
Entre Jefa y Asistente~
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Annotation
Sonia Parkson, la abogada más odiaba de una de las firmas de abogados más famosa de Nueva York. ¿Un monstruo? ¿Un ogro? Todo eso y más, pues para conseguir el tan esperado ascenso y convertirse en la abogada en jefe de la firma Cortes, necesita casarse ¿Y que mejor candidato que su asistente?
uno
— ¡Eres un monstruo! —gritaba— Estas solo en esta vida y para que sepas, nadie en este sitio quisiera trabajar más con alguien tan horrible como usted.
— ¿Ya terminaste? —preguntó levantando la mirada de los documentos en su mano.
— Para que sepa —murmuro con enojo— Renunció, usted no me despide.
Y Camille abandono la oficina de Sonia dejando la puerta abierta de par en par, miradas curiosas se asomaban ante la gran escena y al ver al jefe con expresión de pocos amigos, todos volvieron a su trabajo.
— No permitas que se lleve nada de la oficina —habló volviendo la vista a los documentos— Tiene esa manía de llevarse lo que no es suyo.
— Entendido —asintió— Por cierto, señorita Parkson —comento dudoso— Este fin de semana es el cumpleaños 80 de mi abuela y quer-
— No ¿Ya terminaste? —observo a su asistente.
— S-Si —sonrió nervioso— Iré a vigilar a Camille —comentó caminando hacia la salida de la oficina desanimado— Ah por cierto —se giró— El director Cortes lo necesita en la oficina.
— ¿A mí? —se asombró.
— Menciono que era algo urgente.
— Esta bien —Sonia acomodo los documentos y se puso de pie— Iré de inmediato, entonces. Quizá se traté de un jugoso aumento —menciono limpiando su traje— No olvides lo que te pedí, en 20 minutos vas por mi a la oficina del señor Cortes.
— Si, jefa.
Sonia caminaba a pasos apresurados hacia el ascensor, no era algo normal que el señor Cortes; su jefe, la llamará y más si era por algo “urgente”. Subió al ascensor, oprimió botón para el quinto piso y espero pacientemente. Las palabras de Camille se repetían en su cabeza, pero Sonia no tuvo opción, la rubia se empezaba a volver una carga para todos, siempre dejando su trabajo a medias y faltando a la oficina.
Había sido justa o eso pensaba.
Las puertas del ascensor se abrieron, acomodo de nuevo su traje y empezó a caminar hacia la oficina, pudo reconocer a Elizabeth a lo lejos y se preguntaba ¿Qué hacía Peters en la oficina de su jefe? ¿También la habían llamado?
Apresuró sus pasos, toco la puerta dos veces y la abrió.
— Oh director Cortes —saludó sonriente— Me alegra verlo, luce tan increíble como siempre.
— Deja la falsedad, ya le he dicho eso yo —Elizabeth cruzó de brazos.
— Parkson y Peters —el anciano intercambió miradas entre la castaña y la pelinegra— A puesto que se han estado preguntando para qué las llame a mi oficina —murmuro recostándose en su silla con total comodidad.
— Algo así, jefe — Sonia asintió sintiéndose irritada, preguntaba demasiado lo obvio— ¿A caso quiere hablar sobre mi ascenso? —preguntó soltando una leve risa.
— Tienes razón, Parkson —asintió el mayor— He estado pensando en la persona perfecta para el puesto de abogado jefe.
— Claro que soy yo, este año no he perdido ni un solo caso. Soy la mejor abogada que tiene esta firma —saco pecho, orgullosa— No puedo decir lo mismo sobre, Peters —bufó— Lleva perdiendo casos como si fuera un juego.
— ¡Oye! —se quejó— Doy lo mejor de mí en cada caso y por si no lo sabías, el caso de la familia Jung, lo he ganado.
— ¿Qué? —el castaño se giró hacia el más alto— ¿Como hiciste para ganar ese caso?
— Investigación, mi querida colega —asintió— Soy considerada uno de los mejores de la firma, me sirvió saber coreano, no me dejes por fuera —Elizabeth observo a Sonia con una sonrisa burlona.
— La cena de este viernes es para celebrar el cierre del caso —el director Cortes concluyó— Y con respecto al ascenso, lo obtendrá quién cumpla la única condición, que es una tradición en esta firma de abogados.
— ¿Y cuál es? —preguntó Sonia con intriga.
— La persona que obtenga el ascenso debe estar casada ¿Alguna de ustedes lo está? —preguntó cruzándose de brazos.
Maldijo internamente, había dedicado los últimos 7 años a la firma de abogados para la que trabajaba y estar casada era la única condición para ascender de puesto, m*ld*t* anciano, pensaba Sonia. Sabía que Elizabeth no tenía pareja, ni pensaba en casarse, según ella estaba demasiado “joven”.
Su mandíbula casi cayó al suelo, al escuchar la risa de su jefe, dos toques se escucharon y Jeon Suwon; su asistente, ingreso con unos documentos en su mano y expresión apenada— Con permiso, director Cortes.
— Hablando de boda — Sonia sonrió enormemente por su grandiosa idea— ¿No sabían que Suwon y yo estamos comprometidos?
— ¿Qué? —el mencionado murmuro confundido.
— Pero el señor Jeon es tu asistente ¿No es así?
— Creo que fue inevitable que se enamorará de mi —la castaña peino su cabello— No lo culpo.
