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El Príncipe y su Plebeya

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Annotation

Oksar Haugland tiene un gran secreto que no quiere que Geraldine lo descubra. Un secreto que grita a viva voz pero que hará lo posible para que ella no lo descubra ya que podría cambiar todo en su relación. Aunque los deberes y responsabilidades familiares se interpondrán en sus planes, la corona impone algunas decisiones a los que él deberá de someterse y que lo alejará de su amaba plebeya. Geraldine descubre la verdad sintiéndose traicionada además de usada como la distracción del momento para su Alteza Real. Pero no puede negar que el aclamado compromiso y la esperada boda la tienen muy dolida ya que los sentimientos que tenía por el Príncipe habían sido muy reales. El Príncipe hará lo posible por recuperar a su hermosa plebeya y demostrarle que realmente la ama y por lo tanto sería capaz de dejarlo todo por ella.

Capítulo 1. Geraldine.

— ¿Geraldine? — su madre asomó su cabeza dentro de la habitación — ¿Aún no estás lista? Llegarás tarde.

— Buen día mamá, dentro de unos segundos bajaré. Ya termino de alistarme.

Nuevamente su madre desapareció cerrando detrás de ella la puerta. Entonces aprovechó para mirar el reflejo que el espejo le devolvía, se veía un poco ojerosa y pálida, es decir más de lo habitual. La noche anterior no había podido pegar el ojo ya que los nervios no la dejaban dormir.

Su tonto intento por ocultar su palidez extrema y sus ojeras espantosas detrás del maquillaje fue un rotundo fracaso, no era una experta para eso y ahora lo confirmaba porque ni con toda la base que había utilizado y las sombras que se aplicó ayudó a darle un poco más de gracia a su rostro.

— Es lo que puedo hacer, tendré que ir así.

Algo frustrada tomó su mochila y el maletín con la portátil para poder bajar y tomar la taza de café que seguro su madre le había preparado para finalmente ir a la universidad.

Se había convertido en una rutina, como todos en su casa se levantaban muy temprano ya que su padre tenía que llegar temprano a la oficina de la concesionaria y su madre a sus clases con sus pequeños porque era maestra de primaria y ni qué decir de Geraldine que sus clases comenzaban en la mañana. Su madre quien como todas se levantaba primero preparaba una gran cantidad de café y ya lo tenía preparado y listo en sus respectivas tazas.

Geraldine no acostumbraba a comer tan temprano por lo que su droga matutina siempre era la cafeína, sin esa delicia no podría sobrevivir a las muy largas y tortuosas clases de economía.

— Buen día cielo, creía que se te habían pegado las sábanas. — la saluda su padre con una gran sonrisa y un gran abrazo de oso.

— Estuve a punto. No he dormido nada, los nervios. Quisiera que ya publicaran la lista y saber que me depara el futuro.

— Sea como sea mi pequeña, de seguro será algo grandioso. Solo hay que tener un poco de confianza, has trabajado tanto por esto que seguro será grande la recompensa.

— Gracias papá, tus palabras son un gran aliento para mí.

Ese día sería el último del semestre y luego al día siguiente publicarían la lista de las pasantías. Geraldine se había inscripto hace tanto con la esperanza de que pudieran seleccionarla de un buen lugar, uno donde luego podría conseguir quedarse permanentemente al finalizar los seis meses.

Estaba deseosa de encontrar un buen lugar donde trabajar y así finalmente no depender de sus padres que tanto habían sacrificado por ella y su futuro. Se los agradecería enormemente, pero ya era hora que ellos también disfruten de los frutos de sus trabajos.

Como todas las mañanas su padre la llevó hasta la universidad ya que la oficina le quedaba de camino. Al despedirse de él en la puerta ya la esperaba su mejor amiga, Victoria. Como siempre su increíble look del día la convertía en un farol que todo el mundo podía ver y que era imposible pasar desapercibida.

Victoria era la única hija de un magnate de la tecnología por lo que disponía de una gran fortuna y su padre la consentía en todo. Coches último modelo, toda clase de prendas de lujo fashionistas que han sido recientemente modeladas en una pasarela. Todo. Pero lo que a Geraldine la había hecho quererla como a una hermana fue su hermoso corazón.

La mujer era amable, sencilla y amorosa, nada de lo que se esperaría de una hija consentida de un millonario. Al contrario, odiaba las injusticias y era una combatiente de la verdad y la honestidad. Tanto así que siempre ha tenido problemas para decir las cosas tal y como las piensa sin medir sus palabras.

— ¡Adiós señor Hofmann! — saludó al padre de su amiga quien le devolvió el saludo. — Tu padre siempre tan atento. ¿Cómo estás amiga?

— Algo exhausta, no he podido pegar el ojo en toda la noche. ¿Y tú?

— ¿Por qué crees que estoy tan animada? Me he bebido toda una jarra de café durante la madrugada. Por mis venas no corre sangre, más bien un líquido marrón llena de azúcar.

Ambas amigas se ríen por las ocurrencias de Victoria.

— Escúchame Di, debes preocuparte más por tu apariencia. Cuando comiences el trabajo no solo se fijarán de si eres capaz intelectualmente sino también si puedes estar presentable en todo momento.

