
La esposa trofeo rechazada del Rey Lycan, herederos secretos
- Gatunek: Werewolf
- Autor: Bianca C. Lis
- Rozdziały: 48
- Status: W trakcie
- Ocena wiekowa: 18+
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Opis
—¡Yo, Alfa de conquista, Kaeros Moonreaver, te rechazo a ti, Eloween Everlight, como mi Luna! El rechazo selló el destino de su loba…, pero Eloween guarda el mayor secreto del Alfa. Entregada como premio de guerra por su propio padre, la princesa omega Eloween fue obligada a arrodillarse ante el legendario Devorador de Lobos: Kaeros Moonreaver. El despiadado rey Lycan conquistó la manada del Norte, pero, al sellar el matrimonio forzado con un beso, ocurrió lo imposible: un lazo ancestral despertó entre ambos. Negando la conexión, Kaeros la rechazó y la humilló delante de todos, reduciendo a la princesa a una sirvienta. ¡Pero el vínculo se negó a morir! Desesperada por escapar de las garras del tirano, Eloween intenta drogarlo. El plan fracasa terriblemente: la poción despierta el celo incontrolable del lobo de Kaeros y los arroja a una noche arrolladora de entrega, deseo prohibido y pasión visceral. Aprovechando el agotamiento del Alfa, Eloween huye al despuntar el alba. Lleva consigo el mayor de los secretos: ¡los herederos biológicos del hombre que la destruyó! Lo que ninguno de los dos sabe es que el verdadero enemigo no es el pasado. La sangre de Eloween oculta un poder oscuro capaz de controlar el destino de todos los lobos, y cuando la verdad salga a la luz, le tocará al despiadado Kaeros arrodillarse e implorar el perdón de la mujer a la que rechazó.
1 – FUI ENTREGADA COMO PREMIO A LOS LOBOS
POV: ELOWEEN
Yo era el premio de la noche.
Como hija del Alfa del Norte, debería haber sido respetada, protegida, reverenciada. Pero no lo fui. Fui traicionada. Herida. Arrojada a los lobos como si no valiera nada, por el mismo hombre que debería amarme y protegerme para siempre.
Me palpitaba la cabeza; unas cuerdas ásperas me cortaban las muñecas ya en carne viva. Cada respiración me ardía en la garganta seca, cada movimiento encendía el dolor en las costillas fracturadas, recuerdo de la paliza que me mantenía «obediente».
Todo por una alianza. Un espectác*l* repulsivo.
¿Y el culpable de mi infierno personal?
¡Mi propio padre!
El Alfa tirano del Norte, que no dudaba en usar a su hija como moneda de cambio.
Todo porque un día creí en el amor. Confié en la promesa de un hombre cuyo corazón traidor se convirtió en mi ruina.
Me ataron como a un animal, me enjaularon como a una presa vulnerable, totalmente expuesta a los depredadores. El vestido de tela fina se me pegaba al cuerpo, empapado de sudor, casi transparente, una elección intencionada para dejarme «desnuda» ante los ojos de todos, *p*n*s un objeto de exhibición.
El olor del salón era nauseabundo: sudor agrio, vino dulce, sangre, excitación enfermiza. Ojos hambrientos me devoraban detrás de las máscaras.
—¡Buenas noches, caballeros! —La voz de mi padre cortó el aire—. Esta es la noche del duelo… ¡y el premio mayor será mi hija! Una Omega pura. ¡Una virgen intacta!
Gritos eufóricos estallaron a nuestro alrededor; las vírgenes eran raras entre nuestra especie.
—Rara. Preciosa —continuó él, saboreando su propio poder—. ¡Y podrá ser de uno de ustedes, si ganan el duelo por ella!
—¡Padre, no puedes hacerme esto! —supliqué, alzando las manos encadenadas hacia él.
No respondió. La bofetada ardió antes de que pudiera reaccionar, y el sabor metálico de la sangre me invadió la boca.
—¡Yo soy tu Alfa! —gruñó, clavándome los dedos en la barbilla—. Seré benevolente. Podrás elegir a un guerrero dispuesto a luchar por ti.
Nadie se atrevió a alzar la mirada hacia mí. Todos me odiaban. Nadie me salvaría.
—¡Cobardes! —gruñí, arrancando la espada de plata de la vaina de un guardia asustado—. ¡Yo misma lucharé por mi honor y por mi vida!
Mi padre apretó los puños, con la vena palpitándole visible en la frente.
—La sentencia de muerte es tuya. ¡Que comience el duelo!
El Alfa *p*n*s había terminado de hablar cuando los guerreros avanzaron como animales hambrientos, desgarrándose unos a otros con garras y dientes.
Uno de ellos vino directo hacia mí, recorriéndome el cuerpo con los ojos, con un hambre descarada.
—Vaya, eres todavía más deliciosa en persona —gruñó—. Me va a encantar pasar la noche entera contigo, cosita linda.
La repulsión me subió por la garganta. Atacó demasiado rápido. Retrocedí, tropezando con las cadenas; me agarró por la cintura y me atrajo contra su cuerpo sudado. Sus manos se deslizaban por mis curvas como si ya me poseyera.
