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REINA DE LOS LOBOS
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REINA DE LOS LOBOS

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Annotation

La diosa de la Luna favorecía a sus hijos, los hombres-lobo, con un alma gemela, que complementará y fortalecerá a las parejas tanto en su forma humana como animal. Pero la realeza era la excepción, pues desde el inicio de los tiempos, los Reyes de los lobos alrededor del mundo, se podían casar únicamente entre ellos. Manteniendo la sangre real pura, con lobos ancestrales dominantes y lo más importante, sin perder la cordura por vivir con un lazo de emparejamiento, pues los lobos al encontrar a su mitad, vivían y morían por su compañero. Esta medida que la diosa les impuso a la realeza era para que gobernarán con la mente clara. Su rol era gobernar y mantener el orden entre las manadas y procrear descendientes puros, que continuarán con la tradición. ¿Qué pasará si esa ley ancestral, es removida por la misma diosa?

Chapter 1

En una manada pequeña de Alaska, ubicada en medio del extenso bosque cubierto de nieve, una joven se desarrolla con gran hermosura y un cuerpo muy atlético, gracias a su afición al entrenamiento con pesas.

Sus orgullosos padres, forman parte del círculo que gobierna aquella población de hombres lobos.

Con la posición de Beta de la manada – luego de llegar de un país suramericano y demostrar su valía– haciendo de la chica una beta natural, con grandes habilidades en el combate cuerpo a cuerpo.

—Ada Gonzáles, no sabes lo orgullosos que estamos tu madre y yo. Recibirás hoy, junto a la comitiva designada a su Majestad, El Rey Alfa Velkan.

La joven se adelantó hacia su padre dándole un fuerte abrazo.

— me complace poder servir a mi Alfa y en especial a mis padres —pronunció Ada, la joven promesa de su manada.

La madre de la chica se unió a la conversación mientras llevaba en sus manos un vestido largo de color rojo aterciopelada.

— Este vestido lo usé el día de la ceremonia de mi mayoría de edad. Aunque ya pasaron cuatro años de tu mayoría de edad y escogiste otro vestido, quiero que uses este hoy. Pues, con este vestido encontré a mi alma gemela— Dijo la madre de Ada, viendo al padre de la chica.

Ada sonrió para ambos y tomó el vestido que su madre le regaló.

En la noche, cuando la celebración estaba en su punto más álgido, el Rey Alfa Velkan entró en la recepción de la casa de la manada del Alfa Joe, seguido de su Beta Real Răzvan, y Gamma Real Sorin.

Los tres hombres eran el deseo de muchas mujeres. Ellos estaban solteros, lo que aumentaba la probabilidad de ser escogidas por uno de esos majestuosos especimenes.

La diosa no escatimó en creatividad, elegancia y opulencia al momento de crearlos.

Líderes naturales, expertos en batalla, atractivos como gemas incalculables, eso eran esos tres lobos.

Las mujeres solteras de la manada, esperaban ansiosas la llegada de sus compañeros, pero no descartaban el poder llamar la atención de alguno de los tres.

Aunque fuera para una noche de pasión.

Ante todo pronóstico, y eludiendo lo que una vez se consideró la ley universal de los lobos, el Rey Alfa consiguió a su alma gemela.

El asombro y consternación del Rey, quien sabía que, al momento de la creación de su especie por la madre luna, está, para que los miembros de la realeza gobernarán con templanza y rectitud, sin la distracción de un amor que colocará su mundo y su razón de vivir por esa otra mitad, los eximió de tener almas gemelas.

Ninguno de la nobleza poseía un "compañero predestinado". Ellos se comprometían con otros miembros de la realeza, que gobernaban en otros reinos.

Es así como Ada y el Rey Alfa Velkan, rompieron las leyes y la lógica, que hasta ese día se conocían como inamovibles.

Pero ¿quiénes eran ellos para desafiar a su diosa? ¿cómo podrían negar aquel vínculo sagrado tan poderoso como una espada de doble filo?

Ada.

