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El descendiente del CEO

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Annotation

Elizabeth: Hace mucho tiempo que no me sentía así, insegura, al borde del colapso. Ahora no solo he perdido a mis padres, sino también a la única persona que me mantenía al ritmo tan agotador de esta vida. Nunca antes pensé que la tradición de las personas más importantes, las únicas personas de mi vida, fuese tan doloroso. Y ahora no tengo más remedio que desaparecer, que comenzar desde cero pero no tengo a donde ir, no tengo a nadie, excepto por ellos, y ambos me han traicionado. Pero ahora todo ha cambiado gracias a él, nunca antes pensé que él podría ser de ayuda para mí, siempre pensé que me odiaba pero ahora… ahora dudo. Él realmente es bueno, nunca antes había pensado que tuviese una faceta tan… ¿amable? Es extraño. Mi vida ha cambiado completamente en este último mes. Pero gracias a él, se que puedo salir adelante, él me está enseñando a que puedo tomar mis propias decisiones. Cristian: Todo es un desastre. Ella es un desastre. Se que debo de apartarme de ella, esto solo me traerá problemas, pero algo dentro de mi me lo impide, ella necesita ayuda y al parecer yo soy el único que se la puede dar. No tiene a nadie en este mundo y algo me dice que si la dejo sola dejará de luchar, dejara de intentarlo. Y ellos ganarán.

Chapter 1

» ¿¡Que?!

¿Qué es esto?

¿Qué está pasando?

No… esto… esto… no puede ser.

Esto…

Esto no puede ser cierto, no puede serlo. «

Mi oídos empiezan a pitar y mi respiración se acelera hasta el punto de que me cuesta respirar. No puedo evitarlo, las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas libremente mientras por mi mente empiezan a correr las palabras intentando dar algo de sentido a lo que hay frente a mi.

No puedo creer lo que mis ojos ven.

Lo que hay frente a mi.

» Esto… esto es… esto es imposible.

¿Esto de verdad está pasando? «

Ante mi está mi mejor amigo, mi compañero, el hombre al que amo, mi futuro esposo, ese que hasta hace unas pocas horas me estaba diciendo lo mucho que me amaba, lo importante que soy para él, justo con la mujer que siempre me juro que era solo su empleada.

Ambos están sobre su escritorio, haciendo cosas que no deberían de hacer, cosas que solo hacen las parejas, los enamorados o los amantes.

Ellos aún no me han visto, están tan concentrados en lo que están haciendo que no se han percatado de que estoy aquí, parada frente a la puerta de su despacho abierta, viendo con horror como mi mundo se cae, como se destruye.

Por un momento he olvidado que Cristian está detrás de mi, Cristian, el mejor amigo y socio del que pensé era el hombre de mi vida.

- Vamos - me susurra al oído. No me había percatado lo cerca que está de mi, o siquiera que aún sigue aquí.

Apresar de sus palabras no puedo moverme, no puedo dejar de ver a Eduard.

Tomándome del hombro para indicarme que ya es hora de irme, que ya he visto demasiado Cristian me hala hacía atrás haciendo que el paquete que traigo en mis manos se caiga al suelo y sobre mis pies con un gran estruendo provocando un gran desastre a nuestro alrededor.

En cualquier otro momento me hubiese avergonzado, pero no hoy, en este momento nada de eso me importa.

Eduard levanta la mirada por un segundo, buscando la fuente del sonido.

A través de mis lágrimas puedo ver cómo por sus ojos pasan tantas cosas cuando me ve, confusión, reconocimiento, arrepentimiento.

- ¡Lizzie! - exclama asustado, apartándose rápidamente de su secretaria, de su amante, de aquella a la que considere una amiga, una confidente, una hermana.

Esa que tantas veces él me dijo que no era realmente mi amiga, que no me confiara en ella.

Tuve que haberle hecho caso.

Veo como rápidamente acomoda su ropa, como si con eso evitará de que yo me diera cuenta de lo que estaban haciendo los dos solo unos segundos antes.

Catherine voltea rápidamente hacia mi, pero en sus ojos no veo arrepentimiento por lo que hizo, no, veo orgullo, veo satisfacción, veo la victoria, algo que solo me hace hundirme más.

- ¡No es lo que tú piensas! – se apresura a decirme él arrugando su cara al instante.

Esa es la frase más absurda que he escuchado en mi vida.

Por supuesto que es lo que yo pienso.

En su rostro aún hay manchas de pintura de labio carmesí, la misma que usa siempre ella, esa que le he regalado por su cumpleaños y que ahora él tiene esparcida por su cuello y en su camisa blanca que continúa abierta, su cinturón aún cuelga de su pantalón, *p*n*s y ha podido subirse la bragueta.

