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Heredera de la Noche

  • Genre: Werewolf
  • Author: EugeMD
  • Chapters: 50
  • Status: Completed
  • Age Rating: 18+
  • 👁 277
  • 8.0
  • 💬 1

Annotation

A pesar de haber aceptado con resignación su destino impuesto, Octavia se encuentra enfrentando desafíos que persisten como sombras inquebrantables en su camino. La misteriosa desaparición de Orión la sume en una oscura desesperación, una tormenta interior que enfrenta en silencio. Sin embargo, de las profundidades de su propio dolor, surge como la líder férrea y resiliente que la manada requiere para lidiar con la punzante ausencia de su Alfa. En este tortuoso viaje, el paisaje se transforma con la llegada de nuevas figuras. ¿Serán aliados con verdaderas intenciones de apoyo o intrincados enemigos disfrazados? Octavia se sumerge en un terreno desconocido, donde las lealtades se desdibujan y cada paso podría llevarla más cerca de la verdad o hacia el camino de la traición.

Capítulo 1

Octavia

La anticipación vibraba en mi pecho, una mezcla de nerviosismo y alegría por la sorpresa que Orión tramaba para mí. A pesar del caos que nos rodeaba, la idea de la celebración se abría paso en mi mente, inundándome con una ola de felicidad que contrastaba con la cruda realidad que enfrentábamos.

Sumida en la habitación, el agua del cuarto baño del día acariciaba mi piel, proporcionando un alivio bienvenido. Cerré los ojos, permitiendo que la sensación del agua y el aroma sutil del jabón envolvieran mis sentidos. Cada gota parecía llevar consigo la promesa de un nuevo comienzo, un respiro en medio del torbellino de responsabilidades.

Después del desayuno compartido con Lucas, Sam y Orión, nos fuimos a trabajar en las tareas de reconstrucción. Cada movimiento resonaba con un propósito renovado, pero la ciudad, vista desde la ventana de mi habitación, parecía conservar su esencia única. El sol, en su gloriosa ascensión, pintaba cada casa con colores vivos, creando una paleta que contrastaba con la sombra persistente de la batalla.El brillo dorado del sol no podía disipar la pesadez en el aire. Nos enfrentamos a la desgarradora tarea de buscar entre los cuerpos caídos durante la batalla.

Cada rincón de la ciudad contenía historias truncas, y aunque el sol acariciara mi rostro, no podía ignorar el peso emocional de la pérdida. La vista de los cuerpos, el olor a tierra removida y el sonido sutil del viento llevaban consigo la carga de la tristeza, un recordatorio palpable de los sacrificios realizados para proteger nuestro hogar.

El bosque, en este momento, albergaba más cuerpos que árboles. Nos sumergimos en una tarea agotadora, pasando horas interminables recopilando los cuerpos dispersos y cuestionando a los sobrevivientes. Era un esfuerzo necesario para eliminar cualquier amenaza latente que pudiera acecharnos.

Desafortunadamente, Orión descubrió más traidores entre nosotros. Lo alarmante de la situación radicaba en los cargos que ocupaban en la manada; veteranos de alto rango pagaron el precio por su traición. Sentí el dolor de Orión resonar en cada ejecución, una carga emocional que pesaba en el aire.

—Aquí estás —me susurró mientras me envolvía en un abrazo desde atrás. —Siento como si no te hubiera visto en décadas.

—¿Será tal vez porque me has estado evitando? —Sonreí al aceptar su abrazo familiar.

—Solo fueron unas horas, mi amor. Verás que valió la pena... —me apretó con más fuerza.

Me giré para observarlo más de cerca. La tensión en sus músculos era palpable bajo mis manos, y su mirada reflejaba el agotamiento físico y mental con el que estaba lidiando. Cada línea en su rostro contaba una historia de las duras decisiones que había tenido que tomar para proteger a la manada.

—Tal vez podríamos posponer la sorpresa, amor, te ves como la m**rd* —dije mientras acariciaba su mejilla.

—Eres muy buena dando cumplidos —la picardía teñía su tono de voz, junto con un toque de sarcasmo.

—Siempre para servirte, Alfa —murmuré sensualmente, acercando mis labios a los suyos.

—Eres una pequeña diabla cuando te lo propones —me alzó del suelo con sus manos en mis muslos en el momento en que mi espalda tocó la pared. Cerré mis piernas alrededor de sus caderas mientras lo besaba profundamente.

