
Una esposa para mi hermano: El amor después del amor
- Genre: Romance
- Author: Anaell Ianes
- Chapters: 29
- Status: Completed
- Age Rating: 18+
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- ⭐ 7.5
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Annotation
Mientras Deanna y Daniel siguen luchando por tener un hijo, su amor se vuelve su mayor apoyo. Al mismo tiempo, Harry está atrapado en un matrimonio sin amor, y Laura sigue manejando todo a través de la pequeña Emma. Pero incluso en medio de todo eso, Leonard, que parecía cerrado al amor, se sorprende al sentir algo nuevo y real. En esta nueva etapa, la familia enfrenta secretos, decisiones difíciles y pequeñas sorpresas que lo cambian todo. Es una historia sobre el valor de estar unidos, sobre buscar el lugar al que uno realmente pertenece, y sobre cómo el amor, incluso en los momentos más difíciles, siempre encuentra una forma de crecer.
Chapter 1
A Deanna, la vida de casada le sentaba bien; al menos esta vez, en que ella y Daniel comenzaron con el pie derecho.
Estaba habituada a los horarios y las rutinas de los niños, de Daniel y ahora también de la inquieta Emma. Pasaba más tiempo en la casa de su padrino, Daniel, que en la suya. No había caso, Laura no encontraba la niñera adecuada, o al menos esa era la excusa que daba.
Lo cierto era que a esa primera niñera la había echado sin contemplación cuando le pareció que Harry la miraba demasiado. Una era muy joven. Otra, demasiado alegre. Y la lista seguía. Solo buscaba excusas para no darle a su marido otra «amiga». Esgrimía que no tenía tiempo para ocuparse todo el día de su hija; claro, lo utilizaba para tratar de descubrir quién era la mujer que Harry frecuentaba.
Se le solía aparecer en la oficina sin previo aviso o lo esperaba despierta cuando él llegaba demasiado tarde, solo para verlo, porque nunca le decía nada. La vida se le había vuelto miserable, pero ella continuaba haciendo acto de presencia en las pocas reuniones familiares, siempre con una sonrisa, siempre fingiendo.
En cambio, a Harry sí se le notaba que la vida le estaba pegando de lleno. Él no podía disimular tanto ni tan bien. A veces los ojos se le iban solos detrás de la figura de Deanna y el remordimiento lo carcomía. Agachaba la cabeza y parecía recriminarse internamente; se escondía detrás del pequeño cuerpo de su hija cuando la tenía en brazos. La niña lo adoraba. Lo abrazaba hasta donde sus cortos bracitos se lo permitían y lo llenaba de besos.
Emma era lo único que lo mantenía entero. Era por ella que aún despertaba al lado de Laura, en una cama fría y enorme, por quien se levantaba de ella y lo primero que hacía era ir a buscarla a su cuarto. Por quien regresaba a su casa luego de haber pasado una jornada enredado en los brazos de otra mujer, sintiéndose una basura. Pero luego Emma lo llamaba, balbuceaba «papá»… y a él se le olvidaba todo.
Muchas noches la observaba dormir, imaginando que, en realidad, era suya y de Deanna. Porque todavía la quería, porque todavía pensaba en ella. Pero hacía mucho que había renunciado a sus sentimientos; los había reemplazado con otro amor. Diferente. Más fuerte: su hija. Podía soportar todo ese enjambre de desdicha que era su matrimonio. Emma valía eso y más. Era todo.
Pero él trabajaba, continuaba en la empresa, y la mayor parte del tiempo no estaba en su casa. Susan los ayudaba siempre, todo el tiempo; cuidando de la niña, llevándola con ella. Camila también, a veces aparecía por las mañanas y pedía a su nieta para pasar el día con Charles, y Laura nunca se negaba. Lo mismo habían hecho aquellos años con Daniel, con los niños; acompañándolos hasta que él pudo enfrentar la realidad.
Laura fingía y fingía, pero era evidente que esa familia se había desmoronado. No tenía interés por Emma, solo lo necesario; solo lo justo para que Harry continuase regresando a ella. Se aseguraba de que la niña estuviera en la casa cerca del horario en el que él debía volver. El fin de semana en los que «viajaba por negocios», una vez al mes, Emma se quedaba con ellos.