Nunca antes me hubiese podido imaginar que sería él el que terminaría usando esa pintura de la labios, no de esta manera.

Mi cabeza de vueltas, intentando dar sentido a todo lo que está pasando pero por mi mente no logro formar ni un solo pensamiento coherente, todo es extraño, parece un sueño…

» Si, eso es.

Esto es una pesadilla «

Puedo ver cómo Catherine aún sigue en su escritorio, con las piernas extendidas, la falda subida más allá de sus muslos y la camisa abierta dejando a la vista su ropa interior. No hace ningún intento de ocultar lo que aquí estaba pasando.

No sé que traición me duele más.

Si la de Catherine, mi mejor amiga, aquella que considere casi una hermana o la del hombre que amo.

Si, creo que me duele más la de Eduard.

- Yo ... - intento decir algo, pero mi consternación es mucha - yo...

Las palabras no logran salir de mi boca.

El dolor que siento en este momento es demasiado, es muy abrumador.

Siento que he perdido a las dos únicas personas que me quedaban en este mundo.

A mis padres, aquellos a los que tanto ame, los perdí hace varios años en un accidente vehicular, cuando *p*n*s estaba comenzando mis estudios universitarios un auto los hizo salir del camino, mi único consuelo es que no sufrieron, o eso me dijeron.

Ahora pierdo a mi mejor amiga y al hombre del que estoy enamorada, ese que pronto iba a ser mi esposo.

A los únicos seres que pensé que les importaba en este mundo.

- Vámonos Elizabeth - escucho una voz detrás de mi - ya haz visto suficiente.

» Cristian « He vuelto a olvidar que estaba detrás de mi.

Puedo ver cómo Eduard tensa la mandíbula, molesto, pero no entiendo porqué, la única molesta debería de ser yo.

Yo he sido la única a la que han traicionado.

» ¿O no? «

Es todo tan confuso.

Eduard quiere decir algo, lo veo en su mirada, en la forma en la que mueve sus labios, pero no lo hace, se queda quieto, paralizado, viéndome a mi, solo a mi.

No puedo dejar de verlo a pesar del dolor tan grande que siento.

- Elizabeth - escucho la voz ronca de Cristian, esta vez puedo sentir tensión emanando de él.

Sacudo mi cabeza para alejar la neblina que tengo en mi interior, tengo que ser más racional, no puedo dejarme llevar por lo que he visto, tal vez, solo tal vez sea un error.

Respiró profundo, intento controlar mis emociones pero no puedo, todo es muy abrumador.

- Si - escucho que le respondo, mi voz suena lejana - es hora de irme – le digo a Cristian aunque no volteo a verlo, no puedo dejar de mirar a Eduard.

Aunque se que soy yo quien está hablando mi voz suena diferente, lejos, muy lejos.

Doy un paso atrás, queriendo apartar la vista de lo que tengo frente a mi pero me es imposible.

No quiero.

No puedo.

Siento que alguien me toma del brazo, es Cristian quien me insta a salir.

Doy la vuelta como puedo pero antes no puedo dejar de ver la sonrisa de satisfacción en la cara de Catherine.

Eso me duele.

Pensé que realmente éramos amigas.

» No lo entiendo « pienso confundida.

Me dejó llevar por el pasillo vacío, ya hace bastante rato que el personal ha salido, y como Eduard aún seguía trabajando he decidido traerle la cena sin avisarle.

Pensé que podría ser un buen gesto, nunca me imaginé que esto podría pasar.

Me dejó llevar hasta el ascensor por un Cristian irritado quien casi me arrastra del brazo, pero no me importa, en este momento no puedo pensar con claridad.

Ninguno de los dos decimos nada, no es necesario, no importa nada de lo que él pueda decirme, no en este momento.

El único sonido entre nosotros es la música del ascensor, un tintineo suave que debería de ser tranquilizador pero que en este momento no funciona para mí. A través del espejo frente a mi puedo ver mi rostro hinchado, y el rastro *p*n*s visibles de lágrimas en mis mejillas sin maquillaje. Mis mejillas están sonrojadas pero aún así puedo ver la palidez de mi rostro.

Siento que en cualquier momento pudiera vomitar, mis manos tiemblan y mi respiración es irregular, algo que no había notado antes.

Mi cola de caballo aún sigue intacta, y el flequillo casi tapa mis ojos, recuerdo que ya es hora de cortarlo, algo tonto de recordar en este momento cuanto todo está saliendo mal en mi vida.

Un fuerte sonido hace que mis pensamientos se aclaren un poco, es el ascensor indicándonos que hemos llegado a nuestro destino.

