
UNA ESPOSA PARA EL CEO DOMINANTE
- Genre: Billionaire/CEO
- Author: Nelpin
- Chapters: 29
- Status: Ongoing
- Age Rating: 18+
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- ⭐ 7.5
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Annotation
Lukas Gruber es el rostro del éxito en Viena, un CEO carismático que oculta una realidad gélida: una red de contrabando diseñada con un solo propósito: la venganza. Tras años de planeación, está listo para destruir a los responsables del "accidente" aéreo que le arrebató a sus padres. Su objetivo principal es Markus Leitner, un magnate con las manos manchadas de sangre y ambiciones políticas. La oportunidad de Lukas se presenta bajo una fachada perfecta: convertirse en el guardaespaldas personal de la hija de su enemigo. Astrid Leitner, de dieciocho años, es la joya de la corona de su familia. Ante el mundo, es una joven frágil y mimada, envuelta en sedas y privilegios. Sin embargo, tras esa máscara de inocencia se esconde una mujer letal. Entrenada desde la adolescencia en el arte de la infiltración y la manipulación, Astrid no es la protegida de nadie; es un arma silenciosa que observa cada movimiento de su nuevo guardián. Lo que comienza como una misión de vigilancia pronto se transforma en un duelo de voluntades donde la atracción es tan peligrosa como una bala. Lukas cree que tiene el control de su pieza de ajedrez, pero ignora que Astrid ya ha comenzado a mover las suyas. —Eres muy eficiente, Lukas —le dice ella un día, su mirada fija en la de él a través del retrovisor—. Casi parece que estuvieras buscando algo más que mi seguridad. Él sonríe con esa frialdad que lo caracteriza, ocultando el caos que ella empieza a provocar en sus planes. —Mi único deber es que nada la toque, señorita Leitner —responde él, manteniendo la distancia profesional. "Si supieras que soy yo quien terminará con todo lo que amas", piensa Lukas, sin notar el brillo de sospecha en los ojos de la joven. En un mundo de lujo, traición y pecados heredados, ambos descubrirán que la confianza es el error más costoso. Cuando las máscaras caigan, la pregunta no será quién protegerá a quién, sino quién de los dos dará el golpe final.
Chapter 1 CICATRICES
**LUKAS**
La oficina permanecía en penumbra, como siempre. Las cortinas gruesas, pesadas como la voluntad de un carcelero, seguían cumpliendo su propósito: negar la entrada de la luz clara de Viena, esa claridad que parecía incompatible con los secretos que allí se guardaban. Desde mi silla, podía escuchar el murmullo apagado de la ciudad, un eco distante que se filtraba como un recuerdo más que como un sonido real. El espacio, impregnado de tabaco rancio y confidencias nunca dichas, era mi refugio y mi trinchera. Aquí no entraban los ingenuos, ni los débiles; solo quienes sabían que la inocencia era un lujo que se pagaba caro.
Sobre el escritorio, los papeles se amontonaban en un caos calculado: balances que no eran más que ficciones elaboradas con precisión, contratos que jamás se firmaron pero que existían como pruebas de un teatro bien montado. Cada hoja era parte de una escenografía diseñada para engañar a los curiosos y tranquilizar a los crédulos. Mi negocio era una obra de arte, una atracción de sombras cuidadosamente orquestado para ocultar la verdadera función de esta fachada: el flujo constante y silencioso de dinero lavado con la exactitud de un cirujano. El lavado, después de todo, era un arte, y yo me consideraba su maestro indiscutible, un artista que moldeaba la corrupción con la misma naturalidad con la que otros moldeaban barro o mármol.
El subordinado frente a mí parecía inquieto, como un niño atrapado en un juego que no entiende del todo. Lo conocía bien; sabía leer en sus gestos el temblor de la duda y el peso de la obediencia. En sus manos sostenía un sobre marrón, delgado en apariencia pero pesado por lo que contenía. Me lo tendió con cierto titubeo, como si temiera que aquel gesto pudiera sellar su destino. Su mirada evitaba la mía, consciente de que en este lugar la inocencia no era excusa, y el error se pagaba con silencio eterno.
