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Luna de miel con mi jefe

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Zoe William solo quería demostrarle a su familia que podía tenerlo todo bajo control, incluso un novio perfecto para la cena de Navidad. Nathan Carter, su reservado y exitoso jefe, parecía la última persona que aceptaría ayudarla... pero las circunstancias los llevan a un trato que cambiará sus vidas. Lo que empieza como una mentira inocente pronto se convierte en un torbellino de emociones, secretos y decisiones que ninguno esperaba enfrentar. Entre tensiones, risas y momentos inesperados, Zoe y Nathan descubrirán que el amor puede aparecer donde menos lo imaginas.

FAMILIA FUNCIONALMENTE DISFUNCIONAL.

Miro la hora en mi computador mientras que mi pierna se mueve con ansiedad esperando que el reloj marque las 5 para poder salir del trabajo e ir al cumpleaños de su abuela. Hoy cumplía 95 años y aún sigue de pie cuidando de sus bisnietos, mujeres como ella ya no vuelven a nacer, vivió en las dos guerras mundiales y sacó adelante a toda su familia mientras que el abuelo y hermanos iban a la guerra para proteger a su país. 

— Zoe. — La voz gruesa y varonil de su jefe llama su atención. — Ven un momento. 

Cierra la puerta. 

Miré la hora nuevamente en el computador y ya eran las 5:00 pm. Por alguna extraña razón, mi m*ld*t* jefe suele dejar todo para último minuto y dejarme en la oficina haciendo hora extra. Y no me molesta tener dinero extra, pero es que el hombre es simplemente exasperante. Pero debo aplacar mi sentimiento de odio, porque es mi jefe y yo soy su secretaria. 

Tomo el ipad que me suministraron cuando empecé hace dos años aquí y camino en dirección a la puerta que tenía en medio y con letras doradas el nombre de  jefe. *PRESIDENTE NATHAN CARTER* Tome una fuerte bocanada de aire y entre. 

— Dígame señor que se le ofrece. — Hablo seriamente para que notara mi inconformidad, pero parece inmune. 

 — Necesito que canceles la cita que tengo mañana, con mi abuelo. — dice mientras me mira fijamente a los ojos. 

Al principio sus hermosos ojos azules me intimidaban, Nathan Carter, sabe perfectamente como intimidar y coquetear con los ojos sin decir una palabra, pero por alguna extraña, razón el suele aniquilarme con tan solo verme. Así que aprendi a mantener nuestras miradas sin esquivarla. 

— Señor, es la cuarta vez que cancela la cita con el señor Carter. 

— ¿Quien? 

— Con su abuelo. — Lo miro extrañado, por la pregunta tan absurda. 

— Le pregunto, porque yo no lo hice, así que cancele la cita tal cual como se lo pedí. 

Una ola de ira recorrió mi cuerpo, el sarcasmo es su método perfecto para sacarme por completo de las casillas si no logra intimidarme con la mirada. 

— Señor Carter, le pido que sea mucho más claro en las cosas que vaya a decir, para que no se presenten este tipo de mal entendidos. — Contraataco con respeto. 

— Fui muy claro desde el principio, y tu realizaste un comentario innecesario, tu cancela la cita y ya, no cuestiones más mis órdenes, ¿Te quedo claro? 

— Si señor, ya mismo cancelo la cita. ¿Necesita algo más? 

— No, ya puedes salir. 

Me doy la vuelta y colocó los ojos en blanco, apretó el ipad contra su pecho y salio de la oficina. 

— M*ld*t* hombre, un dia de estos vas a hacer que renuncie, pero te salvas porque este es el único lugar donde pagar muy bien y tengo que seguir pagando la cuota para mi apartamento. — Murmuro mientras me dirijo a mi lugar habitual. 

Veo como los trabajadores se van levantando y saliendo de sus cubiculos para ir a sus casa. Los envidio en este momento, si no fuera por el idiota de mi jefe ya estuviera en mi auto directamente al cumpleaños de mi abue. 

