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AMOR DE MEDICOS

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Annotation

Ser una profesional renombrada en el mundo entero no era su sueño, pero sí ser una veterinaria... y lo cumplió con creces. Casarse con el hombre de su vida y compartir su vida con su ángel es otra historia que también está viviendo en plenitud. Debe lidiar con su matrimonio, su profesión y lo que conlleva la fama en competencia y éxito. Otro desafío le presenta la vida. Ser esposa, amante y profesional. Haber esperado que ella se graduara y volviera para ser su esposa, ha sido la mayor felicidad para Julián. Tenerla a su lado como una socia también ha sido lo más grandioso. Ambos comparten el amor a esta profesión. Otro desafío para él, un matrimonio, la clínica y su ambición por abrir otra. Dos profesionales que aman lo que hacen, ¿Podrán con la sana competencia?

Chapter 1

(LAURA)

Preparando el desayuno para esposo y ella, Laura se mueve por toda la cocina. Aparece Juanita que la observa seria. Siendo la dueña de la casa, y con empleados ahora que la puedan atender, ella nunca deja de preparar el desayuno para su ángel, o alguna cena especial, en el tiempo que se pueda. Su empleada entra y observa la flor en la bandeja y le da una sonrisa. Ese es su toque romántico que no puede faltar ahí.

¡Ha madrugado mucho la señora hoy! -comenta Juanita llevando el cesto de ropa sucia al lavadero.

¡Sabes que mi esposo le gusta un desayuno completo! -dice ella acomodando los últimos platos en la bandeja e irse al dormitorio.

¡Ese hombre con su altura, come mucho pero igual se cuida! -comenta Juanita.

¡Sí, aunque tuviera su pancita, lo amaría igual! -dice Laura comiendo un poco de fruta.

¡Estoy segura que sí! -dice Juanita sonriendo y desaparece por una puerta para seguir con sus quehaceres.

Laura toma la bandeja, y se la lleva con cuidado hasta su cuarto en el segundo piso. Al entrar observa que su esposo sigue en un profundo sueño, y no quiere despertar, pero ella le puso la alarma que tocará en… 3… 2… 1…

¡Cállate, unos minutos más! -dice Julián buscando el aparato para presionar el botón y lo empuja al suelo. Laura se ríe por el destino que tuvo el cuarto reloj despertador en esta semana.

¡Julián, tienes que dejar de romper los relojes, amor! -dice Laura dejando la bandeja en la mesa cerca.

¡Mmmmm… un rato más te contesto! -dice Julián buscando su acomodo en su cama matrimonial.

¡Cariño, te traje el desayuno! -dice Laura subiendo a la cama besando su espalda desde abajo hasta arriba, mordiendo un poco su cuello.

¡Sigue, me gusta despertar así! -dice Julián girando su cabeza para sonreír a su bella esposa.

¡Buenos días, dormilón! -saluda Laura besando sus labios.

¡Buenas días, mi amor! -saluda Julián, estirado su regio cuerpo que Laura aprovecha de admirar en todo su esplendor, él se acomoda para llevarse a Laura a la cama, quedando debajo de su cuerpo.

¡El desayuno se enfría! -murmura ella mientras toca su mejilla rasposa por su fina barba.

¡Quiero probar tus labios como mi primer desayuno! -dice Julián besando intensamente a su esposa, quien lo recibe gustosa.

Su esposo sigue los besos en su cuello, bajando a sus pechos sobre la tela. Ella ya se encuentra vestida y Julián la mira serio. Luego le da una sonrisa maliciosa, cuando sus manos buscan el borde de su blusa, metiendo sus frías manos, haciendo sobresaltar a Laura. Julián ataca su cuello con sus mordiscos y su mano llega a su brasier, buscando ahora uno de sus p*z*n*s para darle una caricia más provocadora.

¡Julián, podemos dejar esto para la noche, cielo… en verdad, tengo varias operaciones hoy! -dice Laura y su esposo deja sus caricias, y la mira serio.

¡Hoy en la noche, tenemos la cena con unos colegas… te olvidaste, cariño! -dice Julián sentándose en la cama para tomar la bandeja del desayuno. Laura hizo lo mismo a su lado.

