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El primer amor del CEO

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Annotation

Los matrimonio concertados deberían de ser algo del pasado, pero en la sociedad en la que se rodean Mustafa y Amber eso no sucede, desde niños se hicieron inseparables pero las pruebas del destino los separaron, a pesar de quererse como hermanos y ser unidos terminan irremediablemente separados, al menos físicamente. Una promesa los reunira, pero tendrán que demostrar que tanto se querían en el pasado y que tan unidos pueden ser en el presente para superar todas las pruebas que conllevan tener un matrimonio concertado.

1. Compromiso

—¡Acepto!.

Esa palabra me da vueltas en la cabeza mientras elevo mi mirada hacía el hombre con quien me estoy casando; él me mira con fastidio. Este no es un matrimonio como lo hubiera soñado, pero claro es que nunca lo había pensado más allá de un cuento de hadas; él juez me mira con impaciencia y aclaro mi voz antes de aceptar.

—Acepto —respondo con desgana.

—Yo los declaro marido y mujer, puede besar a su esposa.

Mustafa se acerca a mi y me da un beso en la frente, toma mi mano y los pocos invitados que hay aquí me sonríen, creen que estoy ansiosa por mi noche de bodas cuando en realidad estoy nerviosa, sé que debo seguir adelante con toda está farsa con tal de pagar la deuda que tengo con Mustafa y su familia, pero algo me dice que esto será todo un infierno. 

Antes de poder ser saludados por sus padres, Mustafa me toma de la mano y me saca de la sala con impaciencia, le sigo obedientemente mientras su hermana nos mira con una dulce sonrisa, puedo decir que lo único bueno es que estaré más cerca de ella. 

—Dormiremos juntos, pedí que pasaran tus cosas aquí —me empuja cerrando la puerta tras de sí. —Espero que sepas comportarte a la altura, esto no es por amor y no quiero que te vuelvas a hacer ilusiones, mataste a Alejandra y aunque no sea oficial… por ahora; voy a hacer tu vida un infierno. 

Mustafa sale de la habitación antes de tener tiempo de intentar hacerle ver las cosas desde mi punto de vista, intento recordar lo que sucedió esa noche de hace dos meses, pero me es imposible ya que es como sí mi cerebro se empeñara en bloquear los recuerdos, las cosas entre Damian y yo nunca antes habían sido de esa manera. Supongo que en algún punto nos perdimos el uno al otro y hemos llegado a esto.

Años atrás…

Estambul, Turquía 1996.

—Bueno Onur, creo que los dos sabemos para qué estamos aquí —dice el patriarca de los Ahmad luego de un recibimiento caluroso de parte de la familia de su oponente —hace años que prometimos que nuestras familias se iban a unir tarde o temprano.

—Y así será —hace un gesto de afirmación con la cabeza —desde que nació tu hija prometimos que ella sería la futura esposa de mi hijo. —Las esposas de ambos hombres asienten en completo silencio entendiendo lo que va a pasar en un futuro cercano.

Mientras que la conversación entre los padres de ambas familias se lleva a cabo el primogénito del jeque Al-Fayed se siente un poco abrumado, recientemente ha recibido la noticia de que el próximo año empezará yendo a estudiar a los Estados Unidos como medida para que empiece a aprender de forma diferente o al menos eso es lo que dijo su madre, a pesar de tener solo doce años no puede evitar sentirse un poco abrumado sabiendo que se enfrentará a lo desconocido en otro país que además está en otro continente y que muy seguramente no tiene la mismas costumbres que el suyo.

Entre tanto la pequeña Amber de solo ocho años se siente ansiosa por saber lo que está pasando, ponerse ese bonito vestido que es muy diferente a su ropa de diario le hace saber que algo está por suceder, deja de lado su muñeca ya que la niñera le ha advertido que una niña grande no debería de seguir jugando como lo hace ella, se siente nerviosa y observa a lo lejos a su compañero de juegos de cada vez que las familias comparten.