Ya en la planta baja no queda nadie, solo el personal de vigilancia que gira hacia nosotros, ambos nos ven y se despiden de nosotros como si no hubiese pasado nada, como si lo que pensé que era mi mundo perfecto no se hubiese acabado de romper.

Bajo la cabeza para que no vean mi rostro hinchado, no porque me importe mi apariencia sino porque una parte de mi no quiere que piensen mal de Eduard. Escucho como Cristian se despide de ellos y yo solo asiento en modo de despedida, pero no digo nada, tengo miedo de hablar, siento que si hablo puedo volver a llorar, hace rato que ya mi llanto se ha detenido pero el dolor en mi interior sigue creciendo con cada paso que doy.

El dolor dentro de mi es muy, muy fuerte.

Cuando salimos al estacionamiento no nos detenemos frente a mi carro, Cristian sigue caminando, con su mano aún en mi brazo guiándome en mi camino.

- No vas a conducir – lo escucho decir - no en esta condición.

» ¿Cuál condición? «

Solo siento como mi corazón se parte en dos, o en millones de pequeños pedazos, no lo sé.

Me sigue guiando hacia el interior del estacionamiento, dónde los altos ejecutivos se estacionan hasta que nos detenemos frente a una gran camioneta que tiene aspecto de ser costosa y nueva.

- Sube – me dice abriendo la puerta del copiloto para mí.

Su tono de voz es duro.

Aunque siempre lo ha sido cuando se dirige a mi.

Cristian y yo nunca nos hemos llevado bien, por algún motivo siempre me ha mirado mal, siempre ha sentido apatía hacia mi y nunca ha tenido ningún reparó en demostrar lo contrario.

Cristian es un hombre alto, incluso más alto que Eduard que mide un metro ochenta, es de tez blanca pero bronceada y musculoso, Eduard y el siempre disfrutaron de los deportes, es una de las cosas que los ha unido desde hace años, desde la niñez de ambos. Tiene el cabello negro, tan largo que le roza los hombros, a diferencia de Eduard que tiene el cabello castaño claro, casi rubio y se lo corta casi al rape. Es bastante atractivo, no lo puedo negar, pero desde que conocí a Eduard nunca tuve ojos para alguien que no fuera él.

Desde que Eduard y yo comenzamos a salir hace varios años atrás, él y Cristian se empezaron a distanciar, algo que nunca entendí ya que estudiaban juntos en la universidad y luego empezaron a trabajar en la misma empresa, la que fundaron los abuelos de ambos y por lo que se prácticamente se criaron como hermanos, siempre juntos.

Nunca he entendido que fue lo que les pasó, Eduard nunca me lo contó, nunca quiso hacerlo y yo no lo presione, pensé que era algo transitorio y aunque a veces salían juntos se que no eran tan unidos como antes. Siempre supuse que algo había pasado entre ellos pero nunca le di mucha importancia.

» Nada sucede por casualidad, en el fondo las cosas tienen un sentido solo hay que nosotros no sepamos cual es estrellita « Recuerdo lo que me solía decir mi padre cuando me notaba confundida por algo, él era un hombre muy sabio. »Se que todo sucede por una razón papá, pero a veces me gustaría saber cual es esa razón « le solía responder yo causándole risa.

No se por que estoy pensando en eso ahora, es extraño, pero es un pensamiento que me hace pensar que nunca pregunté por ello porqué Eduard no quiso, no le gustaba que hablara de Cristian.

Cómo cada cosa que ha sucedido en esta relación.

Eduard siempre es el que ha tomado las decisiones y yo, yo siempre he intentado mantenerlo feliz pero esta vez no sé si pueda hacerlo.

Chapter 2

No sé si es porqué está perdiendo la paciencia conmigo o solo por un acto de amabilidad, pero Cristian me ayuda a subir al asiento de su camioneta.

Practicante me carga para hacerlo.

A pesar de mi estupor esto me sorprende, y mucho, pero no alcanzo a decir nada ya que rápidamente me coloca el cinturón de seguridad y cierra la puerta un poco más fuerte de lo esperado, algo que me hace sobresaltar en mi asiento y verlo sorprendida. Por un segundo olvido por qué estoy aquí y pienso que he hecho para molestarlo pero al verlo rodear la camioneta con paso aireado, como si todo a su alrededor le molestara los pensamientos rápidamente empiezan a arremolinarse en mi cabeza.

» Eduard… Catherine… ¡Oh Dios! «

Respiró profundo y junto mis manos sobre mi regazo, intentando mantenerme lo más tranquila que puedo, permanecer serena aunque por dentro todo sea tan difícil.

Cuando por fin sube a mi lado y enciende la camioneta le digo que esto no es necesario, que

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