
Nuestro sueño de primavera
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Annotation
Los recuerdos son como fotografías que pasan una tras otra en un álbum de fotos de la infancia. Kasumi vive una vida, enfocada en su hija en su trabajo, recientemente tiene la oportunidad de volver a donde todo empezó y la inusual oportunidad de cambiar aquello que oculta, como un tormento y constante perdida. Ahora de vuelta a su lejana adolescencia, acompañada de su mejor amiga Seijun Ashida, con quien vivirá aventuras que le darán un significado distinto a la vida, amor y desamor, decepciones alegrías tristezas una vida llena de emociones en donde cada día se debe vivir al máximo como si fuera el último.
Prologo
“La noche encerró al niño, y éste, inexpresivamente, dejó de respirar.
Porque no hay nada que se pueda hacer al respecto.
Nos ahogamos en un mundo que no podemos cambiar.
Abre tus ojos, las sombras se hunde, no importa lo que sea ahora,
Esta es la realidad.
¿Qué es la libertad?
El dolor que me provocaste, esperaba que resultara ser amor.”
Los sueños, como las profundidades del océano, son pensamientos que pueden ser tan oscuros y abismales como un pozo sin fondo. Ahogarse en ellos era un placer masoquista que los seres humanos disfrutaban, buscando siempre alcanzar la simple y banal superficie. Porque, si bien ese placer era doloroso, preferían fingir hipocresía y mostrar que no sufrían dentro de sus infiernos personales.
Al final, todo es una broma burda, el salvavidas que te llevaba de regreso a la superficie, no es más que una ilusión, porque cuando dejas de respirar, ¿qué fuerzas quedan para romper las cadenas que te arrastran de regreso al abismo?
La asfixia es un eufemismo para sus emociones contenidas, los anhelos destruidos y la máscara que toma posesión de un ente convertido en carne y hueso, finge humanidad, pero lo único que desea es consumirse con el abismo que se llevó su inocencia.
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Hay un sueño recurrente, que su cerebro ensaya una y otra vez, como una puesta en escena que es presentada cada noche.
A veces piensa que su mente se ha convertido en un laboratorio, con constantes ensayos y pruebas, sobre un recuerdo que evoca cuando cae en lo más profundo del sueño.
Alguna vez leyó que los sueños son solo impulsos eléctricos, chispas aleatorias que el cerebro intenta organizar cuando el cuerpo duerme, simples residuos de la vigilia, fragmentos de aquel recuerdo y las emociones que se mezclan sin lógica, como si su mente necesitará limpiarse de ello antes del amanecer.
Trata de ser razonable, no hay misterios, ni dobles interpretaciones, sus sueños son solo su memoria trabajando como cualquier otro ser humano al dormir, pero en las madrugadas cuando el peso es asfixiante y el eco de esa voz dulce y maternal se sienten reales, no puede evitar pensar en otra cosa.
En lugar de meras descargas neuronales, estos son mensajes disfrazados, símbolos que emergen de un estrato más recóndito. Desde la perspectiva freudiana, se trataría de un deseo reprimido, una narrativa que el inconsciente susurra cuando la vigilancia del yo disminuye. Por otro lado, Jung lo interpretaría como el lenguaje del alma, arquetipos ancestrales que reaparecen para traernos a la memoria aquello que hemos olvidado.
Entre ambos extremos —la ciencia y el símbolo—ella cada noche camina en busca de una respuesta, un sentido al laberinto de su propio sueño.
¿Será que su mente solo procesa lo vivido? ¿O será que su alma intenta hablarle con imágenes que debe traducir?
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Era una noche de verano agradable, a principios de septiembre, pero a ciencia cierta era imposible determinar la fecha exacta.
En una casa de estilo tradicional japonés y que conservaba de forma casi atemporal la mayor parte de su estructura, era una gota de los resquicios históricos en medio de la urbanidad.
El recuerdo de aquella casa era el de un refugio de recuerdos silenciosos y fantasmas, bajo la luz de la luna una mujer de rasgos delicados y mirada serena como el pequeño estanque que decora el jardín, se encuentra sentada sobre un pasillo externo que rodea la casa, su postura es elegante, a diferencia del paisaje armonioso, ella contrasta con su vestido rojo y el maquillaje cargado que le hacía ver mayor a lo que en realidad era, a su a su lado un cenicero en el que ya hay un par de colillas de cigarros, mientras que entre sus dedos hay un nuevo cigarrillo al que le da una profunda calada, expulsando el aire, sintiendo cómo poco a poco el estrés de las últimas horas, sale de su sistema.
Desde que se mudo a aquella casa, admirar la luna era lo que más disfrutaba, su etérea belleza le hace sonreír, como si aquel astro le diera su bendición, quería creer que era así, después de todo, este era un cambio importante, pero necesario, porque si continuará justo donde estaba, temía volverse loca en cualquier momento, el recuerdo de su propia madre le asalta de repente y se extiende hasta su adolescencia, cuando tomó la decisión de dejar de vivir bajo sus expectativas.
