
ENTRE EL DEBER Y EL DESEO
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Annotation
SINOPSIS La vida de Adriana Williams se desmorona. Tras la muerte de su padre y la ruina de su familia, solo le queda una esperanza a la que aferrarse: la promesa que un chico le hizo hace ocho años antes de partir. Pero el hombre que regresa no es el que ella esperaba. Mateo Cipriano, el gemelo de su primer amor, llega desde Italia con una noticia devastadora y una oferta imposible de rechazar: un matrimonio por conveniencia. Adriana no sabe que tras ese rostro familiar se esconde el nuevo Capo de la mafia en Nueva York, un hombre cuya piedad murió hace mucho tiempo. Obligada a elegir entre la lealtad a su sangre y su propio instinto, Adriana acepta entrar en el oscuro mundo de Mateo. Pero en el juego de la mafia, los secretos son moneda de cambio y el deseo es el arma más peligrosa. ¿Podrá sobrevivir a un matrimonio construido sobre mentiras, o las sombras de Mateo terminarán por consumirla?
Chapter 1
PRÓLOGO
—Amo a Dimitri, así que lo voy a esperar y me casaré con él. —Adriana Williams miró a su padre con una mirada desafiante. Su pecho subía y bajaba dentro del uniforme del instituto; su nariz, llena de pecas, se movía al respirar, molesta.
—Dios, eso es ridíc*l*. *p*n*s acabas de conocer a este chico. ¿Por qué tienes que ponerme las cosas tan difíciles? Eres demasiado joven. Es más, es una conversación que me rehúso a tener contigo. —Él resistió el impulso de agarrarla por los hombros y sacudirla para ver si lograba meterle algo de sentido común en la cabeza a su hija de 16 años.
No entendía cómo era posible que su hija hubiera crecido tan rápido y en qué momento se había convertido en una señorita. Pero esta actitud tan inmadura solo le demostraba a Ethan que su hija aún no había salido del cascarón.
—Tú no me entiendes. La mayoría de las veces ni siquiera sabes que existo. Trabajas tanto que *p*n*s nos vemos. Javier casi ni sabe que tiene un padre.
—¡Adriana! —la reprendió Ethan con severidad. Sintiéndose algo dolido por sus palabras, dijo—: ¿Es eso lo que crees?
—Es lo que sé. No entiendo por qué mamá tenía que contarte algo que solo le dije a ella.
—Si no me importaras, te estaría dejando hacer lo que quieras, Adriana. Aún eres muy joven...
—Tengo 16 años —ella dio un pisotón con el pie derecho—, no soy una niña, papá, y Dimitri tiene 25 años. Para cuando regrese, ya tendré 18. No estamos rompiendo ninguna norma. —Sus ojos verdes lo miraron con indignación.
Él estuvo a punto de replicar, pero se reprimió. Con un cansado suspiro, se reclinó en su escritorio. Esto le pasaba por consentirla tanto. Ahora se arrepentía de que Annie le hubiera contado. Por suerte, el joven protagonista de dicha discusión se había marchado ayer. ¿Acaso ella no veía que era ilegal que estuvieran juntos con tantos años que él le lleva?
—Adriana, solo el que sea 9 años mayor que tú, ya dice mucho de la situación. Él es un hombre y tú... —ni siquiera se atrevió a decirlo, ¿Que c*ñ* podía verle él a su pequeña?—: él estará mucho tiempo fuera de Nueva York, verá a otras mujeres. Tú conocerás a otras personas y te enamorarás como corresponde cuando crezcas —añadió él. En cuanto hubo dicho esas palabras, se dio cuenta de que carecían de tacto.
Adriana, con los ojos rojos y llenos de lágrimas, enderezó su postura todo lo que pudo.