—Mustafá —dice la niña soltando la mano de su niñera —¡Mustafá! —sonríe mostrando sus dientes —sabía que nos íbamos a ver hoy, sabes que te hice caso y no volví a pensar en los monstruos, ya no volví a mojar mi cama y mi mamá me felicitó por eso.

—Eso me parece bien, pequeña, pero hoy no estoy de ánimos para jugar —baja la cabeza.

—¿Pero por qué?, a ti siempre te gusta jugar conmigo —se cruza de brazos haciendo un puchero.

—Hazme caso Amber, no tengo ganas de hacer nada —responde odiando todo lo que le está sucediendo. —Hoy no quiero jugar con tus tontas muñecas ni mucho menos fingir que soy él príncipe.

—Pero lo eres —contiene el llanto —siempre me has dicho que eres mi príncipe, no entiendo porque ahora me dices esas cosas tan feas.

—Porque me van a enviar a Estados Unidos y es mejor que te acostumbres a que ya no vamos a volver a jugar —reniega —lo siento Amber, pero cuanto antes lo sepas mejor. Así vas a aprender a jugar tu sola, aunque las otras niñas se rían de ti, —resopla al ver que está al borde del llanto —ya, lo siento, lo siento no debí decir las cosas así, eso solo que —se pasa la mano por la cabeza —no nos vamos a ver más.  

—Pero yo no quiero jugar con las niñas, quiero jugar contigo —hace un gesto a punto de llorar.

—Amber, los niños y las niñas no somos iguales —intenta explicar —sí mi padre me ve jugando con tus muñecas a los príncipes y princesas me va a castigar, además —hace una pausa —un día lo vas a entender.

Amber solloza desconsolada ante la negativa de su compañero de juegos, no puede creer que él también la rechace, suficiente tiene con que sus compañeras lo hagan por ser hija de una mujer con descendencia americana como lo es su madre, le parece que todo es tan complicado, pero lo que más le hace sufrir es que su príncipe, es decir Mustafá también se comporte así con ella, llora sin importar nada más aprovechando que su madre no está cerca o de lo contrario se lo impediría porque a su padre no le gusta oír su llanto.

Mustafá odia escuchar a su “niña” llorar, desde hace tiempo la ve como a una especie de hermana y eso ha hecho que cada vez que se ven, los dos se traten con un cariño especial y más porque ella le hace sonreír al ser la única que no le exige comportarse de cierta manera para complacerla, le gusta pasar tiempo con ella y puede decir que eso es lo que más va a extrañar cuando se vaya a los Estados Unidos, eso y ver las adoración con que ella le mira cada vez que la complace jugando a los príncipes y las princesas que parece ser su juego favorito.

—Está bien, está bien —se levanta de su silla y le limpia las lágrimas mirando a todos lados para evitar que su padre lo vea o de lo contrario sabe que el castigo por hacer algo “inadecuado” como mostrarse débil ante una niña será inimaginable —vamos a jugar, pero ya sabes que no le puedes decir a nadie que yo juego con tus muñecas porque sino mi padre me regañará y me enviara muy lejos antes de lo que nos imaginamos.

—… —Amber sonríe y lo abraza sin darse cuenta de que unos cuantos pares de ojos los están mirando —sí, gracias, Mustafá feo —saca la lengua haciendo que él se ría sin reparar en nada más.

Onur Al-fayed se muestra un tanto desconcertado al ver que su hijo es tan blando con la hija de su mejor amigo, pero al menos él no sufrirá cuando sepa lo que está por suceder pues aunque han hablado de un trato razonable para las familias la verdad es que está siendo muy deferente al comprometer a su hijo con una cría que no tiene una “dote” que ofrecer ni tantos contactos, pero se trata de la hija de su mejor amigo y la mujer a quien ama en secreto, no se puede negar a cumplir mediante sus hijos el sueño de su vida, solo espera no estarse equivocando pues de hacerlo ya no hay marcha atrás.