— ¿De nuevo hasta las 6? — Pregunta Steve Marshall, mi mejor amigo en la oficina. 

— No lo sé, por el momento solo me pidio cancelar la cita con el señor George Carter. — Respondo, mientras tecleo en el Ipad para eliminar la cita de su horario de mañana. 

— Aun no entiendo porque no le dices que tu horario es hasta las cinco. — Bufa Steve. — eso se llama abuso de poder. 

— Debo recordarte que mi contrato es completamente diferente al tuyo y que debo estar disponible a toda hora. 

— Pues ganas muy poco para todo lo que haces, deberías pedirle entonces un aumento. 

— ¡Ja! buena broma. 

— Hablo enserio Zozo, ese hombre te tiene como una esclava y no te suben el sueldo. — Susurra por lo bajo par aque nadie más escuche. — Debo recordarte que la esclavitud se abolio en algun año de 1800. 

— Ya callate, recuerda que las paredes en este lugar tienen orejas y le pueden decir al presidente que le dices muchas cosas para nada agradables. 

— Como sea. — Se encoje de hombros. — Por cierto, dale esto a tu abuela. 

Steve saca de su bolso una bolsa de regalo. 

— ¡Awaw! — Lo tomo entre mis manos. — ¿Que e…? — No termine de hablar cuando la voz del jefe vuelve a interrumpir. 

— Señorita Williams y señor Marshall, debo recordarles que las relaciones interpersonales estan prohibidas dentro de esta empresa. 

Nathan se coloca al lado Steve mientra intercala su mirada entre los dos. 

— No es lo que usted cree señor. — Intervengo. — Esto es para…

— No me interesa. — Me interrumpe. — Solamente dediquese a trabajar ¿Le quedó claro? 

Aprieto mis puños hasta el punto de sentir como mis uñas se entierran en mi piel. 

— Por si no se había dado cuenta, ya pasó mi hora de salida de la empresa. — Suelto con valentía. — Y lo que yo haga o no, no es de su incumbencia. ¿Le quedó claro? 

Por primera vez en mi vida encaro a mi jefe de esta forma, pero es que la actitud nefasta del señor Carter ha colmado mi paciencia. 

Pude ver como sus ojos azules tomaron un tono más oscuro, su mandíbula se tenso y la vena de su cuello apareció dejándome ver que estaba enojado por mi respuesta. 

— Y si no me necesita más, me voy a retirar porque ya cancele la cita que iba a tener con su abuelo. — Tomo mi bolso y mi termo con fotografías de mi banda favorita.

Me alejo dando pasos fuertes y convincentes hasta acercarme al área de los elevadores con los nervios a flor de piel, quizás esto me cueste mi puesto de trabajo y me arrepienta después, pero esa fue la decisión que tomé. 

— ¡Zoe! — Steve me toma del brazos para girarme. — ¡Dios estuviste fenomenal! hubieses visto la cara que puso mientras te via ir. — Suelta una carcajada. — Debe estar saliendo humo por sus orejas, estoy seguro que nunca nadie le había hablado así. 

— M**rd*. — Murmure. — ¿crees que me despida? 

— No lo creo, eres la única que ha soportado ese terrible temperamento que tiene, además tiene su mala fama entre el gremio de las secretarías, en esta empresa nadie te envidia. 

Muerdo la cara interna de mi mejilla tratando de calmar mis nervios, pero a la vez en lo más recóndito de mi estómago hay una Zoe danzando de alegría… No estoy procesando todos mis sentimientos gastrointestinalmente… No lo sé, pero ya no hay vuelta atrás. 

Las puertas del elevador se abren y Steve y yo entramos junto a otro grupo de trabajadores. 

— ¿En serio nadie envidia mi puesto? — Le pregunto a Steve y la respuesta que recibí fue un: 

— No. — Por parte del resto de las personas en el elevador. 