¡Es verdad, se me estaba olvidando, pero eso no quita que al regreso me cobres el postre! -dice Laura que con el matrimonio se ha vuelto más desinhibida.

¡Eso tenlo por seguro, cariño! -dice Julián sonriendo y le roba un pequeño beso.

Una vez terminado su desayuno, Laura espera a su esposo para que se bañe y termina de lavar sus dientes, mientras el cuerpo mojado de su esposo se muestra a través de la puerta de vidrio. Julián gira su cuerpo y encuentra a Laura observándolo, le sonríe comenzando a refregar su piel con el jabón que el agua va esparciendo hacia abajo. Ella sonríe porque sabe que él lo hace para que su querida esposa tenga el gusto de apreciar el cuerpo de su hombre.

Sale del baño porque su propio cuerpo comenzó a sentirse deseosa de entrar, y eso los retrasaría a ambos de sus responsabilidades. Se retoca su maquillaje en el tocador, cuando Julián sale cubriendo su toalla por su cintura. Ella resopla porque ahora debe presenciar su sensual desfile.

¡Julián podrías apresurarte, vístete luego, cariño! -dice ella con un poco de calor en su cuerpo.

¿No te gusta verme desnudo? -pregunta Julián al pararse detrás de ella que se mantenía sentada en su tocador y lo mira a través del espejo.

¡Claro que sí, cariño, pero lo haces adrede! -dice Laura y en eso Julián deja caer su toalla mostrando sus partes íntimas con una maliciosa sonrisa.

¡No hay nada de malo tener esa libertad aquí en nuestro cuarto, y andar así de naturales! -dice él.

¡Julián, eres un provocador! -alega ella que se levanta le da un beso fugaz y llega a la puerta.

¡Recuerda todo esto será tuyo en la noche, cariño! -dice Julián riéndose mientras ella lo mira divertida.

¡Todo este cuerpecito también es tuyo, mi ángel! -dice ella levantando su falda para mostrar toda su pierna mostrando las medias con porta ligas que enloquecen a Julián.

Julián va colocándose el bóxer cuando ve la pierna de su esposa a través del espejo y hace la intención de llegar a ella, pero Laura fue más rápida, cerrando la puerta. Riéndose por dejar así a su esposo, baja para dar instrucciones a su empleada para la cena. Son muy contadas las ocasiones que pueden almorzar ahí, la mayoría de las veces van a la posada de su madre, que queda más cerca de su trabajo.

Su esposo llega luego ante ella, y tomados de la mano se dirigen a la camioneta. Su amigo Ford sigue guardado en el garaje, pero siempre busca tiempo para manejarlo, tuvo una reparación completa, quedando casi nuevo. Van camino a su trabajo, y en uno de los semáforos en rojo, se acerca a su esposo para robar unos besos. Coloca la radio para buscar una música que los acompañe hasta la clínica.

Tengo varias visitas a domicilio, hoy -dice Julián.

Espero que no me digas que otra vez visitarás a Helen Darcy -dice ella.

La viuda Helen Darcy. Lamentablemente perdió a su esposo aún joven. Ella es bastante demostrativa, y tiene una loca veneración por Julián, el doctor de sus cinco perros. Pide las visitas separadas para cada perro. Según Laura, para tener la posibilidad de verlo casi toda la semana. Eso la pone celosa, y él lo sabe.

¡Cariño, sabes que es nuestra clienta por años, además es una mujer mayor! -dice él mientras hace partir el auto al cambio de luz en un semáforo.

¡Cariño, esa mujer tiene un altar en su dormitorio, y te venera todas las noches! -alega ella un tanto molesta.

¡Qué imaginación tienes, querida! -exclama su esposo y juntos se ríen divertidos, mientras él lleva su mano al muslo de Laura, apretándola.

¡Julián, no hagas eso… estás manejando! -dice Laura mientras ve la mano de su esposo yendo a otro lugar más íntimo de su cuerpo. Ella se mueve algo incómoda mirando la gente en el camino.

¡Estoy encendiendo motores para la noche, amor! -dice él algo divertido volviendo a tomar el volante con ambas manos.

