Alphanovel App

Best Romance Novels

Book cover
ExclusiveUpdated

El amor que no esperaba

  • 👁 87
  • 7.5
  • 💬 89

Annotation

Tras la muerte de su padre, el renombrado biólogo marino Brian Collins, Sophia Collins aprendió a vivir con un dolor silencioso. A los catorce años perdió no solo a su figura paterna, sino también la confianza en un mundo que parecía arrebatarle todo lo que amaba. Desde entonces, se cerró al mundo, distanciándose incluso de su madre y refugiándose en la soledad que la hacía sentir segura. Ahora, cuatro años después, su vida da un giro inesperado: su madre acepta un puesto en un prestigioso centro de investigación marina en Australia. Sophia se ve obligada a dejar atrás a su novio, a sus amigos y todo lo que conocía, enfrentándose a un país extraño, un idioma desconocido y la inquietante soledad de un nuevo hogar. Pero Australia trae algo más que nuevos paisajes: Duncan Mikkelsen. Empresario exitoso y misterioso, vinculado al centro marino, aparece en su camino como una fuerza imparable que despierta en Sophia emociones que creía dormidas. Su mirada desafiante, su presencia dominante y la forma en que parece conocerla sin realmente hacerlo, la desarman por completo. Entre arrecifes que ocultan secretos, investigaciones que desafían sus límites y una atracción que se vuelve imposible de ignorar, Sophia se enfrenta a la decisión más difícil: permitir que Duncan rompa las barreras de su corazón y la lleve hacia la pasión y la confianza, o seguir huyendo de todo lo que la recuerda a su padre y a la vida que perdió.

Prólogo.

Sophia Conrad nació bajo el sol ardiente de Miami, con el olor a sal en la piel y la cadencia del océano arrullándola desde la cuna, para ella, el mar nunca fue un paisaje distante, sino un segundo hogar. Era la melodía constante detrás de cada recuerdo de su infancia: las olas golpeando contra el muelle, el rumor de los corales y el destello plateado de los peces que parecían bailar bajo el agua como si también fueran parte de su familia.

Sus padres, Brian y Elizabeth Conrad, se habían conocido en la universidad, cuando ambos estaban terminando la carrera de biología marina, él era apasionado, con una sonrisa fácil y una capacidad casi poética para describir los misterios del mar. Ella, en cambio, era meticulosa, racional, una mujer que prefería los datos duros y la precisión antes que la contemplación, eran distintos como el día y la noche, pero juntos formaban un equilibrio perfecto.

Un año después de conocerse, decidieron casarse, y *p*n*s unos meses después, Sophia llegó a sus vidas, desde entonces, la casa de los Conrad nunca estuvo del todo en silencio: siempre había risas, discusiones apasionadas sobre teorías marinas, fotografías de arrecifes pegadas en las paredes y trajes de buceo colgados en el patio trasero como si fueran parte de la decoración.

Sophia creció en ese ambiente caótico y fascinante, aprendiendo a nadar antes de caminar con firmeza y reconociendo peces exóticos antes de saber leer, su madre trabajaba como bióloga veterinaria en un centro especializado en fauna marina, atendiendo desde delfines heridos hasta tortugas varadas. Su padre, Brian, era un buzo experimentado que colaboraba en proyectos de exploración y conservación, desde pequeña, Sophia se convirtió en su sombra, no había tarde en la que él no la llevara al muelle, donde le enseñaba a diferenciar las corrientes o a escuchar el silencio bajo el agua.

— El mar no habla con palabras... — le decía Brian, mientras ajustaba la máscara de buceo en su rostro infantil — Pero si sabes escuchar, te contará todos sus secretos. — Sophia, con los ojos grandes brillando detrás de los cristales, siempre asentía como si acabara de recibir una lección sagrada.

Durante catorce años, su mundo fue perfecto. La familia Conrad era sencilla, unida, con sus peleas habituales y reconciliaciones aún más fuertes, pero nada pudo prepararlos para lo que ocurrió aquel día, un día que Sophia jamás olvidaría.

La mañana del accidente empezó con un desacuerdo, Brian debía sumergirse en una expedición para recolectar muestras en un arrecife a más de treinta metros de profundidad. Elizabeth no estaba de acuerdo con el horario ni con las condiciones, habían discutido en la cocina, sus voces elevadas resonando como un eco doloroso en la memoria de Sophia.

— No deberías bajar hoy. — insistió Elizabeth, cruzada de brazos, con esa firmeza científica que pocas veces cedía.

— Beth, conozco estas aguas mejor que nadie... — replicó Brian con una calma que ocultaba su terquedad — Será una inmersión rápida. — Sophia, que desayunaba en silencio en la mesa, había sentido el corazón encogerse.

No quería que pelearan, pero tampoco intervino, la rutina de las discusiones era tan común que pensó que esa también terminaría con un beso de despedida.