Nuestras lenguas se movían en total sincronicidad, mis manos se aferraron a su cabello mientras él frotaba su miembro contra mí. Se separó *p*n*s un poco para mirarme a los ojos.

—Te amo tanto que no te haces una idea. Estoy tan agradecido con la Diosa Luna por haberte devuelto a mis brazos, donde perteneces —dijo con tanto amor y pasión que me derretí en sus brazos.

No había palabras para describir lo que sentía por él. Este vínculo y el tiempo que habíamos compartido juntos, todo el amor y el apoyo que recibí de él, cada paso en este camino turbulento me había llevado a amarlo incondicionalmente.

Besé su cuello, donde estaba mi marca de compañera, lo sentí estremecerse bajo mis manos y mis labios. Recorrí su cuello y su mandíbula con mi lengua y pequeños besos. La habitación estaba ya muy caliente, su cuerpo y el mío por explotar de deseo y amor.

Cada beso, cada caricia tenía la intención de adorarlo, de demostrarle cuánto sentía en mi interior.

Un golpe en la puerta nos distrajo a los dos por la potencia de los golpes.

—Alfa, tenemos un problema. —habló uno de sus hombres al otro lado de la puerta.

—Diosa santísima. Lo siento, mi amor, tengo que ir —me habló, apoyando su frente en la mía.

—No te preocupes, y si realmente necesitas, podemos posponer lo de esta noche... —comencé a decirle cuando me interrumpió.

—No, no haremos eso. Te veré en unas horas. —Me besó suavemente y me dejó en el suelo.

Extrañé su contacto en el momento en que se alejó de mí, dándome una última mirada llena de amor y promesas antes de cerrar la puerta detrás de él.

Con un suspiro de resignación, me vestí con unos vaqueros y una blusa suelta. Estaba por salir de mi habitación cuando Sam me enlazó mentalmente.

"¿Tienes todo listo para esta noche?"

"Disculpa, ¿sabes algo sobre la sorpresa?" pregunté con sospecha.

"¿Y tú quién crees que lo ayudó a preparar todo?" su risa resonó en mi mente.

"¿Ha sido idea tuya?" No pude evitar enarcar una ceja y sentir un poco de frustración. Preferiría que la sorpresa hubiera salido de la cabeza de Orión y no de alguna manipulación que Sam pudiera haber orquestado.

—No, ha sido su idea, solo le he ayudado con los detalles —dijo mientras entraba a la habitación con una bolsa en sus manos —lo que también implica ayudarte a ti con los detalles...

—¿Qué es eso? —inquirí mirando la bolsa en sus manos.

—Obviamente tu vestido para esta noche. No te preocupes, no es nada revelador, aunque sí es un poco s*xy. No pude evitarlo —sonrió con picardía.

La sugerencia de un vestido s*xy despertó una mezcla de nervios y anticipación en mí.

—La Diosa me salve... —murmuré, sintiendo una mezcla de diversión y nerviosismo ante la perspectiva del evento planeado por Orión y, aparentemente, supervisado por Sam.

Pasamos las siguientes horas inmersas en la tarea de prepararme para la sorpresa de Orión. El vestido verde, con un ajuste perfecto en la parte superior que resaltaba mis curvas y una falda suelta que confería ligereza, me daba una sensación de elegancia y movilidad. Dejé que mi cabello cayera suavemente sobre uno de mis hombros, mientras Sam, con habilidad, realzaba mis rasgos con un maquillaje sutil pero resplandeciente.

—Estás simplemente deslumbrante, Vi. Estoy tan emocionada por ti y Orión —sollozó Sam detrás de mí mientras compartíamos una mirada reflexiva en el espejo.

—Con toda esa emoción, creo que tengo una idea de lo que me espera como sorpresa —sonreí, encontrando complicidad en sus ojos.

—Solo intenta no arruinarlo —añadió con un gesto de diversión.

Nos reímos juntas, y luego, al comprobar la hora en el reloj de la mesa de noche, suspiré.

—Creo que es hora —anuncié, mirándola con ansias.

Mientras me preparaba para salir, sentí un tirón sutil y un calor que provenía del cajón de mi mesa de noche. Intrigada, me acerqué y lo abrí, revelando el colgante de la Diosa Luna. Su presencia ejercía una atracción magnética, como una melodía sensual que me envolvía.

—Qué hermoso colgante. ¿De dónde lo sacaste? —preguntó Sam, intrigada, desde detrás de mí.