Y luego ese fin de semana comenzó a alargarse unos días más. Y luego se agregaron algunas tardes y algunas otras mañanas, a veces por las noches. A Deanna le daba tanta pena esa pequeña revoltosa que corría tratando de alcanzar a Jonathan, que se trepaba por los sillones y saltaba sin parar por toda la casa. Ya tenía su propio cuarto, su ropa, sus juguetes en la casa.
Harry era el único que iba por ella; Laura nunca aparecía en la casa sola. Le avisaba a Deanna que pasaría a recogerla y ella la preparaba, la bañaba y la cambiaba. Cuando Emma no quería irse, la convencía con un juguete o una promesa de un paseo por el parque. Y siempre sentía lo mismo cuando lo veía llegar y cargar a su hija con el rostro parco, esquivándole la mirada. Siempre le dejaba una misma sensación: tristeza.
La relación de amistad entre ellos había desaparecido por completo. Daniel parecía que se la pasaba marcándole los límites con su esposa, aunque no le dijera nada. Le bastaba un vistazo cuando lo descubría mirándola. Eran hermanos. Pero entre ellos ya no había ni cercanía ni confianza. Y a ambos les dolía el alma.
A Deanna le dolía el alma. Harry estaba pagando un precio demasiado alto. Daniel sabía cuándo su hermano venía por la niña, incluso sin que Deanna le dijese nada. Se le notaba en la mirada: un pequeño punto oscuro y apagado. Por algún motivo terminaba abrazándolo con fuerza. No buscaba consuelo: se lo ofrecía. Había intentado hablar con él para que suavizara la relación con su hermano, porque estaba segura de lo que extrañaba, pero Daniel se mantenía inflexible.
—Habla con él, Daniel. Te necesita, nos necesita a todos…
—¿Y qué voy a decirle? Él mismo se ha apartado… Me esquiva en la empresa, es lo mismo de siempre… No sé cómo acercarme a él.
—Me siento culpable todo el tiempo…
—No, Deanna. Podemos ayudarlo con Emma. Solo tiene que decirme lo que necesita. No voy a abandonarlo, a pesar de todo.
Sabía que le decía la verdad; que nunca lo dejaría solo, aun en la distancia, en la brecha que había entre ellos. Aun en esa necesidad que sentía de imponerse para advertirle, para señalarle que Deanna era suya y que Harry había comprendido bien hacía rato. A veces, solo a veces, se permitía pensarla un poco más. ¿Qué mal puede hacer un poco de fantasía?
Daniel y Deanna tenían algo que resolver todavía. El cuarto que Emma ocupaba en la casa había estado destinado a ese hijo que se negaba a llegar. Lo habían arreglado durante los primeros meses luego de la boda, convencidos de que no tardaría, imaginando cómo sería. Y lo habían buscado con muchas ganas, con las ganas desesperadas de los recién casados; bueno, había sido igual cuando todavía no lo planeaban. Pero ahora le habían agregado la emoción de creer que, en cada encuentro, dentro del vientre de Deanna crecería vida.
Al parecer, aun sin ser concebido, el niño ya era tan terco como sus padres. Las primeras desilusiones fueron leves; los primeros test negativos se descartaban con la promesa de que «la próxima vez… sí». Pero después de un tiempo empezaron a doler más y más. ¿Qué pasaba? Todo estaba normal, los médicos aseguraron muchas veces que no existía ningún impedimento físico en ninguno de los dos; todos los exámenes eran excelentes, todos los resultados estaban más que bien. Entonces, ¿por qué?
Chapter 2
Extrañamente, el primero en sentir el peso de la culpa fue Daniel. A lo mejor porque su ilusión era enorme y lo estaba ansiando desde que la había conocido. Se sintió viejo, inútil, incapaz. Pero Deanna lo buscaba de la misma manera, con la piel cargada de fuego, con la boca mojada y los ojos brillantes. Y él seguía perdiendo la cabeza. No le sacaba las manos de encima, y ella se entregaba con ganas.
Habrá sido después del quinto o sexto resultado negativo cuando Deanna sintió la decepción completa llenarle el corazón. Ese día ya tenía dos semanas de atraso y se sintió más confiada y segura. Pero el primer test dio un NO, y el segundo, también. Y lloró sola, encerrada en el baño, sabiendo que cuando Daniel llegase por la tarde debería decirle lo mismo que llevaba tiempo diciéndole: «Lo siento».
—Quizá si dejamos de buscar, llegue solo —Daniel le dijo, un poco ausente.
Estaban en la cocina, preparando la cena juntos. Solían hacerlo. Compartían un rato de intimidad,