Dejando el vehíc*l* estacionado, el matrimonio entra a la clínica, donde los recibe la señora Fabiola junto a la nueva empleada, Cony. Silvia, disfruta de su nuevo matrimonio y se fue a vivir a Italia con su esposo. Cony, una chica sin estudio por terminar, fue aceptada por la intervención de Laura. La que apoya a la gente joven que de alguna manera busca su camino, así como lo vivió ella. Sabe de primera persona, lo que es esforzarse por conseguir un espacio.

¡Buenos días! -saluda la señora Fabiola. Ella ahora permanece sentada, mientras atiende el mesón.

Tiene problemas en su rodilla por su avanzada edad, pero igual se mantiene con energía. Hoy le toca a Laura entrevistar a quien le acompañe en el puesto para las diligencias externas. Cony, hace lo que puede pero también es la nueva aprendiz de Julián. Ella insistió para aceptar a Cony en su grupo, pues se ve una chica muy empeñosa, y además le recuerda a ella misma años atrás.

¡Buenos días! -saludan ambos. Julián se despide de un beso rápido para irse a una operación programada.

¿Cómo se siente hoy? -pregunta Laura mirando a la señora.

¡Mucho mejor, Laurita… gracias por preguntar! -dice ella.

¡Buenos días, señora Laura! -dice Cony llegando de un trámite del centro.

¡Buenos días, Cony! -saluda ella- ¡Debo insistir que me llames por mi nombre, no soy muy de formalismos! -dice Laura sonriendo amablemente.

¡No puedo acostumbrarme, seño… perdón, Laura… pero haré mi esfuerzo! -dice Cony tímidamente.

Luego de una corta plática con ellas, Laura se va a su oficina. Hoy tocará revisar muchos pequeños pacientes caninos y felinos. Con la fama que ella ha adquirido, su nombre ha sido recomendado por muchos dueños de mascotas. Eso ha generado que su agenda se mantenga ocupada desde la mañana hasta a veces muy tarde en la noche. Pero Laura feliz por ejercer la profesión amada que pudo lograr y desarrollar. Atenta a la primera ficha, golpean la puerta y entra Cony asomando su cabeza.

¡Espero no interrumpirla, Laura! -dice Cony sin entrar.

¡Estoy esperando mi primer paciente, pero tengo unos minutos… dime! -exclama Laura.

¡Sé que llevo poco tiempo aquí, y de verdad que esto me incomoda un poco… pero… yo quería… yo… de verdad es importante! -dice Cony algo tartamuda que preocupó a Laura. Se pone de pie y va hacia ella.

¡Cony, ven sentémonos ahí! -dice Laura señalando su pequeño sofá de descanso. Toma las manos pálidas de la muchacha, y pudo percibir su temblor.

¡Laura, me apena tanto! -dice ella sentándose junto a Laura.

¡Sólo dime! -dice Laura.

¡Mi hermana… ella… bueno, se divorció hace poco y… pues, está buscando trabajo! -dice Cony- puede que sirva aquí haciendo aseo o cooperar con la señora Fabiola, Mildred era de buena posición con un marido que ganaba para los dos, con el divorcio prácticamente la dejó en la calle, y debo confesar que hace muchos años que no trabaja, vivía bien, pero volvió a la casa de nuestros padres…y ahora debe… debe…

¡Ahora debe valerse por sí misma y así salir adelante! -dice Laura terminando la frase.

¡Sí, eso mismo dijo mi madre! -dice Cony sorprendida por las palabras de ella.

¡Parece que las madres tienen escrito todas esas frases! -dice Laura sonriente- ¡Bien, no se diga más, saca el letrero de la entrada, y traes a tu hermana mañana, yo hablaré con ella… pero debo advertirte que tengo que consultar a Julián y Any, no puedo pasar por sobre su autoridad también! -dice Laura, siempre pensando en sus socios.

