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El Imperio Morelli

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Annotation

La familia Morelli estaba encargada de la empresa líder en préstamos en la gran Italia, donde su sede principal se encuentra en Milán, y distribuyéndose por el país en enormes sedes en diferentes ciudades, siendo los mejores dentro del campo monetario, la empresa “Secure Finances the Morelli”, el comité empresarial consta de seis miembros, encargados de las dediciones importantes de la empresa, liderados por el presidente Antoni Morelli, heredero de la empresa Morelli, ya que esta pasaba entre miembros de la misma familia, siendo la cabeza del hogar, su hijo Luciano Morelli tendrá que llevar el cargo de todo el imperio Morelli a sus veinticinco años, donde se verá envuelto en un sinfín de problemas éticos y morales, como también ajustes de cuentas, la familia posee una serie de grupos de asesino, entre los principales “La Compañía” y “Las Hermanas Herrera”, en la empresa los miembros del comité conspiraran para quitarle el poder a los Morelli.

Capítulo 1 Si cae uno caemos todo

—¿Cómo podrías pensar que una persona con tanto dinero podría ser tan simple? No me parece correcto —se quejaba Margaret murmurando al Señor Santino al oído.

Margaret es una de las socias de la empresa desde hace más de veinte años, una mujer de sesenta y un años, cabello canoso corto por encima de los hombros, inspiraba ternura para cualquiera que no conociese su carácter, pero no había conseguido estar entre los grandes por ser una dulce abuelita, mirando de manera despectiva, pero discreta a Luciano un chico de veinticinco años que estaba saliendo del ascensor, alto de un metro setenta y ocho, cabello negro liso y corto, su piel seca y clara, cuerpo fuerte, sus ojos negros como la noche, y su cara era adornada por un bigote y barba bien cuidados, vestido con una camisa negra, y un pantalón negro, con zapatos casuales negros, marcaba su presencia con su estilo monocromático.

Luciano era el presidente debido a una crisis de los cuarenta que había sufrido su padre Antoni, que casi los lleva a la quiebra, el comité votó y decidieron que Luciano era la mejor opción para que su padre pudiese vivir su vida, pero sin afectar el patrimonio de la empresa, ya que la empresa pasaba como herencia dentro de la familia Morelli, luego de unas largas conversaciones y juntas, se pudo lograr el acuerdo, después de haber perdido algunos millones, pero no tantos como para estar en emergencia, solo querían prevenir llegar a ese punto.

El ambiente en la empresa había estado tenso con la llegada del nuevo presidente, pero esto solo se veía en los cargos superiores, pese a su juventud tenía buena experiencia con los negocios, ganándose la confianza de los que rodeaba, algunos del comité se habían asociado para llevar a cabo algunas transacciones ilícitas bajo la mesa, de la cual no hacían papeleo, comandados por la Señora Margaret, acordaron en estar de acuerdo con las decisiones de Luciano, pensando que de esa manera se podrían ganar su confianza, para continuar con las tramas que estaban realizando.

Antoni se había llevado a Luciano a una de las islas que frecuentaba la familia Morelli, estaban en la isla Asinara, sobre uno de sus yates, se encontraban ellos solamente, no querían ser interrumpidos por alguien, en horas del mediodía donde el sol estaba en su punto máximo, los hombres disfrutaban de un buen vino en el área común, Antoni Le comentaba a Luciano que era hora de convertirse en el hombre de la casa, haciéndose cargo de la empresa, ser el “jefe” era el sueño de todo joven, y se le estaba cumpliendo a Luciano, comprometiéndose con su padre que daría lo mejor de sí mismo, sentía un honor poder comandar la empresa familiar.

Estaban conversando sobre lo que había estado sospechando de algunos movimientos financieros que no concordaban con el dinero que entraba a la empresa, Antoni siempre había confiado en una persona, Bianca, una señora de cincuenta y dos años, que formaba parte de la empresa desde hace treinta años, logrando escalar desde la que sacaba las copias a asistente del presidente, muy firme en sus convicciones de no tener secretos con el señor Antoni, una de las labores de Bianca era de mantener un perfil bajo en la empresa, «las personas se corrompen con el dinero» eran las palabras que siempre repetía el Señor Antoni, asignándole que estuviera verificando los datos de contabilidad, la Señora Bianca había aprendido a ser muy discreta conociendo la naturaleza violenta de la familia Morelli, no quería provocar la ira de su jefe al hacer mal un trabajo, entregándole un día antes del viaje, el documento donde informaba el nombre de la persona implicada en el estacionamiento del edificio, ocultos de cualquier mirada.

Antoni entregaba en las manos de Luciano el documento, estrechando su mano afirmando la confianza que le tenía, tratándolo como un igual, orgulloso de lo que estaba logrando su hijo, brindan y continúan la tarde ya camino de regreso a casa, disfrutando de una tarde despejada el mar estaba tranquilo.