Divise el reloj de pared, para mirar la hora. Aún tenía tiempo de sobra para escribir un poco en mi diario personal, lo que había ocurrido la noche anterior.

Cuando el Rey Alfa entró en la estancia, una corriente arrasó por mi cuerpo, como si fuera llamado por la ley de atracción de mi opuesto. Al posar mi mirada en la suya, comprendí todo.

Él era mi compañero.

¿Cómo podía pasar esto? Los Reyes no tenían pareja predestinada.

Aunque temía ser rechazada, él se acercó a una velocidad sorprendente. Ningún lobo tenía la destreza de cruzar 100 metros, en un pestañeo.

Me sobresalte al tenerlo tan cerca, pero aquella corriente se intensificó al punto de sentir que mis piernas se debilitaban. Quería recorrer cada espacio de su mandíbula, saborear aquellos labios ligeramente carnosos y sonrosados. Que sus ojos, tan azules como lo profundo del océano, me miraran con devoción mientras su lengua recorre cada célula de mi piel expuesta.

Mis mejillas se enrojecieron, cuando caí en cuenta hacía donde había llegado mis pensamientos.

Jamás había soñado con llegar a la realeza. Ninguna manada podía siquiera pensar en ello.

Era imposible.

—Imposible— murmuró él, concordando con mi análisis de la situación, mientras recorría con su intensa mirada todo mi cuerpo. Me sentí arder y aunque estaba atrapada en aquella atracción surreal, mi conciencia más analítica decía que no debía ilusionarme.

No con aquel hombre.

—eres mía— pronunció alto y claro con voz de mando, ante lo cual, todos los presentes expusieron ligeramente sus cuellos, en señal de sumisión y aceptación.

Mis padres no entendían qué estaba pasando, y la corte del rey estaba igual de consternado. Se suponía que sólo vendría al baile anual para aperturar la temporada de caza. Donde la manada realizaba diversas actividades deportivas y culturales.

Pero allí andaba comenzando una nueva historia.

Mi historia.

Terminé de escribir para comenzar a arreglar mis cosas.

Esta mañana, al despertar, mis padres entraron a mi habitación, consternados aún por la serie de eventos que se estaban desarrollando.

Mi madre se sentó en la cama y miró a un punto inexistente en la pared.

—Siempre supe que estabas destinada a liderar. Pero... creí que sería una manada. No todo un reino— expresó ella, angustiada.

Lo sabía, hasta para mí era inverosímil.

Mi madre continuó hablando, sin dejarme responder.

—¿Sabías que él tiene una hija de nueve años?

Asentí ante la pregunta de mi madre.

—bien, ahora debes cuidar de ella como si fuera de tu propia sangre.

También sabía eso. No era una persona egoísta y malvada. Mucho menos con una criatura inocente.

— se lo que dirás. Te conozco, como si tú fueras yo. Jamás lastimarias a un inocente, pero debo aconsejarte por tu bien. La princesa Ruxandra no conoció a su madre la Reina Ozana, y el Rey se negó a contraer matrimonio con otra mujer, para evitar que su hija sufriera. Es por ello, que hoy te pongo en sobre aviso, pues quizás, no sea todo tan fácil en el Palacio.

También lo había pensado. Durante toda la noche para ser exactos. ¿quién en el Reino, no sabía lo que ocurría con la realeza? Sentíamos el dolor del Rey al haber perdido a su querida esposa, en un asalto realizado a su caravana por vampiros, mientras hacían el recorrido real hacía el territorio de los padres de la reina, en Transilvania.

Gracias a la diosa, la princesa Ruxandra no viajaba con su madre. Ella era muy cercana a su padre, por lo que viajaría dos días después hasta el Reino de sus abuelos.

—esto, está tan fuera de lugar— continuó mi madre. Sabía que sentía temor por mí. Yo sentía temor por mí incipiente destino.

—¡Ya basta Aurora! — Mi padre detuvo a mamá— Debemos apoyarla, no asustarla.

Me levanté de la cama y abracé a mi padre. Aunque mi madre tenía miedo por mí, era cierto, no debía ponerme más nerviosa.