—Oh, esto no es nada, un regalo de Alice que encontré dentro del diario —mentí, guardando el colgante en mi mano con cierto misterio —De todas formas, ya es hora de irme. Nos vemos mañana, Sam.

Me despedí de ella con una mezcla de emociones agitadas en mi interior, ocultando el colgante mientras salía por la puerta.

Durante la caminata hasta el lugar donde Orión me había citado, la familiaridad y el poder del colgante se hicieron evidentes en cada paso. Al colocármelo, una energía invisible me recorrió, como si estuviera vibrando con una fuerza latente que me envolvía por completo.

Sin darme cuenta, llegué al sitio de encuentro con Orión, el mismo lugar donde compartimos la emotiva ceremonia de despedida a mis padres. La noche, despejada y luminosa gracias a la luna llena, iluminaba cada rincón de la planicie. El suelo estaba adornado con pequeñas flores blancas y amarillas, creando una escena de gran belleza.

El suave murmullo del río, con sus movimientos lentos, y el sonido reconfortante del agua golpeando las rocas, creaban una sinfonía natural que se mezclaba con la atmósfera tranquila y agradable del lugar. La última vez que estuve allí, dos estructuras ocupaban el centro del espacio, pero ahora solo había una manta extendida y una canasta de picnic, proporcionando a la escena un toque íntimo y romántico.

Me acerqué a la manta y me senté, dejándome envolver por la serenidad del entorno. A pesar de la idílica escena, los primeros 10 minutos pasaron lentos, y la anticipación sobre la sorpresa que me esperaba comenzó a generar una mezcla de emoción y nerviosismo en mi interior. Cada detalle del entorno parecía conspirar para aumentar mi expectación, y mis sentidos estaban alerta a cualquier señal de la llegada de Orión.

"Orión no es de llegar tarde", habló Darcy en mi mente.

"Dado lo que pasó recientemente, creo que tiene una buena excusa para atrasarse, aunque no es una buena forma de 'comenzar' una relación formal", suspiré reflexivamente.

"Debe estar muy ocupado, Ciro no responde mi enlace..." La mención de que Darcy no podía conectar con Ciro me puso nerviosa. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, y una sensación de inquietud se instaló en el fondo de mi estómago.

"Orión, estoy esperando donde me dijiste", establecí contacto directamente con él. El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier respuesta. El vacío en mi conexión con él dejó un eco de desconcierto.

"Orión, ¿no pensarás en dejarme plantada en nuestra primera cita de verdad?" traté de darle un toque de humor, pero mi propia risa sonó hueca en mis pensamientos. La incertidumbre se apoderaba de mí, y mis emociones fluctuaban entre la ansiedad y la decepción.

Miré nuevamente la hora, treinta minutos tarde. Cada segundo que pasaba aumentaba mi inquietud. El lugar tranquilo y romántico que había elegido para encontrarnos se volvía un escenario de incertidumbre.

"Esto no está bien, Vi..." Darcy estaba ya muy inquieta, sus emociones desbordando dentro de mí. Su preocupación resonaba en mi propia angustia.

"¿Lucas?" Probé conectar con mi hermano, él sabría dónde está Orión. La voz de Lucas en mi mente fue un alivio momentáneo.

"Octavia, ¿estás bien?" Respondió rápidamente, su voz cargada de preocupación. Mis manos temblaban ligeramente, y mi respiración se volvía más irregular.

"Sí, sí, yo estoy bien. ¿Sabes algo de Orión?" pregunté tímidamente, como si el simple acto de pronunciar su nombre pudiera traerlo de vuelta.

"Él se ha ido hace una hora a prepararse para su cita de esta noche. ¿No ha llegado aún?" Me informó Lucas. La información era desconcertante, y un nudo se formó en mi garganta.

"No, pero ¿a dónde se ha ido a preparar? He estado casi toda la tarde en la habitación con Sam, y a él no lo veo desde hace horas..." La preocupación me estaba consumiendo, y mis pasos se volvieron más rápidos mientras me dirigía a la casa de la manada.

"Vi, ¿intentaste vincular con él?"

"Claro que sí, Lucas. Fue lo primero que hice. Ciro no responde a Darcy y Orión no me responde a mí. ¿Dónde estás?" Devolví el enlace mientras me paraba frente a la casa de la manada, mi pulso latiendo con fuerza.

"Estoy en mi oficina..." Respondió rápidamente. La tensión en el aire era palpable, y mi mente daba vueltas tratando de encontrar respuestas.