No lo hizo.

Su padre salió de la casa con una mirada tensa, y su madre se quedó en el umbral, sin pronunciar palabra, aquella fue la última vez que Sophia lo vio.

Horas después, mientras buceaba en las profundidades, un terremoto submarino sacudió la zona, la corriente arrastró a Brian con una fuerza implacable, alejándolo de sus compañeros de expedición, intentaron alcanzarlo, pero fue inútil, cuando lo encontraron, ya era demasiado tarde.

La noticia llegó como un golpe seco. Sophia recordó el frío que le recorrió el cuerpo, el grito ahogado de su madre, la sensación de que el aire no alcanzaba, todo se desmoronó en un instante.

Para Elizabeth, la pérdida fue devastadora, para Sophia, fue algo peor: un abismo abierto en el corazón, su vínculo con su padre era tan profundo que el océano mismo parecía habérselo arrebatado. Y lo peor de todo era la pelea de esa mañana, el recuerdo de su madre diciendo que no debía sumergirse.

En su mente adolescente, el dolor se transformó en rencor, de algún modo, culpaba a Elizabeth, porque lo había detenido, porque lo había hecho enojar, porque las últimas horas de su padre estuvieron teñidas por la discusión, nunca lo dijo en voz alta, pero cada mirada que le lanzaba a su madre estaba cargada de ese veneno silencioso.

Con el paso de los meses, Sophia se fue cerrando, ya no corría a contarle sus secretos a su madre, ya no quería escuchar consejos ni aceptar abrazos. Vivía encerrada en su habitación, buscando refugio en la música y en los recuerdos de su padre, se convirtió en una chica distante, rebelde, con una sonrisa que aparecía solo frente a sus amigos o, más tarde, frente a Lucas, el chico que le robó el corazón en la secundaria.

Tres años pasaron, y aunque el dolor nunca desapareció, Sophia aprendió a disfrazarlo, construyó una vida en Miami que le pertenecía solo a ella: amigos que la entendían, un novio que la hacía reír y proyectos personales que la mantenían ocupada, era su manera de resistirse al vacío, de no depender de una madre con la que *p*n*s intercambiaba palabras.

Pero la vida, una vez más, decidió arrancarla de su zona segura.

Elizabeth recibió una oferta de trabajo que parecía sacada de un sueño: una posición destacada en un centro de investigación marina en Australia, un lugar con recursos y proyectos que cualquier científico desearía, para ella era la oportunidad de seguir creciendo, de honrar también el legado de Brian.

Para Sophia, era una condena.

Mudarse significaba abandonar Miami, a sus amigos, a Lucas, a todo lo que había construido con tanto esfuerzo, significaba volver a sentirse arrancada, perder lo poco que había logrado controlar, la noticia la golpeó como otra ola inesperada, furiosa y demoledora.

— No es justo... — dijo una noche, con los ojos llenos de lágrimas, mirando a su madre como si fuera una extraña — Tú siempre decides por las dos, nunca piensas en lo que yo quiero. — Elizabeth la miró en silencio, con el cansancio reflejado en el rostro.

Ella también sufría por la distancia que las separaba, pero no encontraba el modo de acercarse a su hija sin que el recuerdo de Brian interfiriera como una sombra inevitable.

— Sophia... — susurró con la voz quebrada — Esto es lo mejor para las dos. — pero para Sophia, esas palabras no eran consuelo.

Solo confirmaban lo que siempre había sentido; que su madre tomaba decisiones sin pensar en ella, que nunca la escuchaba.

Mudanza. 1

Sophia lanzó la caja al otro extremo de la habitación, el golpe seco contra la pared fue lo único que logró calmar, aunque fuera por unos segundos, la furia que le ardía en el pecho. Quería gritar, llorar, rebelarse, pero sabía que nada de eso cambiaría la realidad.

No tenía opción, seguía siendo menor de edad, no podía quedarse en Miami, aunque lo deseara con cada fibra de su cuerpo. Ese era su último día en la casa que había sido su refugio desde siempre, el único lugar donde aún podía sentir la presencia de su padre en cada rincón: las fotografías enmarcadas en el pasillo, los viejos trajes de buceo guardados en el garaje, el olor a sal que impregnaba las paredes como si el mar hubiera decidido instalarse con ellos, y ahora debía dejarlo todo.

El destino ya estaba marcado: Australia. Un centro de investigación prestigioso, la oportunidad de oro para su madre, y una vida que Sophia jamás había pedido.

— Perfecto... — murmuró con ironía, arrastrando otra caja haci

Heroes

Use AlphaNovel to read novels online anytime and anywhere

Enter a world where you can read the stories and find the best romantic novel and alpha werewolf romance books worthy of your attention.

QR codeScan the qr-code, and go to the download app