—¡Papá, cómo puedes decir eso! Llevas de relación con mi mamá desde que ella tenía 12 años. Tú la esperaste; ella te esperó. Son mi mayor inspiración en el amor... o lo eran. Pero yo amo a Dimitri y lo voy a esperar el tiempo que sea necesario, y me casaré con él. Porque se que él también me ama —dijo con terquedad, pero en su corazón albergaba la duda de que Dimitri la amara—: Y espero que todos los hombres que piensan como tú se enamoren de alguien que les parta el corazón. —Adriana, negándose a llorar delante de su padre, salió con toda la dignidad que pudo reunir del despacho de su padre, cerrando la puerta de un portazo.
Ethan movió la cabeza y volvió a su trabajo. Dando gracias de que aquel hombre ya no estuviera en la vida de su pequeña rebelde.
Capítulo 1
5 DE OCTUBRE 2032. NY.
—Señorita Adri, la buscan en la entrada de la librería.
Adriana alzó la vista de los documentos que estaba leyendo. Su mirada se dirigió a la puerta de su oficina, que no había oído abrirse, y encontró a Kelly, su empleada más leal, que llevaba con ella desde hacía cuatro años.
—¿A mí? ¿Quién es? —preguntó Adriana, insegura, pues sospechaba que podrían ser del banco. Con tantas deudas acumulándose, no le sorprendería en absoluto.
—Es... un hombre. Uno bastante extraño.
Eso hizo que Adriana detuviera su movimiento, que había comenzado a levantarse de la silla.
—¿Extraño?
—Sí. Solo hay que verlo para que te dé escalofríos. —dice Kelly.
M**rd*, ¿quién la estaría buscando? Ahora, más preocupada que nunca, se levantó y salió de la oficina, caminando por uno de los pasillos hacia la parte delantera de la librería, seguida por Kelly. Cuando finalmente llegó, encontró a un hombre de espaldas revisando la sección de libros eróticos. La imagen la hizo titubear mientras observaba la ancha espalda del hombre, vestido completamente de negro, con guantes de cuero y un pequeño bastón en la mano. Extrañada, Adriana no pudo evitar notar lo alto que era, y su cabello perfectamente peinado hacia atrás.
Aclarándose la garganta para llamar la atención del hombre, Adriana dijo:
—Mi empleada me ha informado que me está... —sus palabras se desvanecen cuando el hombre se vuelve hacia ella. Por un segundo, se quedó completamente paralizada mientras su corazón se aceleraba al ver al hombre ante ella. Por fin estaba aquí. Por fin había venido. No podía creerlo; era totalmente surrealista.
—Oh Dios, oh Dios, oh Dios, por fin estás aquí —exclamó Adriana mientras corría y se lanzaba a los brazos de Dimitri.
Aunque hacía años... muchos años atrás, había dejado de amar a Dimitri, tal como había dicho su difunto padre, cuatro años antes de que él decidiera acabar con su vida y llevar a su familia a la quiebra, dejando a Adriana solo con la librería como sustento. Su padre, Ethan, no había previsto todas las deudas que estaban acumulándose. Durante un tiempo, Adriana pudo mantener a su familia, pero ya no podía más; estaba al borde de la quiebra y no le quedaría más opción que cerrar la librería y buscar otra cosa que hacer. Perder la librería era algo que le importaba demasiado, ya que había sido el último regalo de su padre. Las preocupaciones y las deudas la estaban consumiendo, especialmente ahora que su hermano Javier estaba a punto de ir a la universidad.
«Y ya no soy una niña», pensó Adriana. «Tengo 24 años y ninguna expectativa de casarme». Si hubiera tenido el sentido común de admitir que había dejado de estar enamorada, tal como le dijo su padre que pasaría, su vida habría sido distinta. Debería haber buscado la manera de comunicarse con Dimitri y romper su compromiso con él. Después de todo, no eran más que promesas de adolescentes jugando a estar enamorados. Pero su estúpido orgullo y terquedad no le permitieron hacer ningún movimiento y mantenerse fiel a su palabra, sin importar lo que pasara. Aunque en otros aspectos había cambiado mucho en esos 8 años; había crecido y madurado. Ahora tenía sus propias ideas, intereses y un montón de deudas que pagar, además de una familia que alimentar.