—Es el nombre que pediste —murmuró al fin, con voz *p*n*s audible, como si pronunciarlo fuese un sacrilegio.
Tomé el sobre con calma, deslizándolo entre mis dedos antes de abrirlo. Dentro había una hoja con información escueta: un nombre, una dirección y un par de detalles que lo describían. No era un sicario cualquiera, no era un hombre de sangre ni de escándalos. Era alguien especializado en borrar vidas sin dejar rastro, un fantasma que convertía personas en ausencias. Exactamente lo que yo necesitaba: discreción absoluta, eficacia sin ruido, la desaparición como arte.
Mis ojos recorrieron las palabras en silencio mientras mi mente viajaba al pasado, a ese día fatídico en el que mi vida cambió para siempre. El avión en el que viajaban mis padres, Johann y Klara Gruber, había caído en lo que oficialmente se describió como un accidente. Pero yo sabía la verdad. No fue casualidad. Alguien había tirado de los hilos invisibles para provocar su muerte, dejándome huérfano y vulnerable, expuesto a un mundo que no perdona la inocencia.
Desde entonces, he vivido con una certeza inquebrantable: no existen los accidentes cuando el poder está en juego. Cada caída, cada tragedia, cada silencio tiene detrás de una mano que lo provoca, una voluntad oculta que decide quién debe desaparecer. Alguien había querido deshacerse de mis padres, y ahora ese alguien confiaba en que el tiempo había borrado las huellas de su crimen. Pero estaban equivocados. Yo no olvido. Y en mi mundo, la venganza no es un impulso pasajero: es un deber que se cumple con precisión y sin remordimientos.
Dejé el papel sobre el escritorio y me incliné hacia delante, acariciando distraídamente el borde del vaso de whisky que descansaba frente a mí. El líquido ámbar reflejaba la tenue luz de la lámpara, proyectando destellos que parecían bailar con un ritmo hipnótico, como si el propio alcohol supiera que estaba a punto de convertirse en testigo de una decisión irreversible.
Mi subordinado me observaba expectante, con la rigidez de quien teme equivocarse. Su nerviosismo era palpable, y en su mirada se mezclaban la obediencia y la inocencia de quien aún no comprende del todo la magnitud de lo que se trama.
—Quiero hablar con él —dije finalmente, mi voz baja pero cargada de una firmeza que no admitía réplica—. Cuando descubra quién provocó la muerte de mis padres, necesito que desaparezca. Sin ruido. Sin rastros.
El silencio se instaló entre nosotros como una presencia tangible, pesada y sofocante. Afuera, la vida continuaba con su rutina indiferente: transeúntes caminaban por las calles empedradas, coches avanzaban lentamente bajo el cielo gris de Viena, y las campanas lejanas marcaban la hora como si nada extraordinario estuviera ocurriendo. Nadie allá afuera podía imaginarse que en este despacho, oculto tras cortinas cerradas y paredes impregnadas de humo, se decidía quién viviría y quién no.
Mi subordinado asintió con rapidez, casi con alivio, antes de salir de la habitación y cerrar la puerta tras de sí. El sonido del picaporte al encajar resonó como un sello definitivo. Me recosté en la silla, dejando escapar un largo suspiro que se confundió con el humo de mi cigarro. El juego acababa de empezar, y yo estaba dispuesto a jugarlo hasta el final, sin concesiones, sin piedad.
Apreté los dientes mientras mis pensamientos se arremolinaban como humo espeso en mi cabeza. Había pasado años construyendo esta red, años esperando pacientemente el momento adecuado para actuar. Cada contacto, cada transacción, cada mentira cuidadosamente elaborada había sido parte de un plan mayor.
Ahora tenía las herramientas necesarias: poder, dinero y hombres dispuestos a obedecer. Pero más importante aún, tenía una razón que me quemaba por dentro, una herida que nunca cicatrizó. Esa razón era más fuerte que cualquier arma, más peligrosa que cualquier enemigo: la certeza de que mi venganza sería inevitable.