¡No seré el premio de consolación de nadie!
No pensé. Reaccioné. Le di un rodillazo con todas mis fuerzas entre las piernas. Se encorvó, gruñendo; fue suficiente. Le clavé la espada en el abdomen y giré la hoja.
—¡Prefiero morir antes que ser poseída por uno de ustedes! —escupí cada palabra.
Un golpe violento me alcanzó la cabeza. Caí, y el impacto me reverberó en los huesos. Una mano gruesa me agarró del cuello y me levantó del suelo. Pataleé en el aire, sin poder respirar, con su pulgar hundido en mi tráquea.
—Me gustan las que luchan y patalean… ¡Me va a encantar quebrarte yo mismo! —rio, excitado, con un placer enfermizo.
Las lágrimas me ardían en los ojos mientras me debatía en el aire.
—¡Ah, parece que tenemos un ganador! —anunció mi padre—. Declaro el duelo termin…
—¡No! —grité, sofocada.
Le clavé las uñas en el brazo con furia, desgarrándole la carne. Rugió y me arrojó al suelo. El dolor me estalló en las costillas.
«Levántate, Eloween. No nacimos para ser juguete de monstruos».
Me masajeé el cuello dolorido y escupí entre dientes:
—¡Si me vuelves a tocar, te mato!
—¡Maldita perra Omega, te vas a arrepentir de esto! —Sus ojos ardían de furia asesina.
Alzó el brazo para golpearme. Cerré los ojos, preparada para el golpe.
Pero nunca llegó.
El aire cambió de repente. Una presencia pesada, asfixiante, invadió el salón entero, como si le hubieran arrancado el oxígeno. Se hizo un silencio absoluto.
Abrí los ojos despacio.
Y allí estaba él.
Un hombre alto, absurdamente alto. Hombros anchos, el cuerpo cubierto de viejas cicatrices, un manto negro que ocultaba tatuajes oscuros. Su presencia era aterradora, asfixiante, demasiado peligrosa.
—¡Un premio no se daña! —gruñó, con voz baja y poderosa.
—¿Quién te crees que eres? —El hombre que me atacaba intentó parecer valiente, sofocado—. ¿Cómo te atreves a interrumpir mi cacería?
—¿Tu cacería? —El extraño ladeó la cabeza—. ¡Esta presa no es tuya!
Sin aviso, su mano atravesó el pecho del guerrero con un sonido húmedo y horrible. El cuerpo cayó con un agujero en medio del pecho, sin corazón, sin vida, como basura desechada en el suelo.
Silencio absoluto.
Sus ojos recorrieron el salón, despacio, evaluando presas. Nadie se movió.
—¿Alguien más dispuesto a desafiarme?
Mi padre tragó saliva, pálido como quien ve un fantasma.
—Ese emblema… —señaló, conmocionado—. Ka… ¿có… có… cómo? ¡No es posible!
Todos retrocedieron. Con un gesto de la cabeza, hombres encapuchados irrumpieron en el salón, sometiendo a los presentes y poniéndolos de rodillas.
Yo permanecía inmóvil, dominada por aquella presencia. El aura Lycan aplastaba a mi loba y la obligaba a encogerse en lo más hondo de mi esencia.
Su mirada cayó sobre mí, fija. Contuve la respiración.
—Así que los rumores eran ciertos —dijo, con voz ronca, profunda—. Tu propio padre y Alfa puso a su hija en el duelo como premio a cambio de una alianza.
Me estremecí ante la intensidad de aquella mirada azul grisácea. Me tocó la barbilla con la punta de dos dedos y alzó mi rostro hacia él.
—Dime, pequeña Omega… Esta noche destruiré tu manada y mataré a tu padre.
El pulgar áspero se deslizó por mi barbilla, no con gentileza, sino como advertencia.
—¿Piensas odiarme por eso?
Se me cortó la respiración.
Aquellos ojos…
¿Quién era este hombre?
2 – PREMIO DE GUERRA
POV: ELOWEEN
Parpadeé varias veces, mirando hacia arriba, hacia aquel rostro marcado por una cicatriz que le cortaba la ceja. Era atractivo de una manera equivocada, tosco, casi cruel de tan perfecto.
¿Piensas odiarme por eso?
Las palabras flotaban en mi mente, casi cómicas. ¿Sabía él, al menos, que al invadir la manada y asesinar al Alfa del Norte me estaba liberando de las garras de un tirano?
Resultaba hasta irónico. Un enemigo de conquista liberando a la princesa omega repudiada, usada como cebo para acuerdos ventajosos.
—¿Quién eres? —pregunté, firme, aunque la voz todavía me salía ronca. Sus ojos se entrecerraron, casi molestos por la pregunta.
—Hnf. De verdad no tienes idea de quién soy… —La respuesta fue más para sí mismo que para mí—. ¿O sí?
Abrí la boca para responder cuando mi padre, rojo de furia, se agitó en los brazos de los secuaces.
—M*ld*t*… —gruñó, mostrando los