Sin embargo, a pesar de no amar a Dimitri, Adriana no pudo evitar tomar su cara entre sus manos y darle un casto beso en los labios. Él no respondió, completamente petrificado al ver cómo la mujer se arrojaba a sus brazos. Sin remedio, la tomó por la cintura, sosteniéndola para evitar que se cayera. Cuando ella se separó de él, lo miró con un brillo en los ojos, llenos de emoción y excitación, que causó algo extraño en su pecho, algo que creía que había muerto hace un año. La sonrisa de Adriana era radiante y feliz, y él lamentó tener que ser el destructor de esa hermosa sonrisa.
—Lo siento. Creo que me he dejado llevar por la emoción. —Ahora, ella parecía un tanto incómoda al ver que él no decía nada. Él simplemente frunció el ceño y le ladeó la cabeza un poco, haciendo que ella pudiera notar mejor los rasgos duros que ahora marcaban su rostro, convertido en un hombre alto, corpulento y muy varonil. Su rostro también había cambiado; tenía un corte diagonal en su ceja izquierda y el ligero asomo de tatuajes en su cuello. Kelly tenía razón, el hombre ante ella tenía un aura que gritaba peligro y autoridad.
—¿Podemos hablar en un lugar más privado? —el marcado acento italiano en la voz de Dimitri era bastante fuerte.
—Por supuesto, sígueme por aquí. Podremos hablar en mi oficina. —Adriana fue la primera en caminar, liderando el camino hacia su pequeña oficina en la parte de atrás. Su cuerpo había cambiado durante estos últimos años; aunque seguía siendo pequeña, 1.62 m, su figura se había desarrollado en los lugares correctos, proporcionándole un cuerpo de reloj de arena. Su trasero se veía más pronunciado y, aunque sus senos no eran tan grandes como le gustaría, creía que estaba en la talla correcta. Y, por supuesto, no era porque hiciera ejercicio; simplemente era así.
Al abrir la puerta, se echó a un lado para dejar que Dimitri entrara, señalándole la silla frente a su escritorio. El hombre pasó y tomó asiento mientras ella cerraba la puerta y se sentaba detrás del escritorio, observándolo fascinada por lo mucho que había cambiado.
—Wow, aún no puedo creer que estés aquí.
—Si es por eso, yo tampoco puedo creer que esté aquí. Ha sido muy difícil poder encontrarte.
—¿En serio? Pero sigo viviendo en el mismo lugar.
Él frunció el ceño nuevamente, pero no dijo nada. En su lugar, metió la mano en su traje para extraer una pequeña carta, colocándola sobre la superficie del escritorio y empujándola hacia ella.
—Léela. Eso es para ti.
La distancia y el suspenso asustaron a Adriana, pues algo le decía que no todo estaba bien. Su estómago se contrajo, formándose un nudo. Temblorosa, tomó la carta y la abrió, sus ojos abriéndose como platos a medida que leía.
Chapter 2
Capítulo 2
Querida Adriana,
Si estás leyendo esto, significa que no estoy contigo. No creas que te olvidé, porque nunca lo haré. Recuerdo cada instante que compartimos, cada risa y cada promesa que hicimos. La promesa de que algún día nos casaríamos. No pude regresar como te prometí, y por eso te pido perdón.
Tenía todas las intenciones de volver a buscarte, de cumplir con mi palabra, de hacerte mi esposa. Cumplir con mi promesa. Espero que encuentres la fuerza para seguir adelante y vivir la vida que te mereces.
Con todo mi cariño,
Dimitri.
—Permíteme presentarme. Soy Mateo Cipriano, el hermano gemelo de Dimitri. Él se inclina ligeramente, pero Adriana lo detiene con un gesto. Su mirada se fija en el hombre frente a ella.
—No te levantes. No creo que mis piernas estén listas para hacer lo mismo. —Mateo asintió, permaneciendo sentado.
Adriana se quedó en silencio, las palabras de Mateo resonando en su mente como un eco i