— Ves, todos preferimos evitar contacto con Nathan Carter, al hombre lo que le hace falta es una mujer que lo enamore.

— Él ha salido con muchas mujeres. 

— Zoe, eres la que más cercana que conocemos del jefe. — Agrega y veo como algunas cabezas se mueven dentro del elevador dándole la razón a mi amigo. — El tipo es un gigoló, le gusta estar con mujeres, pero nunca tiene nada serio. 

— ¿Que me quieres decir con esto? 

— Por el bien de la humanidad caza a ese hombre. 

Suelto una fuerte carcajada. 

— Eres muy bromista Steve. — Limpio unas cuantas lágrimas que salieron de mis ojos. — Ni alcoholizada estaría con ese hombre. Además. ¿Acaso no has visto el prototipo de mujer que le gusta? todas son esbeltas con piernas muy largas y melenas lizas y mirame a mi. 

Algunas de las personas se giraron para verme de arriba a abajo, lo que me intimidó un poco y por inercia cubri mis pechos y mi zona V.

Con esto no me estoy menospreciando, soy una chica normal, con una altura típica, con un poco de grasa localizada, nada que una ida al gimnasio no pueda arreglar, tengo estrías en el trasero y celulitis en mis piernas. A comparación de las supermodelos con las que ha visto salir a Nathan. 

— Eres una chica hermosa, y el hecho de creer que no puedes conquistar al jefe te hace ver fea. 

Llevo mi mano al pecho ofendida. 

— Tu y mi familia son mis enemigos. — Resoplo. — Además. Debo recordarte que las relaciones interpersonales están completamente prohibidas. 

Las puertas del elevador se abren y salimos uno a uno de la caja metálica directamente hacia el estacionamiento. 

— Tu solo piensalo y luego lo conversaremos. — Dice Steve para luego detenerse enfrente a su motocicleta. 

— No necesito pensar en nada, te puedo jurar que nunca estaré con ese hombre.

— Justin Bieber tiene una canción que dice “Nunca digas nunca” — Me sonrie con sorna. — No escupas para arriba porque la saliva te puede caer en la cara. 

— Lo que tú digas. — Coloco los ojos en blanco. — Nos vemos mañana. — Me despido para subir a mi auto. 

— Hasta mañana, futura señora Carter. — Enciende su moto para luego acelerar mientras suelta una carcajada. 

— Idiota. — digo, para luego encender mi auto y salir del estacionamiento de la empresa. 

De inmediato mi playlist comienza a reproducirse Come back to me de RM de BTS es una de mis canciones favoritas, y cada vez que tengo la oportunidad de reproducirla lo hago una y otra vez, por alguna extraña razón me da una sensación de paz y a la vez una terribles ganas de llorar. 

Otras canciones siguieron reproduciéndose a lo largo de mi camino hacia la casa de la abuela, al llegar apague el auto, tome mi regalo y el de Steve para luego dirigirime a la entrada. Tome una fuerte bocanada de aire antes de tocar el timbre, por todo lo que se iba a avecinar. 

Mi familia es todo lo que puedan imaginar, critican cualquier aspecto de mi vida, y el de cualquiera que lo haga como a ellos no les gusta. Provengo de una familia muy conservadora y chapada a la antigua, donde la mujer debe quedarse en casa a cuidar a los hijos, mientras que el esposo va a trabajar. Digamos que yo rompí ese molde y soy odiada y acribillada cada vez que tienen la oportunidad. 

Toco finalmente el timbre y escucho del otro lado unos pasos apresurados. 

— ¡Prima Zoe! ¡Qué bueno que llegaste! — exclama, mientras la abraza con fuerza.

Sonrío, aunque algo forzada, mientras le entrego el regalo de Steve a mi prima. No puedo evitar preguntarme si la alegría que muestra es sincera o solo una fachada para evitar preguntarme sobre mi vida. No es que me moleste hablar de mi vida, pero siempre es incómodo cuando las preguntas se hacen con una intencionalidad oculta.