La tímida aprendiz de la clínica, muestra una gran sonrisa después de su respuesta. No es definitiva su respuesta, pero algo podrá hacer por su hermana. Toda la mañana atendiendo a sus pacientes, uno que otro más complicado por distintos tipos de razones. Perros con mal genio o mucho dolor, gatos esquivos y hasta tratar con dueños desconfiados. Fue tanta gente que no percata la hora que va pasando rápido, si no fuera porque Julián entra a su oficina y besa sus labios al encontrarla recostada en su sofá. Abre sus ojos y responde el beso de su esposo que la mira sonriente. Es una bella imagen de su ángel y ahora su eterno amor.

Preciosa, vamos almorzar! -dice Julián, inclinado para darle otro beso corto y dulce.

¡Ha sido una mañana intensa, estoy más cansada que hacer el amor! -exclama ella divertida.

¿Acaso estás comparando el trabajo aquí con el s*x*? -pregunta Julián asombrado. Laura se ríe fuerte por la mala comparación.

¡No quise decir eso, cariño… tú eres mi adonis en la cama, solo fue una frase que me salió de repente! -exclama ella al ponerse de pie y tirarse a sus brazos.

¡Si no fuera porque muero de hambre, te daría una buena cuota ahora de mí, aquí mismo en tu escritorio, y de verdad que te dejaría más agotada de lo que estás ahora! -dice Julián tomándola de la cintura y profundizando su agarre hacia su cuerpo. Laura de la impresión emite un gemido.

¡Julián, alguien puede entrar ahora… suéltame! -dice ella coqueta, aprovechando de acariciar el torso duro de él.

¡Está bien, pero esta noche… no te escapas de mí, dulzura! -dice Julián sonriendo travieso, dando una nalgada en su glúteo derecho.

Laura riéndose por el golpe en su trasero, toma sus cosas y sale de la oficina con su esposo. Any sale en ese instante de la suya y se acerca a ellos antes que cruzaran las puertas principales. Por lo visto, pasaran los años pero ella continuará con sus gestos de desagrado. Obvio que lo hace sin que Julián se de cuenta. Para él es importante su amistad y sociedad con Any. Para Laura ha sido un verdadero suplicio trabajar con ella. Siempre huele envidia y celos cuando está cerca.

Ahora bien, lo que más quiere saber en definitiva, si esos celos y envidia sólo sean por lo profesional. El tiempo debió curar ese amor que sentía por Julián. Espera que así sea. No le conviene a Any, seguir con ese sentimiento, porque la vida sigue su curso sin parar.

¡Qué lindos los tórtolos, tan enamorados que se ven! -exclama Any al verlos salir.

¡No nos vemos como enamorados, estamos enamorados! -exclama Julián mientras la abraza fuerte a Laura.

¡Espero que regresen, tenemos mucho trabajo aquí! -dice Any seria.

¡Claro que regresaremos! -contesta Laura más cortante.

Dejando a su socia mirándolos en la puerta, Laura se apresura a caminar en dirección a la posada de su madre. Julián la alcanza tomando de su mano. La detiene un poco, ya que no se fijó que caminaba apresurada. Y debe confesar que también molesta.

¿Qué te pasa, por qué le hablas así a Any? -pregunta Julián caminando a su paso.

¡No me pasa nada! -contesta Laura normalizando su paso a la de él.

¡Contestaste muy arrogante, Laura! -advierte su esposo. Julián nunca ve más allá en cosas de mujeres.

¡A mí no me gusta como ella sigue mirándote, Julián! -contesta Laura.

¡Laura ya hablamos de eso, y con ella todo está solucionado! -dice Julián. Laura se detiene y él se gira para mirarla extrañado.

¡Así espero, Julián, que ella entienda que ahora eres mío!...

***

(JULIAN)

Desde que está casado, su vida ha dado un giro importante. Laura se esfuerza porque este matrimonio funcione. Él por su parte, cree que lo hace bien. Aunque al principio su idea de compartir su vida, sus costumbres y malas costumbres con alguien más le causó algo de conflicto emocional, si era con Laura, fue la mejor decisión de su vida.

Siempre estuvo revoloteando desorientado de mujer en mujer. La última fue Rosalía. Esa mujer que lo quiso engañar con otro. No es que estuviera enamorado de ella, pero tuvo una fuerte conexión sexual y en eso se basaba su relación. Pero para Julián en todos los aspectos, hay reglas. Y Rosalía las quebrantó, significando olvidarla al instante. No le resultó fácil verse engañado y burlado. Pero una luz llegó a su vida que lo ayudó avanzar y conocerse mejor por dentro.

