
Eterna Cacería
- Genre: Werewolf
- Author: Totomo Injobua
- Chapters: 46
- Status: Completed
- Age Rating: 18+
- 👁 236
- ⭐ 7.5
- 💬 0
Annotation
Hace 400 años, Caelum, un lobo inmortal, amó a una humana llamada Amara. Pero su amor fue destruido por una maldición que los condenó a vidas separadas y al olvido. Ahora, en 2019, Caelum la encuentra en Moçambique con una nueva identidad: Sofía Mendes, una profesora de arte que no recuerda nada de su vida pasada. Sin embargo, la reaparición de Caelum en su vida desata una serie de eventos inexplicables: sueños perturbadores, visiones de una época antigua y un deseo irresistible que Sofía no comprende. Mientras Caelum intenta recuperar su amor, fuerzas oscuras que los separaron en el pasado también han regresado, y no permitirán que la historia se repita.
Chapter 1
La ciudad de Maputo brillaba bajo el sol abrasador del mediodía. Entre el bullicio de las calles y el murmullo de las olas del océano cercano, una mujer caminaba con paso firme, ajena a las miradas curiosas que atraía. Sofía Mendes, profesora de arte, llevaba consigo una libreta llena de bocetos y un misterio que la seguía como una sombra.
En un café al aire libre, frente al mar, Sofía se sentó, abriendo su libreta mientras el aroma a café recién hecho llenaba el aire. Pero su calma fue interrumpida por una sensación extraña, como si alguien la observara.
Una figura masculina emergió de entre las sombras, acercándose con una mezcla de cautela y determinación. Su cabello oscuro y sus ojos profundos reflejaban un mundo que Sofía no podía descifrar. Él se detuvo frente a su mesa y habló con voz grave.
—¿Me permite sentarme? —preguntó, sus palabras resonando como un eco familiar en la mente de Sofía.
Ella levantó la vista, extrañada por el magnetismo del desconocido.
—¿Nos conocemos? —respondió, sin invitarlo, pero sin negarse.
El hombre sonrió *p*n*s, un gesto que parecía cargado de años de historias.
—Quizás en otra vida —respondió él, sentándose sin esperar permiso.
Sofía frunció el ceño, cerrando su libreta con un golpe suave.
—Esa no es la mejor manera de iniciar una conversación. ¿Quién es usted?
—Mi nombre es Caelum. Estoy de paso por la ciudad —dijo, pero su mirada decía más de lo que sus palabras permitían.
—Caelum… —repitió Sofía, probando el nombre en su boca. Algo en ese sonido le resultaba inquietantemente familiar.
—Y usted es Sofía Mendes, la profesora de arte que ha estado capturando los paisajes de Moçambique con una pasión que pocos entienden.
Sofía sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Cómo sabe eso?
—He visto su trabajo. Su talento habla por sí solo.
Ella relajó un poco los hombros, aunque la sensación de desconfianza persistía.
—Gracias, supongo. ¿Es artista también?
—Podría decirse que tengo cierta afinidad con las cosas bellas —respondió, su mirada fija en ella.
Sofía desvió la vista, incómoda bajo su intensidad.
—No ha respondido a mi pregunta. ¿Nos conocemos de antes?
Caelum se inclinó hacia adelante, su voz baja y casi susurrante.
—No directamente. Pero siento como si siempre la hubiera conocido.
Sofía soltó una risa nerviosa.
—Eso suena como algo sacado de un libro. ¿Está intentando impresionarme?
—No intento nada, Sofía. Solo digo la verdad.
Ella se levantó abruptamente, guardando su libreta en el bolso.
—Lo siento, pero no tengo tiempo para esto. Fue un placer conocerlo, señor Caelum.
Él también se levantó, bloqueando suavemente su camino sin ser amenazante.
—Sofía, espere. Sé que esto suena extraño, pero hay algo que necesita saber.
—¿Qué cosa?
Caelum la miró con una mezcla de esperanza y desesperación.
—Que su vida está a punto de cambiar, y que yo soy parte de ese cambio.
Ella lo observó fijamente, buscando alguna señal de locura o malicia en sus palabras. Pero solo encontró una sinceridad desconcertante.
—No sé de qué habla, pero no estoy interesada en ningún tipo de juego. Buen día.