— ¿Es eso cierto, señor Jeon? —su jefe observo al pelinegro de manera atenta.
Pero Suwon quedó totalmente mudo ante la pregunta y si en algo era buena Sonia Parkson, era en convencer a las personas. Camino disimuladamente hacia el menor y golpeo “levemente” la espalda de su asistente— No seas penoso, Suwon —menciono dudoso— Respóndele al director, querido, te daré un aumento y te dejaré encargarte de los casos por toda la semana —susurro.
— C-Claro —el más alto tartamudeo— Sonia y yo, estamos comprometidos —asintió para sonreír, pero salió algo más parecido a una mueca.
¿Sonia? Suspiro y se trago las ganas de regañar a su asistente, pero no era el momento, ni tampoco el lugar-
— Incluso estábamos hablando sobre el cumpleaños 80 de la abuela ¿No es así? —le dio una mirada rápida a Jeon— Pensábamos pasar el fin de semana con la familia de Suwon.
— ¿El fin de semana? —Elizabeth preguntó— Eso quiere decir que no será aquí en Nueva York.
— Cuéntales —el castaño le dio un empujón a Suwon, sin borrar la sonrisa de su rostro.
— Gangneung —respondió esperando la reacción de la castaña.
— ¿Quieres decir en la provincia de Gangwon? —el director cuestiono— En Corea del Sur.
— Si señor —apretó los dientes, había olvidado ese gran detalle. Su asistente era Coreano.
— ¡Eso es estupendo! —él anciano se puso de pie— Estaremos encantados de asistir a la boda ¿Cuándo será? Tendré la oportunidad de visitar Corea del Sur, un sueño para mi.
— De aquí al otro mes tendrá una boda y una nueva abogada jefe —comentó sonriente.
La risa de su jefe no se hizo esperar y aunque Peters la estuviera fulminando con la mirada, no le importaba en lo más mínimo. Entre risas y felicitaciones abandono la oficina del director Costes y camino a pasos ligeros hacia la salida. Si creían que iban a quitar el puesto de abogada jefe, estaban locos, ese puesto no era para nadie más, sino para ella-
Regreso a su oficina de manera tranquila y se acomodó en su sillón, necesitaba revisar su nuevo caso y hacer algunas visitas para investigar.
— Emm ¿Señorita Parkson?
— Si —respondió sin mirar al frente, pero al recibir silencio levanto la mirada— ¿Qué? ¿Qué pasa?
— ¿Qué pasa? —Suwon preguntó acercándose a la castaña— ¿Qué es todo eso de la boda? No pienso casarme con usted, solo por un estúpido ascenso, ni lo piense.
— Jeon, no tenemos otra opción, esta es la mejor firma de abogados de Nueva York y es donde podrás cumplir tus metas como abogado. Si te niegas, Tae será tu nuevo jefe ¿Eso quieres? Tus sueños se irán a la basura, te lo garantizo, somos cómplices.
— ¿Qué le diré a mi familia?
— Iremos a pasar el fin de semana con tu familia, fingiremos ser novios, nos casaremos y tendremos un divorcio tranquilo. Tengo contactos que nos conseguirán un buen trato y todo saldrá bien —el castaño observo al menor— Confía en mí.
— No lo hago —respondió con expresión molesta— Tiene usted suerte de que la mayoría de ellos hable su idioma, de lo contrario no sabe cuanto me alegraría verla pasar inconvenientes para comunicarse.
— Tanto te alegra verme sufrir ¿eh?
— Demasiado —asintió con sinceridad— Dudo que esto funcione…
— Vamos Jeon Suwon —se puso de pie— ¿Acaso tienes novia? —el menor negó— ¿Novio? —preguntó solo para descartar.
— No.
— Entonces, hagámoslo —Sonia asintió— Todo saldrá bien.
Sonia Parkson, 28 años y una de las mejores abogadas de Nueva York.
Era conocida como un “Monstruo”, era fría, interesada, descortés y todas las cosas malas que pudieras imaginar como jefa. Su trabajo en la firma de abogados Cortes, era su ingreso en la vida, llevaba años trabajando, rompiéndose el lomo para recibir un justo ascenso y por una tonta tradición, no iba a perderlo todo.
Porque para Sonia, lo único importante en su vida, era el trabajo.
O eso creían todos.
dos
— Si quieres fingir que somos novios, tendrás que aprender mucho sobre mi —Suwon comentaba revisando un cuaderno— Tengo suerte, porque sé absolutamente todo sobre ti.
— A ver —preguntó curiosa quitándole el cuaderno al menor— ¿A qué soy alérgica?
— A los champiñoes y a todas las personas que sonríen —respondió.
— Ja Ja muy gracioso —Sonia giro los ojos— A ver qué otra pregunta ¿Tengo tatuajes?
— Estoy 80% seguro de que si —su asistente cruzó los brazos; pensativo— Has hecho algunas citas y te han enviado unos diseños de unas lunas. Entonces o te harás otro o quieres un retoque.
— Muy listo, Jeon —menciono entregándole el cuaderno— No puedo creer que tenga que soportar 20 horas en este avión contigo —suspiro.
— Consecuencia de tu mentira —Jeon levanto los hombros.
Sonia le dio una mirada y rodo los ojos, bajo su antifaz, se giró dándole la espalda a su asistente, ocasionando la risa del menor— Despiértame cuando lleguemos.
— Como ordene