— ¡Hola! — respondo, mientras le paso la bolsa con el regalo. — De parte de Steve para la abuela.

Una risa cálida resuena desde el comedor, y al entrar, la figura de mi abuela me envuelve con una sensación de calidez. A sus 95 años, sigue siendo un pilar de la familia, una mujer fuerte y sabia. Su presencia me reconforta de inmediato, y por un momento, me siento en paz.

— ¡Zoe, mi niña! — La abuela me saluda con los brazos abiertos. No puedo evitar sonreír al ver la alegría genuina en su rostro, y de alguna manera, todas las tensiones que llevo dentro comienzan a disiparse un poco al estar cerca de ella.

Mientras todos se reúnen en torno a la mesa, la conversación rápidamente gira hacia los logros y las críticas familiares. Las miradas y comentarios sobre mi carrera, mis elecciones y mi estilo de vida no tardan en llegar, pero ya estoy acostumbrada. Lo que me duele, lo que me hiere, es que a pesar de los logros que he alcanzado, mi familia sigue viéndome como la "hija rebelde", aquella que no siguió las reglas tradicionales. Como si eso fuera algo malo.

El momento del pastel llega, y con él, la sensación de estar atrapada entre el amor por mi abuela y la constante presión de mi familia. Todos esperan que encaje en su molde, que viva según sus expectativas. La abuela corta la primera porción del pastel y, en ese instante, alguien menciona a Nathan Carter. Inmediatamente, me tenso, pero trato de mantener la compostura. No quiero que nadie note que su nombre me afecta de alguna manera.

— ¿Y qué tal con tu jefe, Zoe? ¿Tan ocupada con el trabajo que ni tiempo para un hombre encuentras? — comenta mi tía, con un tono que mezcla curiosidad y juicio.

Mi cuerpo se tensa aún más, y por un segundo me siento atrapada. Pero sé que no puedo dejar que me afecten sus palabras. Respiro profundo, intento mantener mi calma y, aunque por dentro estoy a punto de estallar, me obligo a responder con una sonrisa.

— Estoy muy concentrada en mi trabajo, tía. Y ya sabes que no necesito a nadie para ser feliz. — Intento sonar segura, aunque dentro de mí una parte de mí se siente vulnerable. ¿Realmente estoy feliz? ¿O estoy solo evitando enfrentar lo que falta en mi vida?

Mi tía no parece convencida, pero decide cambiar de tema, mientras el peso de la conversación sigue flotando en el aire. Sin embargo, el ambiente sigue siendo tenso, como siempre, cuando las expectativas ajenas se mezclan con las decisiones que tomo para mi vida.

— Tía, en estos momentos me estoy dedicando a mi vida profesional. — Respondo con una amabilidad fingida. 

— O ningun hombre te quiere porque eres fea. — Mi primo Paul lanza un comentario el cual causa la risa en los demás. 

— ¿Y cómo va la búsqueda de trabajo? tu tercer hijo y aun pretendes vivir de la abuela. — De inmediato toda la habitación se envuelve en un silencio. 

— No te metas conmigo Zoe. — Amenaza Paul. 

— Entonces tú tampoco te metas conmigo. — Contraataco. — Y para la información de todos, si tengo novio. 

— ¡No digas mentira! — Vuelve a exclamar Paul. — Si tienes uno ¿Porque no lo llamas? 

— Porque no tengo que demostrar nada. — Me levanto de golpe del sillón. — Abuela no me quedaré más tiempo. — La miro. 

— Cariño. — Mi abuela me tomó de la mano. — Sabes que te quiero mucho, pero si no hay nada que esconder, ¿Porque no traes a tu novio para la cena de navidad? 

Trago fuerte y justo en ese instante mi teléfono comienza a sonar, era una notificación de Nathan Carter, había configurado ese sonido solo para él. 

Justamente una mala idea atraviesa mi cabeza, desbloqueo mi telefono y comienzo a marcar el numero de jefe. 