Laura con su dulzura e inocencia, le demostró que él podía entregar mucho más. Aprendió en sus frágiles brazos, hacer crecer sus más puros sentimientos. Torpemente tardó en darse cuenta que se enamoraba de su aprendiz. Su sonrisa, sus ojos, toda ella lo cautivó, lo cambió y lo enamoró. Ese amor que fue puesto a pruebas muchas veces, pero se fortalece ahora amaneciendo a su lado… como su esposa.

¡Cariño, Julián vuelve aquí! -exclama su esposa tomando de su mano en la mesa.

¡Perdón, me quedé pensativo! -dice Julián.

¡Te estaba diciendo que hoy en la tarde me retiraré más temprano para tener todo listo para la cena con los colegas! -dice ella mirando su móvil.

¿Quieres que te lleve a casa? -pregunta Julián.

¡No, cariño… tomaré un taxi, aún tienes mucho trabajo en la clínica! -dice ella.

¡Está bien! -contesta Julián al tiempo que divisa a su suegra acercarse.

¿Cómo estuvo su almuerzo, mis niños? -pregunta la madre de Laura. Su esposa seguía escribiendo mucho en su móvil que casi no se percata de su presencia.

¡Todo exquisito, mamá! -contesta Laura sin mirarla. La señora Eloísa arruga su ceño al ver a su hija muy concentrada en su teléfono.

¡Laura, apaga esa cosa que no te deja disfrutar tiempo con tu esposo! -comenta su suegra.

¡Tranquila, señora Eloísa… ella está preocupada por su conferencia! -dice Julián. Laura levanta la vista para mirarlo y le manda un beso.

¡Tú si me entiendes, cariño! -dice Laura tomando su último sorbo de jugo- ¡Lo siento, mamá… estoy muy estresada por esta conferencia que será dentro de un mes! -dice ella besando la mejilla de su madre.

¿Ya se van? -pregunta su suegra- ¡No alcanzarán a comer postre! -exclama al final.

¡No, debemos regresar al trabajo… nuestros pequeños pacientes nos esperan! -comenta Julián sonriendo y besando la mejilla de su suegra.

¡Domingo vayan a casa para un almuerzo familiar! -avisa la señora Eloísa.

¡Sí, estaremos…

¡Lo siento, no podremos ir! -interrumpe Laura.

¿Qué dices? -pregunta Julián.

¡Tengo el almuerzo con el doctor Jhonson, te lo dije hace un momento pero parece que de verdad estabas de viaje en la luna! -dice Laura tomando su bolso y levantándose.

¡Perdone, señora Eloísa! -dice Julián.

¡Otro día vamos a la casa, mamá… Julián se nos hace tarde! -dice Laura caminando apresurada hacia afuera.

¡Voy! -le contesta Julián y vuelve su mirada a su suegra que se nota está algo apenada- ¿Y si en vez de un almuerzo hace una cena, y así llevo a Laura? -pregunta él iluminando el rostro de ella.

¡Es una buena idea… eres mi mejor yerno! -dice la señora Eloísa.

¡Resulta que soy el único yerno… aún! -dice Julián besando sus nudillos.

¡Entonces domingo cena familiar! -dice su suegra.

Julián alcanza a su esposa que caminaba por la acera de regreso a la clínica. Pero sigue concentrada en su escrito preparándose para esa conferencia. Según le cuenta será una charla en una universidad y muchos otros colegas serán invitados. Ella se emocionó mucho cuando le llegó la invitación a participar. Julián se siente tan orgulloso de ella. Aunque le preocupa su lado social por estar tanto tiempo concentrada en preparar cenas con colegas, videollamadas con entrevistas, o alguna conferencia como ahora… que se está olvidando visitar más seguido a su familia. Cosa que él ya no puede hacer.

Primero su madre, luego ver a su padre partir al oriente y traerlo en un depósito con sus cenizas. Laura debe aprender a detenerse. Ser un profesional destacado y muy solicitado, tiene sus alegrías pero también sacrificios que a la larga pueden repercutir más tarde.