El hombre del sobre sería mi próximo movimiento en este tablero oscuro. Cada pieza debía colocarse con cuidado; cada paso debía ser calculado al milímetro. No podía permitirme errores.
Tomé otro sorbo del whisky y cerré los ojos por un instante. En la oscuridad detrás de mis párpados, vi los rostros de mis padres tal como los recordaba: sonrientes, llenos de vida, ajenos al destino cruel que les aguardaba. Esa imagen era mi motor, mi combustible para seguir adelante.
Abrí los ojos y me enderecé en la silla. Afuera, la penumbra comenzaba a ceder ante la llegada del crepúsculo. Pero aquí dentro, la oscuridad seguía siendo mi aliada.
La venganza no era solo un deseo; era una promesa grabada en cada fibra de mi ser. Y quienquiera que hubiera provocado la muerte de Johann y Klara Gruber pronto sabría lo que significa enfrentarse a alguien que no tiene nada que perder.
El sobre estaba ahí, sobre el escritorio, como un recordatorio silencioso de que mi vida jamás volvería a ser la misma. Pesaba más de lo que debería, como si su contenido cargara con el peso de una verdad que no estaba seguro de querer conocer. Lo tomé con manos temblorosas, sintiendo cómo la ansiedad me recorría como un veneno lento. Rompí el sello con cuidado, pero mi corazón latía con la furia de una tormenta.
Dentro, tres nombres escritos con tinta negra sobre un papel blanco impecable. Tres posibles culpables. Tres personas que, de alguna forma, estaban conectadas con la muerte de mis padres. Mi mirada recorrió cada nombre, y con cada uno sentí cómo el aire se volvía más denso en la habitación.
El primero era un empresario menor, un hombre cuyo nombre *p*n*s recordaba, pero cuya historia resonaba en mi memoria. Había intentado sabotear a mi padre en el pasado, robándole contratos importantes, buscando hundir su reputación. Un oportunista sin escrúpulos.
El segundo nombre me hizo apretar los dientes. Un político corrupto, conocido por su habilidad para manipular y traicionar. Tenía demasiados enemigos y demasiadas deudas, lo que lo convertía en una figura peligrosa y desesperada. Mis padres habían hablado de él en susurros, como si temieran que hasta las paredes pudieran escucharlos.
Pero fue el tercer nombre el que me dejó sin aliento. Markus Leitner.
Ese nombre no era nuevo para mí. Era un eco del pasado, una sombra que había rondado mi infancia sin que yo entendiera del todo su importancia. Recordé las discusiones acaloradas entre mis padres, los suspiros cargados de preocupación, las advertencias de mi padre sobre ese hombre. Markus Leitner no era solo un nombre en un papel; era ambición pura, envuelta en un manto de respetabilidad. Un hombre que sabía cómo moverse entre los poderosos, tirando de hilos invisibles para conseguir lo que quería.
Chapter 2 DESTINO MORTAL
**LUKAS**
Al leer el nombre Markus Leitner, mi cuerpo se tensó como si cada fibra de mi ser reviviera la herida que jamás logró sanar. Cada letra resonaba en mi mente como un golpe seco, un eco cruel de la tragedia que destrozó mi vida. La rabia me invadió con la fuerza devastadora de un río desbordado, arrastrándome hacia un abismo de desesperación. No necesitaba pruebas ni testigos; sabía, con una certeza absoluta y desgarradora, que él era el culpable del "accidente" aéreo que arrebató la vida de mis padres. No fue un accidente, sino un acto deliberado, calculado con frialdad y precisión implacable.
El sobre en mis manos temblorosas contenía más de lo que jamás quise saber. Cada palabra escrita era una daga que se retorcía en mi pecho, desgarrando lo poco que quedaba de calma en mí. Por un instante sentí que podía perderme en la desesperación, que la rabia me consumiría hasta dejarme vacío. Pero no podía permitirme ese lujo. Con











