y no lo podía entender.

Esperaba a que llegara cada noche para poder tenerla a su completa merced. La disfrutaba cada segundo y se embriagaba de ella hasta enloquecer todos sus sentidos. Jessica se había convertido en su más preciado delirio.

Pero sabía que estuvo jodiendo la situación entre ellos al comportarse de esa manera tan desatinada con ella. Intentó no darle mayor importancia pero después de cada semana que transcurría sentía que iba perdiéndola con una rapidez inimaginable.

—Moría por verte hoy, preciosa -murmuró en el oído de Jess mientras le hacía suaves caricias en la mejilla, una mano sosteniéndola contra su cuerpo—. Me tuviste tan preocupado... —susurró agobiado cuando los recuerdos del accidente lo agolparon hasta formarle un nudo tieso en la garganta.

Quería cuidarla, abrazarla y hacerle saber que todo estaría bien, no que huyera de él. Quería verla sonreírle, ver aquella hermosa sonrisa en ella.

—Nena, ¿qué sucede? —insistió intranquilo, intentando mantenerla relajada aún cuando podía ver aquel semblante tan triste y perdido de la muchacha. Deslizó el pulgar en la suave mejilla de la castaña y depositó uno de aquellos suaves besos que pocas veces le había dado y que ahora moría por darle—. Todo está bien ahora, vamos, nena, dime algo.

Había intentado relajarla y mantenerla tranquila a su lado, pero aquella tristeza pareció jamás borrarse del rostro de Blair en todo el día y eso lo preocupó, lo agobio porque sabía que era culpa suya. Se recriminaba y culpaba cada noche, cada día e instante en el que aquella mirada triste no se borraba de ella.

No sabía en qué preciso momento había caído rendido por Jessica. No entendía cómo, después de todo lo que la fastidió, detestándola día a día, había terminado por suspirar hasta los huesos por ella. Sus hermosos ojos grises lo envolvían cada vez que aquellas rizadas pestañas aleteaban con suavidad hacia él. Sentía una calurosa sensación envolver su pecho cuando una pequeña sonrisa se formaba en los preciados labios de su bello ángel, cuando lo miraba de aquella manera que le quitaba la respiración.

Le encantaba.

Y ver cómo cerró los ojos aquella noche, aquel no tan lejano día del accidente que sucedió *p*n*s días atrás, la manera en la que soltó un pequeño quejido de dolor desgarrador, hizo que su corazón se estrujara hasta dolerle las entrañas. Verla envuelta entre las sábanas blancas de la clínica lo desesperó tanto que pensó que podría perderla para siempre.

Sintió aquella vez como si acabaran de golpearle el pecho cuando la vio destruida. Su respiración se hizo pesada y, de pronto, los latidos de su corazón eran excesivamente lentos.

—Estoy bien —La oyó farfullar en voz baja mientras, lentamente, alejaba la cabeza con suavidad de él y se ponía de pie, separándose de Taylor como si su contacto le quemara—. Debo irme.

Si tan sólo la hubiese querido a tiempo, si le hubiese demostrado lo mucho que la quería, nada de eso estaría sucediendo. Jessica lo evitaba y evadía de cualquier lugar. *p*n*s lo miraba y se alejaba de él como si fuese el demonio mismo. Lo miraba triste y abatida, tan decepcionada como rota. Le dirigía una mirada tan ida y vacía que Taylor no podía sentirse peor.

Quería recuperarla y hacerla sentir tan feliz y protegida entre sus brazos como algún día lo hizo. Deseaba que Jess lo besara y quisiera, que lo amara tanto como él lo hacía.

Taylor Bradford quería que lo perdonara»

Capítulo 1: De castigos y encuentros

Sólo había algo en el mundo que él disfrutaba más que las fiestas y las mujeres, los juguetes que su padre le daba.

Así que allí estaba él, en aquel costoso dúplex que su familia le había otorgado como uno de sus tantos obsequios de cumpleaños. De pie y apoyado sobre la costosa mesa tallada de caoba negra que yacía en medio de su comedor, besaba intenso y encendido a la deliciosa rubia que lo esperaba todas las tardes después de clase.

—Oh, Taylor... —jadeaba ella en su oído.

La mantuvo sentada cómodamente sobre el mueble y acariciandole las largas piernas delgadas y ejercitadas que se presionaban a cada lado de él. Las manos del menor de los Bradford se movían inquietas y expertas en la delicada silueta de la muchacha, deslizando los dedos bajo la corta falda azulina y presionándole los muslos sin pudor alguno cuando suaves jadeos femeninos empezaron a susurrarle al oido.

—Mantente tan quieta y callada como me encanta, princesa —dijo y depositó un camino de

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