Actualmente, un mes después de haber tomado el cargo, todos recibían muy en serio las críticas de Luciano, al momento de dirigir la empresa su nombre se repartió por todas las zonas como pólvora, al entrar a la sala, el arie se tornaba lúgubre y pesado, a pesar de que Luciano le sonreía a todos y trataba a todos como piezas importantes, Margaret hacia lo posible por mantenerlos a todos de su lado, y no de Luciano, pasando en frente de ella la saluda cordialmente, Margaret le devuelve el saludo de manera seca.

Todos habían escuchado rumores de la familia Morelli, pero por falta de pruebas solo se habían dedicado a murmurar entre ellos, fingiendo lealtad con la manera de trabajar de Luciano, podría decirse que no aceptaban al nuevo miembro, en cuanto a los negocios, una de las cosas que no consolidaba con Margaret era que a cada cosa que ella decía Luciano hacía caso omiso de esas palabras, lo cual la llenaba de mucha ira.

Empezando la reunión con los miembros del comité siete personas encargadas del liderazgo prestamista, hablando de como el ingreso de Luciano a la presidencia había logrado grandes avances, aumentado el ingreso neto de los préstamos, cosa que no se veía hacía años, Luciano se levanta interrumpiendo al que estaba exponiendo el agradecimiento.

—Primeramente, les pido disculpas, no soy fan de mí mismo, Señoras y Señores, espero estén complacidos con mi trabajo, es la primera reunión oficial que se hace desde que asumí la presidencia hace aproximadamente un mes, les agradezco a todos por prestarme su mayor colaboración, estoy muy complacido con el equipo de trabajo con el que cuento, sin más que decir, espero tengan un excelente día.

Todos aplauden las palabras emitidas por el nuevo presidente, Luciano al salir lo estaban esperando sus dos guardaespaldas, vestidos de traje de etiqueta color negro con una camisa blanca, los empleados lo veían, dándole los buenos días, al salir se sube a su camioneta Chevrolet Suburban blindada.

Justo después de salir de la sala de juntas, Margaret llama a Santino y Antonella, al entrar en su oficina, se encontraba el escritorio con la laptop y la silla ejecutiva, al igual que a un lado dos sofás formando una “L” con una mesa en frente pequeña de vidrio, una pequeña biblioteca con libros financieros y de leyes, Margaret va directo a la silla ejecutiva, le dolían las rodillas ese día, se sienta.

—Ese niño mimado de Luciano, si no fuese por su padre no estaríamos cuidando tanto nuestros, pasos —golpeando la mesa con el puño cerrado—. No creo que dure mucho en ese puesto, debemos hacer algo para solucionarlo, cada día que pasa perdemos dinero, y ya estoy muy vieja para andar jugando a las sonrisas.

—Debes tomar las cosas con calma Margaret, los Morelli no son para tomárselo a la ligera, mira ya todo lo que ha hecho Santino en un mes, además ya sabes lo que dicen de ellos, tengo familia, y no vale la pena tanto riesgo —menciona Santino sentándose en el sofá —un frio recorría su espalda al pensar en si los rumores eran ciertos, meditaba sobre su familia que podría ser perjudicada, Antonella caminaba por en medio de la oficina yendo y viniendo.

—Margaret tiene razón, no podemos seguir esperando más tiempo —se queda parada firme frente a Santino—. Y tú, deberías tener más valor, ya estamos metidos hasta el cuello en esto, si cae uno caemos todos —sentencia Antonella sentándose en el sofá.

Santino es un hombre que recién cumplió los cincuenta años, tiene dos hijos Raquel y Eva, ya era abuelo y vivía con su esposa Alice y su hija de quince años Eva, su cabello de color blanco, de piel clara y arrugada con ojos azules, una barba de cinco días abrigaba su mentón, se levanta, abotonando su traje.

—Espero tengan razón, debo hacer algunas cosas, me comunican si algo cambia —sale de la oficina, soltando un suspiro, su corazón latía, podía presumir que algo no estaba bien, y que las cosas se les había escapado de las manos.

Transcurre la tarde con normalidad, el ajetreo de los empleados inundaba la empresa, llamadas tras llamadas, se iban generando el dinero, la empresa constaba de quince pisos el edificio, con dos ascensores, los dos últimos pisos estaban reservados para las oficinas del comité, contaba con un estacionamiento subterráneo de dos niveles, aire acondicionado en las oficinas, la mejor banda ancha que pudiesen comprar, las computadoras eran de última generación, todo lo ideal para que los empelados dieran el cien por ciento, todo a base del trabajo de Luciano que estaba al tanto del bienestar de sus empleados.

Antoni estaba jugando golf con algunos de sus amigos, regocijándose de su pronto retiro, fumando un habano cubano, golpeando la bola en el hoyo ocho, recibe una llamada, suena su celular, el Caddie le entrega el teléfono al contestar era Bianca, que aún estaba en la oficina, informándole sobre el desenlace de la junta, el Señor Antoni asiente sonriendo, colgando la llamada, se sube al carrito de golf avanzando al siguiente hoyo.