— Hola amor. — Digo fingiendo normalidad, cuando en el fono me estoy muriendo de los nervios, porque probablemente el dia de mañana este despedida por culpa de mi familia. 

— ¿Amor? señorita William no me diga que ha estado bebiendo. 

Lo maldijo en silencio. 

— Ponlo en altavoz, todos queremos escuchar a tu supuesto novio. — Dice la tía con veneno.

— Amor, te colocaré en altavoz, para que toda mi familia te escuche. — No recibo ningún tipo de respuesta por parte de mi jefe, así que me arriesgo a colocar el teléfono en altavoz. — Ya puedes hablar. 

El silencio de polongo durante unos segundos, cerre los ojos con frustración al ver el rostro de Paul rojo por aguantar la risa. 

— ¿Tu novio es real primita? — Habla Paul con sorna. Y un par de risas se escuchan. 

— Si soy real. — La voz gruesa y varonil de Nathan se escucha por el altavoz. Le agradezco a todos los dioses en este momento. 

Todos a mi alrededor parecen sorprendidos, y Paul parece furioso porque por primera vez ha quedado en ridíc*l*. 

— ¿Como sabemos que eres su novio y no uno de sus amigos? — Contaataca Paul. 

— ¿Ese es tu primo el tonto? — Pregunta Nathan más para mi que para otro integrante de la familia. Suelto una pequeña risa, mientras es mi turno de burlarme de Paul. 

— Si, es él. — Digo. 

— Claro que soy el novio de Zoe, se cada detalle acerca de ella y no necesito demostrar realmente quién soy. 

— Tiene la lengua bífida al igual que ella. — Bufa mi tia. 

— ¡Basta! — Interviene la abuela. — Querido, habla la abuela Hilda. 

— Abuela Hilda, debo desearle un feliz cumpleaños. — Dice Nathan. — Mil disculpas si no pude asistir, pero mi trabajo me tiene un poco ensimismado. Pero debo presentarme vía telefónica. Mi nombre es Nathan. 

— No te preocupes por eso Nathan. — Dice mi abuela. — Debo extenderte una invitación para nuestra cena de navidad. 

— Abuela, es algo que tendré en cuenta, en navidad suelo ir a casa de mi familia. 

— Abuela no presiones. — Intervengo. 

— Si alguien va a salir con mi niña debe presentarse primero en casa ¿No cress? — La abuela me mira fijamente. 

— Haré todo lo posible por asistir. — Dice Nathan desde la otra línea. 

— Está bien muchacho, esperamos verte pronto. 

Asiento con mi cabeza, y quito el altavoz a la llamada. 

— Cariño te llamaré luego. 

— No, necesito que vengas a mi casa. 

— Ok. — Digo tragando saliva fuerte. Pero la función debe seguir.

Y lo más probable es que la noche hoy pierda mi empleo y no hay vuelta atras.

TRATO

Estacioné mi auto enfrente del edificio donde Nathan Carter vive, suelto todo el aire que comencé a contener a medida que me iba acercando. Las palmas de mis manos sudaban ligeramente, pero estaba decidida. Tenía que hablar con él, aunque no tenía ni idea de qué iba a decir.

Miré el reloj y, a pesar de que ya era tarde, sabía que probablemente Nathan aún no se había acostado. Siempre tan meticuloso, siempre tan ocupado. Lo más probable es que me despida por haberlo metido en este embrollo familiar mio. 

Salgo de mi auto, y entro al edificio. 

— Buenas noches señor Angel. — Digo cuando llego al mostrador donde el guardia de seguridad descanasba en su puesto. 

— Buenas noches señorita Williams. — Saluda el con amabilidad. — ¿El señor sabe que estas aquí? 

— Si. — Respondo. 

— Adelante entonces. 

— Gracias señor Angel. 

Me acerco a la zona de los elevadores, y afortunadamente uno se encontraba en el primer piso, entro y marco directamente

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