
Los hijos ocultos del CEO
- Genre: Billionaire/CEO
- Author: Lorena Rodriguez
- Chapters: 114
- Status: Completed
- Age Rating: 18+
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- ⭐ 7.5
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Annotation
Lo que parecía ser un matrimonio perfecto para la sociedad, terminó siendo un completo infierno para Valentina. Su esposo, el multimillonario Javier Montalván solo la estaba utilizando a su favor para de esa manera llegar al responsable de la muerte de su padre. Cuando ella se cansó, decidió ponerle fin a todo y gracias a que en una noche de borrachera, la amante de él, la hizo firmar el acuerdo de divorcio, aprovechando la oportunidad, se marchó de su lado. Seis años más tarde, ella regresa al país por cuestiones de trabajo. Es allí donde Javier encuentra a la mujer que tanto ha buscado y, que, poco después de que ella lo abandonó, se dio cuenta de que la amaba, pero por más que la buscó no la encontró, ahora, ella no está sola. Tres niños de la misma edad la acompañan; pero hay un pequeño detalle: ella no recuerda a quién en su vida pasada fue su esposo. ¿Qué crees que pasará luego de que ella recupere la memoria y se enfrente con la realidad?
Chapter 1
Era un día de festejo para las empresas más importantes del país. En el cual habían llegado también los representantes de empresas internacionales que se dedicaban al rubro de la arquitectura y diseño.
Javier Montalván era uno de esos empresarios millonarios que no dejaba pasar nada por alto y le gustaba que todo se hiciera a como él quisiera.
Acompañado de una hermosa dama que más parecía ser su esposa por lo pegajosa que se comportaba con él. Su sonrisa nadie la volvió a ver desde que se divorció de su exesposa y lo abandonó, ni siquiera la mujer a su lado había logrado llenar ese vacío en su corazón.
—Jefe, tengo algo que decirle en privado.
Dijo su asistente Rafael. Quien también es su mejor amigo.
Javier Montalván le pidió a la chica que los dejara solos por un momento. Ella entendía el proceso y no se negó a apartarse y cederle su espacio al asistente.
—¿Qué sucede? Parece que has visto al mismísimo diablo.
Bromeó al verlo agitado y nervioso.
—La he visto.
—¿A quién?
—A ella
—¿Quién es ella?
Cuestionó con desesperación.
—Valentina. Tu exesposa.
—¡Cómo! ¿Estás seguro de que no ha sido tu imaginación?
—Te lo juro, amigo. Yo venía de buscar una copa y la vi entrar al salón… estaba… al lado de un hombre.
—¡Quién se atreve a tomar la mano de mi mujer!
—El mismo Gallardo, el presidente de la empresa que más nos hace competencia.
Eso fue un duro golpe en el pecho para el imponente señor Montalván.
—No lo puedo creer. Ese imbécil la ha mantenido oculta todos estos años.
Protestó.
—Ve a buscarla entre los presentes. Pero no la asustes cuando la encuentres, por favor.
Obedeciendo las órdenes de su amigo, Javier fue de inmediato a buscar a la chica.
—Pensé que nunca más te volvería a ver—. Susurró para sí mismo en un momento de sentimientos encontrados, emoción y enojo.
Vagó por varios sectores del enorme salón, pero no la pudo encontrar. Lamentó no tener ojo de águila en ese momento, pero juró no rendirse. Sabía que ella estaba en la ciudad y estaba seguro de que no volvería esa misma noche al lugar de donde vino.
Pero para su mala suerte, y por más que investigó en todos los hoteles de la ciudad, no había rastro de ella. Ninguno reflejaba que la mujer haya reservado una habitación para pasar la noche, ni siquiera con el nombre del señor Gallardo.
—¡Ah, mujer, dónde te habrás metido!—exclamó decepcionado y preguntándose si ella lo había visto en algún momento y por eso había vuelto a escapar como lo hizo hace seis años.
Pasaron los días y él seguía con la esperanza de encontrar a la exesposa perdida. Teniendo una pista muy concreta, viajó a la empresa del presidente Gallardo a investigar qué relación había entre él y Valentina.
El hombre es su enemigo desde que le robó varios proyectos. Javier lo acusó muy fuerte cuando eso sucedió y provocó que su imperio se le viniera abajo, dando la oportunidad a que la constructora de Javier pasara a ser la mejor en el mercado nacional e internacional.
Por tal razón, ambos se odian. Uno por haber sido robado y el otro por haber sido acusado sin tener las pruebas convincentes que demostraran que el robo había sido real.
Cuando su secretaria le anunció que el señor Javier Montalván quería reunirse con él. De inmediato ordenó a seguridad que lo sacase del edificio, también ordenó no dar información sobre los empleados que allí laboran.
Pasaron los días y todo volvió a la tranquilidad. Javier llegó a la conclusión de que su amigo se había equivocado o quizá había visto a alguna mujer que se parecía con su Valentina.
Dos meses más tarde, Javier asistió como padrino de graduación en un jardín de niños. Estaba en la mesa principal cuando el maestro de ceremonia hacía la entrega de los diplomas a cada niño. Un caso le llamó la atención: un par de trillizos fueron llamados uno tras otro y… se hacían acompañar por su madre. Una chica de estatura baja, cabello liso y con una mirada penetrante y llena de orgullo para con sus hijos, sin darle importancia al hombre detrás de ellos que les observa con entusiasmo y sorpresa.
Javier sintió que su corazón volvía a la vida cuando miró a su pequeña loba de algodón. Pero a la vez se sintió muy triste al ver que quizá ella ya se había vuelto a casar y ahora era madre de tres adorables niños que a simple vista parecían ser muy inteligentes.
Desde su lugar no la perdió de vista. Sin embargo, a ella pareció no importarle su presencia o quizá lo disfrazaba muy bien su odio hacia él.