Antes de que pudiera detenerla, Sofía se alejó, perdiéndose entre la multitud. Caelum la observó irse, sus manos cerrándose en puños a los costados.
—Amara… —susurró, usando un nombre que Sofía no reconocería
Esa noche, Sofía no pudo dormir. Se revolvía en la cama, sudando frío mientras imágenes borrosas invadían su mente. Una luna roja, un bosque oscuro, un par de ojos dorados que la miraban con desesperación.
De repente, se vio a sí misma corriendo. Su vestido blanco estaba manchado de sangre y sus pies descalzos golpeaban el suelo con fuerza. Alguien la perseguía, pero no sentía miedo, sino una extraña mezcla de dolor y esperanza.
—¡Amara! —una voz profunda resonó en el aire, y ella se giró, viendo al hombre de su sueño. Era Caelum, pero no como lo había visto hoy. Su rostro estaba marcado por cicatrices y su cuerpo cubierto de heridas.
—¡Caelum! —gritó ella, antes de que un rugido ensordecedor la hiciera despertar.
Sofía se sentó de golpe en la cama, respirando con dificultad.
—¿Qué demonios está pasando conmigo?
Al día siguiente, incapaz de concentrarse, Sofía decidió salir a caminar por la costa. Mientras la brisa salada acariciaba su rostro, una presencia familiar apareció junto a ella.
—No esperaba encontrarla aquí tan pronto —dijo Caelum, su tono tranquilo, pero con un brillo travieso en los ojos.
Sofía giró rápidamente, sorprendida.
—¿Me está siguiendo?
—Llámelo destino, si quiere —respondió, encogiéndose de hombros.
—¿Destino? ¿Qué clase de broma es esta?
Caelum dio un paso hacia ella, acortando la distancia.
—No es una broma, Sofía. Hay cosas que usted no entiende todavía, pero lo hará.
—¿Por qué insiste tanto en hablar conmigo? ¡Ni siquiera me conoce!
Caelum sonrió con tristeza.
—Sé más de usted de lo que cree.
Sofía negó con la cabeza, intentando alejarse, pero él la sujetó suavemente del brazo.
—Por favor, confíe en mí. Hay algo que debo mostrarle.
Ella dudó por un instante, atrapada entre la razón y la curiosidad.
—Tiene cinco minutos.
Caelum asintió y comenzó a caminar hacia un pequeño sendero que se adentraba en un bosque cercano. Sofía lo siguió con cautela, preguntándose si había cometido un grave error.
Al llegar a un claro, Caelum se detuvo y se giró hacia ella.
—Esto puede parecerle extraño, pero le prometo que todo tendrá sentido pronto.
Antes de que Sofía pudiera responder, Caelum levantó la vista hacia la luna llena que comenzaba a asomarse en el cielo. Sus ojos brillaron con un tono dorado, y su cuerpo empezó a cambiar.
Sofía retrocedió, horrorizada, mientras el hombre que había conocido se transformaba en algo más, algo imposible.
—¿Qué… qué eres? —susurró, su voz temblorosa.
Caelum, ahora en su forma de lobo, la miró con intensidad, como si sus ojos quisieran hablarle.
—Soy alguien que ha estado esperando por usted durante mucho tiempo, Amara.
El mundo de Sofía se tambaleó, y antes de que pudiera procesar lo que veía, todo se volvió negro
La oscuridad la envolvía, pero la voz de Caelum seguía resonando en su mente.
—"Amara..." —susurraba, mientras un dolor agudo atravesaba su pecho, como si aquella palabra hubiese desgarrado algo dentro de ella.
Sofía abrió los ojos de golpe, jadeando. Estaba de vuelta en el bosque, tumbada sobre el suelo húmedo. La luz de la luna llena iluminaba todo a su alrededor, revelando la figura de Caelum, que estaba a pocos metros de distancia. Había vuelto a su forma humana, pero sus ojos dorados seguían brillando con intensidad.
—¡Aléjate de mí! —gritó ella, arrastrándose hacia atrás.
Caelum dio un paso hacia ella, levantando las manos en un gesto de rendición.
—No voy a hacerte daño, Sofía. Por favor, escúchame.
—¡Tú... tú no eres humano! —acusó ella, su voz temblorosa, pero firme.
Él vaciló, la expresión de su rostro mostraba una mezcla de dolor y resignación.
