
Las dos caras de la Luna:La venganza de la gemela desterrada
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Sinossi
Clara era la Omega perfecta: bondadosa, obediente y entregada al Alfa Santiago. Raven, su gemela secreta, era todo lo contrario: una bruja temida, criada en las sombras y capaz de controlar la vida y la muerte. Cuando una traición destruye a Clara, ambas hermanas quedan atrapadas en un mismo cuerpo. Raven deberá fingir que es la mujer que todos recuerdan mientras protege a dos niños destinados a cambiar el equilibrio del reino. Pero el ambicioso Santiago desea utilizar su poder, las familias dominantes quieren apoderarse de sus hijos y el temible rey Kairos está decidido a recuperar a la mujer que considera su compañera. Después de pasar toda la vida encerrada, Raven no piensa pertenecer a nadie. Incluso si para conquistar su libertad debe cumplir la profecía que la presenta como la cara oscura de la Luna.
Capítulo 1 — Manada Cueva del Lupus
Capítulo 1 — Manada Cueva del Lupus
La vida de una omega en la Manada Cueva del Lupus era compleja: las clases sociales no se mezclaban. Los omegas se dedicaban a las tareas rurales o a la limpieza de las grandes mansiones de los miembros más acaudalados. En las manadas no era extraño que nacieran varios alfas, quienes, al llegar a la madurez, debían acumular méritos y ganarse el favor del Rey Licántropo.
El alfa Santiago era uno de los candidatos más fuertes para heredar el liderazgo de la manada. Sin embargo, tenía un hermano mayor, uno menor y varios primos con quienes competía constantemente, por lo que una sucesión a su favor parecía poco probable.
A ojos de sus súbditos, el alfa Santiago era un hombre agradable, de corazón puro, que solo pensaba en el bienestar de su gente; pero aquello no era más que una fachada. Sus ansias de poder lo cegaban por completo. Era el hijo del medio, aquel de quien nadie esperaba nada, mientras que sus hermanos eran la luz de los ojos de sus padres. Haber crecido con resentimiento hizo que viera a sus inferiores como simples piezas de un tablero de ajedrez sobre el cual creía tener el control absoluto.
Su peón preferido era una omega que, al alcanzar la mayoría de edad, fue enviada a trabajar a su residencia. Clara era hermosa, pura e inocente. Desde el momento en que lo vio, sintió que su corazón latía solo para complacerlo. El alfa Santiago adoraba ser el objeto de deseo de la joven. La promiscuidad propia de su especie los llevaba a mantener múltiples concubinas.
Durante el Ritual de Matrimonio, determinado por el designio de la Luna o por conveniencia política, decidían si conservaban el harén o lo disolvían. La mayoría mantenía a sus integrantes en las sombras para evitar rumores después de elegir a una esposa legítima.
El amor predestinado era el consuelo de las clases menos favorecidas. Los miembros de mayor estatus concertaban matrimonios que aseguraban prosperidad y descendientes del mismo rango para sus clanes. La unión entre un alfa y una omega no estaba prohibida; no obstante, si decidían continuar con el ritual de apareamiento entre destinados, el alfa aceptaba ser apartado de la línea de sucesión de la Manada Cueva del Lupus. Durante siglos, nadie se había arriesgado a hacerlo.
El amor era secundario: una ilusión efímera que, tarde o temprano, terminaría destruyéndolos. La prohibición del apareamiento entre un alfa destinado y una omega se basaba en un antiguo relato folclórico: «Las dos caras de la Luna».
Leyenda de «Las dos caras de la Luna»
La Diosa Luna se enamoró de un nigromante, pero su relación estaba prohibida. Ella representaba la pureza, la fertilidad y la capacidad de adaptación; él, en cambio, encarnaba la devastación.
De aquel amor impuro nacieron dos gemelas idénticas en apariencia, aunque solo una heredó el poder de su madre: poseía un corazón puro y hacía florecer la abundancia a su alrededor. Su hermana, en cambio, utilizaba magia oscura y prohibida. La necromancia y la adivinación eran sus dones más destacados. El patrón siempre se repetía: al reencarnar, ambas se enamoraban de un alfa líder y el desenlace era la devastación.
