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No puedo amarte
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No puedo amarte

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Con la muerte de la madre, Rebeca debe hacerse cargo de su hermana de tres años. Ante ésta situación se ve obligada a buscar trabajo y procurar continuar con sus estudios. Por intermedio de la madre de su mejor amiga Leonor, entra a trabajar como niñera en el palacete de la familia Russi Cavaliere, allí una vez más, se reencuentra con el hijo del multimillonario Felipe Russi, Maurizio, un apuesto hombre, arrogante, dominante y mujeriego. Rebeca se enamora del apuesto hombre, pero cuando intenta conquistarlo se interpone la madre de él quien guarda terribles secretos que usará para evitar el amor entre la pareja.

1.Soledad

-Rebeca!

Gritó con fuerza la directora del politécnico, requiriendo la presencia de la chica de inmediato. La agraciada y alegre muchacha respondió al llamado, no sin antes extrañarse de la orden de Gertrudis.

-Sra directora, qué desea, supongo no me pondrá nuevamente a apagar los computadores y revisar las impresoras, hoy debo recoger a mi hermanita en el bienestar social, mi madre como todos los viernes se irá de juerga y llegará muy tarde.

-No Rebeca, tengo algo muy serio que decirte, me acaban de llamar del hospital La Samaritana. -Tu madre sufrió un grave accidente y está en urgencias.

Rebeca en ése momento sintió que el mundo se le venía encima, su madre, lo único que tenían ella y su media hermana Angélica, la tierna chiquilla de solo tres años que dependía más de ella que de Mercedes, su propia madre .

-Pero cómo, no entiendo, debo ir por mi hermana, no puedo dejarla en el bienestar y tampoco sola en casa, en el hospital no me permitirán entrar con ella.

Leonor, su mejor amiga y compañera de clases apareció en ése momento y ofreció ayudarla. -No te afanes Rebeca, vamos las dos por Angélica y yo me la llevo a casa. -Seguro que lo de tu madre no es nada serio, regresará contigo y por fin tendrás un fin de semana en familia, con madre a bordo y tu hermana sin hacer berrinche.

Rebeca y Leonor atravesaron el polvoriento barrio a las afueras de la gran ciudad costera, recogieron a la chiquilla y sin despedirse de la niña, Rebeca corrió hacia el hospital donde se hallaba su madre.

Espero Leonor tenga razón, regresaré con mamá a casa y cuidaré de ella mientras mejora, sin embargo, no se, la cara de Gertrudis era de angustia y preocupación, si a mi madre le llega a pasar algo serio no sabré qué hacer, no puedo valerme de mí misma y menos con Angélica. Pero no, todo va a estar bien, tonterías mías.

Al llegar al hospital Rebeca sintió que el enorme edificio se le venía encima, la entrada principal imponente y fría donde mucha gente entraba y salía desordenadamente, a quién le iba a preguntar por su madre, quién le daría razón de Mercedes, a dónde iría a buscarla?. Rebeca se sintió disminuida, tonta, incompetente y sin saber qué hacer.

-Debo sacar coraje, tranquilizarme y poner cara sonriente, preguntaré al primero que se me atraviese dónde debo buscar a mi madre.

Una de las tantas enfermeras le indicó ir hacia urgencias y preguntar allí por la señora accidentada hacía pocas horas. Así fue como Rebeca supo que su madre se encontraba en cuidados intensivos, tenía pocas posibilidades de sobrevivir después de que la atropellara un camión repartidor de cerveza, la policía indagaba lo sucedido y buscaba afanosamente algún familiar o amigo de la víctima.

Rebeca quedó en shock al saber la gravedad de la situación, parada frente a la sala de cuidados intensivos vio su reflejo en un espejo al fondo del pasillo, sin saber la razón recordó a su abuela Lola, una mujer estricta y regañona a quien le importaba más el qué dirán y las buenas costumbres que la sensatez y tranquilidad del hogar, ello llevó a Rebeca a ser una niña tímida, temerosa e introvertida pero, a su vez, luchadora, rebelde y con una alta autoestima. Recordó también el día de su muerte, era ya una anciana demasiado vieja y achacosa pero que hasta su último suspiro le pedía a Rebeca sensatez y buen criterio y mantenerse virgen hasta el día de su boda, Rebeca sonrió recordando la escena, ella solo tenía cinco añitos.

Rebeca parada aún frente al espejo del fondo tomó conciencia de ser un prototipo de mujer poco común, era la más alta de su curso, demasiado delgada, de piernas largas y bien formadas, cintura de avispa, cadera ancha, (más de lo que a ella le agradaba). Le encantaba su tez morena, sus ojos pequeños almendrados, su cabello castaño ensortijado largo y abundante, su nariz aguileña y los labios gruesos y carnosos, es lo que más le atraía de su aspecto, aunque no comprendía bien por qué. No se sentía una mujer bella o atractiva pero consideraba que no era fea y seguramente los chicos, se fijarían más en su candor, amabilidad y buena educación.