— Está bien papá, gracias. Sé que mamá no lo hace con mala intención.

Mi madre lloraba pidiendo disculpas por su comportamiento. Caminé hasta ella y la abracé, dándole consuelo. Le decía una y otra vez que estaría bien y si algo pasaba, estaban mis padres superhéroes para ayudarme.

Era extraño que a mis veintitrés años, aún no había llegado mi compañero. Muchos los conocían tan pronto cumplían la mayoría de edad.

Aunque a mi no me preocupaba, de hecho, rogaba a la diosa que mi pareja predestinada tardará un poco en llegar.

Tenía sueños que cumplir, metas por lograr, y dedicarme a un destinado, aunque no era limitante, sabía que me atrasaria un poco por querer compartir con él todo mi tiempo.

O eso es lo que decían los que consiguieron a sus compañeros.

Después de escribir y rememorar los hechos de la noche y mi mañana, termine de asearme y prepararme.

Cepille mi pelo castaño largo y lacio, desenredando los nudos que se formaban cuando dormía.

Observé mi silueta bien proporcionada y atlética en el espejo. Mis piernas estaban tan definidas por el uso rutinario del gimnasio y la cantidad de peso que levantaba, que me sentía orgullosa de mi esfuerzo.

Aunque el Rey me había mirado con detenimiento, no dijo nada más después de declararme suya.

No sabía si le gustaban las mujeres más delicadas en su aspecto físico o le había gustado como era yo. No sabía si le gustaría mis ojos café oscuros o las mujeres con sus iris de colores claros. Eran pensamientos que iban y venían cada vez que podían.

—¡es tan cansado pensar en alguien! ¡por la diosa! —me queje abruptamente.

No me había interesado estar en una relación antes, y el estar tan pronto pensando una y otra vez en alguien que sólo dirigió unas cortas palabras al público en general, me molestó sobremanera.

Molesta, termine de quitarme los nudos con fuerza, dejando muchas hebras en el cepillo.

— Si no le hubiera gustado, me habría rechazado. Así que olvida el tema Ada —me auto reprendí.

Guarde mis atuendos deportivos, ropa casual, y varias zapatillas en la maleta. El maquillaje y demás artículos los guarde en un bolso de mano.

Salí de la habitación con una nueva meta: no permitir que cambiarán mi forma de ser, y lo que quería lograr. Aunque el vínculo fuera fuerte, y por lo visto la más afectada era yo, no permitiría auto sabotear mi vida.

Toda la confianza que había renovado mientras guardaba las cosas y me dirigía a la entrada de mi casa, se desvaneció tan pronto lo vi.

Allí estaba, regio e imponente. Su amplio torso, musculosos brazos y gran altura, me hicieron derretir por dentro. Estaba vestido con un traje a medida, que acentúa su silueta atlética. Aquellos ojos azules me miraban con tanta intensidad, que la nieve bajo mis pies se derretía conmigo.

Ya no era una loba.

Me había convertido en una jodida gata en celo, levantando la cola y maullando sin parar.

Chapter 2

Tan embelesada me encontraba, que no había visto las demás camionetas todoterreno resguardando la seguridad del Rey.

Aún no me atrevía –ni en pensamientos–, referirme a él por su nombre de pila.

Un joven vestido con traje entallado negro, se acercó a mí para tomar mis pertenencias.

Espabile apenada, agradeciendo al hombre que para mí sorpresa era el Beta Răzvan.

En ese momento, mi mente comenzó a comparar al Rey con el joven beta. Mi compañero se veía un hombre maduro, y es que, a sus treinta y ocho años debía madurar sí o sí.

Yo debía verme como una cachorra ante sus ojos, esos ojos tan azules y hermosos.

Rodee los ojos en señal de frustración. Mi mente se desviaba cada vez que pensaba en él. Cada que, imaginaba esos labios rosados y apetecibles que debían ser suaves como un malvavisco.

— ¿puedes dejar de ser una pervertida Ada? —volví a regañarme internamente.

El rey frunció el ceño, para luego hablar con mis padres, que se hallaban

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