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Amor después del divorcio

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Annotation

Una historia cargada de amor, confusión recuerdos y malentendidos, un hombre decidido a recuperar su amor, una mujer confusa y temerosa de volver a confiar, un amor que no se puede negar ni abandonar, una pareja que no pueden ocultar su amor, solo luchar por ello, prevalecerá ese amor o lo abandonarás después del divorcio.

PRÓLOGO

Es curioso cómo la vida puede ser una auténtica cabrona: te da un destello de felicidad solo para arrebatártelo sin previo aviso, sin la más mínima compasión. Yo era feliz. O al menos, eso me hacía creer cada mañana al despertar. Tenía todo lo que cualquiera podría envidiar: un marido atractivo, multimillonario; un penthouse en el corazón de Nueva York; una vida rodeada de lujos, entre mayordomos, choferes y una ama de llaves que se encargaba hasta del más mínimo detalle.

Pero no fue lo material lo que me hizo enamorarme de Derek Black.

Fue él. Su esencia. La forma en la que a veces me miraba, como si pudiera ver más allá de mi fachada fuerte y desafiante. Con solo una mirada, lograba apagar la tormenta dentro de mí. Me volvía tranquila. Serena. Casi vulnerable. Amarlo fue inevitable.

Y entonces todo cambió.

Era nuestro aniversario. Quería sorprenderlo con una pequeña tarta casera, algo íntimo, personal. Para ello necesitaba las velas que él siempre guardaba en el cajón de su despacho. Pero al abrirlo, no encontré solo las velas. Encontré también un testamento: el de su difunto tío.

Derek nunca fue cercano a su familia, al menos no tanto como yo hubiese querido. Pero lo que decía ese documento me hizo sentir como si el suelo se abriera bajo mis pies. Él era el único heredero de una fortuna colosal. Sin embargo, había una condición: no podría acceder a ella a menos que estuviese casado.

Leí ese papel una y otra vez, con el corazón golpeando en mis oídos. No podía creerlo. No quería creerlo. ¿Acaso... nuestra historia era parte de un plan? ¿Acaso yo era solo un medio para un fin?

No. Lo nuestro era amor. ¿Verdad?

Más decidida que nunca, salí en busca de respuestas. Necesitaba escuchar la verdad de sus propios labios, por dolorosa que fuera. No podía seguir con el nudo en el pecho, con la duda carcomiéndome cada rincón del alma. Tenía que saber que estos tres años no fueron una farsa, que cada "te amo", cada caricia, cada promesa... significaron algo. Que no fui una marioneta más en su teatro de ambición.

Llegué a su empresa con el corazón desbocado y la rabia contenida temblando en mis manos. La secretaria intentó detenerme con la cortesía ensayada de siempre, diciéndome que estaba en una reunión importante. Pero en ese momento, lo único importante era mi dignidad, y me negaba a seguir permitiendo que se pisoteara sin una explicación.

Ignoré sus palabras y avancé por el pasillo, sintiendo cómo el ruido de mi taconeo se mezclaba con las voces que escapaban por la rendija de la puerta entreabierta. Las reconocí al instante. Derek. Y John. Ese maldito bastardo al que me presentó como su mejor amigo, como alguien de confianza. Nuestro padrino de bodas, incluso. Qué irónico. Qué patético. Ahora sé quién es realmente: el abogado del tío muerto. El mismo que redactó el testamento que lo cambió todo.

Me acerqué con el pecho apretado, el alma ardiendo y los ojos queriendo llorar, pero no lo permitiría. No aún.

Apoyé la mano en la puerta, y lo escuché. Justo antes de entrar. Su voz. Su tono.

Y entonces, la verdad comenzó a asomar, sin saber que estaba a punto de aplastarme.

— ¿Piensas decirle la verdad a Alex? — pregunta John, su voz áspera teñida de diversión, como si todo fuera un juego para él.

Mi frente golpea la puerta con fuerza, y el sonido resuena en mi pecho. Mi corazón se rompe en mil pedazos, cada palabra de Derek doliendo como cuchillos afilados. Me estoy desmoronando por dentro, pero no voy a permitir que se note. No lo haré.

— No me hubiera casado con ella en ese entonces si no fuera por el estúpido testamento — suelta con un bufido, como si aquello le incomodara. — Cuando todo esto acabe, asegúrate de que no intente sacar tajada de nada — ordena con su habitual frialdad, como si fuera el hombre más despiadado del mundo.

Cada una de sus palabras es como ácido quemando mi piel, y aunque el dolor me consume, algo dentro de mí se enciende. Mi ira crece, se multiplica, y ya no puedo quedarme más tiempo en silencio. El muy... el muy hijo de puta.