Antes de terminar la ceremonia, ella se levantó y formando una cadena, todos salieron del salón. A todo eso, Javier ya había bajado del escenario y los perseguía con la mirada hasta que logró llegar hasta ellos.
—¡Valentina!— gritó. Tomándola repentinamente del brazo.
Ella se soltó bruscamente del agarre y continuó caminando con sus hijos. Estaba asustada, no entendía por qué ese desconocido la perseguía.
—Valentina, podemos hablar un minuto, por favor—. Pidió yendo detrás de ella.
—¿Mamá, conoces a este hombre?— Preguntó uno de los trillizos.
—No. Seguro es un acosador. —Respondió.
—¿Un acosador? ¿Acaso ella me considera un acosador?— Se preguntó en su mente Javier cuando escuchó las duras palabras de la chica.
Valentina no se detuvo hasta salir a la carretera y parar un taxi.
—Valentina, deja que yo los lleve a su lugar.
Insistió Javier. Dándole órdenes al taxista para que se marchara sin sus ocupantes.
—Señor, ¿qué le pasa? Si sigue molestando, llamaré a la policía.
—Prometo que no quiero hacerles daño, ni a ti, ni mucho menos a los niños, pero, por favor, hablemos.
—Yo no lo conozco, señor. Por favor, aléjese de nosotros.
—Mamá, el señor se ve que es buena persona. Acepta hablar con él, pero dile que nos debe llevar a una heladería y comprar mucho helado para nosotros. —se entrometió uno de los trillizos.
—¡Hijo!— Lo reprendió su madre.
Javier Montalván sonrió con cariño.
—Mi madre te ha extrañado mucho. Si ella se entera de que te he encontrado, se pondrá muy feliz. —expresó Javier.
—¿De qué habla?— Preguntó confundida.
Javier frunció el ceño. Anteriormente, ella y su madre eran muy unidas y ahora dice que no la recuerda.
—¿Qué pasa contigo?— Quiso saber.
—Lo siento… yo… hay muchas cosas de mi pasado que no logro recordar.
Otro golpe en el corazón casi lo envía al infierno. Al parecer, ella ha sufrido y él se siente culpable de cada cosa que le haya pasado.
—Comprendo. En ese caso, te invito a comer helados con los niños y te contaré un poco sobre ti. Pero tú también tendrás que contarme lo que te pasó, porque hace seis años tus recuerdos eran buenos.
—Hablas como si me conocieras.
Javier no le quiso comentar que anteriormente habían sido esposos. Primero investigará qué fue lo que a ella le provocó la pérdida de memoria.
Uno de los trillizos quería ir al baño. Su madre lo acompañó, pero tampoco se confió en dejar a sus otros dos hijos al lado de un desconocido.
Minutos más tarde…
—Estoy en una videollamada con alguien y te quiere saludar.
Comentó cuando ella regresó.
Ella lo miró confundida, temía no reconocer a la persona al otro lado de la línea. Por alguna extraña razón, se sentía en total confianza con ese hombre al que acababa de conocer.
Tomó el teléfono. La voz de aquella anciana la tomó por sorpresa. Lágrimas salían de sus ojos y estaba feliz de verla, pero Valentina no la recordaba.
—Mamá. Ella tuvo un problema y no te recuerda por el momento, ni siquiera a mí me recuerda.
Le aclaró su hijo, obviando la existencia de los tres niños hasta que descubra si en realidad son suyos o de otro hombre.
—Siento una extraña sensación… como si ya haya visto anteriormente a tu madre, pero no lo puedo recordar, lo siento—. Se disculpó claramente afectada.
—No te preocupes. Poco a poco irás recordando. ¿Has visitado un psicólogo?
—No.
—Te llevaré con un amigo. Claro, si tú me permites ayudarte.
—Mmm.
—Por cierto, no te he preguntado. ¿Estás casada?
—No.
—¿Y… el padre de los niños?— consultó sin poder soportarlo más.
—Hace seis años sufrí un accidente de tránsito. Estaba embarazada, no recuerdo si estaba casada o qué era de mi vida. Lo que sí sé es que di a luz a los trillizos y desde entonces he sido madre soltera. Quizá el padre de ellos ni siquiera nos buscó o tal vez no estaba enterado de mi embarazo— respondió con una tristeza que se reflejaba en sus ojos cálidos y en su rostro cabizbajo.
Javier pasó saliva por su garganta con dificultad. Esos niños que estaban frente a él, eran sus hijos. Estaba seguro de que así era, las fechas coinciden completamente con el divorcio y el accidente que ella menciona.
Chapter 2
Toda la conversación se estaba poniendo muy interesante y Javier no pudo evitar preguntar:
—¿El accidente es lo único que recuerdas?
—Sí. Solo vi que una mujer manejaba un auto mientras yo cruzaba la carretera… luego de ese suceso no puedo recordar más.
—Créeme que el padre de tus hermosos hijos sí te buscó. Nunca te encontró, pero nunca perdió las esperanzas, hasta ahora.
—¿Cómo lo sabes? ¿Tú lo conoces a él?
—Sí. Lo conozco.
—¿Cómo era mi relación con él?— indagó con interés y nostalgia.
—Era tu esposo— hizo una pausa. —Te amaba con toda su alma… él, te sigue amando demasiado—. Confesó. —Lastimosamente, un día te perdió el rastro y estuvo a punto de morir. De no ser por las ganas de encontrarte, lo más probable es que ya estaría muerto.
—¿Crees que… le agrade la noticia de que tiene tres hijos?
—Te juro que él estará muy contento de ser padre—. Expresó, limpiando una lágrima y frenando las ganas de abrazar a su gran amor. —¿Qui