La única ley inquebrantable prohibía dar a luz a hijas gemelas. Durante la primera etapa del embarazo se comprobaba que cada feto poseyera su propio saco gestacional. Si se detectaban dos fetos compartiendo el mismo saco, se administraba un tónico para interrumpir el embarazo.
Las generaciones pasaron y solo quedó el mito. Nadie recordaba ya la razón de aquella prohibición; era una tradición antigua que nadie se atrevía a desafiar.
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Desde el momento en que Clara atravesó la puerta de la gran mansión, el alfa Santiago sintió un deseo imperioso de reclamarla como suya. Sin embargo, un instante de placer no era motivo suficiente para renunciar a su lugar en la carrera por la sucesión.
Sus hermanos no estaban destinados a ella, por lo que no tardaron en intentar seducirla. Clara, sin embargo, permanecía fiel a lo que sentía por Santiago. Era distinta de todas las mujeres de la manada: incansable y disciplinada. No importaban las dificultades a las que se enfrentara; siempre cumplía con las tareas asignadas y dedicaba el resto del día a atender a su amado alfa.
Santiago era frío y distante. De vez en cuando le regalaba una sonrisa y, con aquel gesto calculado, conseguía aún más atenciones de Clara. Las recetas que ella preparaba durante horas mejoraron su aptitud física y, en *p*n*s un par de meses, contribuyeron a posicionarlo como el principal candidato.
Sus hermanos, cegados por los celos, exigieron recibir los mismos cuidados, pero el corazón de la omega solo pertenecía al alfa Santiago. Clara obedeció las órdenes con sumisión; aun así, en secreto reservaba los tentempiés saludables para el hombre con quien la Diosa la había emparejado.
Pasó el tiempo y varios de sus primos le ofrecieron convertirla en su concubina. Para una omega, aquello era un honor al que muy pocas podían aspirar: abandonaría la vida de trabajo de sol a sol para servir exclusivamente a uno de sus líderes. En cada ocasión, Santiago cruzaba algún pasillo o aparecía sin razón aparente. No eran pareja, pero su sola presencia impedía que ella intentara alejarse de él.
En un abrir y cerrar de ojos, el alfa Santiago se posicionó como el heredero elegido por la mismísima Diosa Luna. La manada fue azotada por plagas y las cosechas se perdieron por causas naturales; la hambruna no tardó en llegar. Nadie encontraba una solución, pero los recorridos de Santiago por los campos produjeron un milagro: los cultivos se multiplicaron y convirtieron a Cueva del Lupus en el principal proveedor de alimentos de la región.
En tiempos de escasez, ser la única manada capaz de vender sus productos sin afectar su mercado interno significaba poder.
Seguro del control que ejercía sobre Clara, el alfa se volvió pedante y comenzó a seducir a otras mujeres frente a ella, algo que le dolía profundamente. No eran pareja, pero cada traición se clavaba en su corazón como miles de agujas de plata y la empujaba a odiarse por haber nacido en una familia humilde.
Capítulo 2 — El primer beso de Omega Clara
Cap. 2 — El primer beso de Omega Clara
Omega Clara se mantenía junto a su pareja destinada, amándolo en secreto. Al saber que él perdería su lugar en la línea sucesoria si la aceptaba como pareja, ella se volvió más comprensiva. Una Omega criada en una pequeña choza en el campo no era digna de aspirar a ser la Luna de «Cueva del Lupus».
Alfa Santiago la veía como un simple objeto decorativo muy útil. La sensación que corría por sus venas y la forma en que sus problemas se solucionaban solo por tenerla cerca lo volvían dependiente de su presencia, algo que detestaba y que solo compensaba con el sufrimiento que le provocaba verlo jugar con sus amantes.
La reunión familiar anual sería en solo un par de días. El hermano menor y varios primos del Alfa Santiago habían aceptado matrimonios por conveniencia. Un matrimonio beneficioso políticamente para ascender como Alfa Líder solo era considerado con lobas Betas, Gamma y, con menos posibilidades, u