No voy a dejar que me siga tratando como si fuera una tonta, como si yo no supiera lo que está pasando. Con un empujón violento, abro la puerta de par en par, sin pensar, sin esperar, solo dejándome llevar por la rabia que hierve en mis venas. El despacho, amplio y perfectamente iluminado, es la última cosa que me importa en ese instante. Mis ojos se clavan en esos dos idiotas, y noto que John tiene la decencia de parecer horrorizado, pero Derek... Derek no tiene ni la mínima decencia de mostrar arrepentimiento. No esperaba menos de él.

Ahí está, impecable como siempre. Su traje azul marino, hecho a medida, sin una arruga, como si no hubiera estado ni un segundo fuera de lugar. Aquel traje que esta mañana me molesté en planchar con cuidado, con esmero, como si lo que sentía por él fuera algo real, algo que mereciera esa dedicación. Su cabello castaño, perfectamente despeinado, su mandíbula cuadrada, sus labios delgados y perfectamente perfilados, como si su cuerpo hubiera sido creado para deslumbrar. Y sus ojos, esos ojos azules, tan fríos, tan vacíos. Por un momento, casi olvido el motivo por el cual irrumpí de esa forma.

Pero la rabia me devuelve a la realidad, y la verdad es más dolorosa que nunca. Estoy aquí por mí misma, por lo que merezco, por lo que ya no quiero seguir ignorando.

— Quiero el divorcio — mi voz resuena fuerte y confiada en el aire, cortando la atmósfera pesada de la sala.

Él enarca ambas cejas, su expresión es la de alguien que no puede creer lo que está escuchando, como si estuviera diciendo: "¿Estás de broma? Ambos sabemos que me amas y no puedes dejarme". Ladea la cabeza, esperando que sus ojos me digan algo más, pero no lo hacen. Y en ese silencio, mi decisión se hace más firme.

Me acerco a ellos con calma, controlando cada paso, cada respiración. No voy a dejar que el miedo me detenga. Saco el testamento de mi bolso y lo dejo caer sobre el escritorio, con un golpe sordo que resuena entre las paredes. Se despliega ante ellos, como una sentencia. Derek no muestra sorpresa. No lo esperaba. Siempre fue excelente ocultando lo que sentía, y eso, ahora, solo confirma todos mis temores.

— Puedes quedarte con todo — le digo, clavando mi mirada en sus ojos, esos ojos fríos y vacíos, como si no quedara nada de aquel hombre al que alguna vez amé. — Por cierto, feliz aniversario "mi amor" — la última frase la suelto con todo el sarcasmo que soy capaz de reunir, como si fuera una daga afilada.

No espero su respuesta, no la necesito. En este momento, ya no me importa lo que tenga que decir. Se acabó. Se acabó para siempre.

Con un giro rápido sobre mis talones, me alejo de ellos, de todo lo que representan. Salgo del despacho dando un portazo con tal fuerza que todo el edificio parece estremecerse. La furia arde dentro de mí, y su secretaria da un respingo, asustada. ¿De qué se sorprende? Si todo esto fue por su culpa también.

Con la cabeza bien alta, pero el corazón hecho pedazos, camino hacia la salida. No miro atrás. No me atrevo. Lo dejo todo atrás: a él, a su maldita fortuna, a su falsa promesa. Solo me queda la amarga sensación de estar sola otra vez, sin nadie, sin nada. Pero es lo mejor. Es lo que necesito para reconstruirme, para volver a ser yo misma.

Y aunque el dolor es insoportable, aunque me quema por dentro, sé que esta es la única forma de seguir adelante.

Chapter 1

Hoy es un buen día. El sol ha salido, y las personas parecen caminar más relajadas, o tal vez solo me lo parece a mí. Estos días han sido un poco duros, sí, pero los he sobrellevado. Nada mejor que el trabajo acumulado que me mantiene distraída, ni que una amiga pesada esforzándose por curar las heridas que ese idiota dejó abiertas. No necesito más. No por ahora.

— ¿Café, señora Black? — pregunta la barista con una sonrisa, dándome su saludo habitual.

Al escuchar cómo me llama, hago una mueca, pero decido dejarlo pasar. Es lógico que aún me confunda con la esposa de Derek, no es la primera vez que vengo aquí, y ella ya me conoce a mí y a él. Tal vez sea el momento de cambiar de aires, de dejar atrás esos recuerdos.

Asiento con la cabeza y le agradezco en silencio. Un café negro, simple, lo suficiente para despejar mi mente. Me informa que pronto me llevarán el pedido a mi mesa, y mientras espero, mi mente se centra en lo siguiente que debo hacer. Es hora de encontr

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