— Lo sé, sé que estoy particularmente horrible hoy. Me he mirado en el espejo.

— Amiga, para mi siempre serás hermosa, pero te lo digo para tu bien. Entiendo que no debería de importar la belleza exterior pero aunque no lo quieras creer las personas se fijan mucho en eso cuando eres una mujer. Ahora vamos a clase o llegaremos tarde.

Tras dos horas de clase sumamente aburridas con un profesor que podría ser una momia si es que guardaba silencio por mucho tiempo, las dos mujeres tuvieron un pequeño receso. Antes de salir de clases la secretaria del decano las increpó en el salón.

— Geraldine Hofmann y Victoria Rey, me alegro tanto encontrarlas. ¿Podrán acompañarme por favor? Será solo unos minutos.

Las dos amigas sumamente confusas se miraron entre ellas creyendo que estaban en problemas, jamás las habían llamado desde la oficina del decano. Ni siquiera en clase les habían llamado la atención, en todo ese tiempo habían sido unas alumnas modelo con buenas notas y una intachable currícula desde que ingresaron a la carrera.

— ¿Qué es lo que sucede? —preguntó Geraldine un poco nerviosa.

— Tranquila chicas, se trata de algo bueno. Ya lo verán.

Un poco más relajadas caminaron detrás de la mujer que parecía estar más emocionada que nunca, era un poco más mayor que ellas pero bastante bonita y simpática. Algo que ellas agradecen mucho porque generalmente las secretarias eran bastante amargas con las personas, pero ella siempre se mostraba muy predispuesta para todo.

Al llegar frente a la oficina del decano la secretaría las anunció y luego ingresaron al despacho. Jamás habían puesto un pie dentro esa era la primera vez y se quedaron maravilladas por lo hermoso que era, sus muebles eran muy finos y de una madera fuerte y antigua podía verse que fueron talladas a mano en su momento. Los cuadros con los títulos, certificados y algunas menciones honoríficas del decano estaban colgados por todo el lugar. Pero lo que les llamó la atención fue el enorme librero que ocupaba toda una pared desde el suelo hasta el techo con una colección bastante importante de libros.

— Señoritas, por favor pasen, tomen asiento.

— Buenos días señor. — saludaron ambas un poco cohibidas por el sujeto que tenían delante.

El decano, el doctor Mario Sartorio, era un hombre de mediana edad con un semblante bastante serio y con un porte muy elegante. Anteriormente había estudiado aquí y había sido el mejor de su clase, luego había viajado a distintos países formándose como economista con los mejores en el sector. Ciertamente es un hombre con mucho prestigio y trayectoria que ha sido decano desde hace un poco más de 10 años.

— Señoritas estoy muy complacido por tenerlas aquí teniendo en cuenta que es el final de semestre y que luego comenzarán sus pasantías. Por esa razón las he mandado llamar.

— ¿Ha sucedido algo con nuestras solicitudes señor? — preguntó Victoria.

— No para nada, al contrario tengo buenas noticias. Tengan. — dijo entregando a cada una un sobre con sus nombres en el reverso — Gracias a que son las mejores de su clase con unas notas increíbles me he tomado la molestia de seleccionarlas a ambas los mejores lugares donde pueden realizar la pasantía, además no quería dejar que esperaran hasta mañana así que decidí darles las buenas nuevas hoy mismo. Felicidades chicas, se lo merecen.

Las dos no podían decir palabra alguna, estaban muy emocionadas y sorprendidas por el increíble gesto del hombre. Cada una abrió su carta y cuando lo hicieron se quedaron boquiabiertas al ver donde les deparaba el futuro.

— ¡No puede ser! — gritó Victoria de la emoción, luego miró la carta de su amiga y aumentó aún más su chillido — ¡Esto es increíble!

— Eso quiere decir que les gustó la sorpresa — continuó el decano con una gran sonrisa — Se que son muy buenas amigas por lo que estuve bastante tiempo al teléfono con las directivas de las empresas Jensen para lograr obtener dos puestos de pasantes, así que felicidades chicas irán a Noruega.

Capítulo 2. Oksar.

Luego de un día tan ajetreado como el que habían tenido finalmente las oficinas estaban más tranquilas. Oksar podía estar mucho más relajado a pesar de que aún le quedaban algunos documentos por firmar pero nada más, había tenido que entrar y salir de reuniones incluso alguna que otra videoconferencia con algunos socios americanos estaba agotado. Lo único bueno es que sabía que en su agenda para esa noche de viernes no había nada programado, ningún compromiso que requiera de su presencia.

Aliviado tocó el intercomunicador para llamar a su asistente y buen amigo Adolf para poder finalizar de una buena vez el día y quizás ir por un trago para hacer de ese día un poco más agradable.

— Adolf ven por favor. Ultimemos las cosas que quedan y marchemonos de una buena vez.

Adolf ingresó luego de unos pocos minutos con la tablet entre las manos como era su costumbre ya que siempre allí anotaba todo lo que su jefe le encomendaba. Era un hombre serio de la misma edad que Oksar

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