—Bueno supongo que lo mejor es que no lo sepan los chicos —añade Mohamed —mi hija es muy pequeña para…

—Mi hijo es solo un crío —lo corta Onur —, Mustafa debe prepararse para ser mi sucesor, el matrimonio se llevará a cabo en cuanto Amber tenga 21 años, así le damos tiempo para que sea la esposa que debe ser con Mustafa, lo único que estoy pidiendo para saldar tu deuda de honor conmigo es que la niña llegue virgen al matrimonio y me de al menos dos nietos hombres…

—Ese no es un problema, sabemos que Amber desde hace un tiempo solo ve por los ojos de tu crío, y sí es como yo no faltará a su honor, no como la madre que tiene… —responde Mohamed.

—Yo no… —Sarah traga saliva —yo jamás…

—Calla, —le ordena su esposo —. Amber te dará esos nietos que quieres, solo espero que Mustafa sepa apreciar el tipo de mujer con quien se va a casar y no venga de América vuelto un “playboy”. 

—Si lo hace no pasa nada, total es hombre…

—No dejaré que le hagan a Amber lo que me hicieron a mi… eso jamás.

Onur se pone a la defensiva sabiendo muy bien que él es quien debe pagar la deuda de honor a Mohamed y no al contrario, ¿por qué qué son unas cuantas liras en comparación con la virginidad de una mujer? y él se llevó lo más preciado de Sarah mientras Mohamed solo robó unas cuantas liras y ahora solo lo disfrazan para casar a la niña que bien podría ser su hija, pero no lo es, con su hijo quien heredó toda su fortuna.  

—Entonces, en cuanto tu hijo regrese de América se casará con Amber y nosotros nos encargaremos —toma la mano de su mujer por primera vez y señala cuidadosamente su anillo matrimonial —de que Amber sea una excelente esposa y madre.

El trato se sella entre los patriarcas de las familias con un ligero apretón de manos y la sonrisa entre las madres de los chiquillos; Sarah la madre de Amber sonríe con recelo al saber que su hija se casará con un buen joven aunque para saber cuál será su carácter definitivo todavía falta un tiempo ya que solo es un preadolescente y su hija solo una niña. Al levantar la mirada se da cuenta de que Onur Al-fayed no deja de mirarla y eso la hace sentir incómoda, además de que intenta con todas sus fuerzas ocultar sus sentimientos.

Elif, la madre de Mustafá y Mohamed Ahmad él padre de Amber pueden sentir en el ambiente la tensión entre sus respectivos cónyuges, no es un secreto que en su juventud estuvieron comprometidos y que por cosas del destino ese compromiso nunca se selló.

Mohamed se siente conforme, al menos su hija tendrá el futuro asegurado, y por ende él también, lo único que espera es que no salga como su madre y sea una infiel.

2. Mustafa feo.

Mustafá se distrae al ver la sonrisa infantil de Amber, le gusta sentirse verdaderamente querido, aunque su madre es cariñosa no se siente igual y no consigue que él se alegre de jugar con las muñecas de una niña pequeña. Le sigue el juego a Amber y se ríe al ver que ella juguetea con sus manos, la conoce y sabe que es una señal de qué está nerviosa.

—¿Qué te sucede, pequeña? —inquiere dejando a un lado la muñeca.

—Mustafá feo —dice con cierto aire ausente —, ¿tú sabes que es eso de los comprimosos? —siente que se le traba la lengua.

—Compromisos, —corrige con una sonrisa sincera — se dice compromisos, repite conmigo —ella asiente. —Di compró…

—Com…pro —repite lentamente y Mustafá asiente.

—Misos —ella vuelve a repetir —listo, ahora di compromisos.

—Comprimosos —dice y Mustafá sin poder evitarlo se ríe suavemente sintiendo ternura por ella.

—Después aprenderás a decirlo de la forma correcta –niega lentamente —. Y sí, sé que son los compromis

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