¡Laura, tu madre ya no hará el almuerzo será una cena! -dice Julián cuando va caminando a su lado. Ella lo mira extrañada.

¡Pero Julián, tenemos el almuerzo con el señor Jhonson, estaremos muy agotados para ir a una cena! -exclama ella.

¡Se lo prometí a mi suegra! -dice Julián. Laura deja su teléfono y lo guarda con una notoria molestia.

¡Debiste consultarme! -contesta ella apresurando sus pasos. Julián sonríe y al seguirla la atrapa por su cintura para continuar caminando abrazados.

¡Preciosa, no dejes de visitar a tu familia, tienes la suerte de tenerlos a todos… con vida! -dice Julián entre alegre y triste.

¡Amor, yo los visito lo más que puedo, no me trates como mala hija! -exclama su esposa con su semblante triste.

¡No he dicho eso! -exclama Julián besando su mejilla.

¡Leo tu mente Julián Villa! -dice Laura señalando su sien.

Tendré cuidado cuando esté pensando en alguien más! -dice Julián bromeando.

De repente Laura forcejea y se queda inmóvil en mitad de la acera. Lo mira con algo de decepción. Fue una broma pero no fue recibida igual manera por ella. Julián llega hasta su esposa, tomando su cara la besa fuertemente. Fue un beso sonoro que a muchos les llamó la atención. Laura no dice nada, sólo lo mira.

¡Cariño, lo siento… sólo fue una broma! -dice Julián apresándola en sus fuertes brazos.

¿Compartes a ese bombón? -pregunta una rubia que camina al sentido contrario junto a otra chica riéndose al pasar por su lado.

¿Ves… ves lo que pasa… contigo? -pregunta Laura soltándose de su agarre. Julián la mira sin entender- ¿¿Ves esto en su dedo, ciega oxigenada?? -exclama Laura tomando su mano para mostrar el anillo de matrimonio. Las chicas vuelven a reír sin detenerse.

¡Cálmate, Laura! -dice Julián rescatando su mano y sonriendo divertido.

¡No te rías, Julián! -dice su esposa también con la intención de reírse.

¡Soy culpable de ser guapo y varonil, Laura! -dice Julián a punto de reírse.

¡Sí, eres guapo, varonil… pero señoritas y señoras… es mío! -exclama Laura mirando a toda aquella mujer que pasa cerca de ellos.

Julián la vuelve atrapar en sus brazos en otro sonoro beso. No se dan cuenta que están siendo el centro de atención de los curiosos que pasan. Sólo escuchan un carraspeo. Se encuentran con Cony que también parece regresa a la clínica. Ella los mira algo ruborizada. El matrimonio recién se percata de las miradas a su alrededor.

¡No quiero ser inoportuna, pero hay que volver al trabajo! -dice Cony sonriendo tímidamente.

¡Sí, es verdad! -dice Laura mirando seria a Julián. Parece que no se olvidará de su mala broma.

¿Me acompañarás a las visitas a domicilio? -pregunta Julián a Cony que iba a su lado.

¡Sí, señor… me encanta visitar a las mascotas en sus propios hogares! -dice la chica emocionada.

¡A mí también me gustaba salir a domicilio! -dice Laura. Julián captura otra vez su cintura.

¡Mi bella esposa fue una de mis mejores ayudantes! -comenta Julián dándole un beso en su mejilla.

¡Espero yo también ser de ayuda! -dice Cony.

¡Lo serás, Cony! -exclama Laura- ¡Y ya sabes, muy cerca de tu jefe…

¡Y alerta con la viuda Helen Darcy! -interrumpe Cony terminando la frase de Laura. Eso hizo reír a Julián.

¡No te rías, Julián… Cony está muy bien instruida por mí! -dice Laura.

¡Esposa mía, dicen que los celos son signos de inseguridad… pero contigo esa regla no se aplica! -dice Julián divertido.

¡Sé muy bien con quién me casé, mi desconfianza es con las víboras que se arrastran cerca de ti, cariño! -dice Laura.