—No, no lo soy. Al menos, no del todo.
Sofía intentó levantarse, pero sus piernas flaquearon. Caelum corrió hacia ella para ayudarla, pero Sofía lo apartó con un gesto brusco.
—¡No me toques! Quiero respuestas, ¡ahora mismo! ¿Qué eres? ¿Y por qué me llamaste Amara?
Caelum suspiró profundamente, sus ojos se suavizaron al mirarla.
—Soy... un lobo, Sofía. Un lobo que vivió siglos esperando encontrarte de nuevo.
Ella lo miró con incredulidad, su respiración aún acelerada.
—¿Qué estás diciendo? ¿Esperarme? ¡Esto no tiene sentido!
Caelum se sentó en el suelo, manteniendo una distancia segura. Sus ojos permanecían fijos en los de ella.
—Hace cuatrocientos años, tú y yo compartimos una vida. Tu nombre era Amara, y yo era tu guardián, tu compañero. Pero nos arrebataron ese destino, y fui condenado a vagar hasta encontrarte de nuevo.
Sofía negó con la cabeza, apretando los puños.
—Esto es una locura. Yo no soy esa Amara. ¡Yo soy Sofía Mendes, una profesora de arte! No sé quién eres ni de qué hablas.
—Lo sé —dijo él con calma—. Pero algo dentro de ti ya empezó a recordar, ¿no es así? Esos sueños... esas imágenes que no puedes explicar.
Sofía abrió la boca para responder, pero las palabras murieron en sus labios. ¿Cómo podía él saberlo? Las pesadillas, las visiones de ojos dorados, la sensación de que algo dentro de ella estaba incompleto... todo aquello que había ignorado por años.
—Tú... —balbuceó, sintiendo el nudo en su garganta—. ¿Cómo sabes eso?
Caelum se inclinó hacia adelante, su voz baja y cargada de emoción.
—Porque yo también lo he sentido. Todos estos años, he vivido con esas mismas memorias, esos mismos fragmentos de lo que una vez fuimos. No estoy aquí para asustarte, Sofía. Estoy aquí porque no puedo perderte otra vez.
Sofía se levantó tambaleándose, su mirada dividida entre miedo y confusión.
—Esto... esto no puede ser real. Tú no puedes ser real.
—Pero lo soy —insistió él, poniéndose de pie lentamente—. Y tú también eres más de lo que crees.
Ella retrocedió, su mente luchando por encontrar lógica en lo que estaba ocurriendo.
—Necesito tiempo —dijo al final, su voz *p*n*s un susurro.
Caelum asintió, aunque su mirada estaba llena de tristeza.
—Tómalo. Pero no ignores lo que tu corazón ya sabe, Sofía. Esto es solo el comienzo.
Antes de que pudiera responder, Sofía se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el sendero que la llevaría de regreso a la ciudad. Sentía las piernas pesadas, como si con cada paso se alejase no solo de él, sino también de una verdad que temía enfrentar.
Caelum se quedó allí, observándola desaparecer entre los árboles, sus ojos aún reflejando la luz de la luna.
—Te encontraré de nuevo, Amara —murmuró para sí mismo, su voz resonando con una promesa eterna.
Chapter 2
La noche en Maputo era cálida, con un leve viento que traía el aroma de las flores del jardín. Sofía estaba sentada en su pequeño estudio, rodeada de lienzos en blanco. Frente a ella, una taza de té humeaba mientras su mente vagaba, incapaz de concentrarse.
—No puede ser real... —murmuró para sí misma, abrazándose las rodillas.
El encuentro en el bosque seguía repitiéndose en su mente. Sus palabras, sus ojos, todo parecía sacado de una pesadilla. Y, sin embargo, algo dentro de ella se estremecía cada vez que pensaba en él.
Un golpe en la puerta la sobresaltó.
—¿Sofía? ¿Estás ahí? —La voz de Lia sonó desde el otro lado.
—Sí, pasa.
Lia entró con una expresión preocupada y una bolsa de comida en la mano.
—Te estuve llamando todo el día, pero no contestaste. ¿Qué pasa? Pareces agotada.
Sofía suspiró, mirando hacia otro lado.
—Es complicado, Lia. Ni siquiera sé por