En aquel entonces juro que nunca se arrepentiría de su decisión, pero la realidad era muy diferente.
Había creído que la idea de una familia y la sensación hogareña de un lugar cálido al cual volver, el tener un compañero leal y una hija, sería la que llenaría ese vacío, que demostraría que todos se equivocaban sobre ella, pero la realidad es que jamás pudo sentirse saciada, solo hubo aburrimiento, hartazgo, sin duda se había equivocado.
Llegar a esa realización, fue como si un peso le fuera quitado de encima, luego de eso todo fue sencillo, planear para conseguir su libertad no fue tan difícil como pensó y cuando el momento llegó, sintió euforia, quería encontrar una hoguera y arrojar esa máscara con la que ha vivido los últimos años.
Su enamoramiento fue euforia, su dicha fue presión y su amor obligación.
Por eso hoy, sería la última noche, hoy bajaría del escenario para jubilarse de interpretar papeles, de vivir dentro de una fantasía.
Termina ese último cigarrillo, se levanta y se dirige a la cocina donde deja el cenicero con las colillas sobre el fregadero, luego va hasta la habitación que compartía con su esposo y toma la maleta que ya tenía preparada con anterioridad, no tomo mucho, después de todo también necesita ganar algo de tiempo.
La revisa una última vez y se da cuenta que no guardó su diario, mientras lo busca con desespero, escucha un par de pasos que se acercan, rápidamente oculta la maleta en uno de los armarios y la pequeña figura que abre la puerta corrediza no es otra que su hija, Kasumi.
—Mami.
La mujer se queda petrificada, si se iba ahora, su hija sin duda haría un escándalo y su perfecto plan se iría al demonio, le da una rápida mirada a su reloj de pulsera y comienza a hacer cálculos rápidos y llega a la conclusión de que ya se le ha hecho tarde.
Suspira resignada y se gira con una sonrisa cariñosa, confiada que su hija era aún pequeña, para percatarse de que todo era una actuación, mantiene la máscara sobre su rostro por un poco más.
—¿Qué haces aún despierta cariño? —Su voz suave, perfectamente ensayada le da confianza a la niña. —¿Tuviste una pesadilla?
La pequeña asiente y la mujer se arrodilla y abre sus brazos envolviendo a la pequeña en un abrazo que la reconforta, siente como su hija se acurruca en su pecho, una de sus manos sujeta un mechón de su cabello con el que juega suavemente, algo que hace desde bebé la madre le acaricia la espalda y comienza a tararear una canción, que sabe es una de sus favoritas y que la ha convertido en su nana, desde sus primeros años de vida.
Kasumi no tarda en dormirse y cuando se asegura que no volverá a levantarse, la recuesta en la cama, la arropó mirándola por última vez y dijo en apenas un susurro. —No me culpes, tal vez ni siquiera lo recuerdes, pero espero puedas comprender que no puedo seguir encerrada, eres mi grillete Kasumi y no dejaré que me arrebates mi libertad.
Le da un último beso en la frente y puede ver como la luz de la luna ilumina el cielo justo cuando una sonrisa se forma en el rostro de su hija, ajena a que esa noche sería la última vez que se verían.
Se negó a creer que lloro, ella solo interpretaba, no sentía nada por su marido ni por esta niña a la que dio a luz, todo era una ilusión, un sueño del que pronto se despertará, el personaje creado por su hija, el sueño de la pequeña Kasumi, algo que le repetía cuando cerró sus ojos, un mantra que esperaba y con suerte fuera lo suficientemente fuerte para que se convirtiera en una realidad, una que ayudará a que la olvidara pronto, que así como ella se sacudió la culpa en cuanto cruzó la puerta, Kasumi al despertar ya no recordaría su nombre y se convertiría en un lejano recuerdo.
Capítulo I - otoño
“Sólo espero que, en este mundo de estaciones, en el final de mi camino, sin retorno, tú seas mi destino.”
El otoño ha decorado las calles de Nueva York, dejando a sus transeúntes que caminan con prisa por la cera, dejarse atraer por sus vibrantes colores cálidos, tan distantes del clima propio de la estación, envueltos en gabardinas que se combinan y se pierden entre las fauces de una metrópolis, agitada y vibrante.
Entre ellos, una mujer de mediana edad, que parece más joven de lo que realmente es, camina con tranquilidad, discordando con todas las demás personas que pasan a su lado con prisa, hacia sus distintos destinos, ella por el contrario disfruta de la tarde, del paisaje, felicitándose por haber elegido un día tan agradable, para ir al supermercado y abastecerse, puesto que su refrigerador estaba prácticamente vacío.
Cuando llega a lugar, toma un carrito y recordando su lista mental, se dirige a la sección de frutas y verduras.
A muchas pers