"Voy en camino", dije mientras caminaba con paso decidido de regreso a la casa de la manada. Cada paso resonaba con la incertidumbre que se apoderaba de mí.

"Él no nos ha dejado plantadas", la voz de Darcy se quebraba en mi mente. Sus emociones me confundían; estaba triste, tenía miedo. Solo esperaba que sus emociones no fueran un mal augurio. La inquietud crecía mientras la posibilidad de una sorpresa se desvanecía, reemplazada por la preocupación por la seguridad de Orión.

Entré corriendo a la oficina de Lucas sin golpear. Por suerte, él estaba solo. Sentado detrás de su escritorio, se paró y avanzó hacia mí en cuanto cerré la puerta detrás de mí. La habitación, normalmente tranquila, ahora estaba llena de tensión palpable. El aire se sentía cargado de ansiedad.

—¿Qué está ocurriendo? —indagó preocupado, su mirada buscando respuestas en mi rostro.

—Orión no ha aparecido. No es normal en él, me ha dejado esperando más de 45 minutos. Él no me dejaría así... Lucas... Algo le pasó...

—Octavia, claro que él no te dejaría esperando tanto tiempo, te hubiera avisado... —dijo Lucas con voz suave, tratando de calmarme.

Las palabras de Lucas solo incrementaron el miedo que sentía. Mi corazón comenzó a latir cada vez más fuerte, el sonido retumbaba en mis oídos. El aire no llegaba correctamente a mis pulmones, y la sensación de terror no me abandonó. Mis manos temblaban ligeramente, y mi piel se erizaba ante la incertidumbre.

Me di la vuelta y salí de la oficina para llegar a la de Orión. Lucas me seguía a dos pasos detrás de mí. Abrí la puerta de la oficina y me lancé al escritorio. La madera fría contra mis manos era una distracción momentánea del pánico que se apoderaba de mí. Miré todos los papeles que había allí, sin atreverme a tocar nada para no perder las posibles pistas.

Mi mirada recorrió cada documento en su escritorio, las letras de los informes danzaban ante mis ojos. Una palabra congeló mi sangre, y una punzada de dolor se clavó en mi pecho.

Samuel.

No era coincidencia que ese nombre estuviera hasta arriba en los papeles; habíamos decidido dejarlo como último asunto a tratar, así que si estaba hasta arriba...

—Él no podría escucharme si estuviera en las mazmorras, ¿no? —Pregunté levantando la mirada hasta mi hermano.

—No, no podría.

Sam llegó hasta nosotros en su búsqueda por Lucas. Cuando entró en la habitación, se estremeció como si hubiera sentido la desesperación en el ambiente. El aire se volvió más denso con la presencia de todos, y la tensión flotaba en el espacio.

—Tú no deberías estar aquí, ¿qué pasó? —preguntó mirando de Lucas a mí.

—Es Orión. Él no apareció en la cita...

—M**rd*... —fue su única respuesta. Sus ojos reflejaban la misma preocupación que sentía en mi interior, y el peso del silencio se hacía cada vez más opresivo.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire, y el silencio se apoderó de la habitación como un manto pesado. El tintineo de los papeles y el murmullo del viento en la ventana creaban una atmósfera de ansiedad. Lucas se acercó a mí y puso una mano reconfortante en mi hombro. Podía sentir el calor de su contacto, una pequeña chispa de consuelo en medio de la oscuridad que se cernía sobre nosotros.

—¿Alguna señal de él? —preguntó Sam, con la voz más tensa de lo normal.

Negué con la cabeza, incapaz de articular palabras en ese momento. La preocupación y la impotencia se mezclaban en un torbellino dentro de mí, dejándome paralizada.

—Deberíamos buscarlo —sugirió Lucas, y su tono indicaba urgencia. Sus palabras resonaron con un eco de determinación, pero también con la carga de la incertidumbre.

Salimos de la oficina de Orión con pasos decididos. La noche estaba despejada y un viento cálido abrazaba cada parte de mi cuerpo. La gente aún iba y venía ayudando a quien lo necesitara.

Los hombres de Samuel, que no representaban amenaza, se habían retirado a sus respectivos lugares, prometiendo justicia contra aquellos que no aceptaran el nuevo liderazgo de Orión. Mientras tanto, nuestra ciudad se libró de los traidores que conspiraron en nuestra contra, muchos de ellos adultos cuyo resentimiento provenía del mandato del antiguo Alfa, el padre de Orión.