Luciano estaba sentado en el borde de la piscina de su mansión, con tres mujeres jóvenes de dieciocho años, en trajes de baño, una de ellas ya no llevaba la parte superior exhibiendo sus senos, él bebía una botella de Champan, le interesaban tanto los negocios como los autos y por su puesto las mujeres, mujeres jóvenes de cuerpos esbeltos, como sacadas de una revista de lencería, su guardaespaldas de confianza Armando, un hombre de treinta y dos años, fuerte, exintegrante de las fuerzas especiales marítimas del ejército italiano, ya el sol se estaba ocultando, Luciano le informa a Armando que estará con las chicas en la piscina, que podría irse a descansar.

—Ya sabes, cualquier informe vienes de inmediato sin importar nada.

—Si Señor Luciano, como usted ordene, me retiro.

Armando entra a la casa, sacando su teléfono, le escribía a su madre para saber sobre su salud, su madre le continúa diciendo que todo estaba bien, pero su hermana le menciona que el doctor había diagnosticado cáncer de pulmón, sin importar el dinero que le enviase, ya era muy tarde para su madre, solo le quedaban al menos siete meses de vida, era el diagnóstico que le había dado el doctor a su hermana, se va al área de descanso, donde estaban el jefe de seguridad y otros guardias de la mansión, viendo televisión, un partido de futbol nacional, y comiendo algunos pasabocas que habían hecho las empleadas de la casa.

Luciano había tenido que hacer algunos arreglos en su agenda, llamando a su esposa, ya que saldría tarde este día, siete y media de la noche y estaba en el estacionamiento, es uno de los pocos que quedaba en la empresa en ese momento, caminando hacia su auto, siente una sensación, ese calosfrío cuando alguien está viéndote fijamente, se detiene y voltea hacia los lados, todo el lugar se veía sombrío, ni un pequeño ruido, pero continuaba con el sentir de que estaba siendo observado, piensa «quizás sea por los nervios que estoy así, mejor me iré a casa, Alice ya me ha llamado varias veces» suspira «ahora debo lidiar también con eso, una cosa a la vez, ya me estoy poniendo viejo, si no hubiese llegado Luciano todo estaría mejor» meditaba mientras colocaba la llave en la cerradura del auto, en eso unos pasos se escuchan detrás de él, su corazón late rápidamente, escucha los pasos acercarse más rápidamente, toma su maletín con fuerza, y se gira para golpear a esa persona, pero al momento de girarse escucha:

—Señor Santino, se le quedaron estos papeles —Es Julio uno de los empleados que estaba supervisando Santino ese día—. Discúlpeme si lo asusté, pero *p*n*s me di cuenta, salí corriendo, sé lo importante que son esos papeles, que tenga buenas noches, Sr. Santino.

Santino no emitió palabra alguna, solo asiente al recibir los papeles, sintiendo como se escurre el miedo por su cuerpo, mira de manera molesta al chico, abre su maletín sobre el capó del coche para ingresar los papeles, abre el auto y se marcha a su casa, al llegar veía las luces de la casa encendidas, al bajar del auto ya estacionado suspira ante de entrar a su casa.

Todo estaba en silencio.

—¡Querida ya llegué! —le extraña no recibir respuesta—. ¿Hay alguien en casa? ¡Eva! —deja el maletín al lado de la puerta, y guinda su saco, arremangándose la camisa.

Va camino hacia la cocina, ve a su esposa sentada al lado de su hija, ambas con las manos sobre la mesa, Alice estaba tomando la mano de Eva, ambas gimoteaban, la comida estaba en la mesa servida, justo al pasar la puerta escucha el chasquido del martillo de un arma que estaba preparada para disparar, siente el frío del acero en su nunca.

Capítulo 2 La cena

Alice aprieta el puño, el miedo se apoderaba de ellas invadiendo cada nervio de su cuerpo, Santino solo podía pensar en su hija y su esposa, no sabía que estaba pasando, sus manos comenzaron a helarse, tragando fuerte, escucha la voz de la persona que lo apuntaba.

—Bienvenido a la cena, papá se tardó en llegar, deberías sentarte Santino, es de mala educación dejar a tu familia esperando, y más cuando tu mujer preparo una cena tan deliciosa —la voz gruesa y carrasposa, impartía miedo con cada palabra que pronunciaba.

Santino no se atrevía a mover ni un centímetro, pero el hombre lo empuja por la nuca, haciendo que se mueva, mira fijamente a su esposa, estaba llorando, las lágrimas recorrían sus mejillas, su hija Eva aterrada, le temblaban las piernas, queriendo gritar en llanto, nunca había visto un arma en su vida, y ahora una está apuntando a la cabeza de su padre.

Al sentarse, entran dos hombres más a la cocina, colocándose cada uno detrás de Alice y Eva, Santino

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