Los tres compartieron una amena charla hasta llegar a la clínica, donde se separan para sus respectivas funciones. Laura se despide de su esposo para entrar a la sala de operaciones. Cony a entregar unos documentos a Any. Julián se queda en el mesón con la señora Fabiola.

¿Quién quitó el letrero, señora Fabiola? -pregunta Julián recordando que no lo vio ahora al llegar.

¡Fue Cony por orden de Laura, creí que te había contado que parece ya encontró una persona para el puesto! -responde la señora.

¡No, no me ha dicho nada… debe ser que está muy concentrada en el asunto de la conferencia! -dice Julián.

¡Seguramente, está tan ilusionada… y como es tan perfeccionista, me imagino que se le fue avisarte! -dice la señora Fabiola entregándole las carpetas de las visitas a domicilio.

¡Sí, hoy en la noche hablaré con ella! -dice Julián algo pensativo.

¿Te sucede algo? -pregunta la señora Fabiola.

¡No, nada… sólo me quedé pensando en algo sin importancia! -dice Julián debatiéndose en su cabeza en el gran cambio que ha tenido Laura ahora toda una profesional.

¡Si necesitas con quién hablar, esta vieja todavía sirve para escuchar o dar uno o dos consejitos gratis, Julián! -dice la señora tomando su mano sobre el mostrador.

¡Gracias, lo tendré en cuenta! -dice Julián sonriendo complacido por sus palabras.

Entra a su oficina para tomar su bata y su maletín, encontrando a Cony lista para partir a las visitas agendadas para hoy. Justo en el momento que van saliendo, ve a su esposa Laura aparecer por la puerta de operaciones. Se encuentran con la mirada, y luego ella le lanza un beso adornado con su bella sonrisa. Eso lo hace sonreír porque lo alienta a seguir su trabajo.

Cony está sentada en su asiento de copiloto, y se le queda mirando sonriente. Julián enciende la camioneta, tomando la ruta para la primera visita. Le toca primero visitar al viejo gato Tom. Muy esquivo para llevarlo a la clínica, le encanta que lo visiten en su cama de living de sus dueños.

¡Se ven tan enamorados! -comenta Cony al detenerse en un semáforo.

¿De quién hablas? -pregunta Julián mirándola curioso.

¡Laura y usted, son tan románticos cuando están juntos, y se ven tan enamorados! -comenta Cony soltando un suspiro.

¡No sólo nos vemos enamorados, es que estamos enamorados y casados! -dice Julián.

¿Quién se enamoró primero del otro? -pregunta Cony que se ve algo más relajada para conversar.

Puedo decirte con certeza que fue ella, mi esposa supo más luego de sus sentimientos, y yo torpe andaba perdido en otro mundo -contesta Julián.

¡Qué romántico! -dice ella.

¿Tú tienes novio? -pregunta Julián.

¡Yo… no… no, nunca he tenido… novio! -contesta Cony ruborizándose.

¡Veo que te incomodó la pregunta, lo siento! -dice Julián volviendo a partir en el auto al cambio de luz.

¡No, no se preocupe! -dice ella.

¡Vamos ahora a revisar al viejo Tom! -dice Julián reconociendo la calle y las casas.

¡A ese gato no le agrado, siempre me muestra sus filosos dientes cuando me acerco! -dice Cony leyendo el expediente de paciente.

¡No eres a la única que le da esa amenazadora sonrisa, pero mientras más lo llegas a tratar, vas buscando y conociendo sus mañas… y luego su confianza! -dice Julián recordando sus cicatrices por los violentos arañazos cuando recién lo conoció.

Estaciona la camioneta justo en frente de la casa donde vive el viejo Tom. Cony saca el maletín y la carpeta con los expedientes de su historial médico. Se acercan juntos a la puerta que ya se abría para ellos. La señora Priscila, dueña de Tom, los recibe con una cordial sonrisa. Detrás aparece otra mujer más joven pero muy parecida a la dueña de casa.

¡Buenas tardes, señora Priscila! -saluda Julián.

¡Buenas tardes, los vi por la ventana! -saluda la señora Priscila- ¡Adelante, por favor! -pide ella.