El espejo del fondo le recordó las veces que en sus horas de ocio se miraba al espejo de su pequeña habitación y por largos ratos buscaba algún parecido con su madre o abuela sin hallar nada que la identificara con ellas, entonces trataba de compararse con el modo de ser de ambas, pero tampoco encontraba algún parecido, la madre, demasiado extrovertida y fanfarrona, la abuela gruñona y nada agraciada.

-Mi madre está muriendo y yo, aquí parada como una momia pensando en estas pendejadas, qué me pasa? -Por qué pienso en estas tonterías?

En ése momento sonó su viejo móvil, era Leonor…

-Angélica pregunta todo el tiempo por tí, ya no sé cómo distraerla, mi madre aún no llega, a qué hora vendrás?

-No lo se Leonor, mi madre está muriendo, el doctor me ha dicho que podré entrar en un rato pero no es seguro, no se que va a pasar.

Ya entrada la noche una enfermera llamó a Rebeca, le permitiría hablar con su madre pero solo unos segundos, Mercedes moría y deseaba decirle algo muy importante a su hija.

-Mamá, por favor, no te vayas, no me dejes sola, qué va a ser de mi hermanita y de mí, debo terminar los estudios, ya no me quedan sino tres semestres, recupérate mamá, te necesito. Los ojos de Rebeca se llenaban de lágrimas y su voz mostraba una tremenda angustia. La madre, con una mirada perdida y con deseos de ayudar a su niña solo pudo decirle que buscara a Felipe, su padre, un poderoso hombre, el CEO de las empresas…. -En la madrugada Mercedes murió dejando a Rebeca de solo 21 años y a su media hermana de tres años.

A tempranas horas de la mañana siguiente, Rebeca recorrió las estrechas callejuelas con sus casas de invasión maltrechas y feamente construidas. La vida allí hasta ése momento no había sido fácil para ella, ahora todo sería peor, la pequeña casa donde habitaban tenía el piso rustico, dos pequeñas habitaciones contiguas a una cocina improvisada y un patio descubierto, éste entorno había hecho de Rebeca una mujer creativa y decidida a mejorar su mísero lugar haciendo de éste un ambiente apacible, limpio y hogareño; envidia de algunos que la criticaban por creerse de mejor status o nivel social y otros que la admiraban y copiaban por vivir en mejores condiciones. Ahora todo esto carecía de importancia, la soledad que sentía, no saber qué iba a hacer, cómo le diría a su hermanita que la mamá ya no volvería a estar con ellas, regresar a la casa vacía sin tener cómo pagar un arriendo, con qué comprar un mercado.

El mundo debería de detenerse, por lo menos un poco de tiempo mientras comprendo lo que está pasando, mientras resuelvo mi situación, mientras logro entender qué voy a hacer.

Rebeca nunca conoció a su padre, pero más de una vez escuchó a su amargada abuela discutir con su madre sobre un importante empresario que luego de una larga relación amorosa abandonó a Mercedes apenas supo que ella esperaba su bebé.

Ahora su madre le habló de un tal Felipe? Eso le dijo ella pero… ¿Cuál era su apellido? - ¿Dónde vivía? -¿Estaría casado? -Tendría más hijos? .-Cómo era físicamente?. ¿Cuántos años tendría ahora? Y lo más importante, ¿Por qué las había abandonado?

¿Era ese hombre la solución a sus problemas? ¿Por qué su madre nunca le habló de él, no le explicó lo sucedido y peleó por darle el apellido y un lugar en el mundo, si su padre supiera que ella ahora está sola y desamparada, vendría a ayudarla? -Cómo saberlo, no sé nada de él y él no sabe ni siquiera que yo existo.

2.Sueños

Rebeca no quería deprimirse y menos llorar delante de su hermana, trataba de pensar en cosas más divertidas y en sus estudios, ya pronto cumpliría 22 años, terminaría los pocos semestres que le faltaban en el Politécnico y con un buen trabajo podría pagarse los estudios de programación en sistemas. Por lo menos eso era lo que tenía planeado, pero ahora su vida había dado un vuelco total y estaba completamente a la deriva.

A la deriva con su hermanita, hija de nadie, ni su madre sabía realmente quién era el padre. Una noche de copas, baile, algo de éxtasis y nueve meses después nació Angélica.

Ahora Rebeca se encontraba en una terrible encrucijada, sola, sin dinero, con sus estudios a medio terminar, sin saber qué hacer y con la responsabilidad de mantener y educar a Angélica de apenas tres añitos recién cumplidos. Por ahora su único haber era una casa maltrecha, el dinero que don Sebastián, el capataz de la fábrica donde trabajó su madre le prometió darle, y un silenc

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