Al llegar a las mazmorras, percibimos de inmediato que algo no estaba bien. En el aire flotaba un olor extremadamente dulce, tan abrumador que provocaba náuseas. Sam estaba detrás de mí, las arcadas evidenciaban su malestar.

—No tienes que entrar Sam... —Dije dándome la vuelta y enfrentándola.

—¿Y quedarme aquí fuera sola? Nop, ya he visto varias películas de terror, siempre muere primero la rubia que se queda sola... —respondió ella con sarcasmo en su voz.

—Bien, cuando tienes razón, tienes razón.

Adentrándonos en las mazmorras, la humedad y la desolación persistían, pero algo rompía la habitual quietud. Caminé en la oscuridad a pasos lentos, tocando las paredes para orientarme en el pasillo, cuando estaba cerca de la celda de Samuel, tropecé y caí al suelo.

—Octavia ¿estás bien? —escuché decir a Lucas detrás de mí. —Sam prende la luz de tu celular.

Mis sentidos captaron cada movimiento de mis compañeros, pero mi atención se centró en el bulto bajo mí. Mis manos exploraron, y la luz reveló un horror indescriptible: un hombre sin vida. Levanté la vista hacia el pasillo, solo para descubrir más de diez cuerpos destrozados.

Sam avanzó con determinación, pero su rostro pálido reflejaba horror y disgusto. El brillo usual de sus ojos había desaparecido, reemplazado por una mirada de incredulidad.

—¿Esto es... esto es real? —murmuró Sam, su voz temblorosa.

Sentí la mano de Sam temblar cuando intentó iluminar los rincones más oscuros, su expresión reflejando el impacto emocional de la escena.

—¡Esto no puede ser! —exclamó Lucas, su grito resonando en el espacio.

Cada sombra se convertía en una amenaza potencial mientras todos avanzábamos por las mazmorras. El sonido apagado de nuestros pasos resonaba como un tambor en un pasillo sin fin. La linterna de Sam temblaba ligeramente en su mano, y sentí el nudo en mi estómago apretarse con cada segundo que pasaba. Cada esquina oscura era una incógnita, y la tensión en el aire se espesaba, como si estuvieran adentrándose en lo desconocido.

Avancé entre los cadáveres, cada paso resonando como un eco ominoso en los pasillos de las mazmorras. La penumbra era densa, solo interrumpida por la luz intermitente de las linternas que sosteníamos. El olor acre y metálico del desastre llenaba el aire, provocando arcadas ocasionales mientras intentábamos mantener la compostura.

Las siluetas inmóviles de los cuerpos se alineaban como sombras tétricas en los bordes del camino. Los rostros de algunos eran familiares, lobos de la manada que habían caído en la traición o se habían convertido en víctimas involuntarias de la masacre. Mis pasos eran cautelosos, como si temiera despertar a los muertos que yacían a mi alrededor.

Finalmente, llegué a la celda de Samuel. La tenue luz de la linterna reveló la puerta entreabierta. Mis ojos se fijaron en el interior oscuro, y una mezcla de temor y esperanza se apoderó de mí. El silencio en la celda era inquietante, solo interrumpido por el murmullo lejano del viento.

—No, no, no, no... —caí de rodillas, desesperada, ante la celda vacía. La conexión entre la desaparición de Orión y la celda vacía de Samuel se volvía clara, como las piezas de un rompecabezas oscuro y retorcido que encajaban.

Capítulo 2

Samantha

La atmósfera pesaba mientras dejábamos atrás las mazmorras. Octavia caminaba a mi lado, pero su presencia era como un espectro, un eco lejano de la mujer que una vez conocí. El recuerdo de lo que habíamos presenciado entre esas paredes húmedas se aferraba a nosotros, una sombra oscura que oscurecía nuestros pensamientos.

No podía permitir dejar a Octavia sola en ese estado. La conocía demasiado bien, y estaba claro que la dejadez de su alma la empujaría hacia la locura. Así que, esa noche, la llevé a mi casa, tratando de ofrecerle un refugio temporal en medio de la tormenta que se avecinaba.

El dolor emanaba de Octavia en oleadas palpables, como si cada fibra de su ser estuviera siendo desgarrada. La carga emocional de la situación pesaba sobre nosotros, y la incertidumbre sobre el destino de Orión, mi hermano, colgaba en el aire como una espesa niebla.

Mi hogar, que solía ser un refugio acogedor, ahora se veía invadido por la sombra de la tragedia.

Heroes

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