¡Gracias! -dice Julián entrando a la casa seguido por su ayudante y aprendiz.

¡Les presento a Olga, mi hermana… pasará un tiempo conmigo! -dice la señora Priscila mientras su hermana se acerca a Julián.

¡Hola, soy Olga… la hermana menor! -dice ella sonriente.

¡Hola, Julián… el veterinario! -dice Julián viendo que se acerca mucho a él.

Olga parece tener mucha más personalidad porque se lanza a él para darle un sonoro beso en su mejilla. Cony abre los ojos como platos arrugando su ceño. Julián sonríe al ver a su ayudante que está muy instruida por su esposa. La hermana de la señora Priscila, toma la mano de Julián para estrecharla y no querer soltarla.

¡Me hubiera encantado ser gata para tener un veterinario así de guapo! -comenta Olga sosteniendo aún su mano.

¡Gracias por el cumplido! -dice Julián tratando de rescatar su mano.

¡Olga, deja a Julián en paz, debe revisar a Tom! -dice la señora Priscila tomando las manos para separarlas ella misma.

¡Discúlpame, me quedé tan concentrada en tus ojos… apuesto a que tienes muchas admiradoras de esos ojos tan lindos! -dice Olga tratando de mirarlo más cerca.

¡Olga, ve a revisar el horno… por favor! -dice la señora Priscila que se percata de la incomodidad de Julián.

¡Ay hermanita… no me dejas admirar a este guapo veterinario! -se queja Olga caminando hacia una puerta- ¡Julián, no te vayas sin despedirte de mí! -dice Olga desapareciendo por la puerta.

¡Discúlpela, doctor… es algo impetuosa y alocada! -dice la señora a Julián que toma su maletín.

¿Dónde está Tom? -pregunta Julián tomando su postura profesional.

¡En la terraza, vamos por favor! -dice ella.

Julián la sigue junto con Cony que no ha cambiado su semblante molesto. Tiene que charlar con ella, para que no vaya con cuentos que no corresponde a Laura. Olga no debe ser tema de conversación, ya que él no le ha dado ninguna importancia a la coquetería de esa niña. Como ella, son muchas las clientas que se toman la molestia de usar todas sus armas con él. Siendo el profesional destacado, quiere que su reputación siga igual. Mucho más ahora siendo un hombre casado, teniendo la gran responsabilidad de ser fiel a su amada esposa... y bella veterinaria.

Encuentran al viejo Tom acostado en su cama. El fresco de la terraza lo ha hecho dormirse profundamente. Julián comienza su acercamiento hacia él. Puede que los años tratando animales de mucho mal carácter, le haya ayudado para ser más tolerante. Pero siempre debe estar al pendiente de no provocar un ataque más peligroso. Aunque con Tom ha sido lento el proceso de entrar en confianza, su amistad le ayuda a poder hacer su trabajo con él. Cony aprovecha para acercarse y ayudarlo. Tom huele su presencia y como siempre le muestra una amenazadora sonrisa.

¡Le dije que a Tom le caigo mal! -dice Cony apartándose un poco.

¡Tranquila, déjame a Tom, sólo anota lo que te dictaré!..

Chapter 2

LAURA)

Después de dos operaciones, recién pudo sentarse un momento en su oficina. Golpean su puerta, apareciendo la señora Fabiola con un paquete grande para ella. Lo deja en su escritorio, quedando otra vez sola. Como niña en navidad, rompe el papel muy curiosa para saber su contenido. Sus ojos grandes de la gran sorpresa, no sabe si tocarlos para saber si son real, o sólo quedarse mirándolos para seguir emocionada.

Toma el primer libro, y lo huele admirando el olor a papel viejo. Le encanta los libros. Pero mucho más cuando son colecciones inéditas y antiguas. Así como ahora tiene en sus manos, la colección del doctor Wilson. Las lágrimas no tardaron en llegar porque su mentor escribió estos libros, pero los primeros fueron guardados como su tesoro más preciado. Y ahora los tiene ella. En ese mismo tomo encuentra un sobre blanco con su nombre.

Se sienta en su pequeño sillón y saca el papel de ese sobre en blanco. Revisa primero la firma de esa carta.

Heroes

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